The Project Gutenberg EBook of Hacia una Moral sin Dogmas, by Jos Ingenieros

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Title: Hacia una Moral sin Dogmas
       Lecciones sobre Emerson y el Eticismo

Author: Jos Ingenieros

Release Date: January 4, 2018 [EBook #56301]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS ***




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                      Hacia una moral sin dogmas


                            JOS INGENIEROS

                      Hacia una moral sin dogmas

                 Lecciones sobre Emerson y el eticismo

                             [Ilustracin]


                             BUENOS AIRES
         Talleres Grficos de L. J. Rosso y Ca.--Belgrano 475

                                 1917




                                NDICE

                                                                  Pgina

  =Advertencia.=                                                    7

  =Emerson y Sarmiento.=--1. Un moralista.--2. El ambiente
    puritano.--3. Channing y Emerson.--4. Decepcin  de la moda
    filosfica.--5. El trascendentalismo.--6. Geografa moral de
    los Estados Unidos.--7. Sarmiento y Horacio Mann.--8. La
    vida en Concord.--9. Emerson y Sarmiento                        9

  =Orientaciones morales.=--1. Una tica sin metafsica.--2.
    La crtica de las costumbres.--3. Necesidad de caracteres
    firmes.--4. Disconformidad con todo tradicionalismo.--5.
    Pantesmo.--6. tica naturalista.--7. El optimismo y la
    perfectibilidad.--8. La confianza en s mismo.--9. La bella
    necesidad.--10. Funcin social del no-conformismo              61

  =La tica social.=--1. Integracin del pensamiento
    emersoniano.--2. La autonoma de la experiencia moral.--3.
    Idealismo y perfectibilidad.--4. El dogmatismo teolgico
    excluye la perfectibilidad.--5. Valor social de la
    hereja.--6. Las morales independientes.--7. Insuficiencia
    de los dogmas racionales.--8. La tica social en las
    iglesias norteamericanas.--9. Su influencia sobre las
    iglesias inmigradas.--10. Ciencias morales sin
    dogmatismos.--11. El solidarismo                              113

  =Hacia una moral sin dogmas.=--1. Independencia de la
    moralidad.--2. Una asociacin religiosa libre.--3.
    Sociedades de cultura moral en Estados Unidos.--4. Algunos
    antecedentes del eticismo ingls.--5. Las iglesias
    ticas.--6. El culto religioso de la moralidad.--7.
    Espontaneidad y evolucin de la moralidad.--8. Sntesis
    del pensamiento eticista.--9. El porvenir del eticismo        165




                              =ADVERTENCIA=

Estas lecciones sobre _Emerson y el eticismo_ fueron pronunciadas en
junio de 1917 en la ctedra de tica, del profesor Rodolfo Rivarola.

El "Centro de Estudiantes de Filosofa y Letras", ha tenido la
gentileza de presentarme una versin taquigrfica, exponindome
el deseo de editarlas; tan feliz circunstancia me permite salvar
esta partcula de ese trabajo invisible en que todos los profesores
consumimos nuestra actividad. Para corresponder mejor al buen deseo,
que tambin lo es mo, pues nunca he hablado a mis alumnos sobre
asuntos que no me interesan, he revisado el texto, reescribindolo en
parte, _festinantis calami_, e intercalando en l ciertos fragmentos a
que slo pude aludir por la medida del tiempo.

Algn lector advertir frecuentes parntesis sobre temas incidentales;
todos los que hablamos sin poseer esa feliz memoria que constituye
el secreto de los buenos improvisadores, estamos condenados a esos
imprevistos esparcimientos. Y al ver escrito lo que hablamos, nos
sorprende nuestra incapacidad de hablar como escribimos.

Si el lector es amigo, su simpata dispensar esos tropiezos durante la
lectura y pasar por alto alguna imperfeccin del estilo, que solamente
es claro.

                              Buenos Aires, julio de 1917.




                         =EMERSON Y SARMIENTO=

  1. Un moralista.--2. El ambiente puritano.--3. Channing
  y Emerson.--4. Decepcin de la moda filosfica.--5. El
  trascendentalismo.--6. Geografa moral de los Estados Unidos.--7.
  Sarmiento y Horacio Mann.--8. La vida en Concord.--9. Emerson y
  Sarmiento.


                           1.--UN MORALISTA

Pueden los hombres vivir _en tensin_ hacia una moralidad cada vez
menos imperfecta sin ms brjula que los ideales naturalmente derivados
de la experiencia social? La humanidad podr renovar indefinidamente
sus aspiraciones ticas con independencia de todo imperativo dogmtico?
La extincin progresiva del temor a las sanciones sobrenaturales
eximir a los hombres del cumplimiento severo de sus deberes sociales?

Someto estas preguntas a la consideracin de todos los jvenes que me
escuchan. En los ms, no lo ignoro, crece de da en da la desconfianza
frente a los dogmatismos tradicionales que el mundo feudal leg a las
sociedades modernas; y quiero, por eso mismo, dilucidar esas preguntas
con detenimiento, a fin de justificar esta sentencia de Emerson que
considero independiente de toda teora o sistema filosfico: _la
soberana de la moralidad_ es un axioma de la vida social.

Sois antidogmticos y os apruebo; he compartido siempre, como todo
hombre que estudia incesantemente, vuestra actitud antidogmtica.
Todo lo que sabemos, todo lo que anhelamos, puede ser superado por
hombres que estudien ms y que sientan mejor. Adherir a un dogma,
como acostumbran los ignorantes y los holgazanes, implica negar la
posibilidad de perfeccionamientos infinitos.

La vida, las doctrinas y la accin social de Emerson, nos permitirn
comprender que la moralidad humana puede vivir sin la tutela de dogma
alguno; ms, an, la subordinacin de la moralidad a los dogmas que
suelen complicarla es un obstculo constante al libre desenvolvimiento
de nuestra experiencia moral. El camino del error no es el que mejor
conduce a la virtud.

Con las palabras finales de su expresivo ensayo sobre _La soberana
de la moralidad_--palabras vagas, es cierto, como suyas--Ralph Waldo
Emerson sugiere, en pocas lneas, el mltiple sentido mstico y
optimista, social y humano, natural y pantesta, que en sus rebeldas
de estudioso, en su accin de reformador y en sus lirismos de poeta,
nos permite reconocer uno de los moralistas ms intensos del siglo
XIX. Escuchadlas: "El hombre que se ha acostumbrado a mirar la extrema
variabilidad de su condicin, a manejar con las propias manos sus
bienes, sus relaciones y sus opiniones, a remontarse hasta el principio
de todas las cosas en busca de la Ley Moral, ese hombre ha eludido las
asechanzas del escepticismo; cuanto hay de ms conmovedor y sublime
en nuestras relaciones, en nuestra felicidad y en nuestras desdichas,
tiende realmente a elevamos hasta esa vida excelsa, y, si es posible
llamarla as, sobrehumana".

Moralista intenso, dijimos, aunque no creador: Emerson pertenece
a la familia de los hombres representativos, en el sentido ms
riguroso del concepto; no es posible estimarlo sin conocer el medio
sociolgico y moral en que se desenvolvi. La simpata que inspira no
es provocada solamente por sus escritos, sino por la accin de su vida
entera, actuante como una levadura de renovacin moral en el ambiente
anglo-americano, a punto de persistir hasta hoy en la orientacin
tica de su raza, perfeccionndose insesantemente, algunas direcciones
bsicas por l impresas o representadas.

Emerson, ms apstol que doctrinario, no ha escrito pgina alguna que
por su rigor razonante nos evoque las luminosidades, a veces fras, de
un Spinoza o de un Kant; pero tal como fu, imaginativo y nebuloso,
supo condensar en sus palabras ese calor de metal candente que, en todo
tiempo, ha polarizado el misticismo de la especie humana, concretando
en innumerables afirmaciones positivas la secular experiencia religiosa
de la humanidad. Fu moralista porque intent salvar la moral del
naufragio de los dogmas que la complicaban; fu moralista porque
infundi a toda una poca la idea-fuerza del deber humano, cuando
vi apagarse la creencia supersticiosa del deber sobrenatural; fu
moralista--sobre todo--porque vivi en armona con los principios que
tuvo por mejores. Sabis que es la mayor de las inmoralidades predicar
a otros las virtudes que no se practican, segn el risueo consejo de
los telogos: "haz lo que digo, no lo que hago".

Por eso no est en la historia de las religiones el puesto de Emerson,
sino en la historia de la tica. Porque la caracterstica fundamental
de su pensamiento, no obstante expresarlo en forma de calurosos
sermones, fu, precisamente, independizar la conciencia moral de la
humanidad de todo dogmatismo teolgico, demostrando que la moralidad,
como fenmeno autnomo, es un resultado espontneo de la naturaleza
y de la vida en sociedad. Sometida, como toda otra experiencia, a
un proceso de evolucin incesante, la moral no puede fijarse en las
frmulas muertas de ningn catecismo dogmtico, ni en los esquemas
secos de ningn sistema apriorstico; se va haciendo, deviene en la
naturaleza misma, inevitablemente, y es el estudio de la experiencia
moral pasada lo que nos permite comprender la presente, como en sta
podemos entrever la del porvenir. Esa doble condicin de espontaneidad
y de perfectibilidad, ajena a toda fuerza extrnseca o sobrenatural,
ilimitable por ningn precepto, pone la moralidad en la cumbre de lo
humano, la identifica con la divinidad misma y permite mirar todo
perfeccionamiento tico del hombre como un paso hacia lo Divino,
cuyas fuentes y suya esencia ve Emerson en el universo infinito: la
Naturaleza.

Por estas palabras, en que he procurado dar una primera y aproximativa
impresin del pensamiento emersoniano,--que luego analizaremos y
miraremos fructificar,--fcil es advertir que su anhelo de emancipar la
tica del dogma le condujo a concebir una verdadera religin natural
de la moralidad, acentuadamente mstica, profundamente pantesta,
fervorosa por acrecentar la bondad y la dicha en el individuo y en la
sociedad: concebidos, el uno y la otra, como instrumentos y fines, a la
vez, de toda vida intensa y ascendente.


                       2.--EL AMBIENTE PURITANO

El emersonismo, sin conocer el ambiente moral en que floreci, es
difcil de comprender; no nos proponemos, en efecto, llegar a un juicio
literario sobre los escritos de un poeta, a un juicio lgico sobre
las doctrinas de un teorizador, ni siquiera a un juicio filosfico
sobre la magnitud de un esquema metafsico. Esos aspectos varios de la
crtica, unas veces ms literarios y otras ms eruditos, no bastan, en
mi sentir, para comprender el significado de una nueva orientacin de
sentimientos sociales, que, en el caso particular, me parece lo ms
fundamental del emersonismo.

Hay que buscar lejos, en la genealoga de su raza, los grmenes que
determinan su aparicin. Un nuevo sentido fu impreso a los ideales de
la sociedad humana por los puritanos que buscaron su primer refugio en
Holanda, antes de emigrar a la Amrica del Norte; cuando los disidentes
de la iglesia anglicana, inspirados por John Robinson, fundaron en
Leyden su iglesia propia (1608), estaba ya fijado el espritu que los
peregrinos de la _Mayflower_ transportaran allende los mares, para
fundar su iglesia en Plymouth (1620). El primer destierro en Holanda
engendr condiciones de vida incompatibles con la intolerancia y el
egosmo; las ltimas palabras con que Robinson despidi a los que
emigraban fueron recomendaciones de austera rigidez en la conducta y
de bondadosa flexibilidad en la doctrina: ninguna revelacin divina
poda tenerse por completa y definitiva; ni Cristo impeda escuchar a
Lutero, ni ste a Calvino, ni ste a otras que trajeran un buen mensaje
a los hombres... Y as como los puritanos crean ser los elegidos de la
cristiandad, los emigrantes a Nueva Inglaterra se creyeron, a su vez,
los elegidos del puritanismo.

Sus colonias fueron una comunidad, en el doble sentido religioso
y social. La lucha contra la naturaleza fu, en los primeras aos,
ruda. El cristianismo, ms que un culto de lo sobrenatural, fu para
esos hombres un vnculo espiritual de solidaridad; y, poco a poco,
los hombres se acostumbraron a dar un sentido esencialmente cvico a
los deberes evanglicos. La comunidad fu el objeto esencial de la
devocin; todas las virtudes fueron pblicas. Nadie se preocup de
los problemas dogmticos que en Europa agitaban el mundo religioso;
ellos no habran tenido ninguna aplicacin al mejoramiento de la vida
humana en las colonias. "La inquisicin catlica est siempre inquieta
de lo que se piensa; la inquisicin puritana, de lo que se hace". Las
diferencias de moralidad residen en las costumbres; no dependen de los
preceptos verbales, ni siquiera de las intenciones.

La exaltacin mstica tena un profundo sentido poltico e implicaba
un ardiente afn de justicia. La sociedad, reconociendo como nico
derecho el que emanaba de la ley divina, exclua, por eso mismo, todo
privilegio y todo abuso humano; el gobernante y el pastor no eran
intermediarios entre los hombres y la divinidad, sino funcionarios
doblemente responsables ante los unos y la otra. Y, sobre todo, como
lo recordara dos siglos despus el propio Emerson, la intensidad del
esfuerzo para construir de raz una sociedad nueva en una naturaleza
casi virgen, fu creando resortes morales vigorosos, que el tiempo no
lograra enmohecer. Todo el que hizo bien y fu virtuoso, cumpli, slo
con eso, su deber moral con sus semejantes y con la comunidad.

Mezcla de estoicismo ingenuo y de trgico sentimiento del deber fu, en
su primera poca, la moral de los puritanos. Fuera del trabajo tenaz,
la austeridad fu su norte; y desde el primer da surgieron en todas
partes colegios y escuelas para que se transmitiera a los descendientes
una rgida educacin moral, junto con los conocimientos indispensables
para multiplicar el valor social del hombre.

Era la tica de una raza futura, de la raza europea modificada al
adaptarse a una naturaleza extraa, creando una variedad tnica y una
sociedad distintas. Y la experiencia moral, fundada en postulados
esencialmente religiosos en el pas de origen, fu adaptndose a
condiciones humanas independientes de lo sobrenatural, persiguiendo
siempre ms la virtud y preocupndose escasamente del dogma, pensando
tanto menos en las sanciones del cielo cuando ms grande era el mrito
reconocido a las virtudes desarrolladas en la tierra.

Haba cierta candorosa simpleza en esos msticos de la Nueva Inglaterra
que ignoraban el fasto de las cortes, el refinamiento de las maneras y
la agudeza de los pcaros; pero haba, por eso mismo, otra moral, sin
intrigas, sin hipocresas, sin picarismo.

A medida que creci la colonia, hasta formarse los estados que al fin
se apartaron dignamente de su metrpoli, la severidad primitiva sufri
algunos quebrantos; nuevos inmigrados llegaron con otros sentimientos;
fu filtrndose la iglesia anglicana con sus intolerancias; atenuaron
su tensin inicial las fuerzas morales del puritanismo primitivo; y
hubo momento, a fines del siglo XVII, en que pareca apagarse aquel
fuego de hogar que haban encendido, con uniforme temperatura moral,
las comunidades de Plymouth y de Boston.

La independencia nacional, el enciclopedismo, la revolucin francesa,
la crisis poltica y social europea, el liberalismo, todo se sumaba
para comprometer la estabilidad de las tradiciones religiosas;
el desarrollo del anglicanismo, que pretenda tener autoridad
metropolitana, creaba en el siglo XVIII conflictos dogmticos antes
desconocidos, que encubran, simplemente, la ambicin temporal de
la iglesia anglicana, deseosa de conseguir en su esfera la misma
influencia poltica y social que la romana mantena secularmente en las
naciones catlicas.

Fu el resultado de ello una crisis de disputas e intolerancias, hasta
entonces poco frecuentes; pues las que antes hubo, advirtase bien,
desde el cismatismo de Rogelio Williams hasta las persecuciones a los
cuqueros y los presbiterianos, tenan, en el fondo un significado
poltico y social concreto, en que la hereja era concebida,
esencialmente, como un peligro prctico contra la cohesin y la
estabilidad social. Desvanecido el peligro, terminaba la lucha; la
experiencia, y no la teologa, era el juez ltimo en aquella sociedad
cuyo organismo religioso era un simple instrumento de la organizacin
civil.

A fines del siglo XVIII el problema cambi. Las iglesias americanas
acentuaron su carcter nacional y antidogmtico, dando mayor
importancia a la conducta moral que a los principios teolgicos.
Pronto, en las mismas colonias del centro, el metodismo lleg a
pesar sobre la iglesia presbiteriana, imponiendo el rigorismo moral
sobre el rigorismo teolgico, las orientaciones americanas sobre las
supersticiones europeas. En 1783 el Snodo presbiteriano se vi en el
caso de declarar "solemne y pblicamente, que siempre ha aborrecido
y aborrece todava los principios de intolerancia". Los metodistas,
no teniendo dogmas propios y persiguiendo una intensificacin moral
de todos los cristianos, sin iglesia propiamente dicha, prosperaron
rpidamente en las colonias del centro, sin romper con la iglesia
anglicana. En las del norte, el congregacionalismo puritano, entendido
siempre como una religin cvica, segua tolerante en materias
dogmticas; los feligreses juzgaban a los ministros por su conducta y
no por su teologa; su vida diaria daba la medida de su capacidad para
el ministerio, siendo frecuente que los pastores de una iglesia fuesen
invitados a predicar ante los feligreses de otra, acostumbrndose
todos a estimar las virtudes de los hombres, independientemente de sus
discrepancias tericas sobre el fundamento de sus credos.

Debemos ver el antecedente natural del emersonismo en la evolucin,
esencialmente prctica, del puritanismo en Nueva Inglaterra; la
exaltacin del celo religioso tuvo siempre un sentido cvico y conduca
al cumplimiento del deber social, ya que la sociedad misma era
concebida como una manifestacin de la voluntad divina, actuante de una
manera fatal e ineludible.

Las mismas crisis de fanatismo religioso, tenan ese sentido prctico;
Edwards, en 1734, haba estremecido a los puritanos con sus sermones,
determinando una vuelta al rigor moral; simultneamente, en 1740,
la renovacin metodista se acompaaba de una crisis anloga en las
colonias del Sud. Era una mayor obsecuencia a los dogmas lo que se
persegua? De ninguna manera. El objetivo de la exaltacin fantica
eran las costumbres, la conducta, la accin; Edwards, como sus
predecesores los congregacionalistas Hoocker y Schepard, daba a la
doctrina un sentido de exaltacin de la energa personal para vivir
una vida conforme a la moralidad estricta; as la expuso en su obra
_Libertad de la Voluntad_, cuyo carcter ms singular es el desdn
por el libre albedro metafsico y la concepcin de la libertad como
el poder para obrar de acuerdo con nuestras principios de accin.
Esa determinacin de la conducta humana constitua en su sentir la
necesidad suprema, y fuera de ella no haba virtud ni vicio, sino
conducta absurda; la libertad por contingencia parecale enemiga de
toda energa actuante, en cuanto libraba al azar y al accidente la
firme continuidad de la conducta. Sealemos, desde ya, que ese punto
de vista es el mismo que reaparecer en Henry James, en Emerson y ms
tarde en el pragmatismo: "Para todo el que tiene un fin, una misin
o una fe, la libertad consiste en la posibilidad de consagrarse
ntegramente al servicio de ese fin; la libertad es el poder, que tiene
el mvil principal, de desprenderse de los otros mviles secundarios
o subordinrseles; libertar la personalidad significa emancipar
los deseos que le son intrnsecos de los deseos que contraran su
desenvolvimiento". Y eso mismo, en el fondo, expresara ms tarde
Emerson en una proposicin concisa: "La vida es libertad en razn
directa de su intensidad".

Estas orientaciones prcticas permiten comprender que el presidente
del colegio de Harvard llegara a declarar, en 1772, que "no deba
imponerse ningn credo o profesin de fe, bajo pena de castigo eterno".
Algn pastor se neg a predicar sobre la Trinidad; otros definan
el cristianismo como "el arte de vivir virtuosa y piadosamente". Y
mientras los anglicanos se indignaban por ese desprecio del dogma,
poco a poco, a la sordina, sin que nadie advirtiera en su origen el
movimiento, muchas iglesias fueron declarndose _unitarias_. Cuando
se produjo, en 1815, la controversia sobre la Trinidad, result que
los ms de los pastores no crean en la divinidad de Cristo y hacan
profesin de liberalismo, sin que hubiera decado por ello su celo en
la edificacin moral. La hereja dominaba y se haba desenvuelto sin
rudo, durante cuarenta aos, al amparo del sensato espritu puritano
que haba hecho de la religin una moral antes que una teologa.

Dentro del unitarismo aparece en escena Emerson. Querer comprender los
escritos de ste sin conocer el espritu de aqul, es como estudiar
una planta por sus hojas disecadas en un herbario, sin verla en la
naturaleza, bajo la luz del sol, entre la humedad de su atmsfera.
Y esto que decimos de un moralista, podemos repetirlo de todos los
pensadores y filsofos; la historia de la filosofa, en muchos de los
tratados circulantes, es una abstraccin falsa e ininteligible, por
cuanto estudia las doctrinas de ciertos hombres olvidando que stos
vivieron en un ambiente social, poltico y religioso determinado.
La historia de la filosofa es absolutamente incomprensible sin
la historia poltica y religiosa; para comprender a un filsofo
hay que saber cundo, dnde y para quin escriba, cul era su
posicin en la poltica de las ideas. Parece olvidarlo la especie
hbrida de los eruditos sin inteligencia, que barajan nombres de
doctrinas sin sospechar que ellos carecen de sentido, o lo tienen
contradictorio,--palabras, palabras, palabras--si no se los estima
en funcin del medio y como expresiones de una actitud personal, no
terica ni abstracta, sino militante y social. Y es el caso ms tpico
de ello todo lo que la crtica europea escribi sobre el pragmatismo,
cuando lo formul Pierce y lo difundi James; a pocos se les ocurri
que sa era la expresin doctrinaria de una tica sin dogmas
constituda como resultado natural de la experiencia social.


                        3.--CHANNING Y EMERSON

De padres en hijos, durante muchas generaciones, los Emerson haban
sido pastores de las iglesias puritanas. William, padre del moralista,
figur entre los hombres ms liberales de su tiempo y fu pastor de
la Primera Iglesia Unitaria de Boston; en esta ciudad, el 25 de mayo
de 1803, naci Ralph Waldo, cuya infancia transcurri en un ambiente
domstico de exquisita cultura y severa moralidad. Hurfano a la edad
de ocho aos, dos mujeres, su madre y su ta, dirigieron su educacin
y plasmaron su carcter, imprimindole un sello de estoico optimismo.
Se cuenta que a los diez aos compona poemas y que a los once escriba
en griego y tradujo en verso una buclica de Virgilio; es seguro que
a los diez y nueve se gradu en el Colegio de Harvard, lo que le
entreabri el doble camino de la escuela y de la iglesia. La iglesia?
Evidentemente, la iglesia, como todos sus abuelos; y la iglesia
unitaria, como su padre.

Pasaba ella por una crisis. Las reservas antidogmticas de los
pastores unitarios estaban a la orden del da; los de otras iglesias
acusbanlos abiertamente de irreligiosidad, a veces de atesmo. No se
apartaban del cristianismo porque deseaban la unidad de las iglesias
cristianas, su armona independiente de todo dogma; para ello se
resignaban a continuar en sus ministerios, sin provocar polmicas ni
cismas, callando sus disidencias ms radicales en homenaje a la paz
religiosa. Aquello, en efecto, no era otra cosa que el liberalismo
inspirado en los enciclopedistas; por ms que siguieran llamndose
iglesias unitarias, eran sociedades de libres pensadores cristianos.
Los ortodoxos hablaron de la "hipocresa unitaria", escandalizndose
de su "religin sin doctrinas". Era tarde. Cuando Emerson estuvo en
condiciones de ser pastor, el unitarismo haba triunfado; en 1823, dice
Becker, "todos los hombres de letras de Massachussets eran unitarios;
todos los administradores y profesores del Colegio de Harvard eran
unitarios; todo lo que se distingua por el rango, la fortuna y la
elegancia, se apiaba en las iglesias unitarias; los jueces del
tribunal eran unitarios y producan sentencias que perturbaban la
organizacin eclesistica tan cuidadosamente establecida por los Padres
Peregrinos". En ese momento vise Emerson en el trance difcil de tener
que decidir acerca de su propia vocacin.

El personaje central del unitarismo era, entonces, William Ellery
Channing, nacido en Newport, en 1780. Desde 1803 haba ocupado un
ministerio en la Federal Street Church, de Boston, llamando la atencin
por la elocuencia y profundidad de sus sermones; aunque en 1812 se
produjo la separacin entre las dos ramas de la iglesia congregacional,
slo en 1819, en un sermn pronunciado en Baltimore, expres su
disconformidad con los tradicionalistas y se pleg definitivamente
al unitarismo, de que fu luego el ms eminente propagandista y
escritor. En la fecha de graduarse Emerson (1822), Channing visitaba
el viejo mundo; al regresar, en sus _Remarks on a National Literature_
(1823), proclamaba ya la necesidad de que Amrica se emancipara
intelectualmente de Europa. Channing es el representante de un
misticismo pragmatista, en que la accin constituye el centro mismo
de la moralidad y en que las virtudes se miden por sus resultados
sociales. Su credo religioso contiene elementos de un neto pantesmo,
y Dios aparece como un supremo Bien, en que estn refundidas las
cualidades que en los hombres llamamos virtudes; la divinidad es para
l una abstraccin tica de la humanidad y con razn se ha interpretado
su pensamiento como un verdadero "antropomorfismo moral". La
conciliacin del sentido prctico y del misticismo idealista es una de
sus preocupaciones; entendiendo que la independencia moral es ms fcil
y completa cuando se tiene la independencia econmica, estimula todo
esfuerzo individual y social para adquirirla. Boston se liberaliz al
enriquecerse; la comunidad de intereses educ a los hombres a soportar
las divergencias de opiniones. La actividad intensa fu la mejor
escuela de tolerancia.

Hasta 1830 era Channing el eje de esa gran evolucin tica; Emerson y
los trascendentalistas son, si no sus discpulos, sus continuadores.
Channing convirti en doctrina lo que se vena desenvolviendo como
una tendencia instintiva: hacer de la religin una moral social. Su
escenario fu el Unitarismo, cuyo nico dogma fu no tener ninguno.
Cuando fund, en 1813, el _Discpulo Cristiano_, comenz declarando que
los fundadores no estaban de acuerdo sobre la divinidad de Jess, pero
que lo estaban sobre la necesidad de asociar los esfuerzos de todos
los cristianos movidos por una idntica piedad natural. Su religin
era lo contrario de una secta; no teniendo dogmas, poco le interesaba
el proselitismo. Las ciencias morales y religiosas entraban en el
campo de las ciencias sociales; el unitarismo no quera atraer a nadie
mediante doctrinas metafsicas, sino ensanchando para todos el campo de
la accin enrgica y fecunda. La iglesia unitaria, tal como Channing
la conceba, era una mutualidad para el perfeccionamiento moral de los
individuos, una comunidad solidarista para la accin social.

Su espritu liberal y tolerante, encaminado a reducir el
cristianismo a una moral evanglica, reapareci en Emerson y en los
trascendentalistas; nuevos elementos se le agregaron, sin embargo:
fuertes influjos sansimonianos y fourieristas, con una vehemente
inquietud de reformas sociales.

Bajo estas ideas, dominantes en su medio, Emerson haba estudiado en la
_Divinity School_, ordenndose como colega de Henry Ware en la Segunda
Iglesia Unitaria de Boston (1829).

Aunque predicador elocuente, Emerson no fu seducido por la tentacin
del xito; no tena verdadera vocacin para la ctedra sagrada, a
la que haba llegado profesionalmente o por necesidad. Las rutinas
del culto le parecan incompatibles con el espritu liberal del
unitarismo; no lleg a decir abiertamente que era una "hipocresa"
conservar frmulas y preceptos a las que ya no se atribua ningn valor
ideolgico, pero su conciencia moral le mostr como un delito, como el
ms grave de los delitos contra la propia dignidad, seguir fomentando
en los dems las supersticiones y errores en que uno mismo ha dejado
de creer. Emerson tuvo la mayor de las virtudes intelectuales: la
lealtad para consigo mismo; pens, sin duda, como todos los hombres
verdaderamente dignos, que es una vileza disfrazar su pensamiento para
acomodarlo a las dos formas sociales del error que conspiran contra la
verdad: el tradicionalismo, que es el sistema ideolgico de las clases
privilegiadas, y la moda, que es el sistema de los que carecen de ideas
propias.

Emerson no era animal domstico, ni servidor de los poderosos, ni
arrullador de las rutinas ajenas, ni rutinario l mismo; no tena
la docilidad necesaria para acatar dogmas y repetir prcticas
tradicionales, que el estudio le demostraba falaces o absurdas. El
credo que sus antepasados recibieran de Calvino le pareci insostenible
frente al espritu cientfico que haba animado al enciclopedismo y a
la ideologa, y tambin frente al idealismo romntico que comenzaba
a agitarse contra la restauracin catlica promovida por la Santa
Alianza. En esa hora di el primer paso hacia su emancipacin
intelectual. La herencia le daba un temperamento mstico, pero su
educacin le condujo a contemplar la religiosidad como un sentimiento
interior y subjetivo; al mismo tiempo el cristianismo fu parecindole,
cada da ms, un sistema de educacin moral que era necesario desligar
de todas las superfetaciones con que las Iglesias lo haban apartado de
su primitiva y sencilla significacin.

Pastor de una Iglesia que ya no aceptaba el dogma de la divinidad
de Cristo, Emerson crey que su conciencia le impeda mantener la
ceremonia de la comunin, cuya absurdidad parecale evidente dentro del
unitarismo; y como pens, as obr. En 1832 devolvi a sus feligreses
el ministerio que le haban confiado, serenamente, con espritu
bondadoso y fraterno, conservando con las iglesias unitarias una slida
amistad y actuando con ellas en todas sus iniciativas de educacin
social.

Educados en una tradicin religiosa distinta, os parecer singular
sin duda, que puedan llamarse iglesias _cristianas_ las que niegan la
divinidad de Cristo; nada ms natural, sin embargo. Sabis muy bien,
por vuestros estudios de filosofa e historia de las religiones, que
los dogmas son el resultado de una lenta elaboracin en el seno de las
iglesias. Las revelaciones o inspiraciones primitivas son transmitidas
oralmente, hasta que alguien las escribe a su manera; convertidas en
libros, circulan y se modifican arbitrariamente; al fin las iglesias,
comprometidas por sus contradicciones, eligen como verdaderas las ms
adaptadas a las creencias e intereses del momento. Este proceso, bien
demostrado ya en la formacin de los dogmas judos, cristianos, rabes,
etc., se repiti con el Dogma de la Trinidad, que los unitarios no
aceptan.

La primitiva tradicin apostlica, la de los Doce, no contiene
suposicin alguna acerca de la divinidad de Jess; los que haban
escuchado a Pedro, a Juan y a los otros humildes galileos elegidos
para anunciar la inminente venida del mesas esperado por el pueblo
de Israel, debieron sorprenderse cuando un griego fariseo, Pablo,
comenz a traducir de muy personal manera las nociones sencillas que
aprendiera en Damasco. De Pablo pas a la tradicin la costumbre de
decir indistintamente Padre, Hijo o Espritu, al referirse a Dios; el
redactor del cuarto evangelio coadyuv involuntariamente a la obra,
formndose poco a poco el dogma de la trinidad, que fu definitivamente
impuesto, siglos despus, por Agustn. Bajo la fe del "Smbolo de
Atanasio", cuya redaccin es evidentemente apcrifa, se introdujo entre
los artculos de fe de la iglesia romana, sin ser aceptado por los
griegos ortodoxos, que tampoco aceptan el "Smbolo de los Apstoles",
igualmente apcrifo, limitndose a confesar el "Smbolo de Nicea", que
no es del concilio de Nicea sino del concilio de Constantinopla.

La singular interpretacin de tres personas distintas constituyendo
un slo Dios verdadero, en que nunca pens Jess ni los primeros
cristianos, fu repetidas veces negada en la Edad Media, por telogos
y obispos, recrudeciendo esa hereja en la poca de la Reforma; ella
cost la vida a Miguel Servet, que escapando de la persecucin catlica
fu a morir en los quemaderos calvinistas. El antitrinitarismo prosper
en Inglaterra y tuvo adeptos en todos los pases, entre las clases
ilustradas, aunque lleg a ser crimen de hereja y castigado con la
pena de muerte. El progreso general de la cultura en el siglo del
enciclopedismo trajo mayor tolerancia; en 1778, un pastor anglicano, se
atrevi a inaugurar una capilla _unitaria_, desenvolvindose el vasto
movimiento cristiano antitrinitario en que aparecen actuando Channing y
Emerson. Como veis, no carecan de razones histricas para creer que su
doctrina era la ms _cristiana_, la ms conforme con la predicacin de
Cristo.


                  4.--DECEPCIN DE LA MODA FILOSFICA

Doblemente romntico, por su temperamento y por su edad, Emerson
senta "el mal del siglo" que, en 1830, era la moda entre la juventud
literaria de Europa. La poltica y la religin determinaron por
ese tiempo la actitud filosfica de los jvenes intelectuales que,
por falta de estudios ponderados, carecan de ideas propias sobre
las cuestiones que los filsofos estudian. La Revolucin Francesa,
cuyo espritu representaran sucesivamente los fisicratas, los
enciclopedistas y los idelogos, haba cerrado su primer ciclo con
la cada de Napolen; la Santa Alianza acometa ya la restauracin
del antiguo rgimen, volviendo por los privilegios de la reyeca y
de la Iglesia, al mismo tiempo que desterraba el espritu liberal
revolucionario, persiguindolo severamente.

Contra la restauracin difundise el movimiento romntico, cuyas
races han remontado algunos hasta aquella poca del idealismo alemn
conocida por _Sturm und Drang_, palabras plidamente traducibles
por "Tempestad y Osada"; los escritores de ese perodo tenan una
ilimitada confianza en s mismos y una visible exaltacin de su
personalidad, que los llevaba a considerarse como renovadores absolutos
y a llamarse la generacin de los "genios originales". Rousseau y
Goethe dieron alas a esta doble corriente sentimental y naturista,
creadora durante medio siglo de algunas obras maestras imperecederas,
pero sin verdadero contenido ideolgico; sus caractersticas esenciales
fueron la falta de claridad, de medida y de armona; su nico mtodo,
el espontneo esparcimiento de las tendencias sentimentales.

Conocis la historia del romanticismo. Conocis tambin la del
eclecticismo, traduccin muy rebajada del idealismo filosfico alemn;
fu un compromiso cmodo para desenvolver en Francia una poltica
universitaria liberal, evitando las imputaciones de materialismo que
la restauracin clerical haba difundido contra la enciclopedia y la
ideologa. Ese espiritualismo eclctico, como todas las modas similares
que de tiempo en tiempo se repiten, era una simple componenda de
profesores--no de filsofos--que hacan carrera en el mundo renunciando
a toda verdad peligrosa en homenaje a las opiniones medias difundidas
en la sociedad semiculta, representada por la clase gobernante. Podis
leer sobre este episodio culminante de la retrica pseudofilosfica
el agudsimo libro de Taine, y sobre su cabecilla Vctor Cousin el
magnfico ensayo biogrfico de Jules Simon. Sabido es que si el
romanticismo engendr obras maestras literarias, el espiritualismo de
los eclcticos no produjo ninguna filosfica; oradores interesantes,
arrullaban o entusiasmaban a los auditorios con hermosos discursos e
imperscrutables metforas, bastndoles para ello no plantear ningn
problema claro y concreto, ni chocar en lo restante con esa vanidad
humana que cree en la posibilidad de saber sin estudiar, adivinando. Y
quin renuncia a creerse capaz de adivinar lo que no tiene el coraje
de estudiar? Cuntos prefieren la fatiga de meditar muchos aos un
problema filosfico, o todos si su vida es larga, a la dulce ilusin de
que su "espritu" o su "intuicin" es bastante aguda para resolverlos
"por plpito" personal, ya que nadie se atreve en nuestros das a
contar que ha recibido "revelaciones" de la divinidad?

De esa manera, los eclcticos "hicieron literatura" sobre cuestiones
filosficas inaccesibles a la imaginacin no ilustrada y a la cultura
superficial. La literatura y la erudicin son admirables cuando
producen los gneros literarios o histricos, en manos de un Musset
o de un France, de un Taine o de un Renan; pero son fuentes de
ilusin y de error cuando se emplean como nico mtodo para adivinar
verdades, o cuando inducen a creer que todas las verdades pudieron
ser definitivamente conocidas por grandes adivinos que no saban
estudiarlas. La verdad--como expresin abstracta de todas las verdades
parciales--est en formacin continua. Aunque los resultados de
quienes la investigan sean relativos y perfectibles, es seguro que
cada siglo, cada lustro, contribuye a su formacin, depurndola de
algn error: slo asentndose sobre la base de una experiencia que
crece incesantemente, podr la metafsica del porvenir aumentar la
legitimidad de las hiptesis con que el hombre se atreve a descifrar lo
mucho desconocido que an queda en la naturaleza.

Convena detenernos un momento sobre el sentido poltico y la
vaciedad filosfica del espiritualismo francs, para comprender
el desencanto de Emerson, hombre leal y estudioso, ante la moda
retrica reinante en la filosofa europea. Sus bigrafos concuerdan
en decir que su viaje a Europa (1832), lleno para l de atractivos
literarios--la Italia de los romnticos y la amistad de Coleridge, de
Quincey, Wordsworth, Carlyle y otros--le produjo una honda decepcin
filosfica. Espritu prctico y americano, comprendi probablemente
que las disputas doctrinarias eran simples disfraces polticos: el
decado escolasticismo francs era el clericalismo de la restauracin,
el eclecticismo floreciente era el liberalismo burgus, el sansimonismo
que asomaba era el renacimiento del espritu revolucionario. De regreso
a su patria, Emerson volvi a la tribuna, como conferencista laico,
ms decidido que nunca a predicar la necesidad de una educacin moral
independiente de todo dogma religioso y de todo sistema metafsico.
Para preparar sus discursos se apart del tumulto urbano de Boston y
busc un tranquilo refugio en Concord, donde transcurri casi todo el
resto de su existencia. La vida simple y las costumbres modestas, la
contemplacin incesante de la naturaleza, la visin del cielo y la
auscultacin del bosque, el trato exclusivo de personas agradables,
infundironle ese doble sentimiento de anarquismo optimista y de
pantesmo mstico que fu dominante en sus primeros ensayos. La
personalidad de Emerson, casi completa ya, no tard en encontrar la
nota social, con que se integr definitivamente.


                       5.--EL TRASCENDENTALISMO

Mientras los eclcticos franceses mantuvieron su bandera espiritualista
como ensea de lucha contra la restauracin borbnica, las simpatas
del pueblo y de los literatos romnticos estuvieron de su parte. La
revolucin de 1830, con el triunfo de los Orlans y el advenimiento
de Luis Felipe, seal su entrada al "oficialismo" y el comienzo de
su impopularidad. Viniendo a cuentas, el liberalismo revolucionario
advirti que la nueva dinasta, aunque menos reaccionaria que la cada,
estaba lejos de ser la continuadora de los principios del 89; y poco a
poco, frente al eclecticismo oficializado que decaa, los portavoces de
los partidos radicales fueron plegndose al sansimonismo, renovado en
consonancia con el espritu de Condorcet, es decir, del Ideologismo en
su aspecto integral y social.

La palabra de orden fu _filosofa social_, sistema de ideas til para
la justicia y la solidaridad humanas, con un programa esencialmente
optimista y lrico, nacionalista a pesar de su humanitarismo, puramente
poltico no obstante sus divagaciones filosficas. En 1835 era Pierre
Leroux su propagandista ms influyente.

Esta nueva corriente ideolgica lleg casi simultneamente a las
dos Amricas, engendrando en Boston un movimiento social famoso,
cuyo centro fu el _Club de los Trascendentales_, y en Buenos Aires
un germen similar que ahog la restauracin clerical de Rosas, la
_Asociacin de Mayo_; sabido es que en otros pases del continente,
poco despus, nacieron sociedades de anloga inspiracin. Emerson
y Echeverra fueron el alma de esas agrupaciones, constitudas
respectivamente en 1836 y 1837, ignorndose la una a la otra, pero
alentadas por idnticos principios.

Las dos imitaban el tipo de las sociedades cerradas, cuyo modelo
era la "Joven Italia"; las dos se proponan reformar la sociedad en
que actuaban; las dos dedicaban preferente atencin al estudio de
los problemas econmicos; las dos afirmaban la necesidad de marchar
hacia la democracia y acabar con los privilegios tradicionales; las
dos declaraban ser cristianas y ponan la moralidad como condicin
intrnseca del progreso social. Es innecesario insistir en que
cristianismo significaba en Boston lo contrario de dogmatismo
protestante y en Buenos Aires lo contrario de dogmatismo catlico; era,
en ambas partes, un liberalismo adverso a la religin imperante: como
el cristianismo de Saint Simon y de Leroux.

El movimiento norteamericano y el argentino tuvieron un claro
sentido nacionalista, insistiendo ambos en la necesidad de adaptar
su accin al medio social, prescindiendo de frmulas elaboradas en
Europa y sugeridas por la observacin de ambientes muy distintos de
los americanos. En esto, por falta de ilustracin histrica o por
ingenuo patriotismo, desearan ver muchos crticos una expresin de
americanismo y un deseo de originalidad; esa ilusin se disipa cuando
se estudia la filosofa poltica del radicalismo europeo, precedente
a la revolucin de 1848. Desde los clebres "Discursos a la nacin
alemana" de Fichte, pronunciados en 1808, plantebase en todos los
pueblos europeas el problema de regenerar las nacionalidades y educar
a la juventud en principios sociales ms firmes que los anteriores,
pues el fracaso de la revolucin del 89 se atribua a que las naciones
no estaban capacitadas para adoptar el nuevo rgimen. Por eso cada
extrema izquierda nacional, sin olvidar su poco de retrica acerca del
humanitarismo y la fraternidad universal, se preocupaba intensamente
del bienestar interno de su pas e inscriba en su programa reformas
ticas y econmicas esencialmente nacionales.

Por ignorar ese influjo sansimoniano--o por no confesarlo--los
comentaristas del movimiento de los _Trascendentales_ lo presentan como
una exaltacin reformista puramente autctona, que minaba todas las
tradiciones: el gobierno, la familia, la iglesia, la escuela; todo lo
que en Francia preludiaba a la revolucin del 48; todo lo que en forma
prudente est repetido en el _Dogma Socialista_ de nuestra Asociacin
de Mayo.

Advirtase bien la uniforme significacin histrica y poltica
de esas expresiones americanas del "romanticismo social": el
sansimonismo termina en Europa con la revolucin del 48, el Club de
los Trascendentales deja de reunirse en 1850 y los afiliados de la
Asociacin de Mayo, dispersados por la Restauracin de Rosas, terminan
su ciclo de propaganda liberal con el levantamiento de 1851 y la cada
de la dictadura.

En torno del Trascendentalismo se mueve la generacin liberal
norteamericana, teniendo por cabezas a Channing y Emerson, rodeados
por David Thoreau, el poeta naturalista, por Ripley, Margarita Fuller,
Parker, Bancroft, Hedge, Bartol, Brownson, Peabody, Cranch, Follen y
los Channing juniors. El hombre de accin, el motor del _Club_, era
Ams Bronson Alcott, el espritu ms equilibrado y menos literario del
grupo, exactamente como fu Juan B. Alberdi el verdadero empresario de
nuestra _Asociacin de Mayo_.

Emerson, sensible en esa poca a la exaltacin militante, se pleg
a los Trascendentales, les prest su nombre, les di sus consejos y
dirigi su famosa revista _The Dial_. Es indudable que sus amigos
eran un tanto comprometedores; Emerson mismo coment ms tarde sus
fantsticos excesos, en pginas llenas de risuea bonhoma. Del
sansimonismo cayeron muchos en el fourierismo, fundando comunidades
falansterianas que subsistieron poco tiempo: la _Brook-Farm_ fu
famosa. "Es algo nico en la historia del mundo", dice un narrador
de ese ensayo comunista en que aparecen exaltados, al mismo tiempo,
el cristianismo social y el individualismo anarquista. Los hombres y
las mujeres ms ilustradas del pas entregronse a roturar la chacra
y a menesteres domsticos, al mismo tiempo que enriquecan la cultura
nacional con producciones de calidad superior; segn Emerson, "todo
lo investigaron: lo necesario, lo simple, lo verdadero, lo humano,
trepndose a la cima que domina la historia del pasado y del presente".
El respeto escrupuloso de la libertad individual se armonizaba all
con el inters colectivo de la comunidad, sin que se advirtiese la
necesidad de coaccin alguna para que todos cumplieran su deber,
y muchos bastante ms que el deber mismo, el sacrificio. Qu los
impulsaba? Un ideal: la concepcin de que era posible organizar la
sociedad humana en tal forma que fuesen proscritos el privilegio
y la holgazanera, la poltica y la mentira, los dogmas y las
supersticiones, el convencionalismo y la injusticia. Ideal nobilsimo,
si los hay; ideal cien veces renovado en la historia del ltimo siglo;
ideal lejano, si queris; impracticable en su totalidad, probablemente;
pero ideal cuya legitimidad nadie podra negar sin sonrojarse, como
nadie podra negar que gracias a l los pueblos ms civilizados han
dado algunos pasos seguros hacia la democracia social del porvenir.

El ensayo prctico, en verdad, slo fu posible por la calidad
selectsima de los falansterianos de _Brook-Farm_; de su ferviente celo
futurista podris tener una impresin exacta leyendo cualquier historia
de la literatura norteamericana. "Cuntos proyectos para salvar a la
humanidad!", exclamara Emerson ms tarde: ste quera volver a la vida
campestre, el otro suprimir la moneda y prohibir el comercio, aqul
era vegetariano, algunos combatan el matrimonio indisoluble, muchos
deseaban la extincin de toda autoridad poltica, un grupo ensayaba la
educacin integral, otro quera transformar las iglesias en escuelas de
ciencias y de fraternidad.

Pretendan otra cosa los sansimonianos y los fourieristas, antes de
la revolucin del 48? La respuesta, harto sencilla, sugiere curiosas
inducciones sobre la evolucin de nuestra _Asociacin de Mayo_ si
hubiera logrado prosperar en Buenos Aires en una poca de tolerancia
liberal, la de Rivadavia, pongamos por caso.

Fcil es comprender que el Trascendentalismo levant resistencias
y provoc reacciones, mirado por los polticos conservadores como
un peligro y por las iglesias tradicionalistas como un semillero de
hereja. Para contrarrestar su influjo se acentu en todos los Estados
la predicacin religiosa, intensa, exaltada a la vez por el celo propio
y por la competencia ajena, pues eran varias las comunidades que se
disputaban la clientela de los creyentes.

_The Dial_ suspendi sus publicaciones en 1844; los Trascendentales
siguieron algn tiempo ms, soando con la armona social de sus
comunidades falansterianas. Emerson, en 1847, emprendi un viaje a
Inglaterra, dejando en pleno hervor el movimiento liberal. Adems
de las iglesias unitarias y de los trascendentalistas de Boston,
convergan a l los poetas de Cambridge: Longfellow, Holmes, Russell
Lowell, Parsons y Story; el novelista Hawthorne; los historiadores
Prescott, Bancroft, Motley, Parkman; los agitadores de la campaa
antiesclavista: Garrison, Phillips, Sumner, Enriqueta Beecher
Stowe, Whittier; toda, en fin, una legin de poetas, pensadores y
apstoles que representa para los Estados Unidos lo que--guardando las
distancias--significa para la Argentina la generacin de los emigrados:
Echeverra, los Varela, Alberdi, Lpez, Mitre, Sarmiento, Gutirrez,
Can, Mrmol, etc. Y sin pretender convertir en paralelismos estas
sencillas y evidentes analogas, sealemos que la campaa liberal
contra el antiguo rgimen termina all con el triunfo de la guerra
contra los esclavistas y aqu con el xito del ejrcito grande contra
Rosas.


               6.--GEOGRAFA MORAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

En 1847, mientras Emerson pronunciaba algunas conferencias en
Inglaterra, lleg a Estados Unidos nuestro Sarmiento.

Autor ya de _Facundo_ y ejercitado en las tareas educacionales,
Sarmiento acababa de recorrer la Europa en busca de inspiracin y de
ejemplos que pudieran servir al progreso de nuestra Amrica. Haba
visto mucho y aprovechado poco en Europa, donde todo era inquietud,
preludiando la gran tempestad que estallara un ao despus. En Estados
Unidos llam singularmente su atencin la intensa agitacin religiosa,
pues los unitarios y los trascendentales haban provocado, como
dijimos, una formidable reaccin de las iglesias dogmticas. Cada una
pona un fervor inusitado en la propaganda, siendo curioso que todas se
disputaran las simpatas de la opinin, Biblia en mano y en nombre del
cristianismo.

En una carta a don Valentn Alsina, includa en su libro "Viajes por
Europa y por Amrica" (Vol. V de sus _Obras Completas_), examina
Sarmiento la _geografa moral_ de los Estados Unidos.

Para describir la rigidez de los puritanos ortodoxos trae un cuento al
caso. "Sbese que en la Nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las
leyes de Moiss: tal era, y es an, la idea de la perfeccin inmaculada
de cada frase y de cada versculo de la Biblia. A bordo de un buque
se hablaba de las maravillas del cloroformo. Un mdico aseguraba que
poda aplicarse a los alumbramientos, sin peligro.--Y Vd. lo aplicara
a su mujer? preguntaba un puritano presente.--Por qu no!--Pues yo
no lo hara, replic seriamente el interlocutor.--Eso depende del
grado de confianza de cada uno en su eficacia.--No, seor; el Gnesis
dice: alumbrar la mujer con dolores, y Vd. contrara la voluntad de
Dios.--Como se ve, la cuestin del cloroformo era mirada por el lado de
la conciencia, y medida su bondad en el cartabn de la Biblia".

Sarmiento lleg cuando ms arda la hoguera mstica. "Para mantener
el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las campaas remotas,
millares de pastores viajeros, que pasan toda su vida en misin;
hombres rudos y enrgicos, que llevan a todas partes la agitacin,
despiertan los nimos, excitndolos a la contemplacin de las verdades
eternas. Son stos verdaderos ejercicios espirituales, como los de
los catlicos; ms espirituales an, pues sin amedrentarlos con las
penas del infierno, el pastor, o los pastores, reunidos en _meeting_
religioso, al aire libre o en algn galpn (improvisado), sacuden las
embotadas inteligencias de los campesinos, les presentan la imagen de
Dios en formas grandiosas, inconcebibles; y cuando el estimulante ha
producido su efecto, envan a las mujeres al bosque de un lado, y a los
hombres de otro, para que mediten a solas, se encuentren en presencia
de s mismos viendo su nada, su desamparo y sus defectos morales". Para
Sarmiento no tenan inters las doctrinas difundidas, sino el hecho
mismo de la agitacin espiritual mantenida por los predicadores, que
as efectuaban una obra educativa y moral. "Pero lo que de todo esto
importa para mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos,
las disidencias teolgicas y los pastores ambulantes, aquella gran
marea humana vive todava en fermentacin, y la inteligencia de
los habitantes ms apartados de las centros se conserva despierta,
activa, y con sus poros abiertos para recibir toda clase de cultura.
A semejanza de una cuba, se mantiene ajustada y apta para servir, no
importa la calidad del lquido que encierre; mientras que si la dejan
vaca, las duelas se tuercen, los arcos se aflojan y queda, con la
accin del tiempo y las fluctuaciones de la intemperie, inutilizada
para siempre". En el fondo, con palabras distintas, repite Sarmiento
el concepto fundamental de Emerson: lo que importa es la accin moral,
independientemente de cualquier contenido dogmtico o doctrinario.

Esto no significa que Sarmiento no hiciera diferencias entre las
sectas ortodoxas y las liberales. "Este caos religioso, aquellas cien
verdades contradictorias, estn a su vez sufriendo una elaboracin
lenta, es verdad, pero segura, ascendente". Y no se equivoca en sus
preferencias: "La filosofa religiosa de los descendientes de los
peregrinos viene descendiendo de lo alto hasta las profundidades de
la sociedad, acercando las distancias que separan las disidencias,
echando entre ellas blandas ligaduras que acaban por estrecharlas, y
que terminarn al fin en absorberlas en el _unitarismo_, secta nueva,
pantesta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos los
bautismos por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia; y elevndose
a regiones ms encumbradas, desprendindose de toda interpretacin
religiosa, concluye por reunir en un solo abrazo a judos, mahometanos
y cristianos, prescindiendo de milagros y ministerios, como cosas que
no cuadran con la forma orgnica que Dios ha dado al espritu humano y
clasificndolas en el nmero de las figuras de retrica. La moral del
cristianismo, como expresin y regla de la vida humana, como punto de
reunin asequible y aceptable por todas las naciones: he ah el nico
dogma que admiten, as como la virtud y la humanidad forman el nico
culto y la nica prctica que prescriben a los creyentes".

Los comentarios que todo ello le sugiere son interesantes y
exactos; espiguemos algunos. "El espritu puritano ha estado en
actividad durante dos siglos, y marcha a darse conclusiones pacficas,
conciliadoras, obrando siempre el progreso sin romper en guerra con
los hechos existentes, trabajndolos sin destruirlos violentamente
como lo emprendi la filosofa nacida del catolicismo en el siglo
XVIII, y que tan poco camino ha hecho". "Concluyo de todo esto, mi
buen amigo, en una cosa que har pararse los pelos de horror a los
buenos yankees, y es que marchan derecho a la unidad de creencias, y
que un da no muy remoto la Unin presentar al mundo el espectculo de
un pueblo devoto, sin forma religiosa aparente, filsofo sin abjurar
al cristianismo, exactamente como los chinos han concludo por tener
una religin sin culto, cuyo gran apstol es Confucio, el moralista
que con el auxilio de su razn di con el axioma: "no hagas lo que no
quieres que te hagan a t mismo", aadindole este sublime corolario:
"y sacrifcate por la masa". Si tal sucediera, y debe suceder, cun
grande y fecundo habr de ser para la humanidad el experimento hecho
en aquella porcin, que dar por resultado la dignificacin del hombre
por la igualdad de derechos, la elevacin moral por la desaparicin
de las sectas que hoy lo subdividen a aquel pueblo, enrgico por las
facultades fsicas y eminentemente civilizado por la apropiacin a
su existencia y bienestar de todos los progresos de la inteligencia
humana. Norteamericano es el principio de la tolerancia religiosa; est
inscripto en todas sus constituciones y ha pasado a axioma vulgar; en
Norte Amrica fu por vez primera pronunciada esta palabra que deba
restaar la sangre que la humanidad ha derramado a torrentes, y venido
destilando hasta nosotros desde los primeros tiempos del mundo". Las
diversas religiones cristianas que emigraron de Europa, tenan dogmas
e intolerancias, hbitos de persecucin y de venganza; "unos ms
pronto, otros ms de mala gana y refunfuando, han tenido que apagar
sus tizoncitos y dejarse de esa bufonada de mal gnero que consiste
en quemar hombres para mayor gloria y honra de Dios. No tengo cundo
acabar cuando entro en el campo de la teologa; me vuelvo yankee, como
Vd. ve, y hasta gangoso me pongo al leer estos razonamientos. Pero mal
que le pese, tengo an que apuntar una de las fuerzas de regeneracin,
propaganda y auxilio al moroso que tiene en movimiento la inteligencia
en Norte Amrica y fuerza a marchar adelante a los rezagados. Su origen
y su forma es religiosa, si bien sus efectos se hacen sentir en todos
los aspectos sociales. Hablo del espritu de asociacin religiosa y
filantrpica, que pone en actividad millares de voluntades para la
consecucin de un fin laudable y consagra caudales gigantescos a la
prosecucin de su obra. En este punto el norteamericano se ha creado
necesidades espirituales tan dispendiosas e imprescindibles como las
del cuerpo mismo, y esta provisin de necesidades del nimo, aquel
tiempo, trabajo y dinero empleado en dejar satisfecho un deseo, una
preocupacin, muestra cun activa es la vida moral de aquel pueblo".
Y termina con estas palabras: "En todo este enorme y complicado
trabajo nacional, ver Vd. predominar una gran idea, la igualdad; un
sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio,
la asociacin, que es el alma y la base de toda la existencia nacional
e individual de aquel pueblo."

Conocis la simpata de Sarmiento por todo lo que representaba
liberalismo, progreso, porvenir. Era en l obsesiva la idea de
regenerar a nuestra Amrica latina emancipndola de su pasado colonial,
en que slo vea pereza y supersticin; los conquistadores haban
enseado a mirar el trabajo como una vergonzosa humillacin, filtrando
en las venas de sus descendientes el parasitismo; los telogos haban
enseado a rezar mucho y a leer poco, limitndose a fundar las escuelas
necesarias para ir formando un clero autctono. Con esas ideas, que
haba expresado ya en _Facundo_ y de que no se apartara hasta la
hora de escribir _Conflicto y armonas de las razas en Amrica_,
profunda impresin deba producirle aquella otra Amrica "en que
todos saben leer y trabajar". Se explica as el constante entusiasmo
por el modelo poltico y social norteamericano; y se explica tambin
su preferencia por aquellas religiones protestantes, creyendo que
en ellas la fe primaba sobre la supersticin, el celo evanglico no
exclua la tolerancia recproca y el misticismo personal poda escoger
una atmsfera propicia para remontar su vuelo sin que el Estado le
impusiera una determinada direccin dogmtica. Sabis que Alberdi,
con quien ri tanto y tantas veces,--sin duda porque perseguan un
mismo ideal a travs de sus opuestos temperamentos,--expres anlogas
simpatas por las religiones disidentes.


                     7.--SARMIENTO Y HORACIO MANN

Llevaba Sarmiento una preocupacin cardinal, la instruccin pblica;
con ella se propona redimir a estas antiguas colonias que haban
heredado un analfabetismo casi universal. Estuvo en Boston, "la Menfis
de la civilizacin yankee", llevado por su preocupacin pedaggica.
"El principal objeto de mi viaje era ver a Horacio Mann, el secretario
del Board de Educacin, el gran reformador de la educacin primaria,
viajero como yo en busca de mtodos y sistemas por Europa, y hombre
que a su fondo inagotable de bondad y de filantropa, reuna en sus
actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber. Viva
fuera de Boston y hube de tomar el ferrocarril para dirigirme a
Newton-East, pequea aldea de su residencia. Pasamos largas horas de
conferencia, en dos das consecutivos. Contme sus tribulaciones y
las dificultades con que su grande obra haba tenido que luchar por
las preocupaciones populares sobre educacin, y los celos locales y
de secta, y la mezquindad del partido democrtico que desluca las
mejores instituciones. La legislatura misma del Estado habra estado a
punto de destruirle su trabajo, destituirlo y disolver la comisin de
educacin, cediendo a los mviles ms indignos: la intriga y la rutina.
Su trabajo era inmenso y la retribucin escasa, enterndola l en su
nimo con los frutos ya cosechados y el porvenir que abra a su pas".
Y despus de pasar en resea los adelantos de la educacin pblica,
refiere lo que fu, diremos as, la escuela de su futuro apostolado en
la enseanza argentina: "Usted ve, querido amigo, que estos yankees
tienen el derecho de ser impertinentes. Cien habitantes por milla,
cuatrocientos pesos de capital por persona, una escuela o colegio
para cada doscientos habitantes, cinco pesos de renta anual para cada
nio y adems los colegios: esto para preparar el espritu. Para la
materia o la produccin tiene Boston una red de caminos de hierro, otra
de canales, otra de ros y una lnea de costas; para el pensamiento
tiene la ctedra del Evangelio y cuarenta y cinco diarios, peridicos
y revistas; y para el buen orden de todo, la educacin de todos sus
funcionarios, los _meetings_ frecuentes por objeto de utilidad y
conveniencia pblica, y las sociedades religiosas y filantrpicas que
dan direccin e impulso a todo. Puede concebirse cosa ms bella que la
obligacin, en que est Mr. Mann, de viajar una parte del ao, convocar
a un _meeting_ educacional a la poblacin de cada aldea y ciudad a
donde llega; subir a la tribuna y predicar un sermn sobre educacin
primaria, demostrar las ventajas prcticas que de su difusin resultan,
estimular a los padres, vencer el egosmo, allanar las dificultades,
aconsejar a los maestros y hacerles indicaciones, proponer en las
escuelas las mejoras que su ciencia, su bondad y su experiencia le
sugieren?"

Recordemos, al pasar, que Horacio Mann, verdadero trasuntador del
eticismo emersoniano en la pedagoga, fu, para Sarmiento, el gran
amigo y el gran modelo, cuyas doctrinas crey poder sintetizar en pocas
sentencias:

--El hombre que no ha desenvuelto su razn con el auxilio de los
conocimientos que habilitan su recto ejercicio, no es hombre, en la
plenitud y dignidad de la acepcin.

--La ignorancia es casi un delito, pues que presupone la infraccin de
leyes morales y sociales.

--La asociacin de los hombres tiene por objeto la elevacin moral de
todos y el auxilio mutuo para asegurarse su quietud y su felicidad.

--La propiedad particular debe proveer a la educacin de todos los
habitantes del pas, como garanta de su conservacin, como elemento
de su desarrollo, y como restitucin y cambio de los dones de la
naturaleza que son la base de la propiedad.

--La libertad supone la razn colectiva del pueblo.

--La produccin es obra de la inteligencia.

Y deberamos los argentinos releer, de tiempo en tiempo, las pginas
de fondo substancioso, aunque desaliadas en la forma, en que Sarmiento
condens la _Vida de Horacio Mann_ (Obras, XLIII), bastando, a veces,
dos prrafos, para explicar la personalidad del gran educador y el
sentido emersoniano de su moral independiente: "Las pronunciadas
y naturales propensiones del hombre aparecen a menudo durante su
juventud, y antes que la experiencia haya venido a ensearnos a
proceder con cautela. Los que conocieron a Mr. Mann en el colegio y lo
han conocido despus, encontrarn muy aplicable a l esta reflexin.
Se distingua entre sus camaradas y ser notable y recordado siempre,
por aquellos rasgos peculiares que son constantes en su personalidad,
es decir: primeramente, como un pensador original y atrevido, que lo
haca investigar por s mismo todas las materias, sin miramiento a
nadie, atendiendo slo a la verdad y al derecho que asiste en ello;
y segundo, el horror que le inspiraba toda impostura e hipocresa,
aborreciendo por esto la impostura y la stira, por atribuirlos a
motivos egostas. La osada y la fuerza con que manifest estos dos
caracteres distintivos, han velado a los ojos del vulgo una tercera
cualidad que le era tambin muy peculiar, a saber, el ardor y actividad
del sentimiento religioso. De aqu viene que muchos no lo tomaran por
un hombre religioso, en el sentido tcnico de la palabra, aunque lo era
verdadera y eminentemente en su significacin ms elevada. Investigando
siempre las leyes del universo moral y fsico y atribuyndolas a Dios
solo, cuando las ha encontrado, rinde a ellas y a su Autor el justo
homenaje de la obediencia y de la veneracin; y esto lo haca en
todas las ocasiones y hasta en los ms mnimos asuntos. No slo acata
los diez mandamientos, sino diez mil ms. ste es el origen de aquel
delicado sentimiento moral, de su firme y rgida fineza, de la guerra
sin tregua que siempre hizo a toda clase de impiedad, de quien quiera
que procediese" (pg. 331 y sig.).

Toda la hereja emersoniana y todo su pantesmo moral parecen
resumidos en esa frase con que Sarmiento hace el mayor elogio de
Horacio Mann: "no slo acata los diez mandamientos, sino diez mil
ms". sa es su interpretacin expresiva de la moral sin dogmas y de
la religin sin doctrinas. Al catecismo de una religin dogmtica que
impone obedecer diez mandamientos, y slo esos diez, el hombre virtuoso
puede violarlo si obedece los infinitos deberes que le dicta su
conciencia moral, incesantemente sugeridos por la mltiple accin que
puede cada uno desenvolver en beneficio de la sociedad a que pertenece.


                        8.--LA VIDA EN CONCORD

Habra que estar ciego para no comprender que en Boston, en aquella
atmsfera llena de Channing y de Emerson, de unitarismo y de
liberalismo, verdadero almcigo de moralistas sin dogmas, recibi
Sarmiento las inspiraciones educacionales que luego, durante casi medio
siglo, fueron la ensea de su apostolado en nuestra patria.

En ese primer viaje no conoci personalmente a Emerson, aunque lo
percibi en todas las personas e instituciones que significaban
liberacin del tradicionalismo y germen de progreso. Emerson comenzaba
a lograr la mayor de las sanciones a que puede aspirar un gran hombre:
que todos, amigos y enemigos, le hicieran fuente de sus consejos o
blanco de sus ataques, los iguales venerando sus altas virtudes,
los inferiores explotando sus legtimos prestigios para ponerse en
evidencia, sin advertir estos ltimos que los ataques de los envidiosos
constituyen el mejor abono para la gloria de los hombres excelentes.

A su regreso de Inglaterra, Emerson tena cuarenta y cinco aos.
Al calor romntico y combativo de la juventud comenzaba a suceder
la serenidad estoica y optimista que es el dulce privilegio de los
caracteres virtuosos. Su apostolado, desde 1850, fu cada vez ms
afirmativo; antes que corregir la mentira y la perversidad de hombres
adultos, cuyas rutinas y vicios estuviesen ya consolidados por la edad,
le interes difundir la verdad y el bien, tal como los comprenda,
entre jvenes que an estuvieran en edad de rectificar sus ideas y su
conducta: enderezad, si podis, el arbusto; no perdis vuestro tiempo
en destorcer el tronco aoso! Su afn de crear le indujo a mirar la
polmica y la discusin como una prdida de tiempo y una malversacin
de energas; parecale de ms provecho cooperar al advenimiento de la
verdad y del bien, que reir con los incapaces de estudiar para saber
y de simpatizar para amar. Ese concepto afirmativo, dominante en su
conducta personal, fu la condicin bsica de su optimismo.

Todas las sectas y partidos conservadores, disfrazndose de vagos
espiritualismos, le acusaban hoy de incredulidad, maana de atesmo,
y al fin le consideraban peligroso para la tranquilidad general, como
llamaban a la propia. Emerson, por ser el ms conspcuo de los hombres
vinculados al Trascendentalismo, segua atrayendo el rencor implacable
de todos los que haban mirado con terror esa efervescencia del
romanticismo social contra el tartufismo tradicionalista; y cuando ms
arreci la reaccin, en vsperas de la campaa antiesclavista, Emerson,
desafiando las pasiones de los extraviados, tom la responsabilidad de
defender a Alcott--como, entre nosotros, Echeverra defendi a Alberdi,
cuando sus primeros enemigos lo difamaban,--adhirindose al fin y de
lleno a la campaa contra la esclavitud, que ser siempre el mayor
timbre de gloria de aquella memorable generacin norteamericana.

Solitario en Concord, vivi una existencia socrtica, que, en pginas
edificantes, podis leer en algunos de sus bigrafos--_Emerson in
Concord_, por su hijo Eduardo W. Emerson, _Emerson at Home and Abroad_,
por Conway, _Concord Days_, por Alcott, etc. No todas las naciones, ni
todos los siglos, han presenciado una vida como la suya.

Toda mente superior leer siempre con placer sus pginas consagradas
a elogiar su _Soledad_. Reconoce que el hombre debe vivir en sociedad,
rodeado de artes, de instituciones, de amigos que tengan su propia
estatura moral, buscando en la simpata estmulos para su accin y su
constancia; pero... "de tiempo en tiempo el hombre excelente puede
vivir solo; debe hacerlo... La gente de mundo debe tomarse en pequeas
dosis. Si la soledad es orgullosa, la sociedad es vulgar. En el mundo,
las capacidades superiores del hombre suelen considerarse como cosas
que lo descalifican. La simpata nos rebaja con la misma facilidad con
que nos eleva... La soledad es impracticable y la sociedad es fatal:
debemos mantener nuestra cabeza en la primera y confiar nuestras
manos a la segunda. Slo podemos conseguirlo si conservando nuestra
independencia no perdemos nuestra simpata". No es bueno que el
hombre est solo, pero es indispensable que no est mal acompaado.
La conducta del hombre perfecto, deca Spencer, slo aparecera
perfecta cuando el ambiente lo fuera; en ningn ambiente inferior sera
adaptable, porque la idealidad de la conducta es absolutamente un
problema de adaptacin.

Eso nos permite comprender la antipata que tienen los grandes
caracteres morales a la vida bulliciosa de las ciudades, donde las
circunstancias obligan a un contacto excesivo con personas indiferentes
o desagradables. Felices los que pueden, como Emerson, buscar un retiro
tranquilo, propicio a la meditacin y al estudio, transcurriendo una
vida simple entre las gracias siempre renovadas de la Naturaleza;
felices los que pueden refugiarse en una apacible soledad y como desde
una cumbre abarcar a toda la humanidad en una sola mirada de simpata,
no turbada por la visin de pequeeces y disonancias. Es all donde
el ingenio se revela en toda su pureza, all donde la santidad se
encumbra; y desde all el hombre ubrrimo puede ofrecer a la humanidad
los ms sabrosos frutos de su experiencia: sus ideales.

Las obras de educacin, de justicia, de solidaridad, recibieron de
Emerson una palabra de aliento o una cooperacin efectiva. Cada ao que
pasaba sobre l, cada nueva cana sobreviviente, aumentaba la grandeza
moral del hombre que segua dando a la nacin nuevas expresiones de su
mensaje tico. Su primitiva predicacin, esencialmente individualista,
fu acentuando da a da aquel sentido social y humanitario que
apareciera ya en las columnas de _The Dial_, cuando la visin de una
humanidad mejor y perfectible le hizo comprender que la moralidad del
individuo debe tener por atmsfera la moralidad de todo el agregado
social.

Pasados los aos, creciendo l siempre y ajamelgndose siempre sus
enemigos, la envidia y la pasin se entibiaron en torno suyo, y poco
a poco, por ese proceso natural que anticipa en vida las sanciones
pstumas de la gloria, Emerson _el hereje_ fu convirtindose, para
todos, en Emerson _el santo_. Porque la santidad, hay que afirmarlo, es
de este mundo; o no es de ninguno. Y slo entran a ella los hombres que
por la inflexibilidad de sus virtudes, por la derechez de su carcter,
por su leal obsecuencia a la verdad, merecen ser indicados a sus
contemporneos y a la posteridad como ejemplares arquetpicos de una
humanidad ms perfecta, que la imaginacin concibe como un ideal para
el porvenir.

Los nios--si me est permitido complicar la verdad con una imagen
superflua--los nios fueron los pjaros predilectos en su jardn
otoal; adoraba en ellos la ingenuidad, no envenenada todava por el
aprendizaje del mal. La educacin le pareca la tarea ms "divina" que
un hombre puede desempear sobre la tierra, ya que slo educando pueden
fomentarse los elementos de moralidad y de optimismo que constituyen la
partcula del gran todo divino que reside en cada uno de los seres que
integran la Naturaleza, que es la divinidad misma...

Es preciso detenernos, dejando para la prxima leccin el examen de
las doctrinas ticas de Emerson y la determinacin de su actitud ante
los problemas propiamente metafsicos. Por hoy nos concretaremos a
sealar algunos influjos de Emerson sobre Sarmiento, infirindolos de
las repetidas menciones que este ltimo hizo de aqul en sus escritos.


                        9.--EMERSON Y SARMIENTO

En sus cartas de Boston, de 1865 (Vol. XXIX, de sus _Obras_:
"Ambas Amricas"), Sarmiento refiere con admiracin casi mstica las
impresiones de su permanencia en Concord, entre los amigos de Emerson.
"Necesitara muchas pginas--le escribe a Aurelia Vlez--para narrar
todo lo que ha pasado de bello, de grande, de til, en estos ocho das,
por mis sentidos, por mi corazn, por mi espritu. Son cuadros vistos
con vidrios de aumento en que parece asistimos a un mundo de gigantes,
que est delante, sin ser el nuestro. Fu a Concord, verdadera aldea,
sin alumbrado y sin embargo bellsima, en medio de la naturaleza de
otoo, que me habr odo es aqu de una belleza sobrenatural, por los
colores vivsimos que reviste la vegetacin al aproximarse el invierno;
y usted sabe que gozo con estos espectculos. En esta simple aldea
viven algunas reputaciones literarias. La seorita Peabody, escritora
de libros de educacin. Waldo Emerson, poeta y filsofo. La seora Mann
me ha recibido como a uno de la familia, con la simplicidad de la Nueva
Inglaterra, donde todos son hermanos, con el cario y la solicitud
de una antigua amiga... Fuimos al da siguiente a Lexington a ver el
establecimiento de educacin del doctor Lewis para mujeres. Vuelve
este pas a los tiempos de la Grecia, dando a los juegos gimnsticos
una grande atencin. Los que v ejecutar a las nias aseguran la mayor
perfeccin de la raza, por la fuerza, la belleza y la gracia. Al da
siguiente com con Waldo Emerson, a quien haba mandado el _Facundo_.
Este libro me sirve de introduccin. Si ser Ministro no vale para
todos, ser educacionista es ya un gran ttulo a la benevolencia de
este pueblo de profesores y de maestros... De casa de la seora Mann
me llevaron a Cambridge, la clebre Universidad, donde he pasado dos
das de banquete continuo, para ser presentado a todos los eminentes
sabios que estn all reunidos: Longfellow, el gran poeta, que habla
perfectamente el espaol; Gould, el astrnomo, amigo de Humboldt;
Agassiz, hijo, a quien pronostican mayor celebridad que al padre;
Hill, el viejo presidente de la Universidad. Cmo se gozara su
padre en este seminario de ciencias y de estudios clsicos, con una
biblioteca por templo y una villa entera de escuelas para todos los
ramos del saber humano!", (pg. 65 y sig.). Estas impresiones se
repiten, ya que no pueden aumentarse, en otras cartas, especialmente
en la publicada con el ttulo: "Una aldea norteamericana.--Las
mujeres.--Emerson.--Longfellow.--La nieve" (pg. 80 y sig.). De
sus conversaciones con el gran eticista, merece transcribirse este
interesante prrafo: "Entre los hombres notables de la educacin
pblica, aqu est el viejo Emerson, que fu uno de los cinco que
emprendieron hace treinta aos mejorar las escuelas, y elevarlas al
rango a que han llegado hoy. Es ahora un monumento pblico, este
hombre, a quien rodea como una aureola la veneracin pblica. En
largusimas conferencias que hemos tenido sobre materia que tanto nos
interesa a ambos, me ha hecho una observacin que quiero trasmitir
aqu, para que la tengan presente. En cuarenta aos de trabajos en
la difusin de la enseanza, me dijo, un hecho se me ha presentado
constante en todas partes; y es que es intil rentar las escuelas,
organizarlas, inspeccionarlas, si en cada villa, poblacin o ciudad,
no hay un vecino que las cuide o visite por puro amor a la enseanza.
Donde quiera que las escuelas van bien estamos seguros que hay un
buen filntropo que no las pierde de vista; donde van mal, es porque
falta; y como absorbidos por la conversacin, hubirase casi apagado la
chimenea, al atizar el casi extinguido fuego, me dijo, sealndolo: as
son las escuelas, si no se atienden se apagan." (Obras, XXIX, 84). No
cabe duda que este pensamiento de Emerson, sobre la cooperacin vecinal
para el xito de las escuelas del estado, preocup a Sarmiento; muchos
aos ms tarde, con motivo de inaugurarse una biblioteca popular en
San Fernando, repite, en 1878, las opiniones del "anciano Emerson, de
Concord, clebre filsofo que, con Horacio Mann, haba encabezado la
agitacin de educacin popular que acab por generalizarse a todos los
Estados Unidos." (Obras, XLVII, 67).

Desde que lo conoci, tuvo Sarmiento una gran admiracin por el
moralista sin dogmas, aunque eran tan distintos sus temperamentos,
pragmtico el de aqul y mstico el de ste. Es creble que Sarmiento
oyera en Boston los ltimos ecos de la maledicencia sectaria; no
pudiendo decir ya que Emerson era un pensador peligroso para la
sociedad, los conservadores haban resuelto desteir su admiracin
forzosa, declarndolo... demasiado metafsico. En otras memorias de
viaje, relativas a las escuelas, Sarmiento recoge el eco: "poeta y
autor de varias obras filosficas que lo revelan pensador profundo,
y los que lo acusan de metafsico le reconocen, sin embargo, genio"
(Obras, XXX, 89). Influa, sin duda, en estos sentimientos la noticia
de que Emerson y Channing haban sido los mejores puntales de su amigo
Horacio Mann, durante su campaa educacional; y del segundo, en sus
notas sobre la vida de Mann, transcribe la carta de adhesin que le
escribiera en los momentos ms difciles (Obras, XLIII, 346). De all
tambin su persistente simpata por el _unitarismo_, que veinte aos
atrs le pareca encarnar el porvenir tico de los Estados Unidos y
a cuyas ceremonias religiosas volvi a asistir en su segundo viaje:
"Estoy invitado a la comisin de los _Unitarios_, cuyo rgano es el
"Liberal Christian". Su objeto es reunir todas las disidencias en
una, que las contiene a todas: la caridad cristiana. Yo le haba
pronosticado hace veinte aos a esta secta el porvenir; y lo saben
ellos". Frecuent tambin a los _unitarios radicales_; es interesante
ver cmo los juzga: "Al da siguiente, uno de los editores de _El
Radical_ va a mi hotel, para hacerme tomar parte en los ejercicios
del ala izquierda de los liberales. stos van mucho ms all de
cuanto haba esperado. Seis predicadores se suceden ante una numerosa
audiencia, la mayor parte de seoras. Nosotros somos cristianos, dice
devotamente uno de ellos. Somos slo hombres, en comunicacin con Dios,
nuestro padre comn, sin intermediarios. Jess llen su grande misin,
en proporcin de su poca y al desarrollo de la humana inteligencia.
La doctrina no est hoy en armona con los datos de la ciencia y su
obra no ha podido en diez y ocho siglos afectar ni modificar sino a
una pequea parte de la humanidad. Somos ms felices que nuestros
hermanos de otras sectas. No aborrecemos a nadie por causa de Jess...
Seis sermones a la tarde y otros seis a la noche, completaron los
ejercicios. Yo asist a todos, admirando este profundo sentimiento
religioso que mantiene en actividad la mente y el corazn de este
pueblo. Nosotros, ni cristianos somos. Convenido como est que hemos
nacido catlicos, y que fuera del girn de la Iglesia no hay salvacin,
descansamos en la dulce y consoladora esperanza de que todos los dems
se condenarn. Ay! son mil millones de seres humanos los que no
entran en la geografa catlica: cuestin de geografa, la salvacin"
(_Obras_, XLIX, 291).

Fuerza es abreviar los recuerdos y las citas. En su momento de ms
terrible lucha pedaggica, Sarmiento, viejo ya de aos, estaba ms
joven que nunca por sus ideales, por su valor bravo; 1882, la hora
de agitarse la conciencia nacional para afirmar definitivamente el
espritu laico de la enseanza impartida por el Estado. Era la poca
en que el cannigo Piero, para asociarse a la campaa de la iglesia
romana contra la escuela argentina, quemaba en Santiago la biblioteca
del Colegio Nacional, cometiendo "el ltimo auto de fe ocurrido entre
los catlicos, en toda la redondez de la tierra, a fines de este siglo,
y debe ser conocido el hecho, proclamado y anunciado al mundo y a su
Santidad, para la canonizacin de este hroe de la necedad humana!".
Sarmiento record, con ese motivo, que en Norte Amrica, habiendo
reclamado los catlicos contra la lectura de los Evangelios en las
escuelas del Estado, sin los comentarios catlicos, se reuni un
Consejo de personajes de otras religiones para decidir el punto; y los
ms, Emerson entre ellos, declararon que deba suprimirse la lectura de
textos religiosos que no concordaren con la doctrina de los catlicas,
ya que stos, como toda otra minora, religiosa o no, tenan el derecho
de que el Estado respetara sus creencias al dar educacin a sus hijos
(_La Escuela Ultrapampeana_, XLVIII, 158).

En los mismos das de evocar su ejemplo en favor de la enseanza sin
dogmas, se apagaba en Concord, el 27 de abril de 1882, la existencia
del eticista. Sarmiento, en un breve artculo expresivo, escribi un
carioso adis al que volva al seno de su Naturaleza adorada, donde
ya le haban precedido casi todos sus compaeros de ideales y de accin.
El 26 de junio apareci en "_El Nacional_" de Buenos Aires
aquella pgina conmovida: _Emerson. Los dioses se van!_... "Decase de
Emerson que era una cabeza griega sobre cuadradas espaldas yankees. La
opinin general es, ahora, que durante cuarenta aos, despus de veinte
opuestos a sus doctrinas, l ha tenido la direccin de los espritus en
Norte Amrica y ha visto formarse una escuela de ideas emersionianas.
Vivi siempre en Concord, pretendiendo que, como poeta, deba vivir
bajo las influencias directas de la Naturaleza... Vivimos en tiempos
felices, en que el talento del escritor, y las ideas que difundi en
torno suyo, no quedan por largo tiempo estancadas si fueran auspiciadas
por la pasin y el inters de la humanidad y del progreso. Hase dicho
que no hay genio sino en los trabajos que afectan a la especie humana
para su mejora... Una palabra desde el Ro de la Plata, que va con
conciencia y amor a reunirse a los amigos de los Estados Unidos, no ha
de ser desatendida por los que sobreviven en Concord" (_Obras_, XLV,
374).

As el formidable luchador del Sur saludaba al mstico pantesta
del Norte, sabiendo que, de ser oda, ninguna palabra de este
hemisferio hubirale sido ms grata que la suya. Y hablaba, acaso
involuntariamente, como un discpulo, al titular _Los dioses se van_
su artculo de adis a un hombre conspcuo en la evolucin de la tica
moderna; eso haba enseado Emerson, en su concepcin natural de la
divinidad, poniendo una partcula divina en cada ser humano, enseando
a creerla perfectible, ascendente en virtudes, en santidad, hasta
confundirse el hombre en esa ideal harmona de la Naturaleza que su
mente conceba como la esencia y el espritu de Dios.




                     =ORIENTACIONES MORALES=

  1. Una tica sin metafsica.--2. La crtica de las costumbres.--3.
  Necesidad de caracteres firmes.--4. Disconformidad con todo
  tradicionalismo.--5. Pantesmo.--6. tica naturalista.--7. El
  optimismo y la perfectibilidad.--8. La confianza en s mismo.--9.
  La bella necesidad.--10. Funcin social del no-conformismo.


                      1.--UNA TICA SIN METAFSICA

En la leccin anterior, sin copiar a sus numerosos bigrafos, ni
pretender substituirlos, bosquejamos la personalidad de Emerson;
para dar un inters argentino al examen de su accin y de su
pensamiento, aproximamos el esfuerzo renovador de los _Trascendentales_
norteamericanos con el ensayo fugaz de Echeverra, al fundar la
_Asociacin de Mayo_, sealando sus semejanzas de inspiraciones y de
finalidades. Y recordando la relacin de esa corriente renovadora
con la pedagoga social de Horacio Mann, evocamos las vinculaciones
personales e ideolgicas de Sarmiento con el moralista de Concord.

Entremos, hoy, a examinar el contenido intrnseco del emersonismo,
procurando quintaesenciar en algunos principios concretos el
pensamiento vago y difuso de Emerson, que por la misma nebulosidad de
sus contornos suele ser objeto de interpretaciones heterogneas.

Aunque fu eminente moralista, Emerson no puede ser llamado filsofo,
si es que este nombre debe tener un sentido ms claro del que le
atribuyen los que no han estudiado ningn problema filosfico. Emerson
era orador y era poeta; mejor orador que poeta. Orador, tena el
temperamento de los sofistas clsicos; era como stos un periodista
hablado, un agitador de la opinin pblica, un propagandista. Poeta, lo
era por temperamento, por su inclinacin a las razones sentimentales
e imaginativas, con un temperamento muy superior a las poesas que
escribi, inferiores, sin duda, y sin admitir comparacin, a las de
Longfellow o de Walt Whitman. Impregnado de la herencia religiosa comn
a todos los pobladores de la Nueva Inglaterra, acentubala en l la
circunstancia de pertenecer a una familia de pastores disidentes, en
que el ministerio evanglico se transmiti de padres a hijos durante
muchas generaciones. Emerson era un mstico; el misticismo corra en
sus arterias y daba colorido a toda su personalidad moral.

La tica de Emerson, por su falta de armona arquitectnica, es la
anttesis de la tica de Spinoza; carece de estructura y de sistema.
No hay claridad en sus preceptos ni exactitud en su mtodo. Emerson
pertenece al tipo de los grandes predicadores, tiene ms de inspirado
que de lgico, ms de profeta que de sabio. Habla al sentimiento
siempre, rara vez a la inteligencia; trata problemas que interesan
al gran pblico, despreocupndose de los que entretienen a los
metafsicos; predica para la humanidad entera, vindola a travs de
su pueblo; para ello, se pone a su nivel. Quiere encender en todos
sus oyentes el culto de la moral, con abstraccin de cualquier dogma
o doctrina religiosa; pasa as de una razn a la contraria, emplea
imgenes, muestra ejemplos, aprovecha los sentimientos religiosos de la
mayora para orientarlos en el cauce de la tica pura, sin preocuparse
nunca de ser coherente y ordenado, sin tomar ninguna posicin fija
ante los problemas insolubles, contradicindose en todo lo que no le
interesa, si ello converge a su objetivo nico: llevar a todos un
mensaje bsico: _la soberana de la moral_. Basta leer su ensayo as
titulado para corroborar lo que decimos; en vano se buscara en l,
cediendo a la sugestin del ttulo, una concrecin clara de lo que es,
sin embargo, la nota fundamental en el conjunto de sus escritos.

Emerson no era, pues, un filsofo; ni malo ni bueno, no lo era. Los
que estudiamos filosofa tenemos el derecho de reservar este nombre
a la investigacin de los problemas generales ms distantes de la
experiencia actual o posible, que escapan a los mtodos de las ciencias
y exceden sus lmites: lo que en todo tiempo y lugar ha constitudo el
dominio de la metafsica. Y aunque concebimos que su horizonte, y las
premisas para estudiar sus problemas, varan incesantemente en la justa
medida en que se enriquece la experiencia, que le sirve de fundamento
y punto de partida, no podemos llamar filsofos a los retricos que
agitan los sentimientos sociales, ni a los simples eruditos que viven
rumiando la historia de las doctrinas filosficas pasadas. Cousin,
propagandista, y Zeller, historiador, no tienen rango alguno como
filsofos, aunque sean de alabar la retrica del uno y la erudicin
del otro. A quin se le ocurrira llamar poeta a un profesor de
declamacin o de literatura?

Filsofo es el que da nuevas soluciones a los problemas filosficos,
o los plantea diversamente, o renueva con originalidad las soluciones
ya previstas. Si no lo entendiramos as acabaramos por creer, como
las mundanas y los periodistas, que hay filosofa del buen gusto, de
la esperanza, de la sensibilidad, del coraje, de la felicidad o de la
adivinacin, problemas, todos, que por su misma vaguedad deleitan y
entretienen a los que nunca podran entender una pgina de Platn, de
Toms, de Spinoza o de Hegel.

Emerson tuvo el buen sentido de no confundir su tica con una
filosofa. Movase en el dominio de las creencias y no en el de las
doctrinas; procuraba dar nueva direccin al ancestral misticismo
humano, sin abordar problema alguno gnoseolgico o metafsico. Por
eso, ponindose a cubierto de toda crtica, dijo simplemente: "_en el
orden moral las verdades no se demuestran_". Habra sido menos inexacto
diciendo: la eficacia de las creencias, para la accin, no depende
de su veracidad. Pero Emerson no habl nunca un lenguaje exacto, ni
siquiera tuvo, como Spinoza, el deseo de hacerlo.

Renunciando a inventarle a Emerson un sistema filosfico, podemos
examinar su posicin dentro de la tica, sealando los _leit-motif_ que
reaparecen con insistencia en la serie de sus escritos; y aunque no
podemos hablar de sus doctrinas, sealaremos su actitud personal frente
al mayor de los problemas filosficos, ya que de ella parten sus ms
interesantes deducciones ticas.

En otra leccin examinaremos las resonancias sociales del emersonismo
sobre la evolucin de la experiencia moral.


                    2.--LA CRTICA DE LAS COSTUMBRES

Uno de sus primeros discursos--que, en cierto modo, resulta una
auto-presentacin--se titula _El Hombre Reformador_; en l dominan el
inters por los problemas sociales y la simpata por los hombres que
trabajan. Parcenos este ensayo el de mayor contenido sansimoniano,
el que preludia ms claramente a la agitacin Trascendentalista.
"Debemos revisar,--dice,--toda nuestra estructura social, el Estado,
la escuela, la religin, el matrimonio, el comercio, la ciencia, y
examinar sus fundamentos en nuestra propia naturaleza; nosotros no
debemos limitarnos a constatar que el mundo ha sido adaptado a los
primeros hombres, sino preocuparnos de que se adapte a nosotros,
desprendindonos de toda prctica que no tenga sus razones en nuestro
propio espritu. Para qu ha nacido el hombre si no es para ser un
Reformador, un Rehacedor de lo que antes hizo el hombre, para renunciar
a la mentira, para restaurar la verdad y el bien, imitando la gran
Naturaleza que a todas nos abraza sin descansar un instante sobre el
pasado envejecido, rehacindose a toda hora, dndonos cada maana una
nueva jornada y una pulsacin de vida nueva? Renuncie a todo lo que ya
no tiene por verdadero, remonte sus actos a su idea primera, nada haga
donde no comprenda que el Universo mismo le da razn". No puede ser ms
firme y radical su pensamiento de poner bases nuevas a todo el orden
social, negando su adhesin a las rutinas tradicionales.

La conferencia _Sobre el tiempo presente_ es una de sus primeras
palabras decisivas. "Los dos partidos omnipotentes de la
historia--dice--el partido del Pasado y el partido del Porvenir,
dividen hoy la humanidad, como antes. He aqu la innumerable multitud
de los que aceptan el Gobierno y la Iglesia de sus predecesores
sin apoyarse en otro argumento que el de la posesin... Esa clase,
por numerosa que sea, reposando sobre el instinto y no sobre la
inteligencia, esa clase se confunde con las fuerzas brutas de la
naturaleza; y aunque es respetable bajo ese aspecto, sus miembros
carecen de inters para nosotros. El que despierta nuestro inters es
el disidente, el teorizador, el hombre de aspiraciones, el que deja esa
antigua regin para embarcarse sobre un mar de aventuras". Y Emerson se
embarca, sin vacilaciones, como vamos a verlo.

Sus bigrafos--admiradores literarios o compatriotas
prudentes--parecen haberse convenido para ocultar este aspecto, para m
simptico, de su personalidad viril. El Emerson anciano y venerable,
el que conoci Sarmiento, me parece digno del mayor respeto, pero
lo encuentro convencional, aburrido; el buen Emerson, de treinta,
de cuarenta aos, el autor de _Nature_, el director de _The Dial_,
el animador de los Trascendentales, es el nico Emerson legtimo.
Comprendo que para convertirle en genio nacional, grato a todos los
partidos, era menester despojarle de todo lo que podra desagradar a
los que siempre le miraron como un enemigo; pero as ya no es Emerson,
no es el Emerson apstol y creador, sino un Emerson de escaparate
patritico o de museo histrico, con todas las canas y los afeites con
que la humanidad rutinaria acostumbra engalanar a sus dolos.

Lase el ensayo "_El Conservador_" que, adems de su honda psicologa,
contiene algunas pginas literarias excelentes. Es decisivo desde la
primera lnea: "Los dos partidos que dividen el Estado, el partido
conservador y el partido innovador, son muy antiguos y se han disputado
la posesin del mundo desde que ste existe. La querella es el tema de
la historia de los pueblos. El partido conservador ha institudo las
venerables jerarquas y monarquas del viejo mundo. La lucha de los
patricios y de los plebeyos, de las metrpolis y de las colonias, de
las antiguas costumbres y de las concesiones a los hechos nuevos, de
los ricos y de los pobres, reaparece en todos los pases y en todos
los tiempos. La guerra no hace estragos solamente en los campos de
batalla, en las asambleas polticas y en los snodos eclesisticos;
ella arde a toda hora y divide el corazn de cada hombre, solicitndolo
en opuestas direcciones. Sin embargo, el viejo mundo sigue girando,
se alternan los vencedores y el combate contina renovndose como la
vez primera, bajo nombres distintos y con apasionados conductores. Un
antagonismo igualmente irreductible debe, naturalmente, estar arraigado
en la constitucin humana con una profundidad correspondiente a su
fuerza. Es la oposicin del Pasado y del Porvenir, del Recuerdo y de la
Esperanza, del Asentimiento y de la Razn. Es el antagonismo original,
la manifestacin de dos polos en todos los detalles de la naturaleza".
Planteado as el problema, lo analiza magistralmente; me parece, entre
los ensayos emersonianos, uno de los ms claros por su concepto y
de los ms atrayentes por su estilo. No sigamos leyndolo, pues no
sabramos dejarlo hasta el final.

Las premisas que engendran la necesidad de _intensificar la educacin
moral_ son, para Emerson, puramente prcticas y experimentales. La
observacin del medio en que vive le lleva a comprobar una visible
disparidad entre el progreso material y el progreso moral, inducindole
a analizar sus causas antes de aconsejar los remedios. Ante el
espectculo de la civilizacin moderna que pone al servicio de una
parte creciente de la humanidad una serie de admirables inventos y
descubrimientos, afirma su fe en el progreso y saluda con palabras
jubilosas la disminucin progresiva del sufrimiento material en el
mundo. Pero esa comprobacin, lejos de satisfacerle plenamente,
le induce a preguntarse si el progreso moral de la humanidad ha
corrido parejo con sus adelantos tcnicos, si el hombre civilizado
contemporneo es ms bueno que el de hace dos o cincuenta siglos, si
el coeficiente medio de moralidad social se ha elevado sobre el de
nuestros antepasados.

Su respuesta es negativa. Veinte siglos de cristianismo no han
aumentado la bondad individual de los hombres ni han aproximado las
sociedades al ideal de fraternidad predicado por Cristo.

Las iglesias cristianas, la anglicana lo mismo que la catlica, la
calvinista lo mismo que las metodistas, le parecen ya insuficientes
para el progreso de la moralidad; en ellas el culto impera, mas la
fe en la virtud ha disminudo; la supersticin ciega resiste a las
creencias iluminadas por la razn y los dogmas siguen domesticando
voluntades que los obedecen pero no los aman. El fervor en las formas,
en el ceremonial, en la liturgia, ha reemplazado a la sencilla piedad
primitiva, convirtindose cada iglesia en un partido poltico que
aspira a dominar la sociedad temporal, dividiendo a la humanidad en
fracciones que se odian en vez de reunirla en una sola y misma comunin
universal, toda de amor y de solidaridad.

Las costumbres sociales tienden a complicar intilmente la vida,
apartando al hombre de la Naturaleza, que es la fuente nica de su
felicidad. Lo superfluo y lo frvolo, disfrazados a menudo con el
nombre de refinamientos, aumentan de hora en hora la cantidad de
sacrificios estriles, tan indispensables para parecer como intiles
para intensificar el ser. El hombre, acicatado por pasiones ambiciosas
y egostas, da menos de s a la comunidad y no encuentra en ella la
cooperacin moral que le estimulara a emprender grandes cosas, bellas
y desinteresadas.

El mundo particular de los polticos profesionales le inspira terror.
Cmo es posible que el inters de camarillas, exentas de moral y
de ideales progresivos, pueda ser sobrepuesto al inters de toda la
nacin, de toda la sociedad? Y es admisible que ciertos hombres, no
siendo los ms ilustrados ni los ms morales, tengan el derecho de
administrar los frutos de la inteligencia y del trabajo de todos, como
si la sociedad tuviera que seguir pagando un impuesto feudal a esas
gavillas de bandoleros que han abandonado los caminos y las montaas
para refugiarse en las ciudades? Y no prueba una incapacidad moral del
mayor nmero, esa misma posibilidad de que unos pocos pcaros puedan
sobreponer su actividad malfica a la necesidad social de encaminarnos
hacia la solidaridad, por el estudio y por el trabajo?

En el ensayo _La Poltica_ (includo en la Segunda Serie), aun
reconociendo que la democracia es preferible para las naciones nuevas,
se pronuncia contra todos los regmenes polticos, en masa. "Aunque
nuestras instituciones corresponden al espritu de la poca, no estn
exentas de los defectos que han desacreditado a otras formas de
gobierno. Todo Estado est corrompido. Los justos no deben obedecer muy
estrictamente a la ley. Qu stira contra los gobiernos puede igualar
la severidad de la censura implicada en la palabra _poltica_, que
desde hace siglos significa _engao_, dando a entender que el Estado es
una engaadura?". Este pasaje, y muchos otros similares, nos permite
comprender la tierna acogida que siempre tuvieron los ensayos de
Emerson entre los anarquistas, lo que no se explicara si atendiramos
el tono mstico de sus palabras, sin penetrar su pensamiento, que es,
con frecuencia, profundamente hertico y revolucionario.

Su "idealismo trascendental" es una rebelin romntica antes que una
actitud filosfica, con ms de esttica que de metafsica. La divinidad
se esfuma en un ideal abstracto, sin personalidad sobrehumana; es,
apenas, una condicin inmanente de la naturaleza, una arquitectura
moral del universo, que induce a descubrir en las imperfecciones reales
la posibilidad misma de futuras perfecciones. Y, en otro sentido,
propiamente tico, quiere ser lo contrario del "utilitarismo", en la
acepcin vulgar del trmino, que da idea de algo bajo y pequeo: de
oportunismo acomodaticio, sucia hipocresa, cien formas larvadas de la
domesticidad y de la avaricia.

No nos engaen, empero, las palabras. Esa nocin denigrante del
utilitarismo no tiene relacin alguna con las escuelas morales llamadas
utilitarias, interpretaciones tericas que tienden a poner en la
utilidad personal o social los motores ntimos de la experiencia
moral. En este buen sentido, Emerson era utilitario y despreciaba
toda conducta que no fuese til al mejoramiento del hombre y de la
sociedad. Iba ms lejos. Crea que la primera preocupacin del hombre
deba ser redimirse de la miseria, que slo ensea a mentir y a adular;
libertarse econmicamente por el trabajo, bastndose a s mismo, sin
esperar favores ni beneficios del Estado, parecale la base misma de la
moralidad individual; y en la _incapacidad de bastarse con su propio
trabajo_ vea la causa de la degeneracin moral, como esos animales que
por vivir parasitariamente de un husped acaban por perder los rganos
ms nobles de su autonoma personal.

La independencia econmica sera intil, sin embargo, para seres que no
tuviesen capacidad para pensar y actuar con independencia moral. Por
eso, la cultura debera primar sobre la riqueza, que slo puede ser su
instrumento y nunca un fin en s misma; pintorescamente afirma que "el
valor de un dlar aumenta con la ilustracin y la virtud del que lo
usa: un dlar, en la universidad, vale ms que un dlar en la prisin".
Y le fastidia que la prosperidad creciente de los valores materiales no
se acompae todava de un crecimiento de los valores morales.

Las consecuencias de esa falta de progreso tico en la sociedad,
son visibles todava en los diversos rdenes de la actividad social.
Los hombres perdida su fe en las fuerzas morales que se arraigaban
en supersticiones absurdas, han entibiado su confianza en el valor
del mrito propio y de la dignidad personal, tornndose escpticos y
pesimistas. El abajamiento moral del conjunto trae como consecuencia la
contaminacin de los individuos; la sancin social trnase tolerante;
todos se acostumbran a consentir la inmoralidad de cada uno; la
austeridad llega a mirarse como una simpleza o una tontera. Infiere de
ello, Emerson, que el signo ms tpico del descenso moral de un pueblo
es la ausencia de grandes caracteres, de personalidades vigorosas, de
hombres que irradian un pensamiento iluminador o sustentan con herosmo
cvico grandes ideales de enaltecimiento humano. En esa tranquilidad
de estanque, las fuerzas de progreso social se entorpecen o paralizan;
ningn estmulo reciben de la sociedad los que piensan, los que
renuevan, los que crean, los que empujan el conjunto hacia un porvenir
mejor.

En sus premisas crticas, la actitud y el lenguaje de Emerson coinciden
con los de todos los moralistas. Bastara recordar que el nico
escritor argentino a quien podemos clasificar con ese nombre, Agustn
lvarez, ha partido del examen de una situacin anloga, aunque
contemplada en los pases hispano-americanos, en sus libros _South
Amrica_, _Manual de Patologa Poltica_ y _Adnde vamos?_, antes
de sealar los remedios y formular su credo, en _Educacin Moral_ y
_La Creacin del Mundo Moral_. Ya que mencionamos a Agustn lvarez,
creemos oportuno decir que casi todos sus crticos y apologistas han
coincidido en sealar cierta concordancia entre sus ideas y las de
Emerson; muchos le consideran como un verdadero y puro emersoniano.


                   3.--NECESIDAD DE CARACTERES FIRMES

En presencia de la crisis moral de su tiempo, Emerson busca su causa
y cree poder sealarla en la _decadencia progresiva de las fuerzas
ticas tradicionales_. Y al revs de los que buscan el remedio en la
posible restauracin de esas fuerzas, afirma la _necesidad de engendrar
fuerzas morales nuevas_, primero en los individuos mismos y luego en la
sociedad entera.

Ve en el tradicionalismo la parlisis, la muerte. Si los hombres
han dejado de acatar ciertos dogmas del pasado, ello se debe a que
tales dogmas tenan fundamentos falsos; y "nadie, dice Emerson, puede
sentirse obligado a ser virtuoso por obsecuencia a la mentira". Lo que
es falso, muerto est; hay que darle sepultura. Saber que es falso y
predicar la vuelta a l, sera una desvergenza si no fuese un crimen;
perdida la creencia en el carcter sobrenatural de la obligacin
moral, el nico remedio est en buscar sus fuentes naturales; de otro
modo caeramos de nuevo en el absurdo de perseguir un ideal moral
ponindonos en el camino de la inmoralidad suprema, que es la mentira.

Una moral sin dogmas, en formacin continua, cada vez mejor
adaptada a la naturaleza, persiguiendo una mayor armona entre el
hombre y todo lo que le rodea, incesantemente perfectible en cuanto la
perfectibilidad es una mejor adaptacin de la humanidad al medio en que
vive: tal es, desde la publicacin de _Natura_ (1836), la orientacin
general de la tica emersoniana. En vano haba buscado Emerson en las
morales europeas de su tiempo un modelo que le pareciera trasplantable
a su pas; el viejo mundo, minado por iglesias poderosas que haban
sobrepuesto sus intereses polticos a la primitiva moral predicada por
Cristo, no poda servir de ejemplo a los pueblos nuevos. Amrica deba
buscar en las entraas de su propia sociabilidad las fuerzas morales
ms convenientes a su progreso colectivo y a la dignificacin de la
vida humana. Su famoso discurso a los estudiosos e intelectuales, el
_Scholar_ (1837), es un llamado elocuente al estudio y a la reflexin,
al embellecimiento de la vida por la cultura del espritu, al desdn
de todos los beneficios con que la poltica y los negocios tientan a
los intelectuales. Como el msico que ejecuta para gozar l mismo,
tanto como para deleitar a otros, Emerson habla "para inspirar a los
dems el coraje y el amor, fortificando su fe en el amor y la sabidura
que estn en el fondo de las cosas; para afirmar sentimientos nobles;
para escucharlos en otros, dondequiera aparezcan; y no para turbar a
nadie, sino para atraer a todos los hombres a la verdad, tornndolos
cultos y bondadosos". Muestra la esterilidad del talento extraviado por
la frivolidad o por la moda, mirando como la mayor insensatez la de
opinar sobre lo que no se ha estudiado. Si el talento se desarrolla a
expensas del carcter, mayores son sus peligros y sus extravos cuanto
ms crece; "por eso hoy todo es falso, se confunde el talento con el
genio, se confunde los dogmas y los sistemas con la verdad, la ambicin
con la grandeza, la frivolidad con la poesa, la sensualidad con el
arte; y los jvenes, llegando con esperanzas inocentes y mirando en
torno suyo la educacin, las profesiones, los empleos, los maestros,
la enseanza literaria y religiosa, encuentran que nada satisface sus
nobles aspiraciones espirituales y se aturden, vulvense escpticos,
estn perdidos. Y la juventud quedara desesperanzada si, por gracia
divina, no tuviese bastante energa para decir: todo esto es falso y
de invencin humana, la verdad existe, nueva, hermosa, eternamente
bienhechora". El orden es la primera ley del progreso espiritual;
las mejores aptitudes se pierden si libramos nuestra cultura a la
improvisacin y divagamos sobre lo que no entendemos. "Para qu sirven
la fuerza, la habilidad, la belleza, una voz grata, la educacin o el
dinero a un loco furioso?". Todo el que es incapaz de continuidad y de
sacrificio en el estudio, pretendiendo adivinar mal en un minuto lo que
podra estudiar bien en muchos aos, es tan iluso y tan intil como
ese loco furioso. "Leyendo los diarios, viendo la audacia con que la
fuerza y el dinero trabajan para sus fines, pisando la honradez y la
voluntad de los buenos, parece que el patriotismo y la religin gritan
como fantasmas vanos. No hablamos para ellos, porque el hacerlo parece
cosa intil; habitualmente preferimos mantener nuestra opinin y morir
en silencio. Pero un espritu elocuente nos har sentir que los estados
y las reyecas, los senadores, los leguleyos y los ricos, no son sino
montones de gusanos cuando se los mira a la luz de esta Verdad, dbil y
despreciada. Entonces sentimos cun cobardes hemos sido, venerndolos,
porque slo la Verdad es grande". Como fruto de esa actitud
independiente espera que vendr un Renacimiento nuevo y que todos los
hombres podrn sentirse capacitados para hacer su propio examen: "Qu
eres? Qu has hecho? Puedes obtener lo que deseas? Hay un mtodo en
tu conciencia? Hay una direccin en tu propia vida? Puedes ayudar a
otro?". Para ello la humanidad desea y necesita de hombres intensos,
creedores, afirmativos. "El genio no se divierte en rayar la arena,
ni se ocupa de frivolidades; se entrega a cosas esenciales; es una
fuerza que se defiende de s misma, que existe originariamente, que
resiste a todos los obstculos. Posee la verdad y se aferra a ella;
nunca habla ni acta en esas callejuelas de travs donde se entra por
curiosidad, sino en las rutas maestras de la naturaleza, preexistentes
a la Va Appia, donde todos los espritus estn forzados a transitar.
El genio slo gusta de las afirmaciones verdaderas que atacan y
hieren a todo el que se les opone; afirmaciones que son como personas
vivientes que diariamente declaran guerra a toda falsedad y a toda
rutina; afirmaciones de que la sociedad no puede librarse y no puede
olvidar, pues persisten, no se someten a ninguna autoridad, se levantan
severas y formidables porque quieren y deben ser fielmente ejecutadas y
realizadas". En ese tono de apstol se desarrollan todos los primeros
discursos de Emerson; y no es extrao que a pesar de su vaguedad, o por
ella misma, lograran entusiasmar a todos los temperamentos romnticos,
prometindoles que seran una generacin de genios, como los jvenes
alemanes del _Sturm und Drang_.


                    4.--NO CONFORMISMO Y OBEDIENCIA

Desconociendo el valor de los preceptos y dogmas tradicionales, como
fundamento de la tica, Emerson da una amplitud antes desconocida al
_No-Conformismo_, afirmado por las iglesias disidentes de la Anglicana.
Conocis, sin duda, ese episodio de la historia religiosa. As como el
Cristianismo fu una hereja dentro del Judasmo, y el Protestantismo
dentro del Catolicismo, numerosas sectas protestantes han nacido como
herejas dentro de la iglesia Anglicana. Bajo el reinado de Elisabeth,
en 1563, el parlamento ingls vot una _Acta de Uniformidad_, fijando
las doctrinas y el rito del culto anglicano, que fu luego renovada,
en 1662, bajo Carlos II. Desde entonces llamronse _conformistas_ los
que acataron esa Acta, y _no-conformistas_ todos los que le negaron su
adhesin, generalizndose despus el trmino a todos los cristianos
disidentes que no aceptaban la autoridad dogmtica de la iglesia
Anglicana.

Dentro de esa actitud comn, el _no-conformismo_, nacido como simple
episodio de poltica religiosa, ha evolucionado muy diversamente en
las distintas iglesias disidentes. Partiendo del derecho del libre
examen, afirmado por la Reforma, algunas se han limitado a simples
apartamientos del dogma y del rito, mientras otras han extendido
progresivamente su libertad de crtica a todos los problemas
teolgicos, ticos y sociales; conservndose cristianas, han abierto
ampliamente sus puertas a todas las doctrinas modernas, encauzndose
sin reticencia, desde principios del siglo XIX, en las corrientes de
liberalismo nacidas al calor de la renovacin enciclopedista.

Tal era la posicin de la _iglesia Unitaria_ en que Emerson fu
educado; en ella, el _no-conformismo_ desbordaba ya de la disidencia
inicial y contena los grmenes que se manifestaron ampliamente en
el Trascendentalismo. "Lutero, escribe Emerson, se habra cortado la
mano derecha antes de clavar sus tesis en la puerta de Witenburgo, si
hubiese podido suponer que ellas conduciran a las escuetas negaciones
del Unitarismo de Boston". Y el mismo Emerson, cuando habla de
No-Conformismo, se refiere a un desacato sistemtico de todas las ideas
y cosas tradicionales; conformarse a la tradicin es renunciar a la
vida misma, cuya continuidad se desenvuelve en un incesante porvenir.
El conformismo importa cerrar nuestra inteligencia a toda verdad nueva,
apartar de nuestra felicidad todo elemento no previsto en el pasado,
negar la posibilidad misma del progreso y de la perfeccin. Acatar
los intereses creados en el orden moral, lo mismo que en el material,
significa negar el advenimiento de una humanidad moralmente mejor.
Porqu, se pregunta Emerson, seguiremos bebiendo aguas estancadas en
pantanos seculares, mientras la Naturaleza sigue ofrecindonos en la
veta de sus rocas el chorro de fuentes cristalinas, que pueden apagar
nuestra sed infinita de saber y de amor? Para l las aguas estancadas
son los dogmas consagrados por la tradicin y las fuentes de roca son
las fuerzas morales que siguen manando de nuestra naturaleza humana,
incesantes, eternas. Esas fuerzas morales, que llama "divinas", no
han dejado de brotar nunca, jams se han cegado sus fuentes; viven,
crean todava, cada vez mejores; renunciar a ellas, como quiere el
tradicionalismo, es decir alto! a la divinidad misma, es decir no! a
todos los ideales ticos de la humanidad presente.

El No-Conformismo, en esta significacin amplia, se nos presenta
como la anttesis del dogma de obediencia; leed algunas pginas que
dedica a este asunto William James y reconoceris, como l, que "es
imposible comprender, y hasta imaginar, que hombres dotados de una vida
interior suya y propia, hayan podido llegar a considerar recomendable
la sujecin de su voluntad a la de otros seres finitos como ellos". Le
parece inverosmil ese renunciamiento de la personalidad, exigido por
algunas rdenes religiosas como un voto necesario para la profesin. La
obediencia no es a Dios, sino a otro hombre, al superior; y es curiosa
la explicacin poco mstica y muy utilitaria que da de ella el ilustre
jesuta Alonso Rodrguez: "Uno de los mayores descansos y consuelos que
tenemos los que estamos en Religin, es ste: que estamos seguros de
que, haciendo la obediencia, vamos acertados. El superior podr errar
en mandar esto o aquello; mas vos cierto estis de que en hacer eso
que os mandan no erris, porque a vos solamente os pedir Dios cuenta
si hicisteis lo que os mandaron, y con eso daris vuestro descargo muy
suficientemente delante de Dios. No tenis que dar cuenta, si fu bien
aquello, o si fuera mejor otra cosa; porque eso no pertenece a vos, ni
se pondr a vuestra cuenta sino a la cuenta del superior. En haciendo
la cosa por obediencia, quita Dios eso de vuestro libro y lo pone en
el libro del superior." As entendido, el dogma de obediencia lleva
implcito un renunciamiento a la responsabilidad moral: el hombre se
convierte en una cosa, en un instrumento irresponsable al servicio de
quien lo manda. Y para que todo no sea solemne, James transcribe de
Sainte-Beuve (_Hist. de Port Royal_, I, 346), una ancdota que muestra
la extravagante interpretacin que pueden dar al dogma de obediencia
los temperamentos sugestionables: "Sor Mara Clara, estaba muy
penetrada de la santidad y excelencia de M. de Langres. Este prelado,
luego de llegar a Port-Royal, le dijo un da, vindola tiernamente
unida a la Madre Anglica, que sera mejor que no volviera a hablar con
ella. Mara Clara, sedienta de obediencia, tom como un orculo divino
aquellas palabras dichas inadvertidamente, y desde aquel da estuvo
muchos aos sin dirigir la palabra a su hermana en religin".

Mostrado el conformismo bajo esta fase rigurosa en que lo traduce el
sentimiento de obediencia, podis comprender mejor, por contraste, cul
es el horizonte mximo en que Emerson pudo dilatar su no-conformismo.

El derecho de crtica y de libre examen se prolonga hasta las fuentes
de la moralidad humana; es el derecho de buscarlas, de afirmarlas, de
aprovecharlas para el porvenir, impregnando de ellas la educacin,
ajustando progresivamente a ellas la conducta de los hombres. La
sabidura antigua, hoy condensada en dogmas, slo puede ser respetable
como punto de partida. As mirada conviene respetarla, y aprovechar
de ella todo lo que no sea incompatible con las verdades nuevas que
incesantemente se van haciendo; pero acatarla como una inflexible norma
de la vida social venidera, confundindola con un trmino de llegada
que nuestra experiencia est condenada a no sobrepasar, es una actitud
absurda frente a la evolucin incesante de toda la Naturaleza accesible
a nuestro conocimiento.

As planteado, el no-conformismo de Emerson, aunque siempre enmaraado
por su lenguaje literario y mstico, se nos presenta como una
concepcin moral antidogmtica y esencialmente evolucionista, como
la anttesis de un sistema terico cerrado, como afirmacin de un
pragmatismo tico abierto a toda eventualidad de perfeccionamiento
moral, ilimitado. No necesito explicar a los que conocen la doctrina de
la perfectibilidad, comn en esa poca a todos los sansimonianos, que
la posicin de Emerson concuerda con ella plenamente, no obstante el
lenguaje religioso a que la tradujo: porque Emerson, en todo y siempre,
conserv la "manera" religiosa aprendida en su juventud e impuesta por
su ambiente, aun cuando sus ideas tomaban una direccin contraria.


                             5.--PANTESMO

Divinidad, Naturaleza, Moralidad, son tres trminos que tienden a
significar lo mismo en los escritos de Emerson. Todo lo natural es
divino, todo lo divino es moral, todo lo natural es moral. Para elevar
nuestra Moralidad debemos volver a las fuentes de la Naturaleza y a
medida que lo conseguimos nos compenetramos con la Divinidad.

Hemos dicho, con esto, que Emerson es pantesta. No sabramos
explicar, pues no lo comprendemos, en qu medida su tesmo absoluto se
distingue de un absoluto atesmo; lo mismo nos ocurre, por otra parte,
con la casi totalidad de los pantestas. Advirtase, en efecto, que el
pantesmo oscila entre dos posiciones metafsicas extremas que parecen
confundirse; habris odo decir que se tocan todos los extremos. Una
verdadera substanciacin de lo infinito en lo finito, de Dios en la
Naturaleza, como lo sugieren todos los pantesmos de tipo emanatista,
implica una explicacin verbal de la divinidad como causa de la
naturaleza misma, sin que nada distinga o separe a la una de la otra;
equivale, a lo sumo, a decir que la Naturaleza es todo lo que conocemos
de Dios. No nos es posible, por otra parte, examinar de buena fe ningn
sistema idealista absoluto sin tener la impresin de que su autor es
ateo: Hegel lo es tanto como Spinoza; sus concepciones, en este punto,
se distinguen por palabras: Hegel llama devenir eterno de la "idea" a
lo que Spinoza concibe como transfiguracin eterna de la "sustancia".
No perdamos de vista que el idealismo y el materialismo absolutos,
como doctrinas metafsicas monistas, slo se diferencian por su
vocabulario, aunque, claro est, es ms cmodo adoptar el primer nombre
y aborrecer el segundo, por el equvoco moral difcilmente evitable al
pronunciar esas palabras. Hay en todo esto bastante chicana verbalista
y resulta evidente que muchos filsofos--ateos respecto de la religin
efectiva en su medio--han procurado disfrazar su pensamiento. Concebir
el universo material como la emanacin del "Espritu"--en vez de
"Dios"--no equivale a la posicin del monismo energtico? Sustituyendo
las palabras espritu y energa se modifica en lo esencial esta
hiptesis metafsica? Cambia, es cierto, con el nombre, la asociacin
a la hiptesis metafsica central de otras nociones secundarias,
histricamente implicadas en las diversas denominaciones de un mismo
sistema cuyos elementos evolucionan.

El panpsiquismo es lo que ms se parece en metafsica al materialismo;
el pantesmo es lo que hay de ms semejante al atesmo. Infundir el
espritu en toda la materia es lo mismo que negarlo aparte de ella,
aunque permita divagar ilimitadamente pretendiendo lo contrario; poner
en toda la Naturaleza a Dios, equivale a negar que haya dioses fuera
de ella. Todos estos modos de hablar en difcil, podis reducirlos,
sin temor de equivocaros, a un tipo nico de doctrinas monistas, o sea
concepciones metafsicas del universo convergentes a la unidad.

El problema, hablando en fcil, es otro: monismo o dualismo; hay
tambin quien habla de pluralismo, ya sea como variante del primero,
ya como complicacin del segundo. se es el problema efectivo: Dios y
Naturaleza, Espritu y Realidad, Noumeno y Fenmeno, Alma y Cuerpo,
Energa y Materia. Todo eso es dualismo, y en todas sus expresiones
equivale siempre a esto: causas imponderables e inaccesibles a la
experiencia movindose en un plano distinto del que podemos conocer,
slo accesibles a la hiptesis pura, no como abstraccin de experiencia
sino como invencin absoluta, asuntos de fe para muchos, demostrables
por la razn segn pocos.

Emerson, para entendernos, es monista y no dualista, aunque su lenguaje
poco exacto sugiera a veces lo contrario; francamente, creo que sola
equivocarse a propsito, para no contrariar a una sociedad religiosa
sobre un asunto metafsico al que l mismo no atribua la menor
importancia prctica. Agregar, en su disculpa, que en la mayor parte
de los pantestas suelo descubrir la misma actitud deferente hacia las
creencias sociales ms difundidas. Es una explicable galantera, ya que
la humanidad tiene horror al atesmo.

Emerson llama Dios a la naturaleza y Espritu al pensamiento humano,
dejando que cada cual lo entienda de acuerdo con sus opiniones. A buen
entendedor... Y le entendieron, sin duda, los testas y animistas
legtimos que durante su poca de predicacin militante le acusaron mil
veces de atesmo, sin mezquinarle el cargo de "hipocresa", de aquella
"hipocresa unitaria" enrostrada ya a Channing y los suyos.

Emerson da quinientas explicaciones distintas de la Divinidad:
"fuerza imponderable", "ley invisible", "inteligencia misteriosa",
"motor supremo", "realidad del todo", "esencia de la naturaleza",
"perfectibilidad infinita", etc.; pero siempre, invariablemente, afirma
que la Divinidad es inherente a toda la naturaleza y est difundida
en todas las partes que constituyen su unidad. Basta entregarse, sin
intermediarios a la Suprema Sabidura, que est en todo lo que existe,
para identifificarse con la Divinidad, reconocerse parte de ella, ser
ella misma. As, insensiblemente, a travs de la ambigedad verbal,
Emerson sugiere que _la Divinidad es la perfeccin moral que pone al
hombre en harmona con la naturaleza_.


                         6.--TICA NATURALISTA

El concepto pantesta de la divinidad, que convierte a Dios en una
abstraccin pura, en una frmula, contrasta evidentemente con otros
sentimientos ancestrales de la humanidad, que llevan a concebir uno o
ms Dioses con realidad propia, ajenos a la Naturaleza, Dioses vivos
y actuantes, con aptitudes o funciones distintas de las humanas,
capaces de justicia y de perfeccin absolutas. Las religiones de cepa
juda postulan en esa forma extranatural la hiptesis de un Dios
creador y rbitro del universo, con o sin una corte de pseudodioses
menores, imaginados, aqul y stos, a semejanza del hombre; toda otra
interpretacin equivale, para ellas, a negar la divinidad misma.

En esa distincin entre lo sobrenatural y lo natural se fundan las
relaciones entre lo humano y lo divino, fuente de toda tica religiosa.

La lgica pura se satisface con el pantesmo; la moral prctica,
no. Este escollo le es comn con los otros sistemas monistas; para
salvarlo, el propio Kant, tuvo que evitar el monismo a que la conduca
su _Crtica de la Razn Pura_--que es una "Lgica"--postulando el
dualismo que fluye de su _Crtica de la Razn Prctica_--que es una
"tica".

Emerson presenta la clsica antinomia del "mundo fsico" y del "mundo
moral" como un simple documento de la experiencia, sin preocuparse
de plantearla como un problema metafsico. Se limita a afirmar la
correlacin o paralelismo entre todo lo fsico y todo lo moral;
anloga actitud, cmoda aunque extrafilosfica, ha adoptado el moderno
paralelismo psicofsico, que as evita plantearse el problema del alma,
eliminndolo de la psicologa y relegndolo a la metafsica.

Ciertas contradicciones en que Emerson incurre, disculpables en
un moralista y corrientes en la literatura de imaginacin, seran
inconcebibles en un filsofo digno de este nombre. Escuchad: "toda
la naturaleza es la imagen del espritu humano", dice, y agrega:
"las leyes del espritu dependen de la harmona de la naturaleza".
Os parece lo mismo?; reflexionad un minuto y comprenderis que es
exactamente lo contrario; lo primero implica idealismo a lo Hegel,
lo segundo sensacionismo a lo Codillac. "Dios est vibrante en todo
y lo vemos en todas las cosas de la naturaleza" y "la Naturaleza,
y slo ella, es toda la divinidad", son proposiciones que implican
concepciones opuestas de la divinidad, aunque parecen decir lo
mismo; la primera proposicin es conciliable, por ejemplo, con la
filosofa Vedanta, con Parmnides, con los alejandrinos; la segunda
con la filosofa Sankhya, con Herclito, con los estoicos. Pantestas
todas, ciertamente, pero las unas precursoras del espiritualismo
trascendental y las otras del naturalismo trascendental; msticas
aqullas y realistas stas; emanando las unas lo finito de lo infinito,
concretando las otras lo infinito en lo finito.

Emerson no trata esas cuestiones. Para l, moralista y no metafsico,
despus de establecida la correlacin entre el mundo moral y el
mundo fsico, todo el problema de la tica se resuelve en seguir la
Naturaleza, que marca el sendero de la perfeccin. El hombre puede
equivocarse y decaer; la naturaleza no se equivoca ni decae. Es, pues,
la maestra del hombre, la que le vuelve al buen camino. Es el reflejo
o la objetivacin del espritu divino: "un paisaje--dice--es una cara
de Dios". No pudiendo comprender a Dios en s, aconseja estudiarle en
la Naturaleza, cuyas leyes son morales y deben ser escuchadas como la
mismsima palabra divina.

En su famoso discurso de 1838 expres esa idea de un culto puro
de leyes morales abstractas, independientemente de cualquier dogma
religioso. "Estas leyes se ejecutan por s mismas. Estn fuera del
tiempo, fuera del espacio y no sujetas a las circunstancias. As,
en el alma del hombre existe una justicia cuyas atribuciones son
inmediatas y completas. Aqul que cumple una buena obra, queda al
instante ennoblecido. El que ejecuta un acto bajo y vil, es por el
hecho mismo rebajado. Aqul que rechaza la impunidad, se viste por esta
sola razn de pureza. Si un hombre es justo de verdadero corazn, es
Dios en cuanto es justo; la certeza, la inmortalidad y la majestad de
Dios entran, con la justicia, en aquel hombre. Si un hombre cambia,
traiciona y engaa, por esto mismo se engaa a s mismo, y sale de su
propia conciencia moral; el carcter llega siempre a ser conocido. El
hurto no enriquece; la limosna jams empobrece a nadie; del asesino
hablan hasta las paredes. La ms ligera sombra de fraude, destruye
espontneamente todo buen efecto. En cambio, decid siempre la verdad,
y todas las cosas hablarn en favor vuestro; hasta las races de las
hierbas parecern moverse bajo la tierra, para exaltaros. Porque todas
las cosas proceden del mismo espritu, llamado con nombres distintos:
amor, justicia, templanza, segn sus diversas aplicaciones, como el
ocano, que recibe nombres diversos, segn las playas que baa. Cuanto
ms se separa un hombre de estos confines, tanto ms se priva de poder
y ayuda. Su ser se contrae..., trnase cada vez ms pequeo y mezquino,
un grano de polvo, un punto, hasta que llega a la maldad absoluta, que
es la muerte absoluta tambin. La percepcin de esta ley despierta en
nuestra mente un sentimiento que llamamos sentimiento religioso y que
constituye nuestra ms elevada felicidad. Es maravilloso el poder que
tiene de encantarnos y de imponrsenos como el aire que se respira
en las montaas. Es lo que da perfume a todo el mundo, sublimidad al
cielo y a los montes; es el canto silencioso de las estrellas en la
noche, la beatitud del hombre, que le hace partcipe del infinito...
Todas las expresiones de este sentimiento son sagradas y permanentes en
proporcin a su pureza. Nos conmueven ms profundamente que todas las
dems. Los hechos pasados que destilan esa piedad, estn an frescos y
fragantes. La impresin nica e incomparable producida por Jess sobre
la humanidad, por lo cual su nombre no est escrito, sino grabado en la
historia humana, es una prueba de la sutil virtud de esta penetracin".

Romntico sin dejar de ser puritano, Emerson sigui siendo un mstico
cuando se puso en la corriente de adoracin a la Naturaleza en que
ya navegaban todos los continuadores de Rousseau y de Goethe. Aunque
volvi mil veces sobre el tema, parceme que es en las primeras pginas
de _Natura_ donde traduce mejor su misticismo pantesta, muy complicado
de literatura.


                 7.--EL OPTIMISMO Y LA PERFECTIBILIDAD

La inexactitud del lenguaje corriente, que hemos sealado ya tantas
veces, nos obligar a detenemos sobre el sentido _optimista_ atribudo
generalmente a la tica emersoniana. Desde el punto de vista filosfico
debieran considerarse optimistas aquellas doctrinas que contemplan
el universo como una obra perfecta y deducen de ello que la vida del
hombre en nuestro planeta se desenvuelve en la mejor de las formas
posibles: "todo sucede inmejorablemente en el ms inmejorable de los
mundos". As se pensaba, ms o menos, en la Academia y en el Prtico,
en la escuela de Alejandra, as lo creyeron Anselmo y Toms, y as
tambin se inclinaron a mirar las cosas Descartes y Leibnitz. Si
hubieran dicho que nada puede ser distinto de como es, omitiendo
todo juicio calificativo, su opinin equivaldra a reconocer la
determinacin natural de lo existente y que el deseo humano no influye
para nada sobre la constitucin del universo. El mismo concepto de la
harmona universal quedara reducido a la comprobacin de que todo lo
existente est ordenado conforme a reglas generales que concuerdan con
ciertos resultados de la lgica matemtica considerados como formas
de razonamiento perfecto. Las aplicaciones ticas de este optimismo
conformista, que en Plotino llega hasta pretender que son grandes
bienes para el hombre la crcel, las guerras, las epidemias y la
misma muerte, han sido, en todo tiempo, objeto de crticas risueas;
Voltaire, en su _Cndido_ famoso, dijo la ltima palabra, que nadie ha
podido contradecir eficazmente.

Filosficamente, la doctrina contraria--ntese bien, contraria--al
optimismo, sera la doctrina del progreso o de la perfectibilidad, que
fu, como sabemos, uno de los temas habituales del sansimonismo; es
un presupuesto necesario, en definitiva, en la conducta de todos los
reformadores militantes. Como tal domina en Emerson y en Echeverra,
inspirados en las mismas fuentes del romanticismo social francs.

El uso, rbitro del lenguaje, ha dado al trmino _optimismo_ una
significacin contraria a la filosfica; cuando se dice que alguien es
optimista se quiere significar su fe en el advenimiento futuro de un
bien mayor, implicando la posibilidad de una perfeccin. Es el valor
tico lo que caracteriza el vocablo, y no su sentido filosfico; y, en
verdad, los mismos filsofos no han desdeado conciliar verbalmente una
cosa con su contraria, pues Leibnitz, en su _Teodicea_, procura ensear
que el concepto de la perfeccin universal debe entenderse como una
perfectibilidad infinita de todo lo creado.

Emerson, como reformador, cree que lo existente no es perfecto en s,
pero afirma que marcha hacia un perfeccionamiento inevitable, que para
el hombre, en particular, se traduce en una dignificacin de su vida.
Todo lo que existe est sujeto a una ley de mejoramiento progresivo,
de donde se infiere el advenimiento inevitable de un bien cada vez
mayor, mensurable por ese conjunto de satisfacciones naturales en que
el hombre hace consistir su felicidad. Afirmar la soberana de la moral
significa, precisamente, poner como base de la conducta humana la
adaptacin a ese mayor bien posible, que aumenta la felicidad de todos;
y la inmoralidad, el vicio, el crimen, slo se conciben como actitudes
contrarias a esa adaptacin. "Cada lnea de la historia--dice--inspira
la conviccin de que nosotros no podemos avanzar mucho tiempo en el
error o en el mal, pues las cosas tienden a enderezarse por s mismas.
La moral que surge de cuanto aprendemos es que todo justifica la
Esperanza, madre fecunda de las reformas. Nuestro rol, evidentemente,
es el de no sentarnos hasta vernos convertidos en piedras, sino de
acechar las auroras de todos los amaneceres sucesivos, colaborando a
las nuevas obras de los das nuevos". Se trata, explcitamente, de
no contemplar la vida humana como la mejor de las cosas en el mejor
de los mundos--que sera el optimismo filosfico--sino de afirmar su
perfectibilidad incesante en el porvenir: lo que actualmente suele
llamarse "optimismo social".

Hay una posicin secundaria, muy interesante, en la tica emersoniana:
la negacin del mal, de la culpa y del pecado. Para Emerson el mal no
existe en el mundo como entidad positiva, sino como ausencia de bien.
Lo que suele llamarse mal sera un simple no bien o menos bien; la
maldad humana sera una incapacidad para la virtud, una ausencia de
fe en el bien o de "gracia" natural, concebida como aquella fe que
Juan Agrcola opona a Lutero, contra la ley, en la disputa de los
"antinomianos"; o como aquella otra gracia divina de Malebranche, que
fu mstica manzana de discordia entre Bossuet y Feneln.

Con dos diferencias fundamentales, empero. Emerson concibe la aptitud
meliorativa como una cualidad de la misma Naturaleza humana; y afirma
que esa verdadera gracia natural puede adquirirse y desarrollarse
porque el hombre, siendo l mismo una parte de la divinidad, lleva
en s la capacidad para el bien, una partcula de gracia capaz de
florecer... Me detengo, en este punto, temeroso de que en mi deseo de
explicaros lo que el mismo Emerson no entiende con exactitud, acabis
por perder la visin clara del conjunto, nica que nos interesa.

Bstenos saber que l niega la existencia de un mal en lucha eterna
con el bien, del clsico Arimn contra Ormuz, del Diablo contra
Dios, del Infierno contra el Cielo, y que se inclina a pensar que
en los buenos y en los malos slo deben verse grados distintos de
divinidad en accin, de acercamiento a la naturaleza, de fusin en
la _Over-Soul_, o Alma Suprema, cuyo carcter podris deducir del
siguiente prrafo: "La Crtica suprema de los errores del pasado y del
presente, y el nico profeta de lo que ser, es esa gran Naturaleza
en la cual reposamos como la tierra reposa dulcemente en los brazos
de la atmsfera; esa Unidad, esa Alma Suprema, en la cual cada sr
est contenido y unificado, une a los dems; ese corazn comn, del
que toda conversacin sincera es el culto y al que es un sometimiento
toda buena accin; esa omnipotente realidad que confunde nuestras
habilidades y nuestro ingenio, obligndonos a ser lo que realmente
somos, a revelarnos por nuestro carcter y no por nuestras palabras,
y que tiende de ms en ms a transfundirse en nuestros pensamientos y
en nuestras acciones, para convertirse en sabidura, virtud, poder y
belleza. Nuestra vida se compone de sucesiones, de divisiones de partes
y de partculas. Sin embargo, el hombre es el alma de todo; y ese
poder profundo en el cual existimos y cuya beatitud nos es totalmente
accesible, no slo es completo por s mismo (_self sufficing_) y
perfecto en cada momento, mas es simultneamente el acto de ver y la
cosa vista, el espectador y el espectculo, el sujeto y el objeto.
Vemos el mundo pieza a pieza: el sol, la luna, el animal, el rbol;
pero el todo, de que esos cosas son las partes salientes y radiantes,
el todo es el Alma. Slo por la visin de esa sabidura podemos leer
en el horscopo de las edades; y solamente volvindonos hacia nuestros
mejores pensamientos, cediendo al espritu proftico innato en cada
hombre, podemos comprender las advertencias de esa sabidura" (_El Alma
Suprema_). Esta cita debemos traducirla: "el Alma de la Naturaleza, de
que el hombre mismo es parte, marca el camino hacia la perfeccin". Es
ms sencillo, sin duda; pero, como sabis, una de las cosas hasta ahora
ms admiradas por la humanidad ha sido el arte de nublar con retricas
obscuras las cosas ms claras, sin darse cuenta de que slo llegan a
hablar claramente los que piensan con claridad.

Procediendo como un juez, que entre cien testimonios divergentes
o contradictorios consigue al fin restaurar una verdad aproximada,
nosotros podemos encontrar una posicin de equilibrio a travs de las
numerosas oscilaciones que sufre el pensamiento de un filsofo o de
un moralista. Para ello debemos distinguir los conceptos definidos y
las divagaciones puramente verbales, tan frecuentes en Emerson como
en todos los retricos. En uno de sus ensayos (_Leyes del Espritu_)
define bien su concepto de la _naturalidad del instinto moral_, que
es dominante en toda su tica. "La vida intelectual puede conservarse
sana y clara, si el hombre vive la vida de la naturaleza y si no
introduce en su espritu dificultades que para nada le sirven. Nadie
debe atormentarse con inexplicables especulaciones. Que el hombre
haga y diga lo que emana estrictamente de l mismo y por ignorante
que sea no ser su naturaleza la que le traiga dudas y obstculos.
Nuestros jvenes sufren a causa de los problemas teolgicos del pecado
original, el origen del mal, la predestinacin y otros anlogos. Esas
cosas no han obscurecido nunca la ruta de los que no han salido de
su camino natural para ir a buscarlas. Esas cosas son la coqueluche,
el sarampin del espritu, y los que no las han padecido no pueden
describirlas ni sealarles remedios. Un espritu sencillo y natural
no conoce esos enemigos. Distinta cosa es poder explicar nuestra fe y
la teora de nuestra libertad, de nuestra unidad, de nuestra "unin
con nosotros mismos". Esto exige dones no comunes. Sin embargo,
aun en ese conocimiento de s, puede haber una fuerza virgen y una
integridad natural que empuje nuestras creencias: nos bastan algunos
instintos poderosos y algunas reglas simples". La personalidad
intelectual y moral se forma espontneamente, burlndose de nuestra
voluntad de nutrirla con artificios: "Los estudios metdicos, los
aos de educacin profesional y acadmica, no han proporcionado a
mi experiencia mejores datos de los que he aprendido en algn libro
tonto, ledo a hurtadillas bajo los bancos de la clase de latn. Lo que
no llamamos educacin suele ser ms precioso que lo as denominado.
Cuando nos llega una impresin o un dato nuevo no podemos sospechar la
importancia que l tendr para nosotros". _Ergo_: hay que dejar obrar
espontneamente la naturaleza, confiando en ella, no contrarindola.
"Igualmente--contina--nuestra naturaleza moral est viciada por la
intervencin artificiosa de nuestra voluntad. Hay personas que se
representan la virtud como una lucha, y que se dan aires de hroes
para calificar sus mritos penosos; y cada vez que aparece una noble
personalidad, se devanan los sesos para discutir si no tiene ms mrito
el malo que vive luchando contra la tentacin. No se trata de apreciar
el mrito. O Dios est all, o no est. Amamos a los caracteres en
proporcin de su espontaneidad, de su fuerza de impulsin. Cuanto menos
conoce un hombre sus virtudes, cuanto menos piensa en ellas, tanto ms
lo amamos. Las victorias de Timolen son las mejores: ellas fluan como
los versos de Homero, al decir de Plutarco. Cuando vemos un espritu
cuyos actos son todos grandes, graciosos, tan agradables de ver como
si fueran rosas, agradezcamos a Dios que cosas as puedan existir y
existan, no le pongamos mala cara, no le digamos: tal desgraciado,
con sus resistencias gruonas y todos sus diablos ntimos, vale ms
que t". De esas reflexiones, y de otras semejantes, deduce Emerson
su optimismo moral, como posibilidad del perfeccionamiento humano
acercndose a las leyes de la naturaleza: "esas observaciones nos
demuestran forzosamente que nuestra vida podra ser ms simple y ms
dulce de lo que la hacemos; que el mundo podra ser ms feliz de lo
que es; que no hay necesidad de complicar la existencia con luchas,
convulsiones, desesperanzas, llantos y sufrimientos; que somos los
inventores de nuestros propios males. Nosotros nos ocupamos en romper
el optimismo de la naturaleza; cada vez que trepamos a una cumbre para
mirar el pasado, o que un espritu de nuestro siglo, el ms sabio entre
nosotros, nos eleva hasta su misma altura, nos damos cuenta de esta
verdad fundamental: estamos rodeados de leyes que se cumplen por s
mismas".

Creo necesario expresaros una impresin personal sobre el optimismo
de Emerson. Cuando por vez primera visit la Universidad de Harvard,
en compaa del naturalista argentino Cristbal Hicken, accedi ste
gentilmente a mi deseo de comenzar por el Departamento de Filosofa,
cuyo nombre, _Emerson Hall_, duplicaba mi inters. Dos metros de
nieve haban cado aquella maana de Enero y continuaba la nevisca
encapotando el cielo; en la penumbra del amplio vestbulo divisamos
la estatua del eticista y fuimos instintivamente hacia ella. Hubo un
minuto de contemplacin muda.--Era un roble! exclam el botnico;--Por
eso fu optimista, coment con mi experiencia de psiclogo.

En mi libreta de viaje consign la ancdota; es una explicacin
psicolgica del optimismo, tal vez la ms importante. Los hombres sanos
de cuerpo y de mente son, generalmente, optimistas y afirmativos; los
enfermos y los desequilibrados suelen ser pesimistas y escpticos.
La salud es bondad, tolerancia, firmeza, simpata, solidaridad,
admiracin; los temperamentos equilibrados ignoran la maldad, la
persecucin, la inconstancia, el odio, el egosmo, la envidia. Emerson
tuvo la moral que corresponda a su salud y a su equilibrio: sus
ideales fueron la resonancia harmnica de una hermosa Naturaleza en un
Organismo ejemplar.


                      8.--LA CONFIANZA EN S MISMO

Muy caracterstico entre los ensayos de Emerson es, sin duda, el
titulado _Confianza en s mismo_. Su tono individualista llega, por
momentos, a parecer antisocial; es el ms citado por los msticos
anarquistas y recuerdo que en mi adolescencia fu el primero que le,
inducido a ello por un condiscpulo crata.

El ensayo es, rigurosamente, un sermn por su estilo declamatorio,
obsecrativo en ciertos pasajes; su verdadero tema es _la expansin de
la personalidad humana_. Habitualmente slo la mostramos a medias,
condescendiendo a la hipocresa social: "se dira que tenemos vergenza
de ese pensamiento divino que cada uno de nosotros representa. Es
necesario, sin embargo, confiar en ella con seguridad, considerndola
proporcionada a nuestras fuerzas y segura de no fracasar, con tal que
la interpretemos fielmente. Dios no quiere que su obra sea realizada
por cobardes. Un hombre se siente aliviado y contento cuando ha puesto
todo su corazn en su obra, cuando ha hecho lo mejor que poda. Lo
que ha dicho y hecho de otro modo, no lo satisface". Es el grito del
romanticismo individualista, la palabra de rebelin que reivindica
los derechos de la personalidad contra toda coaccin social: "_Cree
en t mismo_: vibre todo corazn a este llamado inflexible. Acepta el
sitio que el destino te ha dado, la sociedad de tus contemporneos,
el encadenamiento de los sucesos. Los grandes hombres lo han hecho
siempre, confindose como nios al genio de su poca, reflejndolo
en sus obras; esa confianza absoluta penetraba en sus corazones y
la misin de trabajar por sus manos dominaba todo su ser. Nosotros
tambin somos hombres y debemos aceptar, en su sentido ms elevado,
ese mismo destino sublime; no somos menores ni invlidos refugiados en
un rincn de asilo, ni cobardes fugitivos ante una revolucin, sino
guas, salvadores, benefactores, obedeciendo a un esfuerzo omnipotente
y avanzando sobre el caos de las tinieblas". El egotismo no fu mayor
en Stendhal o en Vigny; es digno, por su tono, de compararse con el de
Stirner o Nietzsche.

Su paralelo entre la libertad del nio y la esclavitud del hombre
es interesante. El nio hace lo que quiere con espontaneidad y dice
naturalmente lo que piensa. "Un nio en un saln es como un banquero en
una casa de juego: independiente, irresponsable, mira desde su rincn
a las gentes que pasan, juzgndolas, pronunciando su sentencia segn
sus mritos, y calificndolas con la sumaria viveza de los nios,
en buenos, malos, interesantes, tontos, aburridos. No estorbndole
su inters ni las consecuencias de sus palabras, da su veredicto
independiente y sincero. Hacedle la corte, si queris; l no os la har
nunca. El hombre, en cambio, est, por decir as, aprisionado por su
experiencia. En cuanto habla o hace cosas significativas, est perdido;
queda vigilado por el odio o la simpata de muchos centenares de
hombres, cuyos juicios y sentimientos gravitan sobre l para siempre".
Si continuara observando y juzgando, desde lo alto de su inocencia
natural, ese hombre podra ser una personalidad formidable y su palabra
llegara al odo de todos como un dardo; pero la sociedad conspira,
en todas partes, contra la virilidad de cada uno de sus miembros. La
sociedad es como una compaa de accionistas que se entienden para el
progreso del conjunto, sacrificando la libertad y la expansin de cada
uno: "la virtud ms deseada es la _conformidad_ con los dems; se llega
a odiar a los que confan en s mismos. No son las cualidades reales
y los espritus creadores, los que all se ama, sino las reputaciones
y los intereses creados. El que quiere ser un hombre debe ser un
_no-conformista_. El que quiera adquirir palmas de inmortalidad no debe
dejarse detener por lo que se llama convencionalmente el bien; debe
averiguar por s mismo si lo es realmente. Nada es sagrado fuera de la
integridad de vuestra propia conciencia moral. Si os podis absolver
vos mismo, tendris el sufragio del mundo".

Meditad las tres ltimas frases: son la sinopsis de su moral sin
dogmas. La obligacin y la sancin no emanan ya de lo sobrenatural,
sino del hombre. La clsica _confianza en Dios_ de las morales
teolgicas se ha convertido en la _confianza en s mismo_; y es el
hombre ahora la nica divinidad que dirige la experiencia moral.

Observa que, en la apreciacin popular, las virtudes son ms bien
la excepcin que la regla: existe el hombre y existen las virtudes,
por separado. Los hombres hacen lo que llaman buenas acciones, como
si pagaran un impuesto para ser bien juzgados. "Sus virtudes son
penitencias. Yo no quiero expiar, sino vivir. Mi vida existe por s
misma y no para darla en espectculo. Prefiero dejarle un curso modesto
pero igual y natural, a hacerla brillante y contradictoria. La quiero
sana y dulce, y no irregular, precisada de dietas y sangras". El
juez de la propia virtud debe ser uno mismo, sin esperar el juicio
de los dems sobre las propias acciones. "No consiento en pagar como
un privilegio, lo que considero mi derecho intrnseco". "Lo que debo
hacer es cosa que concierne a mi personalidad y no lo que las gentes
creen que debo hacer". "En la sociedad es fcil vivir ajustndose a la
opinin de los dems; vivir de acuerdo con la nuestra, slo es posible
en la soledad. El gran hombre es aqul que conserva en el mundo, con
perfecta dulzura, la independencia de la soledad". Renunciemos a seguir
leyendo; sobre este ltimo tpico hay una pgina casi perfecta (en _La
tica Literaria_), la que empieza aconsejando al hombre de estudio que
abrace la soledad como una esposa.

En el ensayo sobre la confianza en s mismo, Emerson se nos presenta en
la fase juvenil y negativa comn a todos los romnticos; su afirmacin
de la personalidad es francamente hostil a toda solidaridad social. Es
un anarquista en el sentido ms riguroso de la palabra, un stirneriano
antes de Stirner, un nietzchesta antes de Nietzche.

Pero en Emerson, como en los ms de los romnticos, y especialmente en
los sansimonianos y los fourieristas, la rebelin contra el dogmatismo
social transformse muy pronto en un verdadero y propio _mesianismo_,
en un anhelo de reforma social, de reconstruccin conforme a planos
ideales que siempre se pretenden fundamentados en la observacin de
la realidad social. Si no queremos estudiar esa evolucin en Leroux o
Fourier, en quienes aparece evidente, bstenos comparar el Echeverra
quejumbroso y descorazonado, el poeta romntico del ao treinta, con el
Echeverra proftico y optimista de la "Asociacin de Mayo". En todo el
mundo la segunda generacin romntica engendr una corriente poltica
y de accin, el romanticismo social, que en Emerson fu predominante
en la poca del "Club de los Trascendentales". Fu entonces cuando
vi que la renovacin moral del hombre, su perfeccionamiento, slo
era posible por la renovacin global de la sociedad; desde esa poca,
como complemento de la educacin individual por la confianza en s
mismo, seala la educacin social para la solidaridad y la justicia. Y
as como antes viera el ms alto fin de la tica en la reintegracin
del hombre a la armona de la naturaleza, comprendi que la sociedad
humana poda volver tambin a esas fuentes, ponindose el individuo y
la sociedad juntos en un mismo camino de perfeccin, adaptndose a la
verdad, tal como la naturaleza la presenta a nuestra experiencia.

Afirmando la intensa profundidad de toda vida humana, Emerson ha
enseado a amar la vida, mostrando que la personalidad ms humilde es
susceptible de embellecerse y dignificarse, si sabe buscar en s misma
las fuerzas morales de su propio encumbramiento. No es el rango, no
es la fortuna, no es el poder, lo que hace la grandeza de un hombre,
sino su capacidad de ser intensamente tal como es por su naturaleza,
expandindose espontneamente, por la fuerza de su savia interior,
sin torcerse bajo el peso de las coacciones sociales que espolonean
la mentira y fomentan la vanidad. En esta orientacin sus palabras
alcanzan un tono mstico, mezcla de poesa ntima y de exaltacin
egotista, que, sin embargo, no le impide reiterar su obsecuencia a
la verdad y predicar todas las virtudes tiles a la vida social, al
trabajo, a la fraternidad, a la paz, a todo lo que se estima provechoso
para mejorar la existencia de la humanidad. Fuerza es reconocer que,
juzgado en conjunto, difcilmente podra nombrarse un mstico ms
realista, ni un individualista ms social. Su temperamento fu sin
cesar integrado por su experiencia.


                         9.--LA BELLA NECESIDAD

Si hubiramos de analizar, uno por uno, todos los ensayos de Emerson,
prolongarase nuestra tarea sin mayor provecho. Casi todos los
problemas sociales, de actualidad en su medio y en su poca, merecieron
un comentario suyo, siempre perspicaz.

Su imaginacin vag en torno de la naturaleza, de lo divino y de lo
moral, con la singularidad de oponerse tenazmente a toda nocin de
lo sobrenatural y de confiar en los buenos mtodos de investigacin;
slo vemos fe en esta confianza, desde que nunca los haba aprendido
ni practicado. Su misticismo tradjose por una rebelda a preceptos,
cnones, dogmas, a todo lo que representa un intermediario entre el
espritu humano y la divinidad misma, incesantemente confundidos en
sus escritos. Cuando execra la decadencia moral de su tiempo y augura
"la vuelta a lo divino", su estilo se eleva por momentos hasta el de
Ruysbroek o Teresa de vila, pero su pensamiento sigue estando cerca
de Marco Aurelio o de Spinoza. Y del estoicismo, y del pantesmo,
parecera haber heredado Emerson el sentimiento poderoso de la
fatalidad, ms prximo del determinismo moderno que del fatalismo
alejandrino, musulmn o quietista, a pesar de su lenguaje.

En el ensayo titulado _Fatalidad_ dice que ella se encuentra en
la materia, en el espritu, en la moral, en las razas y en los
acontecimientos, lo mismo que en el pensamiento y en el carcter.
Pero, a su vez, arguye: "la fatalidad tiene un amo, el lmite est
limitado, aunque la fatalidad es inmensa, la potencia o voluntad de
querer, ese otro hecho de un mundo de dos caras, tambin es inmenso.
Si la fatalidad sigue y limita a la potencia, la potencia acompaa y
combate a la fatalidad... El espritu no puede negar su libre voluntad;
atrevindonos a afirmar esa contradiccin, diremos que "la libertad es
una cosa necesaria en s". Si queris tomar partido por la fatalidad y
decir que la fatalidad es todo, entonces diremos que "la libertad del
hombre es una parte de la fatalidad". La facultad de elegir y de obrar
brota eternamente del espritu. La inteligencia anula la fatalidad. En
cuanto un hombre piensa, es libre". Este prrafo, con ms triquiuelas
verbales que razones, pertenece al nmero de los que suelen emplearse
para no molestar las preocupaciones ancestrales del pblico inculto:
se es el insensato palabrismo razonante que las ignorantes confunden
con la filosofa y con la metafsica, ponindola en ridculo ante
las personas capacitadas para descubrir la absoluta vaciedad de las
palabras y el carcter delirante de tales razonamientos faltos de
sentido. Creo por eso, como Emerson lo reconoce al elogiar la soledad,
que el filsofo debe ser la anttesis del retrico, para no convertirse
en involuntario eco de las supersticiones de la multitud que le
aplaude. El arquetipo del filsofo es Spinoza; Cousin es el arquetipo
del exitista.

Toda vez que un pensador desciende a seducir el pblico, disfrazando
de equvocas palabras su pensamiento, corre, como Emerson, el peligro
de caer en disquisiciones intrnsecamente "conformistas" aunque ellas
sean juegos malabares para hacer menos violenta la exposicin de ideas
"no-conformistas". Emerson no encuentra en el terreno de la tica
prctica ciertos principios que la lgica pura demuestra absurdos,
como hace Kant. No es eso; Emerson, por el contrario, despus de hacer
sonar su hojalatera sobre la libertad espiritual, termina su ensayo
con cuatro invocaciones poticas a la fatalidad, tan propias de su
pantesmo como incompatibles con su librearbitrismo.

Antes de leerlos recordemos que entre los puritanos tuvo siempre poco
arraigo la creencia en la libertad moral; su dogma bsico, de la gracia
o de la predestinacin, conduca lgicamente al sentimiento de la
fatalidad. Emerson no hizo sino transferir a las leyes de la Naturaleza
la confianza que ellos tenan puesta en el Destino. Contra lo que a
primera vista parecera, esa idea de la fatalidad es un verdadero
instrumento de accin para los que se han trazado un camino en la vida:
vivir es ser fiel a su propio itinerario, recorrerlo sin descanso,
como quien cumple realmente un destino irrevocable, sin tropezar en
esas deliberaciones sucesivas que exponen a vivir fragmentariamente.
Recuerdo esta observacin psicolgica y moral, de que sin duda se
reiran los viejos metafsicos que slo vean en la libertad un tema
para ejercitar su razn razonante: "los ms grandes profesores de
energa tienen poco inters por el libre albedro".

Os sorprende? Escuchad a Emerson, al maestro de la confianza en s
mismo.

"Elevamos altares a esa bella unidad que mantiene a la naturaleza y
a las almas en una perfecta continuidad, y que obliga a cada tomo a
servir a un fin universal. No es la extensin de nieve, el capullo, el
paisaje estival, el esplendor de las estrellas, lo que me maravilla,
sino la belleza necesaria, o, si queris, la necesidad de belleza que
gravita sobre el universo; que todo deba ser pintoresco y lo sea; que
el arco iris, la curva del horizonte y la comba del cielo deban ser
resultados del mecanismo del ojo. No necesito que ningn aficionado
tonto venga a guiarme para admirar jardines, una nube dorada o una
cascada, desde que no puedo abrir los ojos sin ver algo impregnado de
esplendor y de gracia. Cun vana es esa eleccin de tal o cual chispa
dispersa al azar, cuando la necesidad inherente a las cosas enciende la
llama de la belleza en la frente del caos y denuncia que la intencin
central de la naturaleza es ser armona y dicha.

"Elevemos altares a la bella necesidad. Haber credo libres a los
hombres, en el sentido de que una voluntad antojadiza puede dominar la
ley de las cosas, es como pretender que un dedo de nio puede hacer
caer el sol. Si en la menor de las cosas el hombre pudiera alterar el
orden de la naturaleza, quien querra aceptar el don de la vida?

"Elevemos altares a esa bella necesidad que nos prueba y nos asegura
que todo est hecho de una pieza, que el acusador y el acusado, el
amigo y el enemigo, el animal y el planeta, el alimento y quien lo
consume, son de la misma y nica especie. El espacio astronmico es
inmenso, pero ningn sistema le es extrao. Los tiempos geolgicos
son inconmensurables, pero han regido en ellos leyes semejantes a
las actuales. Porqu nos espantara la naturaleza, en que estn
objetivadas la filosofa y la teologa? Porqu temeramos ser
aplastados por los elementos de la naturaleza, si estamos hechos de
esos mismos elementos?

"Elevemos altares a esa bella necesidad que torna valiente al hombre,
ensendole que l no puede evitar un peligro seguro, ni exponerse a
otro ficticio; a esa necesidad que nos conduce, ruda o dulcemente, a
la nocin de que no hay azar ni acontecimientos fortuitos; que la ley
regula toda existencia,--una ley que no es inteligente, pero que es
la inteligencia,--que no es personal ni impersonal; que desdea las
palabras y sobrepasa al entendimiento; que disuelve las personalidades,
que vivifica la naturaleza y que sin embargo invita al corazn puro a
apoyarse sobre toda su omnipotencia".

Hermosa pgina literaria, sin duda; basta meditar sobre ella un minuto
para comprender que para Emerson necesidad es fatalidad; lo de suponer
que la ley de necesidad "es la inteligencia, sin ser inteligente", es
una tmida portezuela de palabras que Emerson deja entreabierta para
los hombres "inteligentes y libres" que podran sentirse humillados
ante los altares elevados a la bella necesidad. Para qu detenernos?
Emerson confiesa en ese mismo ensayo que est fuera de la lgica, tal
como lo estuvo Kant a pesar de sus refinadas argucias dialcticas: "a
pesar de todo, es _sano_ para el hombre no considerar las cosas desde
el punto de vista de la fatalidad, sino desde el de la libertad: es
la manera prctica de encarar la cuestin". Podramos, una vez ms,
traducirlo en lenguaje claro, diciendo que la ilusin de la libertad
es til y sirve al hombre como si realmente existiera. Pero, ya lo
hemos dicho, ciertas ideas, expresadas con exactitud, no tienen gracia;
el encanto trascendental desaparecera sin la vaga atmsfera de
inexactitud que lo hace parecer ms hondo y misterioso...


                 10.--FUNCIN SOCIAL DEL NO-CONFORMISMO

A pesar de estas condescendencias verbales a las preocupaciones
dominantes en su medio, Emerson, fu temido en su edad viril como
hereje peligroso, aunque en su larga ancianidad fu venerado hasta por
sus antiguos contendores.

Reconozcamos que la sociedad es enemiga de toda verdad que perturbe sus
creencias ms ancestrales.

Frente a los hombres que le traen un nuevo mensaje su primera actitud
es siempre hostil; vive de esas "mentiras vitales" cuyo smbolo
expresivo nos di Ibsen en _El Pato Salvaje_. Qu sera de ella sin
esos grandes caracteres que de tiempo en tiempo desafan su encono
predicando alguna partcula de "verdad vital"!...

Todos los que reforman y crean, mientras lo hacen, son
_no-conformistas_ y herejes: contra las rutinas sociales, contra
las leyes polticas, contra los dogmas religiosos. Sin ellos sera
inconcebible la evolucin de las ideas y de las costumbres colectivas,
no existira posibilidad de progreso social. Emerson, tantas veces
acusado de hereja, pudo, ciertamente, consolarse pensando que tambin
Cristo haba sido hereje contra la rutina, contra la ley y contra el
dogma de su pueblo, como lo fuera antes Scrates, como despus lo
fu Bruno. Y acaso pensara tambin en el comn destino de todas las
vctimas del conformismo: la humanidad venera por siglos sus nombres,
ignorando el de sus perseguidores.

Porque existe,--podemos creerlo,--una conciencia moral de la
humanidad que da su sancin. Tarda a veces, cuando la disputan los
contemporneos; pero llega siempre, y acrecentada por la perspectiva
del tiempo, cuando la discierne la posteridad.




                        =LA TICA SOCIAL=

  1. Integracin del pensamiento emersoniano.--2. La autonoma
  de la experiencia moral.--3. Idealismo y perfectibilidad.--4.
  El dogmatismo teolgico excluye la perfectibilidad.--5. Valor
  social de la hereja.--6. Las morales independientes.--7.
  Insuficiencia de los dogmas racionales.--8. La tica social en las
  iglesias norteamericanas.--9. Su influencia sobre las iglesias
  inmigradas.--10. Ciencias morales sin dogmatismos.--11. El
  solidarismo.


              1.--INTEGRACIN DEL PENSAMIENTO EMERSONIANO

Renovarse o morir, dijeron los renacentistas en el siglo XVI;
renovarse o morir, ha repetido el siglo XIX. No dudis que en el siglo
nuestro y en los venideros ser sa, y ninguna otra, la frmula, de los
hombres y de las naciones que aspiran a tener un porvenir mejor que
su pasado. La juventud es, por definicin, capacidad renovadora; la
virilidad misma slo se mide por la aptitud de renovarse parcialmente
dentro de las orientaciones ya adquiridas. Cuando ella se apaga, cuando
se miran con temor las ideas y los mtodos que son piedras miliares en
el sendero del porvenir, podemos asegurar que un hombre o una nacin
comienzan a envejecer; y si el temor se convierte en odio sordo, en
suspicacia hostil, es un signo inequvoco de irreparable decrepitud.

Sabemos muy bien, pues lo ensea la experiencia de siglos, que
los grandes renovadores nunca han visto realizarse ntegramente
sus ensueos; es destino comn de todos los futuristas ver que la
realidad reduce a trminos exiguos sus ideales, como si la sociedad
slo pudiera beber muy aguada la pura esencia con que ellos embriagan
su imaginacin. Pero no es menos cierto que en las reclamaciones
exageradas de los ilusos y utopistas estn contenidas las pequeas
variaciones ticas y sociales que, en su conjunto, constituyen el
progreso efectivo. Alabados sean todos los hombres que equivocndose
como ciento auguran a sus semejantes un beneficio igual a uno!
Alabados sean todos los que arrojan semillas a puados, generosamente,
sin preguntarse cuntas de ellas se perdern y slo pensando en que
la ms exigua puede ser fecunda! Para el perfeccionamiento moral de
la humanidad son intiles los que se ajustan escrupulosamente a los
resultados de la experiencia pasada, sin arriesgarse a tentar nuevas
experiencias; son los innovadores los nicos que sirven, descubriendo
un astro o encendiendo una chispa. Y si bien es personalmente ms
cmodo no equivocarse nunca a errar muchas veces, para la humanidad son
ms provechosos los hombres que, en su afn de renovarse, para acertar
una vez, aceptan los inconvenientes de equivocarse muchas.

Es ms cmodo, pensaris, dejar a otros la funcin peligrosa de
innovar, reservndoos el tranquilo aprovechamiento de los resultados.
Cuestin es sta que los epicreos de todos los tiempos han resuelto
segn su temperamento; pero es indiscutible que los renovadores de
las ciencias, de las artes, de la filosofa, de la poltica, de las
costumbres, son los arquetipos selectos, las afortunadas variaciones
de la especie humana, de que la naturaleza se ha valido para revelar
a los dems hombres alguna de las formas innumerables en que deviene
incesantemente el porvenir.

Emerson fu de estos elegidos, en su tiempo y para su medio.
Emerson fu joven y fu viril, al revs de esos jvenes de aos que
nacen viejos de inteligencia y de corazn, esclavos de los errores
tradicionales e impermeables a las verdades nuevas. Emerson supo ver y
supo anunciar, antes que otros, un aspecto del mundo moral que estaba
ya maduro para renovaciones provechosas. Y no call lo que entrevea y
deseaba: renunci a la tranquilidad epicrea de gozar en silencio, se
expuso a las heridas de los rutinarios y de los pasadistas. Por eso su
nombre es amado por toda una raza joven, que ha visto ya realizarse una
parte de sus ilusiones y ha dado algunos pasos hacia la religin sin
doctrinas y hacia la moral sin dogmas.

Siempre observando, siempre estudiando, siempre reflexionando, con esa
inquietud sin sosiego que mantiene despierta nuestra curiosidad sobre
la infinita Naturaleza que nos rodea, Emerson conserv hasta la edad
viril la plasticidad mental de la juventud. Y supo renovarse, cuando
fu menester; no volviendo atrs, sino mirando ms lejos. Cuando su
doctrina o su actitud juvenil le pareci insegura o incompleta, en
vez de cerrar los ojos para volver a los errores tradicionales, busc
nuevas frmulas que superasen el presente y se adaptasen al porvenir
que devena. Para decirlo con exactitud: cuando le pareci imperfecta
su moral independiente e individualista, en vez de retrogradar a la
moral sobrehumana y dogmtica, fij su pensamiento en la tica social.
En eso se distingue el hombre mentalmente superior del inferior: el
primero, cuando duda, rectifica su marcha y sigue adelante; el segundo,
incapaz de sobreponerse a la dificultad, desiste y vuelve atrs. Esto,
lo mismo que en la tica, ocurre en todos los dominios de la filosofa.

La vida de Emerson presenta dos etapas distintas, habitualmente
refundidas por sus bigrafos, slo preocupados de elaborar un arquetipo
abstracto ms conforme con el deseo simplista de la mentalidad social.
Nosotros podemos distinguir dos Emerson, que se suceden por una
transicin progresiva: el individualista rebelde y el reconstructor
social.

Ministro de una iglesia unitaria, como recordaris, descenda, por
varias generaciones, de pastores Congregacionistas. Cuando le llega
la hora de ejercitar su ministerio, Emerson interroga su conciencia
moral: no cree ya en los dogmas y prcticas rituales de su Iglesia.
Duda, medita y se decide con dignidad: renuncia a predicar dogmas que
no satisfacen su razn. En sus escritos de esa poca vaga un intenso
personalismo tico, una crtica sagaz del dogmatismo, un constante afn
por afirmar la autonoma y la soberana de la moralidad, poniendo la
obligacin y la sancin en los dominios individuales de la conciencia.
A los ensayos de esa poca se debe la simpata con que Emerson es
ledo, hasta hoy, por los anarquistas individualistas.

Al mismo tiempo que exalta la personalidad humana, postulando una
moral independiente, Emerson conserva el tono mstico: su pantesmo,
mezcla de religin natural a lo Goethe y de amor a la naturaleza a
lo Rousseau, fu el cauce en que tuvieron libre desahogo su herencia
pastoral y su educacin teolgica. Es difcil concebir una combinacin
ms ntima de profundo misticismo y de absoluto antidogmatismo; cuando
exalta la energa individual, hace derivar la confianza propia del
carcter divino que tiene la personalidad humana; cuando afirma la
soberana de la moralidad, pone la fuente espontnea de toda vida
moral en la naturaleza. Y todo es uno para l: naturaleza, moralidad,
divinidad.

El inters social despertado en su tiempo por las conferencias de
Emerson es fcil de comprender. Ellas satisfacan dos condiciones, rara
vez coincidentes: su forma mstica respetaba el viejo fondo religioso
de sus oyentes y sus ideas individualistas satisfacan la inquietud
renovadora, propia de la generacin romntica. Esto podra hacernos
pensar que los apstoles ms eficaces son los que dicen cosas nuevas en
el tono que nos es familiar; si se cantaran estrofas anarquistas con
msica de viejos himnos religiosos, seran ms fcilmente aprendidas
por los que ya tuviesen el hbito de cantar los himnos.

As podemos explicarnos que Emerson fuese requerido para sermonear en
las iglesias unitarias: hablaba de la misma manera, aunque deca otra
cosa. Por otra parte, en los pases protestantes existe--en pocas
normales--una tolerancia religiosa que difcilmente comprendemos los
que recibimos una educacin catlica. Decir que un sacerdote, despus
de colgar los hbitos, puede ser invitado a predicar en su parroquia,
es para nosotros inconcebible; y no lo es menos ver a un sacerdote
catlico o a un rab judo ocupar una tribuna protestante, o viceversa,
o bien hallar reunidos en un congreso de religiones a los telogos ms
eminentes de todas ellas...

En su actitud individualista e independiente se mantiene Emerson hasta
la fundacin del Club de los Trascendentales y la aparicin de _The
Dial_. Conocemos ya la genealoga sansimoniana de ese movimiento. Con
la revolucin del ao 30, los eclcticos haban pasado a actuar en
el mundo oficioso y las simpatas de los romnticos se pronunciaron
por la filosofa social, hasta la revolucin de 1848. El reflejo de
esa evolucin es fundamental en Emerson; desde entonces hasta su
muerte, sin atenuar su culto por la intensificacin de la personalidad
individual, va acentuando progresivamente el sentido social de sus
ideas ticas. Poco a poco ve en la sociedad la fuente de la obligacin
y el instrumento de la sancin moral; el deber no es mandamiento
divino, sino producto de la convivencia, que impone la justicia
como condicin del libre desenvolvimiento personal; la sancin no
est librada a la razn del individuo aislado, sino a la conciencia
social en que se armoniza la razn de todos. Y el concepto de la
perfectibilidad humana se consolida al poner como base de la escuela
la educacin moral, creando hbitos de veracidad, de justicia, de
cooperacin, de solidaridad.

No decimos que Emerson lleg a definir la tica social tal como en
la actualidad la vemos formulada. Reconocemos, simplemente, que esa
tendencia lleg a prevalecer en l, en una poca en que prefera hacer
a conferenciar.

Hacer? Hacer. Sonaba para su patria la hora de consolidar la
nacionalidad y de prepararse a la asimilacin de otros millones de
europeos que vendran a enriquecerla con el trabajo de sus brazos y con
la sangre de sus hijos.

Fu entonces que naci espontneamente una nueva tica social, en
funcin del medio, cuya expresin doctrinaria hemos conocido cincuenta
aos despus: el pragmatismo.


                2.--LA AUTONOMA DE LA EXPERIENCIA MORAL

La evolucin mental de un pensador--muy distinta de su variacin
ajustada a la moda, que slo demuestra ausencia de ideas
propias,--sigue siempre un curso lgico, es una integracin permanente,
enriquecida sin cesar por una experiencia que crece y por un sentido
crtico que se perfecciona. Cambiar de ideas en esa forma es un proceso
normal y una prueba de juventud; revela posibilidad de educarse ms y
ms, de crecer mentalmente, de expandir la personalidad propia. Y es,
precisamente, la incapacidad de perfeccionar las propias ideas, lo que
permite diagnosticar el envejecimiento de un pensador: la declinacin
de esas aptitudes asimiladoras e imaginativas que enriquecen la cultura
personal o ensanchan el horizonte de las sntesis, elevando los puntos
de vista.

El examen de las ideas dominantes en la obra de Emerson nos ha
permitido establecer que si ellas carecen de contenido metafsico y,
por ende, propiamente filosfico, tienen, en cambio, un alto valor
tico; su obra es un continuo esfuerzo por acrecentar la intensidad
intrnseca de los valores morales, separando la experiencia moral de la
experiencia religiosa y tendiendo a constituir una moral sin dogmas.

Este aspecto del problema, hoy definitivamente resuelto para todos
los filsofos, sin distincin de escuelas o de creencias, no lo estaba
hace un siglo. Las instituciones bsicas del mundo feudal, la Reyeca
y la Iglesia, no haban desaparecido por la crisis revolucionaria de
fines del siglo XVIII; la soberana popular, afirmada como fundamento
de la vida civil democrtica, no lograba an sobreponerse a los
regmenes de privilegio asentados en el derecho divino. Ms todava:
las naciones reaccionarias en poltica y en religin--Rusia, Austria
y Prusia,--en complicidad con la iglesia Romana, habanse coaligado
en la famosa Santa Alianza para restaurar el antiguo rgimen y borrar
las constituciones que preludiaban el advenimiento de una etapa nueva
en la historia de la civilizacin; la iglesia Anglicana desempeaba en
los ambientes anglo-americanos una equivalente funcin conservadora o
reaccionaria.

La lucha por el progreso de las ciencias morales plantebase entre los
sistemas fundados en el dogmatismo, en que se inspiraban las morales
afirmativas de los telogos escolsticos, y las morales crticas de los
filsofos independientes.

Conviene tener presente que, en todo tiempo, los filsofos
independientes--llamando as a los que no tenan por objeto de sus
especulaciones consolidar las bases de las religiones oficiales en sus
medios respectivos--han sido, ms o menos desembozadamente, enemigos de
la teologa y contradictores de la apologtica. Ellos han determinado
los progresos de la metafsica y de la tica contra el espritu
tradicionalista de las cartas sacerdotales, muchas veces pagando
con sus vidas ese noble privilegio de pensar libremente contra la
religin y contra el estado: as murieron Scrates, y Jess, y Bruno,
y Servet, vctimas de las religiones de su tiempo, intolerantes todas
cuando fueron oficiales, llamranse paganismo, judasmo, catolicismo,
calvinismo.

En nuestro siglo XX esa lucha entre los telogos dogmticos y los
filsofos independientes parece terminada. La constitucin civil de
las nacionalidades modernas ha quitado a las iglesias su antigua
preeminencia dentro de los estados; la autoridad las protege con
benevolencia, pero est muy lejos de considerarse como simple brazo
secular de los representantes de la divinidad.

Este parntesis me ha parecido necesario para comprender la posicin de
Emerson en la evolucin de la moral. Juzgada con nuestro criterio de
hoy, nos parecera atrasada e inexplicable; lo que en su tiempo era un
ideal, hoy tiende a ser una realidad en las naciones civilizadas; otros
ideales nuevos han venido a polarizar la actividad apasionada de los
temperamentos idealistas.


                    3.--IDEALISMO Y PERFECTIBILIDAD

He pronunciado las palabras "ideales" e "idealistas"; temera enmaraar
vuestras ideas si las dejara sin explicacin. Idealismo, en moral,
significa perfectibilidad, y expresa cierto anhelo de remontarse
hacia ideales que son concebidos como perfecciones posibles de la
realidad. Todo dogmatismo, todo conformismo, todo tradicionalismo,
implica inmovilizacin en frmulas ya establecidas, que se acatan
como invariables; y lo invariable es, por definicin, imperfectible,
como lo es todo lo que significa adhesin inamovible a las doctrinas,
costumbres y rutinas del pasado.

Es frecuente, sin embargo, que los dogmatistas de todo gnero, los
conformistas en filosofa, en ciencia, en poltica, en moral, se
llamen a s mismos "idealistas", y mucha parte de la humanidad cree
serlo sinceramente, confundiendo su adhesin al tradicionalismo con un
"ideal". Prescindiendo de cierta fcil charlatanera que suele haber en
ello, confieso que no concibo el idealismo moral separado del concepto
de perfeccin incesante y del esfuerzo activo hacia la perfeccin; creo
que slo merecen el nombre de idealistas los que trabajan por aumentar
la verdad y disminuir el error, los que fomentan la virtud contra la
hipocresa, la dignidad contra el servilismo, el estudio contra la
ignorancia, todo lo que es mejor y futuro contra todo lo que es actual
e imperfecto.

Slo por eso doy a Emerson el calificativo de idealista, y pocos
hombres lo han merecido mejor que l; slo por eso un hombre
estudioso puede enorgullecerse de usar tal nombre, que los ignorantes
suelen prodigar a manos llenas a los que abusan de su inocencia
para incitarlos a permanecer en el error y la domesticidad. Si las
palabras que usamos no fueran precisas, nunca sera claro nuestro
pensamiento; y nos temblara el labio al hablar de idealismo, si con
ello contribuyramos a confundir los innovadores con los rutinarios,
los estudiosos con los holgazanes, los pensadores con los palabristas
y los virtuosos con los sinvergenza. Es un ideal obstruir el
crecimiento progresivo de las verdades que permiten al hombre
conocer la naturaleza y adaptarse a ella? Es un ideal aconsejar la
aquiescencia a las mentiras consuetudinarias y a los intereses creados,
perpetuando entre los hombres los privilegios y las injusticias
sustentadas en la tradicin? Es un ideal impedir que los hombres se
instruyan y se eduquen en la medida mxima compatible con sus aptitudes
individuales, convirtindose en unidades ms intensas del guarismo
social? Es un ideal predicar acatamiento servil al despotismo de
los autcratas, a los dogmas de los telogos, a las mentiras de los
polticos, a los intereses de los enriquecidos, a las argucias de
los sofistas? Avergenza el pensar que esas cosas puedan disfrazarse
con el nombre de idealismo; y ms avergenza, todava, que ciertas
literaturas espiritualistas contribuyan a sugerir que las doctrinas o
las realidades del pasado pueden ser preferibles a las que sin cesar
van perfeccionndose hacia el porvenir, como si idealismo pudiera
significar Regresin y no Perfeccionamiento.

Es necesario no equivocarse en tan delicado problema, incesantemente
embrollado por los que halagan el misticismo ancestral de los hombres y
su incapacidad de prolongar su entendimiento ms all del galimatas de
las palabras.

El idealismo--fuera de su sentido metafsico, que significa idesmo
por oposicin a realismo--no puede concebirse sino como doctrina de la
perfectibilidad moral indefinida; y es, esencialmente, la anttesis de
cualquier dogmatismo moral. Los ideales ticos son hiptesis acerca
de posibles perfecciones morales futuras; se forman como todas las
hiptesis y como ellas sirven a los hombres que creen en su posible
advenimiento. Hemos definido ya la evolucin humana como un esfuerzo
continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que evoluciona a
su vez, necesitando para ello conocer la realidad ambiente y prever el
sentido de sus propias adaptaciones: los caminos de su perfeccin. Sus
etapas, entrevistas por la imaginacin humana, constituyen los ideales.
Un hombre, un grupo o una raza, son idealistas porque circunstancias
propicias determinan su imaginacin a concebir perfeccionamientos
posibles. Los ideales--si puedo repetir mi propia opinin--son
formaciones naturales; aparecen cuando la funcin de pensar alcanza
tal desarrollo que la imaginacin puede anticiparse a la experiencia.
No son entidades misteriosamente infundadas en los hombres, ni
nacen del azar; se forman como todos los fenmenos accesibles a
nuestra observacin, son efectos de causas, accidentes en el devenir
universal metdicamente investigado por las ciencias e hipotticamente
sintetizado por la filosofa. Los ideales no son apriorsticos, sino
inducidos de una vasta experiencia; sobre sta se empina la imaginacin
para prever el sentido en que variar la Humanidad, y por ello todo
ideal representa un nuevo estado de equilibrio entre el pasado y el
porvenir.

Partiendo de ese concepto he procurado distinguir siempre el idealismo
moral, que considero admirable en todas sus formas, desde el estoicismo
de Epicteto y el cristianismo de Jess, hasta el pantesmo de Spinoza
y el anarquismo de Tolstoy, del idealismo metafsico que--bien
analizado--est ms prximo del pantesmo que de cualquiera teologa
religiosa.

Se engaan o mienten--la eterna hipocresa!--todos los que procuran
reducir el idealismo moral a cualquier forma de dogmatismo, teolgico
o racionalista; ideal moral significa perfectibilidad, y ninguna
perfectibilidad es compatible con el concepto mismo del dogma. Por eso
he dicho tantas veces que subordinar el idealismo moral a una frmula
de escuela metafsica, equivale a castrarlo; por eso he insistido
en que llamar idealismo a las fantasas y supersticiones de mentes
enfermizas o ignorantes, es una de tantas ligerezas fomentadas por el
palabrismo discursivo.

El idealismo moral no es patrimonio exclusivo de ningn credo. Hay
tantos idealismos como ideales, y tantos ideales como idealistas,
y tantos idealistas como hombres aptos para concebir perfecciones
y capaces de vivir hacia ellas; por eso rehusamos el monopolio de
llamarse idealistas a cuantos lo reclaman en nombre de escuelas
filosficas, sistemas de moral, credos de religin, fanatismos de secta
o dogmas de esttica. Conocis, probablemente, una pgina ma cuya
lectura me permitiris, pues la creo oportuna. "El idealismo moral no
es privilegio de las doctrinas espiritualistas que desearan oponerlo
al "materialismo", llamando as, despectivamente, a todas las dems;
ese equvoco, tan explotado por los enemigos de las Ciencias--temidas
justamente como hontanares de Verdad y de Libertad--se duplica
al sugerir que la materia es la anttesis de la idea, despus de
confundir al ideal con la idea y a sta con el espritu, como entidad
trascendente y ajena al mundo real. Se trata, visiblemente, de un
juego de palabras, secularmente repetido por sus beneficiarios, que
transportan a las doctrinas filosficas el sentido que tienen los
vocablos idealismo y materialismo en el orden moral. El anhelo de
perfeccin en el conocimiento de la Verdad puede animar con igual
mpetu al filsofo monista y al dualista, al telogo y al ateo, al
estoico y al pragmatista. El particular ideal de cada uno concurre al
ritmo total de la perfeccin posible, antes que obstar al esfuerzo
similar de los dems.

"Y es ms estrecha, an, la tendencia a confundir el idealismo, que
se refiere a los ideales, con las tendencias metafsicas que as se
denominan porque consideran a las "ideas" ms reales que la realidad
misma, o presuponen que ellas son la realidad nica, forjada por
nuestra mente, como en el sistema hegeliano. "Idelogos" no puede ser
sinnimo de "idealistas", aunque el mal uso induzca a creerlo.

"Ni podramos restringirlo al pretendido idealismo de ciertas escuelas
estticas, porque todas las maneras del naturalismo y del realismo
pueden constituir un ideal de arte, cuando sus sacerdotes son Miguel
Angel, Ticiano, Flaubert o Wagner; el esfuerzo imaginativo de los
que persiguen una ideal armona de ritmos, de colores, de lneas o
de sonidos, se equivale, siempre que su obra trasparente un modo de
belleza o una original personalidad.

"No le confundiremos, en fin, con cierto idealismo tico que tiende
a monopolizar el culto de la perfeccin en favor de alguno de los
fanatismos religiosos predominantes en cada poca, pues sobre no
existir un nico e invariable Bien ideal, difcilmente cabra en los
catecismos para mentes obtusas. El esfuerzo individual hacia la virtud
puede ser tan magnficamente concebido y realizado por el peripattico
como por el cirenaico, por el cristiano como por el anarquista, por el
filntropo como por el epicreo, pues todas las teoras filosficas
son igualmente compatibles con la aspiracin individual hacia el
perfeccionamiento humano. Todos ellos pueden ser idealistas, si saben
iluminarse en su doctrina; y en todas las doctrinas pueden cobijarse
dignos y buscavidas, virtuosos y sin vergenza. El anhelo y la
posibilidad de la perfeccin no es patrimonio de ningn credo: recuerda
el agua de aquella fuente citada por Platn, que no poda contenerse en
ningn vaso.

"La experiencia, slo ella, decide sobre la legitimidad de los
ideales, en cada tiempo y lugar. En el curso de la vida social se
seleccionan naturalmente; sobreviven los ms adaptados, los que
mejor prevn el sentido de la evolucin; es decir, los coincidentes
con el perfeccionamiento efectivo. Mientras la experiencia no da su
fallo, todo ideal es respetable, aunque parezca absurdo. Y es til,
por su fuerza de contraste; si es falso muere solo, no daa. Todo
ideal, por ser una creencia, puede contener una parte de error, o
serlo totalmente: es una visin remota y por lo tanto expuesta a
ser inexacta. Lo nico malo es carecer de ideales y esclavizarse a
las contingencias de la vida prctica inmediata, renunciando a la
posibilidad de la perfeccin moral."

Me detengo en la lectura. Cuando hablamos de idealismo moral, sea
en un individuo o en una sociedad, qu es, exactamente, lo que
expresamos? Que ese individuo o esa sociedad poseen ideales de
perfeccionamiento y actan en consonancia con su realizacin posible.

En ese inequvoco sentido, nadie mejor que Emerson merece llamarse
idealista; cuando llam al conjunto de sus orientaciones _idealismo
trascendental_ no quiso adherir estrictamente a la doctrina platnica
de las ideas ni a la concepcin metafsica hegeliana, sino expresar
ese pantesmo naturalista que le induca a contemplar la divinidad
abstracta de las cosas y mostrar como digna de veneracin la
arquitectura moral del universo. Podramos, tambin, acercar ciertas
ideas de Emerson con otros modos de ver convergentes a postular la
eficacia de las ideas abstractas, de las ideas-fuerzas y de las
creencias sobre la conducta, en una heterclita familia de pensadores
que englobaran desde Kant hasta Fouillc y hasta William James, que se
han referido a un mismo asunto hablando idiomas heterogneos.

Os pido, aqu, una atencin ms firme para comprender con exactitud
lo que va a seguir; no son ideas de Emerson, pero nos permitirn
comprender mejor la posicin del moralista de Concord en la evolucin
tica del siglo XIX.


         4.--EL DOGMATISMO TEOLGICO EXCLUYE LA PERFECTIBILIDAD

Tratar de ser claro y preciso; todo lo confuso o vago, aunque sea
grato al odo, es sospechable de involuntario error o de obsecuencia
deliberada a los errores de los dems.

La historia de la tica, desde sus primeras concreciones hasta nuestros
das, es una lucha constante entre dos gneros de sistemas morales:
los unos--religiosos y dogmticos--incompatibles con cualquier ideal
de perfeccionamiento, y los otros--filosficos e independientes--ms o
menos compatibles con la posibilidad de ideales.

Presiento vuestra objecin: Cmo podra negarse que los creadores y
apstoles de religiones se han propuesto el perfeccionamiento moral de
la humanidad?

No se puede negar; y sera insensato negarlo. Pero la objecin--aunque
parezca--no se refiere a lo que antes dije. Si habis ledo, como es
seguro, el libro de William James sobre la experiencia religiosa,
recordaris este prrafo: "al juzgar de un modo crtico el valor de
los fenmenos religiosos, es importantsimo insistir en la distincin
entre la religiosidad como funcin individual personal y las religiones
organizadas como iglesias colectivas. Ya recordaris que hice
indicaciones respecto a dicha distincin. La palabra "religin", tal
como se usa ordinariamente, es equvoca. La historia nos demuestra
que, por lo general, los genios religiosos atraen discpulos a su
alrededor y producen grupos que simpatizan con ellos. Cuando estos
grupos son suficientemente fuertes para "organizarse", se convierten en
instituciones eclesisticas con ambiciones corporativas particulares.
El espritu de la poltica y el gusto por las reglas dogmticas
pueden entonces invadir y contaminar las cosas ms inocentes en su
origen; de modo que cuando actualmente omos la palabra "religin",
pensamos por necesidad en alguna "iglesia" u organizacin semejante.
En algunas personas la palabra "iglesia" sugiere de tal manera la idea
de hipocresa, tirana, bajeza y aferramiento a toda supersticin, de
un modo general e indeterminado, que se envanecen diciendo "que son
absolutamente contrarias a toda religin"; y hasta los que pertenecen
a una Iglesia determinada, no libran de una condena general a los que
pertenecen a otras".

Si entendis bien, eso quiere expresar que la religiosidad (como
sentimiento personal) nada tiene que ver con los dogmas (como teologa
eclesistica); la religiosidad es comn a todos los creyentes, los
dogmas son particulares de cada iglesia. De all que la perfectibilidad
sea un anhelo frecuente en los individuos de intensa religiosidad, al
mismo tiempo que est cohibida por los sistemas morales establecidos en
las teologas.

La nocin de dogma en la historia de las religiones es inequvoca;
podis leer su examen metdico en el excelente libro _La evolucin
de los dogmas_, de Guignebert, profesor de historia del cristianismo
en la Sorbona. Un dogma--dice--es, a la vez, una verdad infalible y
un precepto inviolable, revelado directamente por la divinidad o por
sus elegidos, o indirectamente inspirada a hombres que tenan calidad
particular para recibirla. El dogma debe ser acatado tal como lo ha
definido y formulado de conformidad con la inspiracin divina, una
autoridad cuya competencia es indiscutida; la palabra de la autoridad,
el dogma, expresa la verdad absoluta y debe ser objeto de fe inmutable,
puesto que la divinidad no se engaa nunca ni puede engaar. "Tal es
por lo menos la teora. Revelacin, autoridad, inmutabilidad, son sus
tres cualidades principales. La razn, fundamento necesario de los
dogmas filosficos entre los griegos, no tiene aqu otro rol que el
de aceptar las proposiciones dogmticas y justificarlas si puede".
Sabido es que no tienen otra funcin las Teologas y las Apologticas,
destinadas a sistematizar y defender los dogmas de las diversas
religiones.

Esa teora, implcita en todos los sistemas teolgicos, ha sido
generalmente combatida por los filsofos independientes y auspiciada
por los gobiernos feudales que cimentaban su autoridad en el derecho
divino. Teora absurda, de completa absurdidad segn la historia de las
religiones, cuyos estudios concuerdan unnimemente en aplicar a los
dogmas el principio universal de evolucin: "un dogma, histricamente
considerado, no se presenta como un hecho revelado por la divinidad a
la ignorancia del hombre, sino como una combinacin laboriosa y sin
cesar variable de una colectividad humana; es ante todo un fenmeno
social y acumula durante su existencia el trabajo de la fe, a veces muy
activo, de muchas generaciones" (pg. 339); "un dogma es un organismo
viviente, que nace, se desarrolla, se transforma, envejece y muere;
la vida lo arrastra, sin que pueda nunca detenerse: y cuando llega su
hora, la vida se aparta de l, sin que l pueda retenerla". Eso os
ensearn, uniformemente, Guignebert en la obra citada y Harnack en su
libro sobre la historia de los dogmas, para citar solamente los textos
menos viejos y ms accesibles.

Toda tica fundada en una teologa es, por definicin, dogmtica. Quien
dice dogma, pretende invariabilidad, imperfectibilidad, imposibilidad
de crtica y de reflexin personal. Quien acepte que la moral est
formulada en una revelacin, en la de su iglesia, y no en la de las
otras, reconoce que sus preceptos son mandamientos sobrenaturales o
divinos, ajenos a la posibilidad de alterarlos o perfeccionarlos, desde
que son acatados como la perfeccin misma. El dogma no deja al creyente
la menor libertad, ninguna iniciativa; un verdadero creyente reconoce,
por el simple hecho de serlo, la imposibilidad de cualquier esfuerzo
eficaz para el perfeccionamiento moral del individuo o de la sociedad,
fuera de los preceptos dogmticos.

Esta breve y explcita consideracin nos permite comprender la actitud
hertica de Emerson, al afirmar que _los dogmas sobrenaturales son
incompatibles con el perfeccionamiento moral_. Su disconformismo es una
rebelda contra los dogmas propios de la secta protestante en que fu
educado. Poniendo fuera de la Naturaleza el origen de los mandamientos
que rigen la conducta moral del hombre, las morales teolgicas excluyen
de la vida humana actual, que segura y evidentemente vivimos, toda
posibilidad de perfeccin; si alguna queda, es para despus de la
muerte, en otro mundo cuya existencia es creda por simple acto de fe,
ya que las mayores iglesias cristianas se resisten violentamente a
aceptar las pruebas que de ella ha intentado dar la moderna religin
espiritista.

Los mandamientos divinos imponen la obediencia a los dogmas morales de
las iglesias, cuyas normas del deber no nacen de la reflexin personal,
ni pueden ser modificadas por la razn. El hombre no interviene
en la fijacin de sus propios deberes; los acata como decretos
sobrenaturales. Por eso la obligacin y la sancin tienen un valor
completamente distintos que en las morales filosficas independientes.
La obligacin consiste en ajustarse al mandato imperativo de la
divinidad, que ha fijado el deber sin intervencin del que lo cumple;
la nica sancin reservada al cumplimiento de ese deber, es el premio
o el castigo despus de la muerte, o sea lo que en lenguaje sencillo,
y por cierto ms pintoresco, podramos llamar la sancin trascendental
del cielo y del infierno. Sabis muy bien, los que habis ledo a
Homero y a Virgilio, que el mundo pagano haba inventado ya estos
lugares de sancin eterna, heredados por el cristianismo, y tan
magnficamente desenvueltos por la imaginacin de Dante, cuya _Comedia_
bien merecera calificarse de divina si este adjetivo significara
superlativa excelsitud.


                     5.--VALOR SOCIAL DE LA HEREJA

Todas las religiones, en cierto momento de su evolucin, el ms
culminante, procuran fijar sus dogmas en una teologa que interpreta
inapelablemente los textos en que est enunciada la revelacin
primitiva; las teologas han pretendido ser, en su tiempo y en su
medio, cdigos de moral destinados a regir dogmticamente la conducta
humana.

De all que el disconformismo de Emerson, mucho ms amplio que la
primitiva disidencia en el seno de la iglesia Anglicana, se nos
presente como un episodio en la eterna lucha de la razn humana contra
los dogmas, como una renovacin del derecho de libre examen. Eso es
lo que, en todo tiempo, ha constitudo la hereja. Hereje es todo el
que discute y niega los dogmas, todo el que somete a su propia razn
las conclusiones de una teologa. La intensa religiosidad individual,
propia de los temperamentos msticos, es la causa ms frecuente de
herejas; por lo mismo que ella permite concebir perfeccionamientos
nuevos, aparta a los individuos de los dogmas teolgicos que los
obstaculizan. "Un experimento religioso genuino y de primera mano--dice
James--debe parecer una heterodoxia a los que lo contemplan, y tal
profeta debe producir el efecto de un loco solitario. Si su doctrina
se muestra bastante contagiosa para difundirse a otros, entonces
se convierte en hereja definida y catalogada. Pero si resulta tan
contagiosa que llega a triunfar de las persecuciones, entonces se
convierte a su vez en ortodoxa, y cuando una religin llega a este
punto, es que ha terminado el tiempo en que se mantena interior: el
manantial se ha secado; los fieles viven slo de una fe exclusivamente
de segunda mano, y entonces, a su vez, lapidan a los nuevos profetas.
No obstante la bondad humana que la nueva Iglesia est pronta a
favorecer, se puede contar siempre con ella, como fiel aliado, cada
vez que se trate de sofocar el espritu religioso espontneo y de
reducir al silencio todo ulterior murmullo del manantial, de donde
ella misma sacaba en das ms puros su propia inspiracin, a menos
que adopte los nuevos movimientos y los aproveche para sus propios
intereses corporativos egostas. Nos ofrecen ejemplos muy instructivos
de una accin poltica de este gnero, pronto o tardamente asumida,
los procedimientos de la Iglesia catlica respecto a muchos santos y
profetas individuales".

Mientras no se produce esta asimilacin prctica, todo proyecto de
innovacin es una hereja y la conducta del reformador es considerada
inmoral; el hbito de ver la moralidad conformada al dogmatismo induce
a juzgar inmorales a todos los que sienten esa honda "emocin csmica"
que sugiere la naturaleza y hace amar con optimismo una vida intensa y
sin restricciones artificiales. "Los herticos anteriores a la Reforma
veanse casi siempre acusados por la Iglesia de ejercer prcticas
inmorales, del mismo modo que a los primeros cristianos acusbanles
los romanos de entregarse a la orga. Probablemente no ha existido
perodo alguno en la vida de la humanidad, en que un nmero crecido de
individuos no haya idealizado su resistencia a pensar mal de la vida,
formando sectas libres o secretas, proclamando que todas las cosas
naturales son permitidas. La mxima de San Agustn: _Dilige et quod
vis fac_--si amas (a Dios) haz lo que te plazca--es moralmente una
observacin muy profunda; pero las personas de que hablbamos, la toman
en el sentido de que es lcito salirse de los confines de la moral
dogmtica convencional. Segn sus caracteres, podrn ser espritus
refinados o groseros, pero en todo tiempo sus creencias fueron lo
suficientemente sistemticas para constituir una actitud religiosa
determinada. Para ellos, Dios es un dispensador de libertades; de este
modo vencen el remordimiento del mal. San Francisco y sus discpulos
pertenecan a esta categora de almas, de la cual existen infinitas
variedades. Rousseau, durante los primeros aos de su vida literaria,
Diderot, B. de Saint-Pierre y muchos otros, entre las mentes directoras
del movimiento anticristiano del siglo XVIII, pertenecan a ese tipo de
optimismo. Pensaban que la Naturaleza, siempre que sepamos entenderla,
es absolutamente buena".

No sorprende, pues, que los grandes msticos hayan sido melioristas lo
mismo que los filsofos independientes; por eso han merecido, unos y
otros, las persecuciones de la autoridad dogmtica: telogos, jueces,
polticos, confundidos en un mismo inters comn de preservar a la
sociedad de toda hereja. Y cmo se equivocan! Hereje es Scrates
cuando ensea a dudar de "la religin de sus padres", y le dan la
cicuta. Hereje es Cristo para los judos, y le dan la cruz, Hereje
es Lutero para la iglesia romana, y le cubren de anatemas. Hereje es
Spinoza, y le expulsan de la sinagoga. Hereje es Teresa de vila, y la
persigue la inquisicin. Hereje es Emerson, y le acusan de atesmo.
Hereje es Mterlinck, cuyas obras estn inscriptas en el Index, como
las de Anatole France y las de Enrique Bergson, de igual manera que
en nuestro pas est prohibida la lectura de Ameghino y de Agustn
lvarez..... y aun la de Almafuerte y de Lugones.

Quiero, con sto, sugeriros que al hablar de dogmas y de herejas no se
trata de cosas trascendentes y remotas, sino de fenmenos sencillos y
actuales, que durarn tantos siglos cuantos persista en los hombres la
tendencia a organizar su misticismo individual en iglesias colectivas.
Los miles de religiones que han existido, todas verdaderas segn sus
adeptos, sern seguidas por otras en el porvenir, igualmente verdaderas
para quienes las profesarn. Para que aparezcan--como producto natural
de la experiencia religiosa, sin cesar renovada por los hombres--sern
indispensables nuevas e incesantes herejas, es decir, _variaciones_
personales para mejorar la _herencia_ social, inventores o renovadores
de dogmas, inventores o renovadores de moral. Sabis muy bien que, en
los ltimos cincuenta aos, por disgregacin de las iglesias cristianas
han aparecido numerosas religiones nuevas. Se cuentan por docenas y
algunas elevan a millones el nmero de sus creyentes.

No se equivoca James al decir que a travs de los siglos se han
transformado sin cesar los sentimientos y necesidades msticas de los
hombres, infiriendo que sera absurdo suponer que la edad presente
est destinada a no sufrir correcciones por parte de las edades
venideras. Habr, pues, nuevas e incesantes herejas, y gracias a ellas
evolucionar la experiencia religiosa y moral de la humanidad: "Los
dioses que defendemos son los dioses que necesitamos y de los cuales
podemos servirnos, los dioses cuyas preguntas respecto a nosotros
son elementos para fundamentar las preguntas que nosotros mismos
nos hacemos, unos a otros. En una palabra, lo que yo me propongo
hacer es estudiar la santidad a la luz del sentido comn, empleando
criterios humanos para resolver la cuestin de si la vida religiosa se
recomienda como forma ideal de actividad humana. Si es as, cualquier
creencia teolgica que pueda inspirarla es fundamentada, por lo menos
en tal aspecto. En el caso contrario, aquellas creencias perdern
todo crdito, sin ms que referirlas a principios humanos activos.
Slo se trata de la eliminacin de los humanamente ineptos y de la
supervivencia de los ms aptos, aplicada a las creencias religiosas;
y si examinamos la historia, ingenuamente y sin prejuicios, debemos
admitir que jams ninguna religin ha podido establecerse o confirmarse
a s misma de un modo diverso. Las religiones se han _aprobado_ a s
mismas, han subvenido a las necesidades vitales que reinaban a su
aparicin; y han sido sustitudas por otras cuando violaron en exceso
ciertas necesidades o al presentarse otras creencias que las provean
mejor".

Volvamos atrs, el tiempo de Emerson. En la Nueva Inglaterra, y con
relacin a la iglesia protestante, ocurra un movimiento anlogo al que
en las naciones catlicas se llam catolicismo liberal, hace setenta
aos; la iglesia unitaria, en que Emerson se educara, representaba
lo que hoy el modernismo dentro de la iglesia romana, acaso con un
espritu ms acentuadamente liberal. Los telogos protestantes, aunque
sus escuelas e investigadores son, desde la Reforma, mucho ms notables
que los catlicos, gracias al libre examen y a la alta crtica, no
pudieron mirar con indiferencia las negaciones dogmticas a que se
entregaron los unitarios radicales y los trascendentalistas; Emerson,
y podramos decir que el mismo Channing, fueron sindicados como
herejes, temindose que su liberalismo fuera el primer paso hacia la
irreligiosidad.

Quienes tenan razn? Desde su punto de vista, digmoslo sin vacilar:
los telogos dogmticos. No existe, para una iglesia, la posibilidad
de la fe a medias. Se cree o no se cree en sus dogmas; pretender que
cada hombre se considere parte de la divinidad, es conceder a cada uno
la posibilidad de revelarse a s mismo la verdad en que debe creer y
la moral a que debe conformarse. Desde ese punto de vista la lgica
estara en favor de los dogmticos y contra todos los liberalismos;
una iglesia que consiente algo, acaba por ceder todo. Proclamar que el
cristianismo es un asunto de moral antes que de dogmas, es rebelarse,
abiertamente, a las iglesias cristianas tradicionales; y sa era, como
lo dijimos, la posicin religiosa de Emerson y de los trascendentales,
lo mismo que la de Echeverra y la Asociacin de Mayo entre nosotros:
hereja frente a sus iglesias respectivas.


                     6.--LAS MORALES INDEPENDIENTES

Implicada la moral en los dogmas teolgicos, toda disconformidad
religiosa es una disconformidad con el dogmatismo moral. Recordemos,
como la mejor prueba de ello, que durante diez siglos, desde el
edicto imperial que proscribi de Roma a los filsofos hasta el grito
cismtico proferido por Lutero, una sola teologa y una sola moral
floreci en la cristiandad. La patrologa y la escolstica se mueven
dentro de un dogmatismo nico; bastara comparar a Clemente y Orgenes
con Tertuliano y Lactancio, a Agustn con Toms, cuyos discpulos
disputan hasta nuestros das, para comprender que si bien los dogmas
evolucionaban, todos pretendan explcitamente ser fieles a ellos, sin
lo cual hubirase roto la unidad poltica de la iglesia romana. He
dicho _unidad poltica_ y debo explicarme; la fuerza de esa iglesia,
desde que reyes y emperadores, por razones polticas y no teolgicas,
resolvieron declararla oficial en sus estados, no residi en sus
doctrinas, sino en el poder poltico adquirido por ella en el mundo
feudal europeo. No podramos detenernos ahora a examinar en qu medida
la difusin del protestantismo fu, a su vez, un movimiento poltico,
nacionalista en cada pas, contra el poder internacional del estado
pontificio; ello se percibira tambin analizando en los estados
catlicos la lucha por constituir iglesias nacionales, emancipadas
de Roma, de que di memorable ejemplo el nunca apagado movimiento
galicano. Y veramos, tambin, que en nuestros das la fuerza de esa
iglesia no est en sus doctrinas sino en la admirable organizacin
como partido internacional, actuante en la poltica de cada pas con
unidad de miras temporales y con sorprendente disciplina para la accin
prctica. Nunca, en la historia de la humanidad, ha existido un partido
internacional que pueda comparrsele en organizacin y eficacia.

Cortemos la digresin. Durante la edad media no hay en la cristiandad
un nombre de moralista independiente que merezca citarse, con la
excepcin, acaso nica, de Eckhart, que a principios del siglo XIV
puso en circulacin un misticismo pantesta, declarado hertico por
la iglesia romana. Llega el Renacimiento y se rompen los moldes de
la teologa escolstica; los filsofos contemplan la naturaleza o
el espritu, independientemente de los dogmas religiosos. Averroes
insina la doctrina de la religin natural y de la moral natural,
que ms tarde reaparece en Spinoza. El neoaristotelismo encuentra su
hombre representativo en Bacon y se contina en toda la escuela de los
moralistas ingleses, que culmina en Hobbes, Locke, Shaftesbury, y en
los escoceses, Hutcheson, Hume, Smith; la corriente neoplatnica se
transmuta en el racionalismo, con Descartes y Malebranche en Francia,
al mismo tiempo que aparecen con caracteres propios Leibnitz y Wolff,
en Alemania. Y as, luchando los filsofos independiente contra la
teologa dogmtica, el siglo XVIII ve surgir el racionalismo ingls,
el enciclopedismo francs y la filosofa de las luces en Alemania.
Cauteloso el primero, revolucionario el segundo, abstracta la
tercera, predomina en todos el afn inquieto de poner en la razn los
fundamentos de la moral, que hasta entonces residieran en el dogma.
Sabis que Kant elabor, en su _Crtica de la Razn Prctica_, el
monumento ms grandioso concebido por hombre alguno hasta su tiempo;
estoy muy lejos de significar, con sto, que en nuestros das puedan
considerarse aceptables los fundamentos racionales y apriorsticos de
su sistema.

Si Kant quiso decir que la moralidad es una exigencia de la razn
para el bien de la sociedad, y no que la existencia social exige la
formulacin racional de una tica,--pareceres encontrados sobre los
que no han logrado entenderse los que se creen sus continuadores--es
seguro que el siglo XIX se pronunci por la segunda interpretacin, que
es la menos kantiana de las dos. Creemos ms bien que el patriotismo
filosfico alemn, empeado en poner a Kant en el centro de la historia
filosfica universal, ha estado y seguir dispuesto a ver en Kant
todos los grmenes de las ms contradictorias filosofas del porvenir;
sabis que el culto de Kant tiene vestales en irreconciliables escuelas
filosficas de su patria.

As como Toms puede representar el momento culminante de la teologa
escolstica, Kant simboliza el ms alto esfuerzo de la filosofa
racionalista. La moral, antes dictada a los hombres por la misma
divinidad, aparece ahora impuesta al hombre por su propia razn.

Llamadle Hume, llamadle Helvecio o llamadle Kant, subrayad todas sus
inconciliables divergencias, y os quedar siempre en sus concepciones
de la moral un denominador comn: su emancipacin de la teologa.

Cualquiera de ellos constituye un tipo de moralista independiente; la
moral de los tres es, ante todo, individual y pretende ser demostrable
por la razn. La crtica y el libre examen las engendran, en oposicin
al dogmatismo religioso; para el mismo Kant, la religin es una
necesidad racional y no un antecedente de la moralidad.

En casi todos los moralistas independientes, cuyos ejemplares mximos
acabamos de citar, aparece postulada la perfectibilidad humana y
aumentado el valor del hombre mismo; aunque unos partan de la razn y
otros de la naturaleza, convergen a reemplazar los mandamientos divinos
por mandamientos humanos, y a sustituir sus fuentes sobrenaturales por
fuentes naturales.

A la afirmacin intensiva de la personalidad, recogida por todas las
literaturas romnticas, se uni el concepto nuevo del deber; ya no
se vi en l un simple acatamiento a una voluntad extraa, sino la
obediencia del hombre a s mismo. Y este tipo de tica individualista
fu consonante con la ms alta profesada por escuela alguna,--la de
los estoicos,--poniendo el culto de la dignidad personal como norma
directriz de la conducta.

As como es personal la obligacin, es personal la sancin; no queda
ya relegada a lo sobrenatural, no se traduce necesariamente en penas y
castigos despus de la muerte, sino que hace del hombre el juez de s
mismo, juzgado constantemente por su propia conciencia moral. En estas
morales emancipadas de las teologas, la razn del hombre ha suplantado
al mandamiento de la divinidad.


              7.--INSUFICIENCIA DE LOS DOGMAS RACIONALES

Los sistemas ticos racionales que se han apartado del dogmatismo
religioso, afirmando la posibilidad de una moral independiente, no han
conseguido la menor difusin social, reclutndose sus partidarios entre
una minora ilustrada, restringida muchas veces al crculo exiguo de
los aficionados a las lecturas filosficas.

Esas deserciones esencialmente cualitativas, carecen de medida
cuantitativa en la sociedad. Por qu? En mi entender, por su carcter
negativo; son fuerzas disolventes del pasado teolgico, pero nada han
construido para el porvenir; cual ms, cual menos, son esencialmente
individuales, cuando no individualistas.

Las morales religiosas tenan en sus dogmas afirmativos una fuerza
de cohesin social; y aunque nunca pusieron sus fundamentos en
la sociedad, sino en lo sobrenatural, desempeaban una funcin
socializadora de la obligacin, imponiendo normas de conducta
apropiadas para facilitar la convivencia humana dentro de un rgimen
social dado.

Las morales individuales, poniendo en la conciencia moral del hombre la
medida de la obligacin y de la sancin, carecen de valor social. Se
concibe, y es la evidencia misma, que determinados individuos puedan
vivir virtuosamente, santamente, sin necesidad de los dogmas morales
que ofrecen las religiones; pero cuesta concebir que todos los hombres
sean capaces de dirigir su conducta hacia el bien sin recibir impulso
alguno superior a su propia razn personal. Bastara recordar el dao
que han causado tres moralistas individualistas del siglo XIX entre sus
contados adeptos. Stendhal, con su diletantismo moral, Schopenhauer
con su escepticismo pesimista, y Nietzsche, con su individualismo
superhombrista, han hecho estragos morales entre jvenes literatos
que se tenan por genios y se crean autorizados a prescindir de toda
obligacin moral, ya porque fuera elegante hacerlo as, ya porque era
absurdo respetar como valores reales a valores ilusorios, ya porque
slo los esclavos deban sujetarse al dogmatismo social.

Tenemos que reconocerlo, todos los esfuerzos de los filsofos para
construir una moral terica racional han carecido de funcin eficaz,
han sido actitudes individuales, prcticamente negativas; y en la
sociedad no se pueden destruir creencias fundadas en seculares
sentimientos y en intereses reales, sin sustituir lo destruido con
otras creencias que puedan satisfacer los sentimientos e intereses que
aqullas sustentaban. Una moral de gabinete no puede reemplazar a una
creencia social; podemos admirar la _tica_ de Spinoza o la _Crtica de
la Razn Prctica_ de Kant como prodigiosos poemas de lgica racional,
sin creerlos susceptibles de dar nueva orientacin a la moralidad de
los hombres, ni de satisfacer su sentimiento mstico. Los filsofos
han elaborado hiptesis ticas para filsofos; slo la humanidad--por
su incesante experiencia social--puede elaborar ticas efectivas para
la humanidad. Para entendernos: toda tica efectiva es un resultado
natural de la experiencia.

En la poca inicial de Emerson--ya que estas digresiones deben
servirnos para comprenderlo--el conflicto se planteaba todava entre
las dos concepciones clsicas de la moral: la religiosa, nsita en las
teologas dogmticas, y la individualista, elaborada por filsofos
independientes.


          8.--LA TICA SOCIAL DE LAS IGLESIAS NORTEAMERICANAS

En la primera leccin hemos recordado el sentido cvico y social,
antes que dogmtico, del puritanismo norteamericano; y vimos que en el
unitario Channing, poco antes que en Emerson, se defini claramente la
tendencia a convertir la religin en una pura moral social. Cerrado
el ciclo del movimiento trascendentalista, que fu una exaltacin del
unitarismo radical, Emerson, como todos, qued includo en un gran
movimiento de renovacin nacional, al que ninguna iglesia permaneci
totalmente ajena.

Fuerzas poderosas se necesitaban para consolidar la nacionalidad. Las
primitivas colonias del nordeste se vean incesantemente agrandadas
por la anexin de vastos territorios, ocupados por una poblacin
tnica y moralmente inferior. Las colonizaciones espaola y francesa
haban engendrado ncleos sociales muy distintos del que en la Nueva
Inglaterra mantena puro de toda mezcla indgena el tesoro biolgico de
la raza blanca; para mayor desgracia la miserable avidez humana haba
introducido turbas de negros esclavos, en cuyas mujeres los viejos amos
latinos no haban desdeado engendrar toda la gama del mulataje tnico
y religioso, ya que en la mente de la obscura progenie se mezclaban
pintorescamente las supersticiones africanas con los dogmas catlicos,
que en singular maridaje perduran hasta nuestros das en muchas que
fueron colonias espaolas. No hablemos de la espantosa guerra entre
el Norte y el Sur, motivada por la abolicin de la esclavitud; no
hablemos del pavoroso problema de la raza negra, que an preocupa a la
nacin que recibi esa triste herencia de las colonizaciones latinas;
no hablemos, por fin, de la imposibilidad de segregar ese tumor
del moderno organismo norteamericano y de la sensata resistencia a
asimilarlo por la mestizacin. Slo el tiempo dar una respuesta a ese
interrogante, que los conquistadores ibero-americanos suprimieron en
forma poco feliz desde la poca colonial, mestizndose.

Prescindiendo de ese ncleo inasimilable, la mayor preocupacin
nacional fu irradiar desde la Nueva Inglaterra el tipo de educacin
moral que la experiencia haba demostrado ms benfico para la nueva
raza; para ello era indispensable infundir cierta unidad de fines
prcticos a las diversas comuniones religiosas, entendindose acerca de
lo que no fuese dogmtico: la accin tica y social. Es en esa obra de
harmonizacin y tolerancia donde fu ms eficaz la obra de las iglesias
unitarias y de sus aliados histricos. La corriente de ideas en cuyo
centro actuaron Channing, Emerson y Henry James, influy de inmediato
sobre todas las iglesias protestantes, y ms tarde sobre dos grandes
ncleos inmigrados, los catlicos y los judos.

Por el ejemplo--nunca por imposicin, desde que el Estado no tena
iglesia oficial,--los hombres y las iglesias de las otras comuniones
fueron adaptndose al criterio que miraba las religiones como vehculos
de moral sin dogmas o como instrumentos de accin cvica.

El proceso no fu sencillo. Convergieron a l los esfuerzos de los
independientes, con Emerson en la cumbre; de las iglesias unitarias,
con Channing; de las presbiterianas, con Henry James. Conocemos ya a
los dos primeros; el ltimo, educado en el seminario ms ortodoxo de su
comunidad, en sus andanzas por Europa fu contagiado por la secta de
Sandeman y por la teologa de Swedemborg, que atenuaron grandemente su
eficacia para actuar en Norte Amrica. Por sus ideas tuvo, sin embargo,
muchos puntos de contacto con Emerson, poniendo, como ste, la accin
como fin supremo de la moralidad, hacindola derivar de la naturaleza
y servir a la sociedad. En los dogmas religiosos vea el inconveniente
de obstaculizar la espontaneidad natural, poniendo en lo sobrenatural
y no en la sociedad los mviles y la sancin de la conducta humana. Su
mejor obra, "La Sociedad redentora del hombre", tiende a reemplazar
la conciencia de la raza a la conciencia del individuo, sosteniendo
que el resultado natural de la evolucin histrica es el crecimiento
de la solidaridad humana. Su sistema "se cierra como un crculo, que
abre la idea de la naturaleza y que cierra la idea de la sociedad.
La una es el smbolo y la revelacin de la otra. La naturaleza y la
sociedad rodean al hombre, la una sirvindole de asiento, cubrindolo
la otra; en aqulla est su principio y en sta su fin. Ambas le son
necesarias y suficientes". De all que James, conservndose cristiano,
haga en realidad del cristianismo una moral naturalista y humanitaria,
ajena a todo dogmatismo teolgico. Toda su exaltacin mstica sobre la
sublimidad de Cristo como revelador, resulta una simple condescendencia
con la sociedad cristiana en que vivi: su hijo, el psiclogo William
James, pudo escribir sin temor de equivocarse: "Me es forzoso creer
que si mi padre hubiese nacido fuera del mundo cristiano habra podido
construir todo su sistema, tal cual es, casi sin mentar a Cristo". Es,
en efecto, una verdadera religin de la humanidad, en que la sociedad
aparece como el objetivo natural del perfeccionamiento infinito.

Acercad estas ideas a las dominantes en Channing y en el Emerson
de la segunda poca, y tendris una nocin acabada de la _tica
social_ en las iglesias liberales norteamericanas. La obligacin es
social, lo mismo que la sancin; toda la modalidad es concebida como
un producto natural y espontneo del hombre, por el hecho mismo de
vivir en sociedad. Y el propio Channing, menos audaz que Emerson como
pensador, lleg a decir--ms o menos,--que si no concibiramos a Dios
como provisto en grado perfecto de las cualidades humanas que llamamos
virtudes, los hombres no podramos concebirlo ni tendramos necesidad
de pensar en l. Pantesmo moral, diris; antropomorfismo tico,
tal vez. No es, en efecto, otra cosa; y de otro modo, agregan sus
creadores, _no servira a la humanidad_, representada concretamente por
las diversas sociedades que la constituyen.

No es todava una tica _fuera_ de la religin; pero es ya una tica
como fundamento de la religin misma, invirtiendo su rango clsico.
Todo el que ha conversado con pastores norteamericanos sobre este
punto ha odo repetir un estribillo expresivo: preferimos festejar
a la patrona (la tica social) y no a las sirvientas (las teologas
dogmticas). Gracias a ello, sobreponindose a la pluralidad de
los dogmas, ha sido posible entrever--no digo realizar, entindase
bien,--la futura unidad moral de los hombres, independientemente de
sus creencias. Y ya que todas las religiones expresan el propsito
de contribuir al enaltecimiento moral de la sociedad no es legtimo
entenderse sobre esa comn finalidad, antes que seguir riendo por
dogmas envejecidos? Este pensamiento central del unitarismo ha
influenciado a todas las comunidades, aun a las que fueron sus ms
apasionadas enemigas: si no se ha llegado a una religin sin doctrinas,
se est ya en camino de una moral sin dogmas, cuya nica fuente sea la
experiencia social.


            9.--SU INFLUENCIA SOBRE LAS IGLESIAS INMIGRADAS

Adaptndose a esas direcciones tico-sociales se ha desenvuelto
el catolicismo norteamericano. En sus comienzos fu una religin
extranjera; su vida fu raqutica, aunque respetada, tal como el
protestantismo entre nosotros en la poca de Rivadavia. Adquiri
caracteres propios, esencialmente nacionales, cuando se le incorporaron
elementos nativos, que lo impregnaron del espritu unitario y
trascendentalista; desde entonces dej de circular un risueo libro
catlico de oraciones, titulado: "Leche espiritual para los nios
americanos extrada de los pechos de los dos Testamentos", que menciona
William James. Con esas metforas de culinaria infantil no se poda
ir muy lejos en un pas de cuqueros y puritanos. Brownson y Hecker,
cristianos liberales, amigos de Channing y lectores de Emerson, afectos
al sansimonismo y al fourierismo, a punto de vivir en el falansterio
de Brook Farm, acabaron por entrar a la iglesia catlica. Atrados
por sus dogmas? En manera alguna. Pequeos desencantos de la poltica
indujeron a Brownson a apartarse del radicalismo, inclinando sus
simpatas hacia la poltica conservadora. Estaba a un paso y lo di:
"del conservatismo en poltica--dice--pas muy pronto al conservatismo
en religin". Opt por la ms autoritaria y dogmtica, viendo en el
catolicismo el mejor camino para sobreponer una tica social a los
desvaros individuales, as como un escenario favorable para sus
precedentes anhelos filantrpicos y humanitaristas. Brownson arrastr a
Hecker, que haba sido su discpulo; ambos entraron a su nueva iglesia
poco antes de que Sarmiento escribiera sus interesantes impresiones
sobre la geografa moral de los Estados Unidos (1847).

Sealemos un hecho. En todos los pases el liberalismo mira con
simpata a las iglesias contrarias de la oficial, tradicional o
imperante; y el liberalismo, en los hombres de temperamento mstico,
suele resolverse en una adhesin a las primeras. En los pases
catlicos el liberalismo puede conducir a las iglesias disidentes;
en los protestantes, al catolicismo. En uno y otro caso la actitud
es idntica, ya que los dogmas nuevos slo son aceptados como una
disconformidad militante contra los tradicionales. Esto nos ayudar
a comprender el siguiente prrafo de Bargy, en su libro sobre la
evolucin religiosa de los Estados Unidos: "No podr insistirse
bastante sobre este hecho, que fu el espritu de Channing y de los
Unitarios, de Emerson y los Trascendentalistas, el que condujo a
Brownson y Hecker hasta las puertas de la Iglesia romana. En esa
poca, los protestantes ms liberales se haban plegado al unitarismo;
al mismo tiempo, las iglesias de que aqullos desertaban, tendan
por desconfianza a una reaccin de intolerancia. El unitarismo, al
constituirse, haba monopolizado transitoriamente ese gusto por la
tolerancia conciliadora que en el siglo anterior haba favorecido
su nacimiento; de manera que para las iglesias establecidas bajo
otra inspiracin fu un perodo de retroceso. Por eso Hecker las
consider como un elemento de discordia y el disgusto de la ortodoxia
protestante le habra arrojado lejos del cristianismo, sin la acogida
amplia y tranquila que encontr entre los discpulos de Channing y de
Emerson". Brownson que declaraba "no creer sino en la humanidad" y
entenda poderse comparar a Cristo en cuanto "reformador social", fu
en busca de Hecker que estaba consagrado al "apostolado social" en el
falansterio trascendentalista; de all saltaron a la Iglesia catlica,
por un curioso proceso ms prctico que espiritual, descrito en el
libro mencionado. Hombres de accin, nacionalizaron el romanismo,
siguiendo la poltica del primer obispo de Boston, Chvrus, un
desterrado por la revolucin francesa que comenz por ciudadanizarse en
su nueva sede y prestar servicios pblicos de inmediata utilidad.

se era el salvoconducto nico para establecerse en un pueblo que
juzgaba a los hombres por su conducta social, sin preocuparse de sus
dogmas teolgicos. A medida que fu creciendo, la Iglesia catlica
comprendi que en ese medio los hombres no se asociaban para rezar,
sino para hacer. E hizo. La prosperidad de los Estados Unidos comenzaba
a atraer grandes masas de poblaciones catlicas europeas: italianos,
franceses, irlandeses, alemanes. La iglesia catlica tuvo una funcin
que cumplir: asimilarlas a la nacionalidad, infundirles su espritu.
"Su rol--dice Bargy--fu formar como una vanguardia para recibir el
primer choque de la inmigracin, acoger los millones de desterrados
que venan de los pases catlicos, orientar desde el desembarque
sus masas flotantes e ignorantes, gobernarlas por la fe hasta que
aprendan a gobernarse por la ley; ser, en una palabra, en torno de
los puertos de inmigracin, como un tentculo avanzado y como un gran
rgano digestivo capaz de asimilar los elementos extranjeros antes de
volcarlos en la nacin. Es por su rol de civilizadora provisoria que
la Iglesia catlica se ha impuesto al respeto del gran pblico". Este
aspecto prctico, lo ms social y lo menos dogmtico posible, presenta
una acentuada concordancia con la evolucin tica de las iglesias
norteamericanas.

Americanizando la inmigracin catlica, esa Iglesia cumpli una
funcin social; y en ello hubo su parte de sacrificio, pues los
mejor americanizados se apartaron del catolicismo, cuyos dogmas y
escenografas resultaban poco severos en parangn con los de las
iglesias disidentes. Creo oportuno sealar el error en que incurri
recientemente un orador argentino al celebrar los grandes progresos de
la iglesia romana en los Estados Unidos, error que es ya un lugar comn
en la oratoria de los pases catlicos. Carecera de inters entrar a
un anlisis estadstico; me limitar a citaros un prrafo del mismo
Bargy, de cuya exactitud global estoy seguro: "El patriotismo de la
Iglesia americana ha sido puesto a prueba. Americanizando a sus fieles,
ha perdido ms de la mitad; familiarizndolos con el idioma, las leyes
y las costumbres de su nueva patria ella ha apresurado su desercin
hacia el protestantismo o el libre pensamiento. Segn la estadstica de
inmigracin, los catlicos en los Estados Unidos deberan ser ms de
25 millones: slo son 10 millones. La prdida ha causado alarma y se
ha buscado el remedio en la formacin de Iglesias de lenguas diversas,
que fortificando en los Alemanes, los Irlandeses, los Italianos,
los Franceses, el recuerdo de su pas natal, los retuvieran as ms
fuertemente en su religin originaria. En 1890 comenz, por la divisin
de la iglesia catlica norteamericana en Iglesias llamadas nacionales,
un gran movimiento... Pero monseor Ireland y todo el alto clero
afirmaron resueltamente la unidad: donde slo debe haber una nacin,
slo puede existir una Iglesia nacional.... De cada catlico deba
hacerse un Americano, aun a riesgo de preparar en l un protestante. La
lealtad hacia el pas fu antepuesta a la obsecuencia a la fe".

Esta actitud antidogmtica y social, es simplemente inconcebible en
las naciones donde la iglesia catlica es tradicionalmente amparada
por el Estado. Y no vacilo en deciros, por haberlas visto, que las
iglesias catlicas de los Estados Unidos, desde los edificios hasta
los sermones, se parecen mucho ms a las iglesias protestantes de all
mismo, que a las catlicas de los pases latinos. El catolicismo se
descatoliza, adaptndose al medio; descuida los dogmas y se eleva hacia
la accin moral.

No podemos detenernos a analizar el proceso que ha determinado una
evolucin semejante en la religin juda, iniciada,--la fecha es
esencial,--antes de 1850. Las primeras sinagogas reformadas funcionaron
segn el tipo autnomo del Congregacionalismo puritano; su precursor,
Isaac Wise, "el papa judo de Amrica", haba extremado en 1846 su
liberalismo, a punto de ser expulsado de la sinagoga de Albany, en
Nueva York. Su propaganda eficacsima fu coronada por la declaracin
de los rabes reformados (Pittsburgh, 1885), cuyo liberalismo y
nacionalismo norteamericano, produce escalofros a los nuevos
inmigrantes que llegan saturados de ortodoxia y de sionismo. En una o
dos generaciones--lo mismo que los catlicos--curan de sus dogmas y
acaban por converger hacia los ideales de esa "religin sin dogmas"
difundida por el unitarismo.

La asimilacin moral de los judos por el ambiente norteamericano
sugiere optimistas reflexiones respecto de la adaptabilidad de su raza
en las naciones nuevas. Su fe en la redencin por el trabajo y por
la ilustracin es, simplemente, admirable; acaban por descollar en
todas las formas de la actividad social y por distinguirse en las ms
nobles emulaciones intelectuales. El esfuerzo prodigioso de esta raza,
fortalecida en las persecuciones, se nota en ciertas Universidades, y
de las mejores, como la _Columbia University_, de Nueva York; en la
ctedra y en el aula se siente ya el hervor de estos nuevos americanos,
que han encontrado en la patria de Lincoln su Tierra Prometida.


                 10.--CIENCIAS MORALES SIN DOGMATISMO

El antiguo conflicto entre las morales teolgicas sobrenaturales y las
morales individualistas racionales, perturba poco a los contemporneos;
es una cuestin histrica. El tema actual es otro: en qu forma la
experiencia moral coordina los derechos individuales y los deberes
sociales. Es el problema de las relaciones entre el individuo y la
sociedad.

Consrvense o no los dogmas religiosos, interprtense de tal o cual
manera los fundamentos racionales de la moral, prefirase cualquiera
de los mtodos indicados para estudiar sus problemas, los moralistas
contemporneos convergen a afirmar el carcter _social_ de la tica.
Es un hecho que escapa a toda discusin; basta leer cualquier manual
de tica escrito en los ltimos veinte aos para advertir que la
obligacin social y la sancin social ocupan un rango preeminente.

Eso ha pasado ya al dominio de las nociones no controvertidas. En
cuanto al mtodo para estudiar la experiencia moral, si exceptuamos a
los escritores religiosos, los dems parecen contestes en que ella,
siendo una ciencia social, es accesible a la investigacin histrica
y a los mtodos cientficos. Cada sociedad, y en cada momento de
su evolucin, ha tenido valores morales diversos, que han variado
conjuntamente con la experiencia social; partiendo de ello se trata
de plantear el estudio de la experiencia moral como una pura y simple
historia de las costumbres.

De esa experiencia, sin cesar renovada e infinitamente perfectible,
han surgido, y seguirn surgiendo, los juicios de valor con que se ha
calificado la conducta; y por un proceso espontneo, ms acentuado
en el ltimo siglo, la experiencia moral se ha desprendido de la
experiencia religiosa, adquiriendo autonoma propia fuera de los
dominios de lo sobrenatural. Independientemente del juicio que ello
pueda merecernos, existen ya, fuera de toda metafsica teolgica
o racional, una ciencia de las costumbres y una ciencia de las
religiones, con dominios bien deslindados.

Personas inocentes--e inocencia en este caso resulta sinnimo
de ignorancia--suponen que esas ciencias se proponen establecer
dogmticamente los principios definidos, _ne varietur_, de la moral
que debemos practicar o de la religin que debemos creer. Los que
desean o temen ese "dogmatismo cientfico" son personas incultas, que
no habiendo estudiado jams ciencia alguna creen que la Ciencia--con
mayscula y en abstracto--es una entidad metafsica susceptible de
fijar dogmas nuevos que sustituyan a los dogmas viejos. Los que hemos
estudiado algunas ciencias pensamos exactamente lo contrario; sabemos
que ellas se proponen una integracin progresiva e incesante de la
experiencia en cada dominio de la realidad, valindose para ello
de mtodos cada vez menos inexactos; esos mtodos, cuya aplicacin
distingue al mtodo cientfico del mtodo palabrista, permiten
disminuir la cantidad de error contenido en las hiptesis con que la
inteligencia humana se aventura a explicar los diversos problemas que
escapan a la experiencia. Esto equivale a afirmar la relatividad de
los conocimientos cientficos, la perfectibilidad de los mtodos y de
los resultados, la absurdidad de toda creencia dogmtica: absoluta,
indiscutible e irrevocable.

Sabis muy bien que este modo de ver no difiere en lo ms mnimo
del adoptado por todos los hombres de ciencia dignos de ese nombre;
leed "La Ciencia y la Realidad" de Pierre Delbet, uno de los libros
filosficos ms claros y profundos publicados en los ltimos aos;
escuchad, por el momento, las palabras con que William James responda
a los que le acusaban de contemporizar con el escepticismo, en su obra
ya mencionada: "Quien reconoce la imperfeccin del propio instrumento
de investigacin y la tiene en cuenta al discutir sus propias
observaciones, est en posicin mucho mejor para llegar a la conquista
de la verdad, que el que proclama la infalibilidad de su propio mtodo.
Es acaso menos dudosa de hecho la teologa dogmtica y escolstica
porque se proclama infalible? Y, por lo contrario, qu dominio sobre
la verdad perdera realmente dicha teologa si en vez de la certeza
absoluta proclamase, en favor de sus conclusiones, una razonable
probabilidad? Proclamarla equivale a afirmar que los hombres que aman
la verdad pueden, siempre y en cualquier momento determinado, esperar
alcanzarla, e indudablemente estaremos ms prontos a ser dueos de ella
los que nos damos cuenta de que estamos sujetos al error.

"Sin embargo, el dogmatismo seguir condenndonos por una confesin
semejante. La pura forma exterior de la certeza inalterable es tan
apreciada para algunas mentes, que no pueden renunciar explcitamente a
ella. Dichas mentes la reclamaran hasta cuando los hechos pronunciasen
de un modo patente su locura. Pero el camino ms seguro es el de
admitir que todos los modos de ver de efmeras criaturas, como los
hombres, deben ser por necesidad provisionales. El ms sabio de los
crticos es un ser siempre variable, expuesto continuamente a ver mejor
el maana, y consciente de estar solo en la verdad cuando se trata
de una verdad provisional, relativamente al momento o a la poca, y
aproximada. Cuando frente a nosotros se abren horizontes de verdad,
es ciertamente mejor para nosotros que estemos en condiciones de
contemplarlos sin que nos cieguen nuestras convicciones anteriores".

Como veis, no puede concebirse un antidogmatismo ms radical; afirmando
que no es posible alcanzar jams ninguna verdad "inmodificable", sobre
todo en lo que respecta a cuestiones ticas y religiosas, los mtodos
cientficos han eludido el peligro--histricamente comprobado--de
perder un poco de verdad posible, por la pretensin de poseerla ya
completa.

La verdad se va haciendo, incesante e ilimitadamente, en todos los
dominios de nuestra experiencia. Los que suponen que existe alguna
ciencia terminada, revelan ignorarla; es tan candorosa la tontera de
los que creen que las ciencias han resuelto todos los enigmas de la
naturaleza, como la de los que esperan adivinar alguno sin estudiar
previamente los resultados de las ciencias que con l se relacionan.

Los buenos mtodos, que permiten evitar algunos de los errores en que
incurrieron nuestros predecesores, son un camino y no un fin. Por ese
camino, y por ningn otro, podr llegar la humanidad a la desaparicin
del dogmatismo. Dijimos que el dogma es una verdad infalible y un
precepto fijo, sustentado en el principio de autoridad, y tenido por
inmutable; las ciencias morales del porvenir no formularn verdades ni
preceptos que tengan esos caracteres. El hombre que pretendiera poner
sus opiniones fuera del contralor de la experiencia futura, revelara
carecer de las nociones ms elementales del mtodo cientfico.

Desde hace muchos aos, insisto sobre la incompatibilidad del
dogmatismo con la filosofa cientfica del porvenir. "Las ciencias--he
dicho--son impersonales. El principio de autoridad no puede ya imponer
errores; la aplicacin de los mtodos cientficos impedir que el
pensamiento futuro incurra en nuevos dogmatismos, que obstruyan el
aumento de nuestra experiencia y la formacin natural de nuestros
ideales". Por eso no definimos las filosofas cientficas como sistemas
de verdades demostradas, sino como "_sistemas de hiptesis_ para
explicar los problemas que exceden a la experiencia actual y posible,
fundados en las leyes demostradas por las ciencias particulares".
Cualquier dogmatismo es enemigo de la verdad; concebir una filosofa
cientfica definitiva, sera absurdo, ya que la experiencia y las
hiptesis se integran y se rectifican incesantemente: "_es un sistema
en formacin continua. Tiene mtodos_, pero _no tiene dogmas_: _Se
corrige incesantemente_, conforme vara el ritmo de la experiencia".
Por todo eso he credo legtimo interpretarla como "una metafsica
de la experiencia". Y acaso pueda establecer su programa y su mtodo
dentro de algunos aos, si vivo; sus resultados definitivos nunca, pues
los concibo indefinidamente perfectibles.

Aplicad estas ideas a la _experiencia moral_ y comprenderis
exactamente lo que significar la _moral sin dogmas_ del porvenir: no
solamente sin dogmas religiosos, sino tambin sin dogmas racionales.
Suponed que esa experiencia es distinta en cada sociedad humana y en
cada momento de su evolucin, y comprenderis la inevitable _variacin
de los ideales de perfeccin moral_ que los hombres construirn
hipotticamente sobre su experiencia incesantemente renovada.


                          11.--EL SOLIDARISMO

Volvamos a Emerson y a la tica social, para terminar.

En las sociedades contemporneas que suelen considerarse ms
civilizadas, los ideales ticos predominantes son esencialmente
sociales. El individualismo radical--estilo Stirner--y el humanitarismo
absoluto--estilo Tolstoy--se consideran ya como posiciones reidas
con la experiencia moral. No se conocen individuos que no vivan en
sociedad, ni sociedades que no estn constitudas por individuos;
concebir los derechos individuales como anttesis de los deberes
sociales, implica ignorar que la condicin bsica de aquellos derechos
es la existencia de estos deberes. El derecho de cada uno representa
el deber de los dems; y el deber de cada uno constituye el derecho
de los otros. El ideal de Justicia, en una sociedad dada, consiste
en determinar la frmula de equilibrio entre el individuo que dice:
"ningn deber sin derechos", y la sociedad que replica: "ningn derecho
sin deberes".

A ello tiende el _solidarismo_. Partiendo de principios heterogneos
muchos moralistas han llegado a esta misma conclusin: la perfeccin
moral del individuo y el progreso moral de la sociedad son solidarios.
El valor de la parte aumenta el valor del conjunto y el mayor valor
de ste refluye sobre aqulla; como si dijramos que un buen profesor
aumenta la importancia de la Universidad a que pertenece, y que el
formar parte de una buena Universidad aumenta la importancia de un
profesor.




                      =HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS=

  1. Independencia de la moralidad.--2. Una asociacin religiosa
  libre.--3. Sociedades de cultura moral en Estados Unidos.--4.
  Algunos antecedentes del eticismo ingls.--5. Las iglesias
  ticas.--6. El culto religioso de la moralidad.--7. Espontaneidad
  y evolucin de la moralidad.--8. Sntesis del pensamiento
  eticista.--9. El porvenir del eticismo.


                   1.--INDEPENDENCIA DE LA MORALIDAD

Los principios ticos fundamentales en el pensamiento de Emerson,
adems de influir poderosamente sobre las iglesias norteamericanas,
determinando su atenuacin dogmtica e intensificando su tica social,
reaparecen ms puros en el movimiento de que vamos a ocuparnos:
las _sociedades de cultura moral_, independientes de las iglesias
tradicionales.

"America shall introduce a pure religion", haba pronosticado
Emerson. En su sentir, pura, significaba depurada de todo contenido
sobrenatural, ajena a todo preceptismo teolgico, adaptable a toda
verdad conquistada por la ciencia, encaminada a exaltar en el hombre la
autoeducacin, la confianza en el propio esfuerzo, el culto del deber
social.

En la evolucin de las iglesias no-conformistas estas ideas fermentaban
desde principios del siglo XIX, sin atreverse a romper decididamente
sus ataduras tradicionales. Channing haba proclamado ya, sin ambajes,
que el ideal de los unitarios era anteponer la comunidad de los
sentimientos ticos a la identidad de las creencias individuales, al
mismo tiempo que reiteraba la absoluta supremaca de la razn como
autoridad cardinal en materia religiosa. Humanizando el concepto del
amor a Dios, sostena que era exactamente equiparable con el amor a
la virtud y a la justicia; de ello deduca, legtimamente, que el
cristianismo deba consistir en la prctica de la virtud y en el anhelo
de la justicia, antes que en la adhesin escueta a un credo cuyos
principios pudiera fijar la teologa dogmtica.

Con Emerson y los trascendentalistas esas tendencias se acentuaron
a punto de que su actitud pareci de franca hostilidad a todas las
iglesias cristianas; y aunque no negaban que dentro del cristianismo,
y slo dentro de l, deban operarse las evoluciones que reputaban
necesarias, Alcott se vi tratado como un reformador peligroso,
Teodoro Parker fu sindicado como ateo, y el mismo Emerson despert
desconfianzas entre los que adheran al tradicionalismo.

Su propaganda, empero, hallaba eco en todos los hombres emancipados.
Al fin los "unitarios radicales" declararon (1866) que la completa
libertad de pensar era el derecho y el deber de cada hombre, dando
un sentido ms amplio y liberal a las afirmaciones de Channing sobre
la innecesaria conformidad de creencias, siempre que se conservara
la unidad de aspiraciones morales. Y de esta extrema izquierda, cada
da ms encarrilada en la heterodoxia, naci, en 1867, la primera
_asociacin de cultura moral_ que se propuso realizar sus fines fuera
de toda comunidad cristiana.

A un mismo tiempo dos importantes ncleos de cuqueros y de judos,
acentuaron sus respectivas disidencias en direccin anloga. Los
"amigos progresistas" identificaron su religin con el bienestar
fsico, moral y espiritual de la humanidad, pidiendo el concurso de
todos los que anhelaran mejorar y embellecer la vida del hombre, sin
diferencias de dogma; los "judos liberales", cada vez ms adaptados
al ambiente americano, siguieron las mismas huellas que los unitarios
radicales.

Digamos, desde ya, que el valor prctico de estas asociaciones
ticas ha dependido de las oportunidades que ellas han ofrecido a los
hombres de temperamento mstico que ya no crean en los dogmas de las
iglesias establecidas. William James, en sus excelentes conferencias de
Edimburgo sobre la experiencia religiosa, insisti constantemente sobre
la distincin necesaria entre la religiosidad personal y las religiones
organizadas en iglesias; e hizo notar, con su habitual sagacidad
de psiclogo, que la religiosidad es primaria e independiente del
contenido secundario y dogmtico de las teologas. Por eso debemos ver
las sociedades ticas como un sustitutivo de las iglesias, y el culto
de la moralidad como un equivalente del culto de otras divinidades;
conocer la inexactitud de las tradiciones dogmticas no implica para
los temperamentos msticos librarse de su instintiva religiosidad, que
es el producto de una acumulada herencia secular. Muchos hombres, an
variando sus ideas sobre la divinidad, no consiguen prescindir de esa
contextura sentimental que los induce a buscar la emocin de lo divino.

Ya que tales temperamentos existen no es posible encauzar su
misticismo hacia una accin moral intensa, benfica para la sociedad?
Pueden los ideales morales sustituir a los dogmas religiosos? La
evolucin de la sociedad hacia esos ideales podr efectuarse dentro de
las iglesias contemporneas?

Son un exponente de esa evolucin las sociedades de cultura moral? Su
instrumento ms eficaz ser la educacin moral impartida en la escuela
pblica? Sin ofreceros una respuesta a esas interesantes preguntas,
pues no soy profeta, os dir lo que he visto o ledo, muy satisfecho
si en alguno de entre vosotros despertara una curiosidad simptica por
estos hechos.


                  2.--UNA ASOCIACIN RELIGIOSA LIBRE

Las precedentes iniciativas encaminadas a la separacin de la moral
y el dogma, tuvieron expresin concreta en la constitucin de una
sociedad religiosa libre, la "_Free Religious Association_" que,
en 1867, se declar independiente de todas las sectas cristianas.
Propsose, en consonancia con los preceptos de Emerson, "favorecer los
intereses prcticos de la religin pura", dejando a sus miembros la
responsabilidad individual de sus creencias religiosas, sin exigirles
ms que su conformidad con el mejoramiento humano obtenido por la
prctica de la virtud, la investigacin de la verdad, el desarrollo de
la solidaridad y la aspiracin a la justicia social.

Esta sociedad religiosa libre equivala estrictamente a las sociedades
que en los pases latinos se denominan de libres pensadores o de
creyentes libres. La diferencia de actitud entre aqulla y stas, fu
lgica dentro de la mentalidad dominante en unos y otros pases. Los
anglo-americanos, respetuosos de la costumbre, prefieren afirmar su
liberalismo como una reforma de las costumbres religiosas existentes,
ms bien como un esfuerzo por mejorarlas que como un propsito de
destruirlas; los latinos, sin duda por ser mayor la estabilidad e
intolerancia de su religin, no pueden ser liberales sino contra
ella misma, para combatirla antes que para transformarla. Por qu?
Es sencillo. El cristianismo catlico, llevado hasta la proclamacin
dogmtica de la infalibilidad papal, excluye todas las transformaciones
legtimas exigidas por el aumento progresivo de la cultura social; el
cristianismo disidente, en cambio, las consiente, por la afirmacin
del principio del libre examen. Lo que puede criticarse y mejorarse
merece respeto; lo que se reputa infalible e intangible, slo deja la
posibilidad de su abandono y sustitucin. Por este motivo es fcil
comprender que la evolucin liberal del mundo cristiano se presente
en los pases educados en el libre examen con los caracteres de un
movimiento de progreso religioso, y en los pases educados en la
intolerancia como una lucha abierta contra las religiones que excluyen
la posibilidad de su propio progreso.

En la _Free Religious Association_ persisti cierto espritu
irreligioso que no era nuevo entre los unitarios ms radicales; de all
cierta falta de cohesin que acab por producir la decadencia de la
sociedad, confirmando un precepto emersoniano: las personas no pueden
juntarse sino para la accin, para hacer en comn, y nunca para dejar
de hacer lo que ya no les interesa.

Cuando falta comunidad de sentimientos, no existe religin. Es el
misticismo de los individuos lo que establece entre ellos la unidad de
accin. La asociacin religiosa libre era una sociedad de incrdulos
que no queran parecerlo, olvidando que tras su irreligiosidad haba
una cuestin de temperamento. Observa Augusto Sabatier, en su _Esbozo
de una filosofa de la religin_, que las llamadas "religiones
naturales" no son tales religiones, sino artefactos intelectuales de
personas que carecen de sentimientos msticos y no saben comunicarse
con su divinidad racional por medio de la oracin. Por eso mantienen
una distancia entre el hombre y la divinidad, sin ningn comercio
intenso, sin buscar una accin de ella sobre el hombre, fuera de la
que naturalmente fluye de las leyes naturales. En el fondo, estas
pretendidas religiones le parecen simples filosofas; nacidas en una
poca de racionalismo y de historiografa crtica, nunca han sido otra
cosa que abstracciones nominales, sin contenido alguno mstico. Por
eso veremos que, poco a poco, en las sociedades ticas fu penetrando
un misticismo que en sus comienzos quisieron evitar; su funcin de
aunar voluntades para la accin moral sin dogmas, habra sido ineficaz
mientras la masa de sus miembros no fuese animada por la levadura de
una fe nueva. Slo as se satisfacen los temperamentos religiosos;
nunca por simples doctrinas de arquitectura racional.


           3.--SOCIEDADES DE CULTURA MORAL EN ESTADOS UNIDOS

Uno de los presidentes de la sociedad libre, profesor de lenguas
orientales en la Universidad de Cornell, acometi la obra con fines
ms concretos. Hijo de un rab, y destinado a serlo l mismo, Flix
Adler, despus de estudiar algunos aos en las universidades alemanas,
crey que su vocacin era otra; el estudio de la crtica bblica, la
influencia de la tica kantiana y el auge de la filosofa naturalista,
le hicieron perder toda confianza en la autoridad de las teologas.
Esto no modific su temperamento mstico ni amengu mnimamente su fe
en la necesidad de la educacin moral; la dignidad, el culto de la
virtud, el valor de la vida humana, el esfuerzo hacia la perfeccin, la
santidad, perderan su profundo sentido porque el hombre se apartase de
las religiones dogmticas?

Crey como Emerson que la vida privada y pblica, en la sociedad
contempornea, tenda efectivamente a un descenso de su nivel moral,
viendo en eso un resultado indirecto del viejo tradicionalismo que
identificaba la moralidad con la religin; perdida la fe en los dogmas
de sta, se resenta aqulla. Cul era el remedio? Volver a los
dogmas cuya falsedad pareca evidente? Eso, adems de inmoral, le
pareci innecesario. Lo nico lgico y moral era salvar la tica, en
ese naufragio lento de los dogmas religiosos. Cmo? Independizndola.

Si pudiramos detenernos a comparar la biografa de Emerson con la
de Adler--su medio social, su ambiente de familia, su temperamento,
su educacin personal, su evolucin religiosa--descubriramos un
paralelismo constante, en el conjunto y en los detalles, entre el
fracasado pastor unitario y el abortado rab judo. Todo lo que
aqul supo predicar con elocuencia suma y escribir en clido estilo,
reaparece como punto de partida en el hombre que, el 15 de mayo de
1876, fund en Nueva York la primera _Society of Ethical Culture_.

Proclamar ante todo la "autonoma de la moralidad" y proponerse la
"educacin moral" de sus miembros, fueron los acpites de su programa:
organizar la vida moral de los individuos y de la sociedad sin
preocuparse de creencias teolgicas y metafsicas; es decir, asentar
racionalmente la formacin del carcter y las reglas de la conducta,
inspirar el deseo y la fuerza de obrar moralmente, poner como faro de
la vida humana _el ideal del perfeccionamiento tico_. Sobre la base
nica de la experiencia moral, este ltimo debe derivarse de las nuevas
condiciones de vida implcitas en el progreso incesante del mundo
moderno.

Pronto la sociedad formul principios, dignos de ser mencionados para
comprender mejor su espritu. "La ley moral--dicen--es independiente de
toda teologa; nos es impuesta por nuestra misma naturaleza humana, y
su autoridad es absoluta. Las aspiraciones democrticas y cientficas
de nuestra poca, as como el desenvolvimiento de sus actividades
industriales, han engendrado deberes nuevos que es necesario reconocer
y formular. Tenemos el deber de emprender grandes obras de solidaridad
social, sacudiendo la indiferencia general; pero nuestro primer deber
es la "self-reform", nuestra propia reforma individual. La organizacin
interna de la Sociedad tica debe ser republicana, correspondiendo
el trabajo y la responsabilidad a todos los miembros, tanto como al
pastor. Es de la mayor importancia la educacin moral de los nios,
para cultivar en ellos el sentimiento del valor y de la dignidad
humana".

El espritu de tolerancia y la indiferencia por los dogmas, fueron, si
cabe, expresados con mayor firmeza que hasta entonces: "Durante ms de
tres mil aos los hombres han reido sobre las frmulas de su fe y la
diversidad de creencias ha ido acentundose. Nosotros respetaremos toda
conviccin sincera. Unmonos en lo que nada puede dividirnos: en la
religin prctica de la accin, all donde el fiel y el infiel pueden
encontrarse hermanados". Los profetas y los filsofos estn de acuerdo
sobre la primaca de la moralidad en la vida social, aunque difieran en
la apreciacin de su origen; lo importante es que, a fuerza de discutir
sobre sus orgenes, no se acabe por desamparar la cultura de la moral
en los hombres.

A primera vista, sin conocer el proceso de su desenvolvimiento,
podra suponerse que el eticismo presenta analogas con la religin
de la humanidad de Augusto Comte, y an se sospechara que sta pudo
tener algn influjo sobre aqul. Nada menos cierto, sin embargo. Los
verdaderos inspiradores del eticismo fueron Kant y Emerson; Kant, por
su tica y sin su metafsica, Emerson por su optimismo naturalista y
sin su misticismo trascendental.

De Emerson acogen con simpata el concepto pantesta--mejor diramos
humanista--de la Divinidad, confundida con la moralidad misma y
distribuida en todos los hombres en la medida en que ellos son
virtuosos: "Un hombre es Dios en tanto que es justo; con la justicia
entran en su corazn la confianza, la inmortalidad y la majestad de
Dios... La ley moral es la ley natural de nuestro ser. Un hombre tiene
tanta ms vida cuanta mayor es su benevolencia; todo mal es un tanto de
inexistencia y de muerte. El hombre que persigue fines buenos lleva en
s toda la fuerza de la naturaleza; la maldad absoluta sera la muerte
absoluta. La comprensin del sentimiento moral es una videncia de la
perfeccin de nuestro espritu. Ese sentimiento es divino y nos hace
dioses".

Advirtase, ya, el buen sentido de los eticistas al no proscribir el
sentimiento religioso y el hbito ancestral de la adoracin por lo
divino; ni siquiera se preocupan de afirmar la falsedad de los dogmas
o de combatir el mito de lo sobrenatural; dejan a este respecto una
ventana abierta sobre el horizonte del tesmo tradicional, confiando en
que ante el error posible los hombres podran repetir la frase clsica
de San Agustn: "Dios mo, si estamos engaados lo hemos sido por t!"
Se limitan a prescindir de los dogmas y de los mitos como creencias,
tratando de aprovechar los sentimientos que la humanidad acostumbra
asociar a ellos. Los hombres necesitan una religin? Le ofrecen la del
ideal moral. El sentimiento de lo divino no puede desarraigarse porque
es secular? Demuestran que la divinidad consiste en la perfeccin
del hombre hacia un supremo ideal de virtud. Puede acusrseles de
ser irreligiosos y difundir el atesmo? Toda su accin tica es el
ejercicio de lo mejor a que aspira el sentimiento religioso y en el
fuero de su conciencia moral puede cada eticista adorar a Dios en la
forma que su propia razn se lo haga concebir.

Las primeras preocupaciones de las sociedades eticistas fueron, en
suma, encaminadas a tres objetivos principales. Procuraron contribuir
a establecer una paz religiosa mediante la unificacin moral, poniendo
fin a las intiles querellas dogmticas de los telogos; se propusieron
aunar voluntades para reaccionar contra la relajacin de la moralidad
privada y pblica, as como contra el desaliento de los escpticos y la
ineficacia social de los individualistas; y, por fin, buscando curar el
mal en la semilla, trataron de asegurar a los nios una educacin moral
intensa, para que ellos fuesen maana hombres capaces de confiar en s
mismos y de alentar firmes ideales.

Con relacin a Emerson, las sociedades de cultura moral representan
un ensayo prctico para hacer efectivas las doctrinas dominantes en
el segundo perodo de su vida, es decir, las propiamente sociales;
en ellas siguen inspirndose, no obstante cierta liberal amplitud
de criterio que nunca las obliga a seguir estrictamente su palabra,
ni a creer que ella fu definitiva. La moralidad se va haciendo, lo
mismo que la verdad; sera renegar de ella, aceptar como sentencias
inmutables las opiniones de cualquier pensador, ya que ste, en el
mejor de los casos, slo representa una cumbre de la cordillera que se
eslabona indefinidamente hacia el porvenir.

No es nuestro objeto examinar en detalle la expansin de las sociedades
ticas americanas; basta decir que son numerosas y que su accin
social se desenvuelve con sensible eficacia en algunos estados. Cada
una de ellas aspira a ser un hogar moral para todos sus componentes;
stos emprenden fundaciones de utilidad prctica, escuelas, casas
para obreros, obras de solidaridad social, sin olvidar por ello el
estudio de todos los problemas sociales y polticos que afectan la vida
nacional. Su actitud para las religiones que realizan obras anlogas
es de tolerancia y de simpata, siendo frecuente su cooperacin para
secundar iniciativas ajenas.


             4.--ALGUNOS ANTECEDENTES DEL ETICISMO INGLS

Lo mismo que en Estados Unidos, numerosas heterodoxias religiosas
precedieron en Inglaterra a la fundacin de las sociedades de cultura
moral. Un pastor anglicano, Voysey, haba atacado durante cuarenta
aos al cristianismo en nombre de una religin universal, proclamando
en su "Iglesia Testa" la supremaca de la moral sobre el dogma; los
"Secularistas", que menciona Guyau en _La irreligin del porvenir_,
no eran otra cosa que una religin atea, aunque esta calificacin
parezca absurda; un grupo de positivistas haba fundado a mediados del
siglo una "Iglesia de la Humanidad". Ms importante fu la "Sociedad
Religiosa Libre", de South Place; di nacimiento, en 1825, a una
"Asociacin Unitaria Inglesa", vinculando a Carlyle, a John Stuart
Mill, a la Martineau, a Holyoake, a Roberto Browning, escuchando en
su plpito a William Fox, defendiendo a Th. Paine en sus horas de
persecucin, invitando a hablar en su seno a Max Muller, a Tyndall, a
Huxley, a Darwin, dedicndose "al deber de la libre investigacin y al
derecho de la libertad religiosa", sin otro vnculo entre sus miembros
que la "comunidad de la virtud". No es necesario insistir sobre el
parentesco intelectual de este grupo ingls con el emersonismo; y todo
induce a suponer que en su primera poca tuvo sobre l algn influjo.
La Sociedad Religiosa Libre, a poco de fundarse en Londres las primeras
sociedades de cultura moral, se convirti en la _Sociedad tica de
South Place_.

Es interesante sealar dos fenmenos curiosos de adaptacin al medio,
bien manifiestos en el movimiento eticista ingls; por ser en l ms
acentuados preferimos su examen al del eticismo norteamericano.

En Amrica los nicos rastros filosficos perceptibles fueron las
de Emerson y Kant, aparte del liberalismo prctico de todas las
religiones, y especialmente de la unitaria. En Inglaterra, por el ao
1885, las doctrinas filosficas ms difundidas eran el agnosticismo,
el neo-hegelianismo y el evolucionismo; ya se pronunciaba la actual
reaccin espiritualista y religiosa, favorecida por todas los partidos
conservadores, que con el equvoco disfraz del idealismo concentraba a
todos los privilegiados y beneficiarios del rgimen feudal contra la
evolucin democrtica iniciada por la Revolucin Francesa.

Estamos en plena historia contempornea. Contra todos los que se
interesaban cada vez menos por el pasado y cada da ms por el
porvenir, contra los que combatan el Dogmatismo y el Privilegio
en nombre del Libre Examen y de la Solidaridad Social, se difundi
la denominacin de "materialistas" y "positivistas", sabiendo que
estas palabras tienen para las personas sencillas un significado de
baja moralidad y de ausencia de ideales; eso permiti explotarlos
indirectamente en favor de una regresin religiosa, igualmente
fomentada por la iglesia catlica y por la anglicana, ambas al
servicio de las clases feudales de la sociedad. Frente al incesante
progreso del espritu moderno, y para reconquistar las posiciones
perdidas, se atrajeron a las mujeres, las congregaron en corporaciones
monopolizadoras del rango social, captaron la educacin de sus hijas, y
a stas, a las madres de la generacin siguiente, les impusieron--_sine
qua non_--que entregasen sus hijos a educadores religiosos, para
adiestrarlos a aborrecer los ideales de sus padres. Esta habilsima
poltica, comentada desde sus comienzos por Michelet, en sus memorables
conferencias sobre los jesutas, tuvo en medio siglo el xito que
conocis: est de moda, es prudente, es cmodo, es de buen tono,
profesar alguno de esos nuevos espiritualismos palabristas que permiten
filosofar contemporizando con el misticismo de las clases dirigentes.
Sabis que en toda poca los que se han preocupado de _hacer carrera_
en la poltica, en la enseanza, en la burocracia, en los salones, han
necesitado adherir a las "ideas" corrientes en el medio social. O lo
han fingido. El _no-conformismo_ ha sido el hermoso privilegio de pocos
renovadores extraordinarios.

Cerremos este parntesis de historia de la filosofa contempornea,
cuya importancia apreciarn mejor los que la estudien dentro de un
siglo. Por el momento hay un hecho que es, para todos, la evidencia
misma: las clases conservadoras han fortalecido a las iglesias
dogmticas, confiando a los telogos la lucha contra las clases
progresistas que surgan de las universidades. Imputando a stas el
materialismo de marras y sugiriendo que no hay moral posible fuera
de la religin, se intent rehabilitar el dogmatismo en nombre de la
moral. Conocis la doctrina difundida por los telogos contemporneos:
"es indispensable renunciar a las verdades adquiridas por las ciencias
si ellas comprometen el espiritualismo tradicional en que se funda
nuestra moral religiosa". Son palabras del ilustre cardenal Newmann.
Conocis tambin el _Syllabus_, monumento nico en la historia del
dogmatismo.

La fundacin de las sociedades ticas en Inglaterra seala una
interesante actitud de doble protesta: contra el pretendido
"materialismo" y contra este nuevo "espiritualismo" que en nombre del
pasado pretende interceptar la libre investigacin de la verdad.

Los eticistas ingleses, como los americanos, afirmaron que el libre
examen y el sentimiento natural son los nicos rbitros en materia
religiosa; insistieron en que la moralidad no es dogmtica, sino el
producto espontneo y perfectible de la experiencia moral; proclamaron,
en fin, que ninguna verdad adquirida por los hombres podra amenguar
sus ideales morales. Y en vez de renegar de las verdades nuevas que no
se ajustaban a los catecismos viejos, trataron de poner la experiencia
moral en consonancia con la verdad, "a fin de que ningn hombre se
viera obligado a cometer la suprema indignidad de tener que creer en el
absurdo para salvar su moralidad".

As se explica que aparezcan ciertas influencias filosficas, no
extraas al eticismo norteamericano, pero ms acentuadas en el ingls.
"Las doctrinas que han tenido una influencia ms evidente sobre
l--dice Juan Wagner, un discpulo de Coit,--y sin las cuales habra
revestido una forma diferente, son las teoras evolucionistas de
Darwin y de Spencer, y los ensayos de moral darwinista y cientfica,
particularmente la tica de Leslie Stephen, que fu durante mucho
tiempo presidente de una Sociedad de Cultura Moral. Es el mtodo
evolucionista que se quiere aplicar al estudio de los hechos
religiosos y morales; no se conocen ya ideas absolutas e inmutables;
la moralidad, particularmente, evoluciona sin cesar. Por otra parte,
bajo la influencia de Stephen y de Spencer, los eticistas no conciben
ya la tica como un conjunto de reglas abstractas para la conducta del
individuo; insisten sobre la influencia de la sociedad, los orgenes
sociales de la moralidad, el carcter social de la naturaleza humana;
el altruismo nos es tan innato y es tan natural como el egosmo;
todas las relaciones de la vida en sociedad deben estar sometidas
al imperio de la moralidad. Se separan, pues, de la tica teolgica
y dogmtica que slo ve en la humanidad una asociacin accidental y
no se ocupa sino de la salvacin individual, aunque, para colmo, la
relega a un mundo hipottico y extrahumano. Como la mayor parte de
los moralistas posteriores a Darwin, los ticos consideran la moral
como una ciencia positiva y no mezclan en ella las tradicionales
preocupaciones teolgicas". Aunque las ideas de los eticistas sobre una
religin humana y natural, y sobre la divinidad del hombre, recuerdan
a veces las de Comte y de Feuerbach, no es posible encontrar rastros
de una influencia segura. Fcil es, en cambio, hallarlos de los poetas
y escritores ingleses del siglo, que siempre mantuvieron encendido el
sentimiento del deber y el culto de la justicia: Shelley, Wordsworth,
Browning, Tennyson, Matthew Arnold, Coleridge, Swimburne, George
Elliot; digno es de notarse que por la misma poca del movimiento
eticista floreci la _Sociedad Fabiana_, de acentuado carcter social,
cuando el pueblo ingls escuchaba como nuevos apstoles a los Watts,
los Ruskin y los Morris.

Esos y otros esfuerzos convergan a capacitar al hombre para vivir en
un plano superior de moralidad, harmonizable con el conocimiento de
todas las verdades, propicio a la comprensin de todas las bellezas.
Porqu una nueva moral no sera compatible con Darwin y Ruskin, con
Spencer y Morris? Porqu el hombre renunciara en este mundo a la
verdad y a la belleza, persiguiendo el cielo en otro mundo? Cmo sera
posible que la divinidad todopoderosa y clemente, pusiera la mentira y
la fealdad como precio de su recompensa futura?

En 1886 un grupo de intelectuales, profesores universitarios y hombres
afectos a estudiar los problemas sociales, fundaron la _London Ethical
Society_, proponindose "cooperar al estudio y exposicin de los
verdaderos principios de la moralidad social". No tena carcter
alguno religioso y afirmaba ms bien su propsito de despertar en la
juventud el sentimiento de las responsabilidades cvicas y sociales.
Con espritu anlogo se fundaron sociedades semejantes en Cambridge,
Oxford, Edimburgo, etc.


                        5.--LAS IGLESIAS TICAS

Flix Adler tuvo entre sus amigos y discpulos a un emersoniano
ingls, doctor en filosofa, Stanton Coit, que le indujo a fundar en
Londres una rama de la sociedad tica americana; ella fu el punto de
partida de las cincuenta que existan en 1914, en vsperas de iniciarse
la guerra actual.

Coit, en 1888, siendo conferencista en la "Sociedad Religiosa Libre"
de South Place, hizo venir a Londres al profesor Adler, que en Amrica
le haba asociado al movimiento eticista. La actividad de Coit, como
organizador y propagandista, fu grandsima, tanto para hacer como para
hablar y escribir. Con el objeto de disminuir las resistencias que el
ambiente tradicionalista haba opuesto hasta entonces a las sociedades
de libres creyentes, imprimi a las nuevas un carcter marcadamente
religioso, no vacilando al fin en llamarlas "_Ethical Church_". En
1896 se inici la formacin de una Unin de las Sociedades de Cultura
Moral, cuyos principios, renovados y perfeccionados sin cesar, abarcan:
la independencia de la moralidad, su supremaca, los mviles de la
conducta moral, la confianza en s mismo y la cooperacin social, la
evolucin de las morales, el mtodo cientfico aplicado al estudio
de la experiencia moral, la necesidad de las reformas econmicas y
sociales, de la autoridad en moral, de la libertad en la Unin eticista
y del poder de la comunidad moral.

Esos _principios_ merecen leerse:

a).--En todas las relaciones de la vida, personales, sociales,
polticas, el factor moral debera ser el objeto de nuestra
preocupacin suprema.

b).--El amor del bien y el amor de nuestros semejantes son los
mviles primarios de la conducta moral; las verdaderas fuentes de
ayuda son la confianza en s mismo y la cooperacin.

c).--El conocimiento del bien ha evolucionado a lo largo de las
experiencias hechas por la humanidad, y nosotros, que abogamos por un
ideal progresivo de justicia personal y social, debemos tomar como
punto de partida las obligaciones morales generalmente aceptadas por
las comunidades civilizadas.

d).--La autoridad suprema, en cuanto a la moralidad de una opinin o
de una accin, es para cada individuo su propio juicio, concienzudo
y razonado, despus que l habr tomado en consideracin las
convicciones de los dems.

e).--En vista del bienestar de la sociedad, es necesario establecer
las condiciones, econmicas y de toda ndole, que favorecern mejor el
desarrollo integral de cada individuo.

f).--Conviene aplicar el mtodo de las ciencias positivas al estudio
de la experiencia moral.

g).--La vida moral no implica la adopcin o el rechazo de la creencia
en ninguna divinidad personal o impersonal, ni en una vida despus de
la muerte.

h).--No debe hacerse depender el ingreso a una sociedad eticista de la
adopcin de tal o cual criterio ltimo del bien.

i).--Las sociedades de cultura moral son el ms poderoso medio de
alentar el conocimiento y el amor de los principios que rigen la
conducta moral, y de crear en sus miembros la fuerza de carcter
necesaria para convertirlos en accin.

Consecuente con el principio que pone en la sociedad humana las
fuentes de la moralidad, dedica preferente atencin a las cuestiones
sociales, no descuidando fenmeno alguno que pueda constituir un tema
de estudio o que pueda servir para el desenvolvimiento de una actividad
moralizadora. En 1910 la Unin public una interesante _Declaracin
sobre las cuestiones sociales_, cuyas bases pueden sintetizarse como
sigue. El progreso moral de la raza--dice--est estrechamente vinculado
a su bienestar material; necesitamos, pues, una legislacin eficiente
para asegurar a todos un trabajo dignamente remunerado, asegurando el
bienestar de los que se encuentren invalidados para el mismo, dando a
todos un hogar confortable, proporcionando descanso y recreo a cuantos
los necesiten. Se reputa indispensable la reforma completa del rgimen
escolar ingls, hacindolo laico y gratuito, educando ante todo el
carcter, organizando sistemticamente una instruccin cvica y moral.
Auspiciar la igualdad civil y poltica de los dos sexos, una moral
sexual equivalente para el hombre y la mujer, medidas legislativas
para impedir los matrimonios eugnicamente peligrosos; lucha contra
el alcoholismo y el juego; saneamiento de la prensa y de los partidos
polticos; esfuerzos para ajustar las relaciones internacionales a una
ms alta moralidad que hasta el presente.

Casi no hay movimiento internacional de progreso y de libertad
al que esta Unin no se haya asociado, con una amplitud de miras
realmente loable; un da promueve meetings feministas, otro protesta
contra la ejecucin de Ferrer, lucha hoy contra la trata de blancas,
maana celebra funerales a Tolstoy, hasta organizar dos _Congresos
Internacionales de Educacin Moral_ (Londres y La Haya), el primer
_Congreso Universal de las razas_ (Londres, 1911) y la _Liga Inglesa
para la Enseanza de la Moral_, que ya tiene entre sus adherentes a
muchos miembros del parlamento ingls.

En la bibliografa, ya vasta, llama la atencin un carcter general: la
falta de esos adornos literarios que suelen suplir al pensamiento claro
o que se emplean para encubrirlo. Paul Desjardins ha dicho que algunos
discursos de los eticistas evocan por su elevacin y su eficacia a los
estoicos antiguos, y ha credo poder compararlos a las pginas del
_Manual_ de Epicteto.

Cada sociedad o iglesia es libre de formular sus principios como lo
estime conveniente, dentro de las lneas generales sealadas. Como tipo
de una de ellas, leamos los "principios" y "fines" enunciados en la
Constitucin de la _Ethical Church_, en que se ha transformado la _West
London Ethical Society_.

a).--_principios._

1.--La vida moral tiene sobre nosotros derechos supremos, que
no reposan sobre una autoridad exterior, ni sobre un sistema de
recompensas y castigos sobrenaturales, pero que se originan en la
naturaleza del hombre, en cuanto es un ser inteligente y social.

2.--En la prctica, la vida moral debe ser realizada por el
cumplimiento de los deberes generalmente reconocidos como moralmente
aceptables y, adems, por el cumplimiento de obligaciones que todava
no han penetrado en la conciencia social.

3.--Considerando la supremaca para el hombre de esos derechos de la
vida moral, el ideal tico debe ser considerado como el objeto de
nuestra devocin religiosa, consistiendo la religin en la obediencia
y la lealtad a cualquier objeto que se considera digno de la suprema
devocin.

b).--_fines._

1.--Concurrir a desarrollar la ciencia de la tica.

2.--An dejando a los miembros absolutamente libres de creer o no
creer en la existencia de una vida ulterior y en una realidad que
excede de nuestra experiencia, ensearles a independizar de ellas sus
ideas y sus prcticas morales.

3.--Insistir sobre la importancia del factor moral en todas las
relaciones de la vida, personales, sociales, polticas, nacionales e
internacionales.

4.--Ayudar a los hombres a conocer, amar y practicar el bien, por
medios puramente humanos y naturales.

5.--Infundir a los miembros la fuerza y la inspiracin que emanan de
la actividad en comn y de la confraternidad moral.

En sntesis, la Sociedad se propone intensificar la moralidad sobre una
base no dogmtica y naturalista.

Justo es sealar, ya, la segunda forma de adaptacin al medio, sufrida
en Inglaterra por las sociedades de cultura moral. Las reuniones van
tomando el aspecto de ceremonias _religiosas_; aunque no hay liturgia
fija, el procedimiento se acerca mucho al de las actuales iglesias
unitarias de Estados Unidos. Para comprender mejor el espritu de las
reuniones creo til traducir la descripcin de la Iglesia, hecha por
un miembro de la misma. "La antigua capilla metodista que es ahora la
_Ethical Church_, se compone de una sala en hemiciclo, rodeada por dos
galeras sobrepuestas. As todo converge hacia la ctedra, o mejor
dicho, a la tribuna, adosada a la pared del fondo: un fresco de vivos
colores la adorna, representando hombres que se pasan antorchas de
mano en mano. En lo alto, sobre el fresco, un busto de Pallas Athenea
preside a todos los oficios del culto. Dos bajorrelieves de Della
Robbia, con nios msicos y cantores, estn encastrados en la pared, a
uno y otro lado de la tribuna. Delante de sta, sobre dos columnitas,
estatuas de Jess y de Buda, y en toda la sala bustos de Marco Aurelio,
Lincoln, Scrates, Josefina Butler, etc." Estos detalles decorativos
dicen ms que un programa.

No hay _servicio religioso_ sin conferencia o sermn. Es curioso leer
algunos ttulos de la serie correspondiente a un trimestre de 1912:

  "El Dios de Bernard Shaw",

  "Dios: el Bien actuando en el mundo",

  "Cmo Dios necesita de nosotros",

  "La irreligin del Porvenir ",

  "La idea que la civilizacin es una enfermedad",

  "Los castillos de naipes de los utopistas",

  "La Gran Ilusin de Norman Angell",

  "La alquimia del pensamiento",

  "Donatello, Miguel Angel, los Della Robbia, Rodin y Meunier",

  "La religin de Riquet en la biblioteca de su maestro Bergeret",

  "La seora Sidney Webb y las otras mujeres",

  "Debemos cumplir nuestras promesas",

  "La poltica por sobre los partidos",

  "El poder que salva a los hombres",

  "Pericles y el Partenn",

  "La construccin de San Pedro en Roma",

  "La historia del Divorcio",

  "El temor de la responsabilidad",

  "Los siete sacramentos de la Iglesia romana",

  "La moralidad del Rito",

  "En qu Jesucristo sobrepasa a los dems hombres",

  "Doce conferencias sobre los Salmos", etc.

Puede inferirse de esos temas que la Iglesia pretende ser, al mismo
tiempo, una verdadera Universidad popular, con sus correspondientes
proyecciones luminosas y cintas cinematogrficas.

En la imposibilidad de hacer una resea analtica de las ideas
contenidas en la vasta bibliografa, digamos solamente que la Iglesia
encarg, en 1913, a Stanton Coit, la redaccin de un _Social Worship_,
o Manual del Culto Societario, cuyos dos volmenes acentan todava
ms el carcter _religioso_ de las sociedades ticas inglesas. Y para
que esa evolucin de la forma no induzca a creer que las ideas han
cambiado, mencionaremos este pasaje de un sermn sobre la lealtad
intelectual: "Si un hombre posee una creencia, pero ahoga las dudas
que surgen en su espritu respecto de ella, y evita los hombres y las
lecturas que de ella tratan y podran ilustrarlo, y tiene adems por
impos los pensamientos que podran perturbarla,--la vida de ese hombre
no es ms que un largo pecado hacia la humanidad".


                6.--EL CULTO RELIGIOSO DE LA MORALIDAD

Acostumbrados a concebir la independencia moral como un apartamiento
de la religiosidad, y no dentro de ella,--como efecto de la religin
dogmtica en que hemos sido educados--nos causa cierta impresin de
extraeza la conservacin de la exterioridad ceremonial, y aun del
nombre de iglesias, en sociedades cuya concepcin naturalista de la
divinidad no conseguimos distinguir del atesmo.

Acaso una comparacin con algo que conocemos definidamente, nos permita
entender mejor el sentido global del eticismo ingls. Poniendo en el
hombre la divinidad, y mirando su perfeccionamiento moral como el
advenimiento de la divinidad misma en cada hombre, el eticismo se
presentara como una doctrina del superhombre moral, predestinado
a surgir del hombre religioso contemporneo, y satisfaciendo las
tendencias msticas del temperamento individual.

Recordad que William James, despus de estudiar las _Fases del
sentimiento religioso_, llega a la conclusin de que en la hiptesis de
la divinidad los hombres han sintetizado su sentimiento de admiracin
por lo que creen primordial, unnime y verdadero en s mismo. La
religiosidad slo puede definirla como "la reaccin total frente a la
vida"; de all su pregunta: por qu, entonces, no decir que cualquier
reaccin total frente a la vida es una religin? Dejo a vosotros la
respuesta, muy cmoda para los ateos que no quieren pasar por tales;
yo os confieso que la pregunta de James me parece muy hbil, pero
sospecho que es peligroso seguir embrollando a la humanidad con sabias
hipocresas. Si la religiosidad es un sentimiento individual, las
religiones slo comienzan a existir cuando los individuos se organizan
para cultivar o difundir creencias comunes, uniformando su conducta
para ciertas prcticas. Al decir, pues, que el eticismo puede asumir
un aspecto religioso, nos referimos, sin ambigedad, a la organizacin
en verdaderas comunidades regidas por prcticas rituales, y no a las
simples reacciones de los individuos frente a la vida.

En algunas de las Iglesias ticas se ha producido, con el tiempo, un
fervor mstico que parece contrastar con el espritu antidogmtico y
de libre crtica que figura en sus programas. Ahondando el examen, sin
embargo, se percibe que la aparente contradiccin slo es un resultado
de nuestros hbitos mentales, que nos impiden separar dos cosas que
acostumbramos ver unidas; el sentimiento mstico y las creencias
dogmticas. Los eticistas no slo respetan el primero al repudiar las
segundas, sino que tratan de utilizar en beneficio de la moralidad el
misticismo que actualmente est desviado por dogmas contrarios a su
espontnea expansin: ofrece un campo de experiencia ms vasto a una
inclinacin natural de la personalidad humana.

Por otra parte, atendiendo solamente a su eficacia sobre cada uno de
sus creyentes, es indudable que las iglesias de todos los tiempos,
adems de satisfacer los sentimientos msticos, han satisfecho
muchos sentimientos estticos. Que el objeto del culto sea un Dios
sobrenatural o la Moralidad humana, debe reconocerse que el ceremonial
de una iglesia es un elemento efectivo de exaltacin del culto mismo.
Los jesutas, profundos psiclogos, han comprendido siempre que la
riqueza ornamental de sus iglesias es el mejor imn para atraer
a las masas msticas; el nmero de creyentes que puede mirar esa
_mise en scne_ como una falta de respeto a la Divinidad, es muy
pequeo. Por esa misma razn comprendemos que, en cierta medida, los
eticistas hnse visto en la necesidad de no extremar su primitivo
deseo de formas sencillas y severas; actualmente dan la impresin de
iglesias cristianas, donde se ha convertido a Dios en la Moral y se ha
reemplazado el paraso por la naturaleza, sin que todo esto disminuya
la exterioridad del culto.

"_Nosotros tenemos un Dios; nosotros tenemos altares._ Nuestro Dios:
el _Ideal Moral_, la potencia del bien en la humanidad, o, mejor,
todas las fuerzas del bien actuantes en el mundo. Nuestro Dios est
diseminado en toda la humanidad.

"En todas partes, donde un ser trata de hacer el bien y se esfuerza
por perfeccionarse moralmente, all est Dios, all Dios deviene. El no
vive sino en nosotros y por nosotros, y todos nosotros somos divinos en
alguna medida.

"Nuestro Dios _no es todopoderoso_, no es sobrenatural, no es _exterior
a la humanidad_.

"No es la fuerza de un Dios lo que lo hace divino a nuestros ojos;
un Dios todopoderoso nos horroriza. Nunca adoraremos la fuerza; slo
adoraremos y slo queremos servir la justicia y la bondad, aunque ellas
fueran tan dbiles como un nio en su cuna. Pero nuestra religin no
excluye la contemplacin conmovida de las fuerzas del universo, la
admiracin de la regularidad de las leyes naturales. Por otra parte,
nuestra moralidad no es una mezquina preocupacin personal. Aspiramos
a poner cada vez ms, la fuerza al servicio del derecho. Nuestra
misin es traer el triunfo de la inteligencia sobre el instinto, de la
moralidad responsable sobre la fuerza irresponsable. As la moralidad
deja de ser un asunto privado y deviene csmica. Ella podr ser, acaso,
algn da, el instrumento mediante el cual nuestro amor desinteresado
guiar al universo".

Convengamos, francamente, en que no se puede pedir un lenguaje ms
impregnado de misticismo, de religiosidad. El sentimiento de lo divino,
la emocin de lo trascendental emana de pginas escritas para sugerir
que la perfeccin moral no requiere la cooperacin de entidades
sobrenaturales ni de principios anteriores a la experiencia humana.
Para los que no tenemos un temperamento mstico, siempre resultar un
poco desconcertante este misticismo naturalista.

"Se cree muy frecuentemente que los dioses son, necesariamente y por
definicin, espritus sobrenaturales. Las ms fuertes razones morales y
de sentido comn nos impiden creer en un Dios sobrenatural; tal clase
de divinidad nos repugnara. Si, a pesar de eso, somos felices de tener
en nuestra comunidad a cristianos siempre que nos ayuden y nos amen, es
porque entendemos que ellos no hacen sino interpretar mal una realidad
que nosotros adoramos como ellos. Rechazando, no la existencia--pues
esa cuestin no nos concierne,--sino la pretendida potencia redentora
de seres sobrenaturales, renunciamos a la posibilidad de ser asistidos
por ninguna divinidad sobrenatural, o por ningn ser humano despus
de su muerte, y particularmente por Jess de Nazareth, reconociendo
sin embargo la asistencia que ha podido prestarnos antes de su muerte
y el valor imperecedero de sus consejos y de su conducta, que siguen
asistiendo a la humanidad con el valor del ejemplo. Para un eticista
que comienza por afirmar la autonoma de la moralidad y pone en segundo
trmino todo lo dems, todo lo que disminuye la responsabilidad humana
es condenable. Desde el momento en que imploris el auxilio de un
Creador personal, os sustrais a vuestra responsabilidad propia y
renegis la fuente inmanente de redencin. Aun si existe un Creador,
no debemos humillar nuestra humanidad ni vivir postrados ante l. La
moralidad que no es puramente humana, deja de ser moralidad".

Todos los escritos de los eticistas ingleses convergen a afirmar lo
que era un axioma para Emerson: la nocin de realidades sobrenaturales
(salvo que se llame "sobrenatural" a la perfeccin moral suprema)
no es necesaria, para el desenvolvimiento de las fuerzas morales,
y debe rechazarse la opinin de los que, sabiendo que aqullas son
ilusorias, persisten en creerlas de utilidad prctica. El motivo
supremo de la conducta debe ser el respeto del ideal moral; cuando
se lo medita con respetuosa simpata, se convierte en fuente de
inspiraciones tan fecundas como las que hasta ahora han emanado de
entidades sobrehumanas. Los ideales no se proyectan sobre la pantalla
del cielo, no flotan vagamente en el universo: viven en los hombres y
entre los hombres, reconociendo a stos el valor de su personalidad y
comprendiendo que debe manifestarse en la familia, en la ciudad, en la
nacin, en el mundo. Un nuevo concepto del respeto propio nace en los
eticistas al afirmar que todo ser se diviniza cuando en l despierta
la conciencia de la ley moral; blasfemar del hombre, como hacen
los pesimistas y los escpticos, es blasfemar de Dios, que slo se
manifiesta en el hombre. Sea cual fuere la interpretacin que el hombre
se forma de la divinidad, sea cual fuere su teologa o su filosofa, es
la experiencia moral lo nico que lo torna divino; de all que en el
culto del ideal moral pueda asentarse la nica religin incompatible
con dogmas ni sectas, de all que sus miembros no crean que ser sa
"la religin de los incrdulos", sino la forma de creencia ms pura a
que pueden llegar los verdaderos creyentes. En uno de los himnos que
suelen cantar los eticistas leemos estas palabras de Swinburne: "Los
dioses rechazan, trampean, negocian, venden, calculan, economizan...",
y Stanton Coit completa el pensamiento: "el hombre no rechazar
a nadie, no perder uno solo de todos los hombres para dignificarlo; a
todos los enaltecer con sus cuidados y con su amor".

Insisto en mencionar algunos pasajes y frmulas que parecen
inconciliables; mi objeto no es apologtico, sino puramente
informativo. Es til ver cmo toda nueva corriente de ideas, todo nuevo
ensayo de prcticas, aparece imperfecto y poblado de disonancias.
Contra el deseo de emanciparse del pasado, sigue el pasado ejercitando
alguna influencia; en toda renovacin, de costumbres o de ideas, la
experiencia secular de nuestros abuelos reaparece, reclama su sitio, no
se resigna a ceder ni a morir, presentndonos el cuadro inquieto del
hbito luchando contra la experiencia nueva, de la herencia resistiendo
a la variacin.

Concebido el movimiento eticista como una emancipacin moral de toda
tutela dogmtica, vemos que el hbito de seculares prcticas religiosas
se infiltra en l y tiende a convertirlo en una religin, sin contenido
sobrenatural, ciertamente, pero religin al fin, si la consideramos
como conjunto de prcticas y como actitud sentimental hacia algo que se
considera Divino.

Sin embargo, en mayor o menor proporcin, lo nuevo altera siempre lo
viejo, la variacin modifica siempre la herencia: y en ello est la
evolucin que engendra perfeccionamientos. Las sociedades ticas se
hacen ms religiosas cada vez, pero su religiosidad es muy distinta que
en las precedentes religiones; no representa una verdadera regresin
al tipo de que se apartaron al comenzar. Para aumentar su eficacia
los eticistas han adoptado, por temperamento o deliberadamente,
las costumbres exteriores que el sentimiento mstico reclama como
necesarias, sin renunciar por ello a la heterodoxia intrnseca de su
doctrina.

"La religin--dice Stanton Coit--convertida a un espritu social y
democrtico, ensear el respeto de s mismo como la primera virtud
religiosa, fundar su plan de redencin sobre ese respeto. Desde el
punto de vista de un idealismo humanista, la religin sobrenatural ha
cometido hacia el altsimo un sacrilegio casi inexplicable: todo lo que
pareca emanar del hombre, y era bello y adorable, puro y santo, lo ha
atribudo a una fuente sobrehumana y sobrenatural, mientras atribua a
la naturaleza humana todo lo que era bajo y srdido. Para glorificar
una divinidad trascendente, los sacerdotes y los telogos arrancaban
del corazn de los hombres hasta el ltimo rastro del respeto de s
mismos. No solamente las acciones exteriores, sino la misma devocin
interior era mirada como lodo. Empujando los hombres al desprecio de
s mismos, forzndolos a envilecerse hasta la agona, se les induca
a prosternarse conscientes de su extrema bajeza, a los pies de un Ser
que no era ni hombre ni naturaleza, pero que tena sujeto al hombre, en
cuerpo y espritu, entre sus tentculos infatigables... Esta doctrina
es catlica, anglicana, presbiteriana, bautista, wesleyana... Todos,
todos traicionaban a la naturaleza superior del hombre, mentan a la
creencia misma de su personalidad, al testimonio de su inteligencia
y de su conciencia moral. Es necesario sorprenderse de que, as, el
pueblo cayera bajo la dominacin de los sacerdotes y de los prncipes,
aliados?... Hasta hoy se ha credo que un hombre que se respeta y
obra por respeto propio, carece de religin y de piedad; hasta hoy,
apenas un hombre sobre cien mil se atreve a identificar ese respeto
con el de Dios, osa erguir dignamente la cabeza con la conciencia de
su valor humano, osa atribuir el mal que lleva en s al error y a la
ignorancia, y no a una siniestra predestinacin sobrenatural... Hoy,
por fin, y slo hoy, se predice la doctrina de la inmanencia del hombre
y se comprende que ella significa la identidad de la suprema fuerza
redentora del universo con la enaltecida personalidad de todo hombre o
mujer."


             7.--ESPONTANEIDAD Y EVOLUCIN DE LA MORALIDAD

Esta exaltacin mstica del respeto a la personalidad humana
acompaa al concepto, fundamental para Emerson, de que _la bondad es
normal y natural_, debiendo mirarse el mal como una simple traba o
incapacidad para vivir normalmente, integralmente. La maldad pertenece
a la teratologa o a la patologa moral: es una monstruosidad o una
enfermedad. Son monstruosos todos los que obran contra s mismos o
contra los dems, todos los que viven de la hipocresa o esparcen
la calumnia, todos los que fingen o mienten, todos los que ocultan
una partcula de la verdad que saben para obtener una prebenda o un
beneficio, todos los que se avergenzan de la indignidad propia o
alientan la indignidad ajena, todos los cmplices interesados del error
o de la supersticin, de la injusticia o del privilegio.

El hombre no se diviniza sino cuando se aproxima a su moralidad
natural, que es la bondad, librndose del mal que conspira contra su
propia divinizacin y contra la de los dems. Porque los resultados de
la moralidad nunca son individuales, recaen sobre todos. Lo que ms
dificulta la perfeccin del hombre es su adaptacin a un ambiente de
moralidad inferior. Todos somos solidarios. Lo que rebaja moralmente
a nuestros semejantes, nos rebaja a nosotros mismos; por eso la
religin eticista conduce a una fe solidarista inquebrantable e impele
a auspiciar todas las reformas que tienden a fundar una democracia
social, aboliendo los obstculos materiales que alejan al hombre de su
perfeccionamiento moral.

Creen los eticistas que el esfuerzo humano basta para transformar los
individuos y las sociedades, creando esa verdadera democracia poltica
y moral que ninguna nacin puede jactarse de haber realizado todava.
Si la bondad es normal, prevalecer naturalmente. En ninguna parte la
vemos perfecta y omnipotente; pero su posibilidad puede presentirse
en el deseo esforzado de los hombres. Si la experiencia permitiera
descubrir los medios naturales que intensificaran la dignidad en el
hombre y la justicia en la sociedad, lgico sera presumir que la
aplicacin de esos medios conducira a un aumento progresivo de la
moralidad individual y social.

Los eticistas ingleses afirman su fe con una certeza y una esperanza
impresionantes. Entienden que aun renunciando a lo sobrehumano y lo
sobrenatural, siguen disponiendo de todos los medios que han usado las
antiguas iglesias para mejorar a la humanidad; se consideran herederos
suyos, de su larga experiencia, de su disciplina espiritual, de su
conocimiento del corazn humano, es decir, de todos los instrumentos
psicolgicos de proselitismo, sin necesidad de conservar ninguno de sus
dogmas ni transigir con ninguno de sus errores.

La Unin de las sociedades ticas inglesas proclama el deseo firme
de alentar y preparar el estudio cientfico de los hechos que
constituyen la _experiencia moral_ de la humanidad. Reconoce que slo
especialistas en tales estudios pueden fundar esas "ciencias morales
positivas"; pero, ocupndose terica y prcticamente de las cuestiones
morales y sociales, entienden proporcionar a los sabios observaciones
y experimentos tiles, a la vez que preparar un pblico capaz de
comprender sus resultados. "No tenemos, ni tendremos nunca, miedo de la
ciencia; al contrario, su insuficiencia o su arresto nos perturbara.
Cuanto mejor conozcamos la naturaleza humana, tanto ms seguros
marcharemos hacia el advenimiento de la moral y de la justicia. Siempre
nos adaptaremos a los resultados que se obtengan en el estudio de la
experiencia moral mediante los mtodos cientficos".

"Solamente los prejuicios que nacen del orgullo, de la avidez, del
afn de dominar, de los intereses de clase, del envanecimiento, del
desprecio de los pobres y de las mujeres, pueden cegar al hombre hasta
impedirle ver los recursos infinitos de que dispondran las iglesias
de Cristo el da que aceptaran los descubrimientos y las invenciones
de la ciencia, las usaran y pusieran en ellas su confianza, en vez de
esperar una salvacin milagrosa suplicando a espritus invisibles y
pretendiendo ser guiadas por agentes sobrenaturales."

Justo es reconocer que los eticistas ingleses se adaptan con
rigor lgico a esa confianza en la ciencia y a ese respeto por sus
posibles resultados: desde el punto de vista pedaggico su actitud es
verdaderamente crtica. No pretenden que su religin, sus iglesias,
sus juicios morales, sean definitivos, ni que pueda erigirse en dogma
inmutable ninguna de sus opiniones o creencias. No solamente creen
que sus ideales son reformables y perfectibles, mas afirman que la
historia del desenvolvimiento tico y religioso demuestra que los
valores morales y las religiones estn en constante evolucin. "Ha
habido en el pasado bastante charlatanismo en materias religiosas y
morales; queremos tener el coraje de nuestra inevitable ignorancia
y no presentarnos como sabiendo ms de lo que podemos saber en el
estado presente de las ciencias morales. Por eso no proclamamos nada
que tengamos por absoluto, ninguna doctrina que reputemos definitiva
e imperfectible. Tomamos como punto de partida de nuestra enseanza
los juicios morales generalmente aceptados en el mundo civilizado
por los individuos que parecen normales y procuramos intensificarlos
o expandirlos, contribuyendo as a su evolucin, que consiste en
depurar la moral corriente de todo lo que es solamente tradicional o
convencional, complementndola, perfeccionndola, acostumbrando a los
hombres a no concebir ya ningn ideal que no sea progresivo. La voz del
deber manda augusta y absoluta; pero nuestro conocimiento del deber, y
la nocin que de l nos formamos, varan incesantemente. Las ciencias
morales podran darnos nuevas interpretaciones de nuestros ideales
ticos, sin por eso destruir el fondo humano y social de la moralidad
misma; y si demostraran que algunas de nuestras interpretaciones son
errneas, que algunos de nuestros ideales presentes son contradichos
por la experiencia moral, encontrndolos nocivos para la dignificacin
de la vida individual y social, nosotros nos someteramos a sus
demostraciones o corregiramos nuestros errores... Por eso, y mientras
se constituya una ciencia positiva de la moralidad, no tenemos la
pretensin de anticipar a los hombres la verdad absoluta."

De all que no se consideren obligados a adoptar un criterio particular
y absoluto del bien, ni prefieran ensear tal o cual sistema de moral;
eso obstaculizara su progreso, excluyendo experiencias determinadas
que otros pudieran aportar.

Entre los eticistas hay trinitarios, unitarios, ateos, mahometanos,
hedonistas, utilitarios, kantianos; separados antes por sus dogmas o
doctrinas, estn unidos ahora por necesidades morales comunes, que
engendran una fe anloga en el progreso moral de la humanidad. Los
nicos excluidos son los incapaces de hacer esfuerzo alguno para
mejorar su conducta y de sumar su voluntad con todas las otras que
persiguen la solidaridad en el bien.

Esta comunidad de ideales y de accin moral es lo que constituye la
creencia de una Iglesia; todas las que conoce la historia, en cuanto
han sido tiles a la humanidad, fueron verdaderas sociedades ticas.
Si han difundido en el mundo concepciones falsas, y en ciertos casos
depresivas, ha sido apartndose de su primitiva finalidad natural y
humana. Por eso los eticistas no se declaran enemigos de las Iglesias
cristianas; no quieren destruirlas ni suplantar su influencia en el
mundo, sino reformarlas y perfeccionarlas, infundindoles una mayor
preocupacin por el progreso moral y purgndolas de todo su dogmatismo
teolgico. Ese sera el camino hacia la unidad de creencias de toda
la humanidad; esa sera la nica actitud religiosa que todos los
hombres podran subscribir sin reservas, sin temor a las ciencias que
construyen la verdad, con la que nunca podr estar en disidencia la
moral. Ambas emanan de la Naturaleza misma, convergen hacia comunes
ideales de dignificacin humana.


                 8.--SNTESIS DEL PENSAMIENTO ETICISTA

Lo caracterstico del eticismo, en suma, no es la simple afirmacin
de "la soberana de la moral", para repetir el ttulo del ensayo
de Emerson, sino su conviccin de que _la moralidad es natural y
humana, independiente de todo dogma religioso y de toda especulacin
metafsica_. La moralidad puede nacer, desarrollarse, prosperar,
alcanzar su mxima plenitud e intensidad, sin tener por fundamento
la nocin de realidades sobrenaturales, la idea de una divinidad
trascendente o de una vida despus de la muerte. Esas hiptesis, sobre
parecer intiles, pueden ser nocivas al desarrollo de la moralidad, en
cuanto ponen fuera de la conducta humana los estmulos y las sanciones
que favorecen nuestra perfectibilidad. Triste, miserable virtud, la
de aquellos hombres que no podran tenerla sino como resultado de una
imposicin dogmtica o como simple negocio usurario para despus de
la muerte! Desgraciados esclavos, no hombres, los que en su propia
conciencia moral no podran encontrar las normas para vivir con
dignidad, respetndose a s mismos, y con justicia, respetando a sus
semejantes! Fuerza es reconocer que no carecen de lgica los eticistas
cuando afirman que lo sobrenatural es un peligro para lo natural, y lo
teolgico para lo tico, y el dogmatismo para la perfectibilidad, y la
supersticin para la virtud.

Quieren ellos constituir una religin exclusivamente humana. En todos
sus escritos se advierte la tendencia firme a propiciar el advenimiento
de un rgimen social en que tengan una parte creciente la solidaridad
y la justicia; y muestran, tambin, una confianza optimista que
concilia su misticismo con los mtodos de las ciencias contemporneas,
creyendo en la bienhechora fecundidad de sus aplicaciones prcticas a
la felicidad humana. No temen que la Verdad pueda, en momento alguno,
disminuir el coeficiente medio de Virtud difundido en el mundo.
Emancipando la moralidad de todo dogmatismo, afirman que la Verdad slo
puede ser temida por los que ven en la ignorancia, en la mentira y en
la supersticin, los medios de perpetuar la maldad representada por la
injusticia y el dolor cimentado en el privilegio. Y creen, con bella
firmeza, que si los hombres logran poner algn da toda su fe, la ms
ardiente, la ms incontrastable, la ms devota, en ideales nacidos de
la Experiencia Moral, habr desaparecido el conflicto eterno entre la
inteligencia racional y el sentimiento mstico, entre la Ciencia y la
Fe,--slo incompatibles cuando un trmino busca la Verdad y el otro se
asienta en el Error,--hermanadas para siempre cuando la religin del
Ideal Moral limpie de sus malezas tradicionales el sendero que lleva al
individuo hacia la dignidad, que lleva a la sociedad hacia la justicia.


                     9.--EL PORVENIR DEL ETICISMO

Se organizar definitivamente como una iglesia sin doctrinas para
cultivar una moral sin dogmas? Confieso que el eticismo me inspira
mucha simpata y que no considero perdidos los momentos que he
consagrado a visitar sus sociedades y leer sus escritos; a pesar de
ello no podra predecir si, en su forma actual o transformndose, est
llamado a alcanzar una gran difusin. En todos los pases de la Europa
civilizada existen asociaciones animadas de ese mismo espritu, con
nombres anlogos o diferentes; pero en todos, fuerza es reconocerlo,
su esfera de accin es ms bien cualitativa que cuantitativa: hombres
de moralidad superior cuyo temperamento mstico coincide con una
disconformidad religiosa. Acaso lleguen a constituir una iglesia
para las minoras selectas que necesiten un ambiente organizado para
desenvolver su misticismo; eso mismo excluir de ellas al exiguo nmero
de hombres que no tenemos un temperamento mstico.

La masa de los creyentes, si se apartara de las iglesias actuales,
preferira vincularse a las nuevas religiones cristianas cuyo sentido
prctico y social las hace ms humanas que las antiguas. Los incapaces
de creer en religin alguna, si tienen temperamento mstico, sern
atrados siempre por esas grandes corrientes de renovacin poltica
y social, que equivalen prcticamente a verdaderas religiones de la
humanidad.

Evolucionarn las dems iglesias actuales hacia una moral sin dogmas?
Sin dogmas, no; con menos dogmas, s. Basta recordar la influencia
del unitarismo y del trascendentalismo sobre todas las iglesias
norteamericanas; ese es el sentido general de la evolucin religiosa
contempornea, en el mundo civilizado: cada iglesia tiene en su seno
un "modernismo" que depura incesantemente sus dogmas. Es indudable
que los telogos del siglo XX han aprendido cosas que no sospechaban
los del XV; en ninguna Facultad o Seminario de Teologa podra
estudiarse un tratado de hace cincuenta aos, fuera de su inters
histrico o literario; las iglesias, para defender sus dogmas, han
tenido que adaptarlos a los resultados menos inseguros de las ciencias
contemporneas. Revisando los libros de texto usados en la Universidad
Catlica de Louvain, y en la Divinity School de Harvard, he pensado con
escalofros en la hoguera que habra carbonizado a sus autores si los
hubiesen escrito hace tres siglos.

Con esto os quiero expresar que las mayores iglesias euroamericanas han
experimentado grandes progresos, precursores de otros que atenuarn
gradualmente su dogmatismo. Como cada una de ellas slo polariza una
parte limitada de las creencias sociales, es natural que llegue hasta
los concilios de los telogos el eco de lo que pasa fuera de cada
iglesia; hemos visto que la tica social ha corregido ya en algunos
pases la tica de los telogos y podemos presumir que toda nueva
efervescencia moral tendr repercusiones semejantes. Desde este punto
de vista considero legtimo suponer que el eticismo puro puede tener
una influencia indirecta, desdogmatizando poco a poco las morales
teolgicas ms difundidas.

Ciertos modos de pensar y de sentir, aunque adoptados por pocos,
constituyen un obligado trmino de comparacin para los que piensan
y sienten de otra manera; poco importa que no tengan un xito de
proselitismo, su eficacia consiste en que no pueden prescindir de ellos
los mismos que se proponen combatirlos.

Es una accin indirecta, diris; pero existe y es benfica. No es
la nica, sin embargo. En horizontes ms reducidos, para la minora
ilustrada a que poco antes nos referamos, las asociaciones ticas son
de utilidad directa. Baste pensar que ellas ofrecen un ambiente de
educacin moral intensiva a muchos hombres que no creen en dogma alguno
religioso y que aislados estn expuestos a caer en el dilettantismo,
en el escepticismo o en el pesimismo moral; por el funesto hbito
de asociar su moralidad a su religin abandonada, estn expuestos a
aflojar los resortes de su conducta privada y cvica, confundiendo
la buena tolerancia doctrinal de todas las ideas con la detestable
tolerancia prctica de todos los vicios.

Reconozcamos que ese peligro existe; nadie podra negar su gravedad
desde una ctedra sin eludir la responsabilidad social que acepta
al ocuparla. Y el remedio contra ese peligro--despus del ejemplo
personal, que es siempre la leccin ms fecunda--est en fomentar
toda nueva forma de experiencia moral que pueda suplir las ya
impracticables. El hombre que abandona sus dogmas religiosos est
obligado a intensificar su moral prctica, a ser mejor hijo y mejor
padre, mejor amigo y mejor esposo, mejor obrero y mejor ciudadano. La
_obligacin social_ no es menor que la teolgica o la metafsica; la
_sancin social_ es tan severa como la divina o la racional... Y bien;
si entre los hombres que no creen ya en las religiones dogmticas,
muchos carecen de energas morales suficientes, no es deseable que las
sociedades ticas les proporcionen un ambiente propicio para que su
moralidad sea sostenida y se perfeccione?

Basta reconocer que existe un peligro, para que no sea desdeable
ningn medio que contribuya a evitarlo. Sabis--da vergenza
decirlo--que algunos sealan como nico remedio la vuelta a los
dogmatismos tradicionales repudiando de plano todas las verdades que
desde hace un siglo los contradicen o los comprometen. No vacilemos en
declarar, en voz alta y en nombre de nuestros hijos, que perseguir la
moralidad a precio del error deliberado--que es la mentira--nos parece
la ms irreparable de las inmoralidades.

Los eticistas, sin distincin de matices, quieren que la verdad,
profunda voz con que habla a los hombres la Naturaleza, sea respetada.
Nunca proponen ahogarla; prefieren depurar los viejos ideales ticos de
todos sus elementos dogmticos, perfeccionndolos, elaborando ideales
nuevos.

Existe, no lo descuidemos, otro aspecto de la cuestin, ms importante
para el porvenir. Las sociedades ticas no lo descuidan: es el problema
de la educacin moral en la enseanza; es el nico prctico para el
porvenir. As lo comprendieron, en nuestra patria, muchos grandes
espritus: Echeverra, Alberdi, Sarmiento, Estrada, Peyret, en bellas
pginas que merecen releerse; Agustn lvarez le consagr un volumen
especial; desde esta misma ctedra os la ha predicado el dignsimo
decano de esta Facultad, Rodolfo Rivarola.

Las naciones civilizadas han expresado ya su voluntad de que
la escuela pblica se abstenga de preferir ninguno de los dogmas
religiosos profesados por sus ciudadanos. Afirmemos tambin la
necesidad de intensificar en ella la educacin moral, preparando las
generaciones futuras para esa tolerancia recproca de las creencias que
es la base misma de la solidaridad social. Slo por obra de la escuela
marchar la humanidad hacia una moral sin dogmas; slo por ella podrn
los argentinos de maana repetir el lema de las sociedades ticas: _Los
dogmas dividen a los hombres; el ideal moral los une_.




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  Principios de Psicologa (5.^a edicin, corregida),
    1 vol. de 500 pginas.                                   2 $ m|n.

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    1 vol. de 400 pginas.                                   2 "  "

  El Hombre Mediocre (3.^a edicin, corregida),
    1 vol. de 256 pginas.                                  (agotada)

  Hacia una moral sin dogmas, 1 volumen de 212 pginas.      1 $ m|n.

                                  -------

  El Hombre Mediocre (4.^a edicin, formato menor).          1 $ m|n.

                                EN PRENSA:

  La simulacin en la lucha por la vida
     (11.^a edicin, corregida), 1 vol. de 256 pginas.      1 $ m|n.

                                -------

                       PEDIDOS A LA CASA VACCARO

                   Avenida de Mayo 646--Buenos Aires


                   *       *       *       *       *


                        NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

Las palabras en itlicas estn indicadas con _sub-ndices_ las palabras
en negritas con el =signo igual= y ^a representa la "a" volada.

Ciertas reglas de acentuacin ortogrfica del castellano cuando esta
obra fue publicada por primera vez eran diferentes a las existentes
cuando se realiz la transcripcin. El criterio utilizado para llevar
a cabo esta transcripcin ha sido el de respetar la ortografa
original. Sin embargo, en algunos casos la ortografa en la impresin
original no es consistente. Tal es el caso del vocablo "da". En
algunas ocasiones el vocablo aparece con acento, da, y en muchos
ms est escrito sin acento. El criterio utilizado para resolver
esas inconsistencias fue privilegiar la forma que aparece ms
frecuentemente.

Errores evidentes de impresin y de puntuacin han sido corregidos.







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or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
Defect you cause.

Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of
computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
from people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org



Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
edition.

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facility: www.gutenberg.org

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including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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