Project Gutenberg's Parnaso Filipino, by Eduardo Martin de la Camara

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Title: Parnaso Filipino
       Antologie de Poetas del Archipelago Magellanico

Author: Eduardo Martin de la Camara

Release Date: July 4, 2005 [EBook #16201]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PARNASO FILIPINO ***




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                            PARNASO FILIPINO


                           ANTOLOGA DE POETAS
                                  DEL
                         ARCHIPILAGO MAGALLNICO


                        Prlogo, seleccin y notas
                      DE EDUARDO MARTN DE LA CMARA




                                 BARCELONA
                           CASA EDITORIAL MAUCCI
         Gran Medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903,
         Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de
         Buenos Aires de 1910.

                               MALLORCA 166


                   ES PROPIEDAD DE ESTA CASA EDITORIAL


                          A LA HONRADA MEMORIA
                               DE MI PADRE
                 Eduardo Martn de la Cmara y Dvila,

                       Notario que fu de Manila;
                                     _espaol a ultranza; humano,
                                     fraterno y justo, cuando el serlo,
                                     bajo aquel_ "medio", _despertaba
                                     suspicacias_...
                                                   E.M. de la C. y M.



[Ilustracin: PARNASO FILIPINO]




PROLOGO


No te alebres, lector, al afrontar el ttulo de este volumen,
imaginando que van a servirte versos escritos en todas o algunas de
las treinta y tantas lenguas vernculas del Archipilago Filipino. Ni
yo sabra aderezar ese manjar, ni t cmo catarle. Sobre que tal
poesa es parva, "difcil de exponer", segn el ilustrado erudito de
all Don Epifanio de los Santos Cristbal, y con la antinomia de ser
sus cultivadores, tanto o ms que los autctonos, misioneros
espaoles, en rimas "a lo divino", enderezadas a inyectar la fe de
Cristo en los corazones isleos.

Los poetas son filipinos, pero los versos castellanos.

Por los dedos pueden contarse los vates indgenas en nuestro romance
durante los tres siglos y pico de dominacin hispnica. W.E. Retana[1]
nota tres hasta 1896: Atayde, Paterno y Rizal. Hubo algunos ms: Seva,
quejumbrn cantor de Charing (que aqu diramos Rosarito); Manolo
Rvago, en nmeros de pura ortodoxia; Juan Caro y Mora, Hermgenes
Marc, Isabelo de los Reyes, etctera, y ciertos bardos de ocasin
aspirantes a la lurea en los certmenes patriticos y religiosos,
mocero casi siempre adoctrinado en el "Ateneo" de la Compaa. Hasta
1898, ao lmite de nuestro seoro, fu meique la falange
versificadora, Motivos? Retana aduce dos: la censura de imprenta y el
desconocimiento del castellano literario por la mayor parte de los
filipinos netos. Con la primera,--ejercida por funcionarios a tono con
el ambiente, de patriotismo anquilosado, dignos de las covachuelas de
Fernando VII,--sobra para justificar la inanidad del Arte egregio que
no admite trabas ni menoscabos, slo germinante en la gleba arada con
reja de libertad y de justicia.

[Nota 1: De la evolucin de la Literatura Castellana en
Filipinas.--Los Poetas.--Madrid, 1909.]

Cuanto a la propagacin del castellano, prueba Retana,
documentalmente, cmo la coercieron los frailes--excepcin los
jesutas--contrariando espritu y letra de sucesivas reales cdulas
metropolitanas. Cun poco vali la treta lo demuestra no haber finado
1898 sin que vieran la luz pblica composiciones de los ms altos
metrificadores tagalos, Cecilio Apstol, Fernando M. Guerrero y Jos
Palma, seguramente florecidas en aquellos retirados cenculos donde se
haca literatura y revolucin.

Estn todos los que son y son todos los que estn? Creemos
sinceramente que s. De los "inolvidables" no debe de faltar ninguno.
Si se advierte llenura en la seleccin, entindase que el editor tiene
sus exigencias y que este volumen ha de contar predeterminado nmero
de pginas. Por aadidura, tratndose de exhumar una literatura
indita para muchedumbre de espaoles, pide la discrecin entregar al
lector los mayores elementos de juicio en cantidad y calidad.

Poetas se hallarn capaces de medirse con los consagrados nuestros:
tales Guerrero y Apstol. Rizal, Bernab, Recto, Palma, Balmori, Prez
Tuells, Victoriano, Torres, Marfori, mustranse tambin versificadores
de inspiracin y enjundia, sin desdear a los otros, ni a ninguno,
como explcitamente demuestra la recoleccin de su cosecha pimplea.
Pero no queremos trocar en ndice lo que es prlogo. Adems, bueno es
dejar un margen al leyente para que, con su propia solercia, espigue
en el FLORILEGIO lo bello y lo galano.

La poesa filipina, por la poca de su gestacin, brota--en
castellano!--algo hostil a la Metrpoli exdominadora. No pudindose
evitar el idioma, esquvanse los nicos razonables modelos, nuestros
clsicos y nuestros modernos, yendo los bardos a beber las castalias
aguas en los "parnasianos" y simbolistas franceses y en los
modernistas hispano-americanos. En stos, singularmente. El _azul_ y
los lirios y rosas lricos de Rubn coloran y perfuman la nueva poesa
ultramarina. Chispea el

    "anillo de oro hecho pedazos,
    que ya no es anillo, pero siempre es oro",

de Santos Chocano. Y cun equivocados los neo-versificadores, si as
creyeron librarse de hispanismo! El autor de la _Sonatina_ es poeta
excelso porque hay muchos, muchos clsicos espaoles en su educacin
literaria; y Mallarm, por slo citar un ejemplo, es chozno de
Gngora!...

Es poeta elegante y lapidario Cecilio Apstol, en cuyos nmeros campa
serenidad clsica. Bebi el licor tico en bcaro francs, posibles
divinos "alfareros" Moreas o Heredia, no nacidos en Francia.

Otro vate plenamente logrado es Fernando Mara Guerrero, "prncipe de
los lricos filipinos". En nuestra opinin desautorizada es el
exponente etnolgico, el poeta malayo por excelencia, el que ms
hondamente siente su raza. En _Ilang-ilang, El Kundiman, A Filipinas,
Bajo las caas_... vibra aquel alma tagala tan incomprendida, psiquis
sin complicaciones ni morbosidades, primitiva, melanclica, paciente,
siempre opresa y nostlgica de libertad, nervea y con arrestos en las
ocasiones altas.

Trasciende en Bernab, con muy gallardas estrofas en su obra, la
preparacin latina e hispano-clsica. Tambin en Pacfico Victoriano y
en Ramn J. Torres, poetas vigorosos.

Recto--discpulo de Guerrero como Marfori--luce amplio lxico, rico de
color. Es lrico verdadero. Si no se repitiera!

Palma, de estro enfermizo, fu delicado, noble y correcto.

Balmori es desigual. Tiene temperamento. Sabe decir muy bellamente...,
cuando quiere.

Prez Tuells ha de cuajarse. Ya da mucho. Ms promete.

En la lira femenina el cordaje ms melodioso pertenece a Adelina
Gurrea, toda sentimiento y emocin.

Y asombrrase el leyente de que no haya aparecido todava el nombre
del doctor Rizal, cuya soberana poesa _Ultimo Adis_ ha recorrido el
orbe. S, Rizal fu poeta; pero secundariamente. Su rasgo
caracterstico, bastante a obscurecer otras modalidades de su
mentalidad, fu el de revolucionario: dentro de este amplio crculo
estn insertos el cientfico, el literato y el polglota. Cultiv
todas las artes bellas, pero siempre disfrazada de musa la obsesin de
manumitir y dignificar a su patria. Como poeta, le superan Guerrero y
Apstol.

En toda esa labor apolinea, aun sin cumplir--prescindiendo de los
precursores--el cuarto de siglo de existencia, abundan inspiraciones
gemelas: cantos a la patria, a la nacionalidad y la independencia, a
los hroes epnimos--Rizal, Mabini, Jacinto, Bonifacio--loanzas de lo
aborigen... A las veces--ay! con demasiada frecuencia,--y asombrados
de discurrir sobre aquel bravo paisaje, surgen "Mim", los violines
de Versalles y el tacn rojo. Aun la metrificacin suele ser extica.
Pero hay ternuras como la de Guerrero, tejiendo su canto _A Hispania_
en el romance rotundo de los abuelos peninsulares.

Los poetas de este PARNASO, por lo general, no parecen descubrir en su
solar motivos de inspiracin. Porque los encuentra, elogia Guerrero a
Marfori en el proemio de _Aromas de ensueo_. Ni el paisaje, tan
sugeridor, les tienta, de lo que se duele el ya citado erudito de los
Santos Cristbal en el prlogo a _Palomicas de mi palomar_, de Felipe
A. de la Cmara. Acaso lamentos tales obraron como nervino sobre
algunas idiosincrasias, pues Apstol, Recto, Valds, Marfori, en
composiciones recientes, plasman sensaciones de aquella prodigiosa
Naturaleza.

Recapitulacin de tildes. Es frecuente en los filipinos, aun los
ilustrados, el sesear, defecto emergente de carecer del fonetismo de
la _ce_ sus lenguas vernculas. De ah el aconsonantar _besos_ con
_rezos_ y _sonrisa_ con _sinfoniza_. Otro vate consuena _jazmn_ con
_jardn_, lo que es menos explicable. Un tercero, queriendo decirle
"rimador" a Rueda le dice _rimero_, cosa bien distinta... Pero no
desmenucemos. En la construccin, es anomala reiterada la de emplear
los varios modos de los verbos cual si tuvieran igual valor en el
tiempo.

Atae este tema de los poetas filipinos pronuncindose por el
castellano, a otro de transcendencia nacional: la perdurabilidad de
nuestro idioma en el lejano Oriente.

Norte-Amrica hizo, hace y har lo posible por desarraigarle. Es un
hecho que desde 1911 el lenguaje oficial obligatorio de las islas es
el ingls; pero otro que dos aos antes, o sea a los once de frula
"yankee", se publicaban en el Archipilago 79 peridicos, de los que
29 estaban redactados en castellano, 15 en lenguas vernculas, 16 en
castellano y lenguas vernculas, 11 en ingls, 1 en castellano, ingls
y lengua verncula y 7 en castellano e ingls[2]. Ahora mismo, "La
Vanguardia" y "El Debate", los diarios filipinos de mayor autoridad y
circulacin, en castellano se imprimen. Es tambin un hecho que de los
40 poetas insulares catalogados en esta ANTOLOGA poseen el ingls
cuantos moran en las islas; pero otro que todos escriben y sienten!
sus composiciones en castellano. Y as, cuando vemos como ttulo de
una el _Awake_ britano en lugar del espaol, _Despierta_, nos sentimos
sorprendidos, como defraudados...

[Nota 2: _El idioma castellano en Filipinas_.--Artculo de Antonio
Medrano en la revista "Cultura Filipina". n. I, Abril de 1***]

No parece prxima la concesin al solar rizalino de la independencia
que ansa. Tanto peor para el idioma ingls. Porque el nacionalismo,
henchido de brillantes poetas y prosistas, por dar en rostro al
detentador, ms ahincadamente emplear y propagar nuestro romance.

Y arribada la independencia, que al fin ha de llegar, insuficientes
las lenguas vernculas para las relaciones exteriores, as como el
Japn, en trance parigual, escogi el ingls, el nuevo estado, si cae
del lado del corazn, elegir el castellano. Al fin, el rea de los
pases de habla hispana es superior al rea de los territorios de
habla inglesa, y como idioma internacional el imperio del castellano
ser creciente, por lo prolfico de la raza, por el desarrollo de las
jvenes repblicas de Amrica, por haber sustitudo su enseanza a la
del ingls y francs en las naciones que cuando la gran guerra
lucharon frente a la _Entente_, y por extenderse el cultivo en las de
sta misma, con vistas a los mercados del Nuevo Mundo.

Sean los bardos tagalos paladines en su dorada Malasia del idioma
colonizador!

Que "en Flandes se puso el sol"; pero para la lengua castellana no se
ha puesto todava...

Algunas lneas para justificar la incorporacin al PARNASO de la
seccin consagrada a los _Poetas espaoles en Filipinas_.

Apenas esgrimiendo el plectro, durante nuestra dominacin, los
nativos, por las razones apuntadas, era posible que una robusta
colonia de espaoles alentara sin ejercitar el noble arte de la
Poesa? No, por cierto. Siempre hubo poetas, pero ms desde que la
prensa fuse extendiendo. El culto estuvo reservado a una minora de
peninsulares, que, sin entrar de lleno en el pas, estimndose
transentes, no recibieron la sugestin de aquellas almas ni de
aquella Naturaleza. A que la inspiracin potica volara rastrera
contribuyeron el medio y la censura de imprenta, tambin aplicada a la
raza dominadora. Era de mal tono loanzar al pas sin muchas reservas y
alguna irona; y quien con perennidad lo hiciera, corra el riesgo de
que le apellidaran filibustero...

Aquellos metrificadores hispanos fueron, por lo comn, "poetas de
'Madrid Cmico', fabricantes de versitos festivos, sin pretensiones"
ni transcendencia. De los que merecieron dictado de poetas se han
recogido muestras. Hay entre ellos dos, Manuel Romero de Aquino y Jos
Garca Collado, sobre cuya obra requerimos la atencin del lector.
Peninsulares ambos; pero emigrantes en edad moza al Archipilago, all
besaron las pimpleides su frente de elegidos. All murieron,
desconocidos de la tierra del abolorio. Mostrronse vates verdaderos,
aun bajo el yugo de la censura, y habran lucido como tales en los
senos de cualquier mundo literario.

No sin esfuerzo hanse juntado los materiales del presente FLORILEGIO.
Para seleccionar lo moderno, la enorme distancia entre aquende y
allende y la inveterada pereza--por poetas y por filipinos--de los
vates luego arracimados, nos amontonaron dificultades. Por suerte,
hanos acorrido la sacra amistad, personificada en Adelina Gurrea,
gentil poetisa insular, morante ahora en Espaa, y en dos ilustres
directores de peridico, que son algo ms que periodistas: Jos Mara
Romero Salas, de "El Mercantil", de Manila en esta ocenica ciudad
conocido, entre literatos, por "El Maestro", y Joaqun Pellicena
Camacho, eximio periodista en Espaa. Con generosidad ejemplar de
artistas enamorados de la Belleza y del Bien, nos han franqueado
libros y papeles donde el alma malaya dej su emocin lrica...
Vyales nuestra gratitud, que no es una palabra ms, sino un cordial
latido del corazn.

Ahora, lector, djame, porque yo te dejo. T vas ganando. Avanza la
procesin de poetas...

                     EDUARDO MARTN DE LA CMARA

Alcal de Henares, ciudad abuela del "Quijote", Septiembre, 1922.




Apostol (Cecilio)

Naci en Manila--humilde su cuna como la de Plauto--el 22 noviembre
1877. Fu bachiller por el Ateneo municipal, que regentaban los
Jesuitas; y abogado, 1903, mediante exmenes ante la Corte Suprema de
Manila. Comenz a escribir, adolescente, en peridicos espaoles de su
ciudad natal. Su salida al mundo de las letras fu en "El Comercio",
1895, con la composicin _El terror de los mares ndicos_. Declara ser
sus poetas dilectos Verlaine, Moreas y Baudelaire. Escribi versos en
lengua francesa. Muchos premios en certmenes literarios.


                A RIZAL

(EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO)

Hroe inmortal, coloso legendario,
emerge del abismo del osario
en que duermes el sueo de la gloria!
Ven. Nuestro amor, que tu recuerdo inflama,
de la sombrosa eternidad te llama
para ceir de flores tu memoria.

Esta es la fecha, el da funerario
en el cual el tirano sanguinario
te hizo sufrir el ltimo tormento,
cual, si al romper el nfora de tierra,
la esencia que en el nfora se encierra
no hubiera, acaso, de impregnar el viento.
Cunto te debe el pueblo! En tu calvario
eras ayer el astro solitario
que alumbraba los campos de batalla,
la dulce aparicin, rizo del cielo,
que infunda a los mrtires consuelo,
valor al hroe y miedo a la canalla.

Quin no sinti hudas sus congojas
repasando tu libro[3] en cuyas hojas
la popular execracin estalla?
Hermanando la mofa y el lamento,
vibra, encarnado en su robusto acento,
el silbo agudo de candente tralla.

[Nota 3: Jos Rizal, _Noli me tangere._]

Quizs en tu ostracismo voluntario
juzgabas que era un sueo temerario
manumitir nuestra oprimida raza;
mrala hoy: es virgen arrogante
que, con la augusta libertad, tu amante,
en un amplexo fraternal se enlaza.

Caste como fruta ya amarilla,
pero cay contigo la semilla.
Ya es una planta vigorosa; el germen
ha medrado en el surco de la senda,
y libres ya de la mortal contienda
bajo su sombra tus hermanos duermen.

Duerme en paz en las sombras de la nada,
redentor de una patria esclavizada!
No llores, de la tumba en el misterio,
del espaol el triunfo momentneo,
que si una bala destroz tu crneo,
tambin tu idea destroz un imperio!

Gloria a Rizal! Su nombre sacrosanto,
que con incendios de Thabor llamea,
en la mente del sabio es luz de idea,
vida en el mrmol y en el arpa canto.

El enjug de nuestra patria el llanto;
su verbo fu la vengadora tea
que encendi, en el fragor de la pelea,
los laureles de Otumba y de Lepanto.

Revernciale, oh pueblo redimido!
Llanto del corazn vierte afligido
por el amargo fin del gran patriota.
Y hoy que en los aires la tormenta zumba,
no salga ni un quejido de su tumba
al verte, oh pueblo, nuevamente ilota!

30 Diciembre 1898.


                A EMILIO JACINTO[4]

[Nota 4: Aparece registrado como poeta en el lugar
correspondiente de este Florilegio.]

Patriota: en los tiempos de ingratos estudios y audaces
locuras, y dulces visiones de rostros fugaces
con rezos y risas en labios de ingenuo carmn,
hermtico fuiste al amor y su gaya conquista.
Lo raro anidaba en tu airosa melena de artista,
y raras orqudeas poblaban tu austero jardn...

En odio implacable a todo lo inicuo y nefario,
tu mente inflamaba una arenga del nuevo Brumario
o un trozo del "Noli"; adorabas a Ibarra[5] y Danton
y amabas lo antiguo. La edad patriarcal y de oro
del pristino rgulo, tuvo en tu verbo sonoro
la clara justeza de amada y distante visin.

[Nota 5: Personaje central de _Noli me tangere_, donde el autor de
la novela tal vez quiso personificarse.]

Espritu prcer, sensible al potico encanto,--
que a veces es ritmo y a veces es flor,--de tu canto
aun queda el recuerdo sonoro en el aire natal;
aun vibra y contagia el patritico ardor de tus versos,
y muestra tu limpia versin el claror de los tersos
diamantes que enjoyan el "Ultimo adis" de Rizal.

No fu tu exclusiva misin la del canto apolneo.
La arcana virtud, que preside el rodar curvilneo
de pueblos y razas que integran la admica grey,
tu accin en el ciclo inicial prefij en el espacio:
Rizal puso el germen; su msculo Andrs Bonifacio[6];
t, el brazo y la idea juntaste en armnica ley.

[Nota 6: Revolucionario filipino, caudillo de las partidas que
dieron (Agos* **illisible** Balintauac) el grito de rebelin.]

As como el gris tenebroso de edades provectas
doraron las mximas puras de las Analectas,
y en ellas el Asia, rompiendo el sopor secular,
la voz escuch del que luego escribiera a Corinto,
tu noble evangelio de honor y de patria, oh Jacinto!,
nimbando a tu raza, engrandece la historia insular.

Rumor subterrneo, en mitad de la idlica fiesta,
sinti la colonia, y un viento de airada protesta
pas por las frentes su fuego de clido tul.
Plasmaste el anhelo en que espritus libres se adunan,
y entonces, al rojo fulgor del audaz _Katipunan_,
puales febriles lanzaron su reto al azul...

La ubrrima tierra tornse despus en un lago
de sangre firmada en el Pacto,[7] y el bolo hizo estrago,
fulgiendo en el puo broncneo de aoso rencor.
La suerte fu adversa a tu ardor eficaz de guerrero;
no obstante, a tu genio encubra el vulgar prisionero,
y hubiste merced del hidalgo oficial cazador.

[Nota 7: Alusin al de amistad concertado entre Miguel Lpez de
Legaspi, primer Adelantado de las islas Filipinas por Espaa, y el
rgulo Lacandola. Por imitacin de ste le firmaron ambos personajes,
mojado el clamo en sangre para el caso extrada de sus venas. Tal
suceso histrico sujiri al gran pintor tagalo Juan Luna y Novicio un
hermoso lienzo que, al cesar la soberana de Espaa en el
Archipilago, (Agosto, 1898), decoraba un saln del Palacio municipal
de Manila.]

Despus que la amada bandera se irgui hacia los astros,
en montes y valles, floridos, de histricos rastros,
tu dplice gloria fu esquiva al favor popular.
Busc tu nostalgia el retiro ancestral, y en belleza
rendiste, por fin, a la Parca tu insigne cabeza,
de cara a tu cielo, debajo de airoso palmar.

"La muerte es descanso". Cerebro en que tuvo su hornaza,
la idea que urdi la epopeya inmortal de la raza,
descansa. La Patria vigila tu sueo de paz.
La patria, orgullosa, entre epnimos hroes te nombra.
Moriste dichoso, sin ver que sobre el pecho la sombra
del ala extendida y las garras del buitre voraz.

La suerte est echada. Borraste el padrn infamante,
y en su hspida senda tu pueblo camina adelante.
Tal vez llegue al fin, o tal vez lo sepulte el alud.
Ya el rbol, nutrido con sangre y acerbos dolores,
sonre en sus frutos y espera en sus vrgenes flores.
No es una razn el negarlo; tampoco es virtud.
1912.


SOBRE EL PLINTO

           (A. MABINI)[8]

_Justum et tenacem propositi virum_. HORACIO.

[Nota 8: Apolinario Mabini, paraltico de cuerpo pero luminoso
cerebro de estadista, redact las leyes sobre que se asent la efmera
repblica filipina y fu elegido presidente del primer gobierno
revolucionario de Malolos, Enero, 1899.]

Ante el eterno smbolo grantico,
consagracin de tus civiles palmas,
cumbre mental, sublime paraltico,
te aclaman hoy nueve millones de almas.

El tiempo, que devora despiadado
nobles recuerdos dignos de la historia,
sobre el rojo horizonte del pasado
conserva y magnifica tu memoria.

Hoy, como ayer, la multitud te aclama,
te elogia el sabio, te celebra el sistro;
y es actual, por imperio de tu fama,
tu investidura de primer ministro.

Muri el Estado efmero que urdiste,
sin otro alguno, ni anterior, ni anlogo;
mas tu gobierno espiritual, subsiste,
est en vigor tu original Declogo.

Cuantos admiran tu genial vestigio
grabado en el solar de tu linaje,
vinculan a tu lmpido prestigio
la sancin de un perpetuo caudillaje.

Madura en hechos la rebelde idea,
mtilo el cetro de la noble Espaa,
la reconquista levant su tea
para alumbrar tu constructiva hazaa.

La patria de las ansias juveniles
estaba all, de sus destinos duea,
alzada sobre un bosque de fusiles
bajo el amparo de una libre ensea.

La que soaste, acaso, en un monlogo
bajo un frandaje de rotundas _mangas_,[9]
labrando arquitecturas de idelogo
en la quietud de tu natal Batangas.

[Nota 9: Fruto del rbol terebintaceo nombrado _mango_.]

Patria inmortal de la actuacin primera,
que en sangre mrtir empap tu suelo,
y en los pliegues cuaj de una bandera
la afirmacin de su vital anhelo.

Patria naciente, tras labor titnica
como aquellas de Bismarck y de Mazzini,
faltaba un hombre que la hiciese orgnica,
y ese hombre fuiste, colosal Mabini!

Ignota corre el agua subterrna
hasta que, gracias al humano ingenio,
bajo el subsuelo surge subitnea:
as, glorioso, apareci tu genio.

Y fu cuando otra vez tembl la tierra
al paso audaz del triunfador Emilio,[10]
cuando la mano que rigi la guerra
se levant al poder desde tu exilio.

[Nota 10: Aguinaldo, caudillo de la revolucin, luego generalsimo
y presidente de la repblica.]

Todo el nuevo fervor del patriotismo
que exaltaba un espritu halageo,
la intuicin, la acuidad, el dinamismo
mental pusiste en tu grandioso empeo.

Y tu obra demostr que, si fecundo
fu tu pueblo en heroismos de batalla,
tambin poda presentar al mundo
un estadista de tu enorme talla.

La flor ilustre que cuid tu mano
tronchla el soplo de enemigo cierzo;
mas la medida del valor humano
no el xito la da, sino el esfuerzo.

No queda del ayer para el fenicio
mas que la huella del sangriento agravio,
y para el pueblo el noble sacrificio
y tus laureles de patriota y sabio.

Ser execrado el triunfo de la fuerza
en nuestra actualidad de cautiverio,
mientras la ley de la justicia ejerza
en la conciencia universal su imperio.

Mas no muri la causa independiente.
Faltla el brazo, pero tiene asilo
en las almas, y flota en el presente
como la cesta bblica del Nilo.

No es fcil, no, que el ideal sucumba
bajo la accin del tiempo o la violencia,
pues, como el trigo de la egipcia tumba,
en s contiene secular potencia.

Y ha de surgir en el futuro ignoto,
llevado a plenitud por el destino,
como la flor del legendario loco,
como el cofre del Padre Florentino;

porque supo de triunfos y derrotas,
porque tuvo su cruz y su calvario;
la sangre le ofrecieron los patriotas
y t el cerebro, oh gran Apolinario!

Era de hierro y de cristal tu mente;
grandes ideas model su fragua;
tuvo el vuelo del guila potente
y la profunda claridad del agua.

La vida concentr sus energas
en tu cerebro luminoso y triste.
Ninguna falta de los pies tenas
para los altos vuelos que emprendiste.

Fuiste toda una mente geomtrica,
frmula abstracta, puro pensamiento,
que nos hablaba en nuestra noche ttrica
con una voz de sibilino acento.

A la tienda lleg del adversario,
razonador, sin altivez ni reto.
Si no cambi su juicio refractario,
mucho fu que ganara su respeto.

Busc el retiro de rural sosiego
y prosigui su ruta sin desmayo.
Para trazar su rbrica de fuego,
tras densa nube se recoge el rayo.

Sobre el rojo fulgor del exterminio,
sobre el mortal estruendo de las balas,
en el azur, su natural dominio,
serenamente despleg las alas.

All alumbr la senda tenebrosa
en su funcin de numen y atalaya;
all engendr la concepcin grandiosa
de una fecunda comunin malaya.

Tu inteligencia en su carnal encierro,
era un poder supremo y absorbente.
Que fu tu misma voluntad de hierro
sino una fuerza que forj tu mente?

Y este fu el timbre, el sello ms glorioso
que seal tu esplndida carrera;
rimaste el pensamiento vigoroso
con la indomable voluntad austera.

Aqu ests ya en lo eterno de la piedra,
genio vindicador de nuestra raza.
A tu columna, con amor de hiedra,
nuestra ferviente admiracin se abraza.

Gentes futuras cantarn tu nombre,
y al contemplar tu busto en el espacio
dirn:--"Fu un alto pensador, un hombre
justo y tenaz como el varn de Horacio."

Patria, que ves, gozosa, en tu sorpresa,
los saltos de gigante de tu raza,
y vives entre un iris de promesa
y un nubarrn lejano de amenaza;

patria fecunda en hroes y licurgos,
nadie habr que tus mritos no estime;
pues siendo madre de Rizal y Burgos,
pariste un paraltico sublime.

Mabini fu un excelso paradigma.
En sus virtudes tu virtud renueva.
As saldrs, gallarda y sin estigma,
de los rojos crisoles de la prueba.

Y aunque contemples en casual desfile
el torpe halago y la esperanza trunca,
sabrs sentir, cuando tu fe vacile,
toda la fuerza del vocablo "nunca".

Pero, si indigna de tus dioses lares
perpetuamente has de vivir cautiva,
fuera mejor que tus contiguos mares
en un sepulcro te sepulten viva.

Marzo, 1915. (Al inaugurarse en Batangas el monumento a Apolinario
Mabini).


              A ESPAA IMPERIALISTA

(CON OCASIN DEL VIAJE A FILIPINAS DE SALVADOR RUEDA)

Y mientras en Europa tiene un festn la "Intrusa"
y los vetustos pueblos son como inmensas piras,
Espaa, fabricante de las ms fuertes liras,
desda el castillo en donde la hostilidad rehusa,
amante nos recuerda envindonos su musa.

Gracias, oh madre antigua, por el presente regio
que a la abundancia sumas de tus pasados dones.
Qu ms que la embajada de tu poeta egregio,
qu ms que su exquisito y vasto florilegio
para sellar afectos y sugerir uniones?

Espaa: est en el mundo tu alta misin fijada;
en sueos de conquista tu accin total se inspira,
tu historia est en Amrica, en Flandes y en Granada.
Ayer fundaste reinos por medio de la espada.
Hoy vuelves a ganarlos por medio de la lira.

En la extensin del tiempo aquel sueo aquilino
que presidi las hoestes del Quinto de los Crlos,
en forma renovada, prosigue su camino.
Si a pueblos de tu raza no intentas sojuzgarlos,
sus rumbos enderezas hacia un comn destino.

Yo admiro el alto vuelo de tu ideal conquista
que, alzndose del lodo de la mortal miseria,
abarca el mundo hispano con ojo imperialista,
y aspira, por la magia del sabio y del artista,
a establecer las bases de una mayor Iberia.

Espaa: nos desune del pilago la anchura;
tambin la propia sangre de t nos diferencia.
Mas tuyo es nuestro idioma, es tuya la cultura
que a remontar nos lleva tu nacional altura;
que nutre el santo anhelo de nuestra independencia.

Y si, por rasgos tnicos, en gran desemejanza
de tu linaje insigne nuestra nacin est,
sabemos que, al principio, para pactar su alianza,
juntaron y bebieron, a la nativa usanza,
sus sangres en un vaso Legazpi y el Rajah.

Madre de veinte pueblos que hablan tu hermoso idioma
yo te saludo en este tu embajador poeta
y anso que tu sueo, anlogo al de Roma,
lo vivifique un mundo que te ama y te respeta
eterno sea el triunfo de tu vital axioma.

Vivir es renovarse. De tu pasada gloria
el canto repetido tu accin jams empaa.
Espaa ya ests libre; no hay moros en tu entraa.
Renueva el viejo grito que truena por tu historia
y d al patrn herico: Santiago, y abre Espaa!

Abre Espaa a las nuevas corrientes de la vida,
abre Espaa al abrazo de sus hijos dispersos
y surja del Pirene, como hostia bendecida,
el sol de un culto unnime, en el que adore unida
la progenie del inca de los cultos diversos.

Bendito ser el da en que a la vida brote
del suelo de Pelayo un nuevo y fuerte imperio
que pase de Galicia, que pase del islote
de Gibraltar, el da en que medio hemisferio
raye con larga sombra la lanza de Quijote.

Septiembre, 1915.


                PAISAJE FILIPINO

El sol en su ebriedad suprema el suelo muerde.
Porque todo en la hora canicular concuerde,
Ni un hlito de brisa cruza la extensa y verde
Paz del campo, ni un ave en el azl se pierde.

Un mango aislado eleva su centenaria fronda
Junto a un _puns_[11] enano de giba aguda y monda,
Que las hormigas alzan para que en l se esconda
El _nunu_[12] vigilante que por las mieses ronda.

Lejos corre, seguida del cro, una potranca;
Un carabao lustroso en un charco se estanca;
En su lomo una garza hace una nota blanca.

Un ro desenrosca las eses de su tripa,
Y asoman, all en donde su curva se disipa,
Las manchas trapeciales de unos techos de nipa.

[Nota 11: _(Puns)_ Montculo de tierra elevado para su albergue
por la hormiga nombrada _anay_.]

[Nota 12: Fauno, silvano.]


          LNEAS ACTUALES

    (EN LA NATIVIDAD DE RIZAL)

Fu en una hora de graves indicios,
cuando por sobre la calma ilusoria,
t, que ensayabas tus vuelos novicios,
patria, escuchaste mi voz monitoria.

Dieron los hechos razn a mi aviso
diste en la clave del prfido enigma,
cndido el pueblo que fu manumiso
en la quimera que dora su estigma.

Sobrevivimos con harto desdoro
a los horrores del fiero desastre;
sobrevivimos y un ureo decoro
cubre un harapo de vida en arrastre.

Oh, cuntas veces, en noches sin astros,
como al imperio de un alto dictamen,
hroe, tu sombra define sus rastros
fija en un gesto solemne de examen!

Y yo te veo, temblando ante el mgico
gesto que imprime en el aire su marca,
(tal vi la sombra paterna aquel trgico
prncipe triste que hubo en Dinamarca).

No de vindicta de infamias inultas
tu epifana camino me traza;
yo te adivino las ansias ocultas:
quieres la suerte saber de tu raza.

Cmo decirte que un husped ingrato,
hbil en agios y en constituciones,
rota la suya, mediante un contrato,
es nuestro dueo por veinte millones![13]

[Nota 13: Alfilerazo a los Estados Unidos.]

Cmo decirte que un mal metablico
identifica a la antigua colonia,
que, bajo el peso de hierro simblico,
nuestro terruo nos es Babilonia!

Cmo decirte que yerras ilusas
las esperanzas bajo un cielo obscuro,
que el Ideal, con ambiguas excusas,
tinenlo a fianza de ignoto futuro!

Una tutela que no demandamos
pone a las ansias el freno del hecho.
Y tras dos guerras por no tener amos,
somos mendigos del propio derecho!

Hay libertades civiles, hay templos
en que se plasman futuras matrices
de ideas sanas, hay nobles ejemplos,
hay el empeo de hacernos felices!

Tiene un programa de sano humanismo
el nuevo Csar plutcrata y rubio,
y hasta en el culto a tu excelso heroismo
se nos asocia en un sabio connubio.

Bellas promesas que un rato recrean
luego se fugan con gestos ausentes,
y en combativas arenas chispean
cruentos reproches, cual gladios fulgentes.

Propios y ajenos pecados disculpo;
--con la codicia, del brazo, va el hambre,--
cierto es, en tanto, que hempico pulpo
viene extendiendo su odiosa raigambre.

Haz que formemos, Seor y Maestro,
contra ambiciones un slido muro,
por la memoria inmortal del ancestro,
por el destino del nieto futuro.

Frente a la audacia del imperialismo,
que en triunfo ostenta el orgullo del yelmo,
danos tu lumbre, tu bravo heroismo,
y une las almas en fuerte cogelmo.

Y proclamemos, de cara al Destino
y ante caones de gruesos calibres,
que existe un nuevo derecho divino:
el de los pueblos a ser todos libres.

Y antes que el tiempo nuestra espalda encorve,
pueda la patria de tu amor, Rizal,
bajo el glorioso luminar del orbe,
levantar su bandera nacional.

1920.



Atayde (Juan)

Manileo. Residi largas temporadas en la metrpoli, forzado algunas
veces por su profesin militar. Muri, siendo comandante, en 1896.
Cultiv el aplogo. Dirigi en Manila un diario.


        UN AO MENOS

Ve el hombre pasar el ao
con mirada indiferente,
cual ve el rbol la corriente
que le riega con su bao.

Justo el desprecio es quiz;
que el agua que va pasando
a la tierra socavando,
al rbol arrastrar.

Tampoco el hombre "no" advierte
del tiempo la brusca huida,
que al par que le da la vida,
le va arrastrando a la muerte!




Balagts (Dalmacio H.)

Contemporneo. Natural de la Pampanga.


                  LGRIMAS

Lentamente se mustian mis pobres ilusiones
Tristemente se mueren mis ensueos en flor...
Y en todas mis endechas y en todas mis canciones
Solo hay cantos de pena y quejas de dolor.

Ignoro este misterio tan triste de mi vida
Que a veces con mis lloros, yo quisiera morir...
Ignoro si hay otra alma sensible y dolorida
Que en esta vida quiera mis penas compartir.

Ni los labios henchidos de mimos y embelesos
Que mitigan las penas con caricias y besos
Han podido de mi alma suavizar el dolor.

Misterio de mi vida! Oh mi queja infinita!
Slo a ti te comprende, mi fiel madre bendita,
Que con su santo beso, regenera mi amor!...


                 DULCEMENTE

Hay como besos locos de bocas olorosas,
hay brisas perfumadas de lejanos abriles,
hay aromas quimricos de mileguas y rosas,
al oscular la aurora los dormidos pensiles.

Hermosa est Natura. Albarizos encajes
pueblan el azl cielo. En amorosas citas
las aves maaneras juegan en los ramajes
y se inebrian de esencias de suaves sampaguitas.

Besos de sol se posan en las cabezas mustias,
y ante las plantas de una Virgen de las Angustias,
musitando plegarias de matinal candor,

como una blanca sombra, est Mim de hinojos
desgreada la trenza, soolientos los ojos,
--princesa fugitiva de un pas del amor.


                 HOMENAJE
             A SALVADOR RUEDA

Embajador poeta que vienes a esta tierra
donde flame un da la ensea roja y gualda,
toma las galas todas que mi solaz encierra
y danos de tus rimas la perennal guirnalda.

De tus gloriosos versos la prodigiosa alquimia
afianzar los vnculos de nuestra antigua alianza,
que no en balde parlamos la hispana lengua eximia
y bru el sol nativo del "Quijote" la lanza.

No morir en mi tierra la lengua de Castilla,
la cultura espaola no encontrar su ocaso,
las leyes del Rey Sabio tendrn vida inmortal;

porque en la historia un nombre eternamente brilla,
al lado de Cervantes, Molina y Garcilaso,
el nombre de aquel vate, hroe y mrtir: Rizal.

Octubre, 1915.




Balmori (Jess)

Manileo. Comenz a metrificar para el pblico a los quince aos, y a
los diez y siete public su volumen _Rimas malayas_ (Manila, 1904).
Sus primeros modelos fueron Bcquer, Espronceda y otros bardos
hispanos. Idolatr, luego, en Rubn. Tambin cree en Villaespesa,
Rostand y D'Annunzio. Es padre de dos novelas y dos zarzuelas.
Laureronle en copia de certmenes poticos.


                        GLORIA!

(LETRA DE UN HIMNO ESCOLAR A RIZAL, PREMIADO NOVIEMBRE, 1908), EN
CONCURSO PROMOVIDO POR _El Renacimiento_, DIARIO NACIONALISTA DE
MANILA.

Del suelo de la patria que vuestra, sangre encierra
hoy brota un himno santo en vuestro augusto honor.
Gloria al que abri los surcos para labrar su tierra!
Gloria al que abri las almas para ensear su amor!

No se extingui en los aires vuestra palabra amada;
no faltan labios jvenes que besen vuestra cruz;
y la legin de apstoles por vos fructificada
no olvida al que en la noche cay pidiendo luz.

Luz para las conciencias, para las almas todas;
luz para el ara triste del olvidado altar;
que aquella vuestra lmpara que se apag en las bodas
ilumin, estallando, el alma popular.

Brotan frutos del suelo que el germen vuestro encierra;
las almas aprendieron a amar en vuestro honor...
Gloria al que abri los surcos para labrar su tierra!
Gloria al que abri las almas para ensear su amor!


          LA VENGANZA DE LAS FLORES

                   (CUENTO)

                       I

Seor: Pues sta era una gentil chiquilla
Hija de un primitivo y autctono rajh,
Ms bella que la estrella que sobre el viento brilla,
Ms dulce que este cuento que a t brindado v.

Si hubieras visto qu ojos! Lo mismo que dos frutas
De un _lomboy_[14] que tuviera las ramas perfumadas!
Y qu labios de rosa! Y qu gloriosas rutas
Y lneas las del cuerpo de carnes encantadas!

Y se llamaba Flora, como la primavera,
Y su voz como el canto de los pjaros era,
Y sus cabellos negros y largos, y su frente...

Su frente era como un jazmn harto de aurora,
Con mucho de romnticos amores soadora
Y mucho de los rayos de luna. Dulcemente.

[Nota 14: Fruto negro, brillante, del rbol as nombrado.]

                       II

Seor: Pues esta nia estaba abandonada
Por el rajh, ocupado en combates sin fin,
Y como ya muriera su madre, infortunada,
Ahora buscaba amor y aroma en el jardn.

Pero las flores, muchsimo menos amorosas
Que esas santas llamadas las madres de los hombres,
De la gentil chiquilla y su beldad celosas
Acordaron matarla, seor, aunque te asombres.

Que a veces la flor mata, como matan las leyes,
As sean las vctimas diosas o hijas de reyes,
As el verdugo luego grite arrepentimiento.

Y el acuerdo de todas las flores vengativas,
Desde las sampaguitas hasta las siemprevivas,
Qued temblando a modo de una hoz sobre el viento.

                       III

Y aqu viene lo triste, seor, de todo esto;
Porque una tarde Flora cort y cort ms flores,
Y luego de apiarlas en su tagalo cesto,
Se fu a su lecho para contarlas sus amores.

Y se qued dormida con ellas, y con ellas,
Que se rean bajo la luz de las estrellas,--
Lmparas de oro puestas en el celaje cnico,--

Flora, a la luz del alba amaneci abrasada,
Completa y dulcemente, de muerte perfumada.
Las flores la mataron con su cido carbnico!

1910.


               EL VOLCAN DE TAAL

             (HACIA LO PARADJICO)

Y Dios cogi una vara de estrellas encendidas
Para prenderle fuego al crter del volcn.

Temblaron las entraas del monstruo, sacudidas.
La noche se ti del sol de sus heridas.
Y al despertar del sueo de siglos el titn,
Busc a las dulces vrgenes al pi de su albo lecho,
Busc a las flores hechas de todos sus vapores
Para clavar--qu loco!--sus garras en el pecho
     De vrgenes y flores.

     Cayeron. Y por ellas
Llor el coloso luego sus lgrimas de estrellas.

Y es que algo en el zarpazo del dbil a los fuertes
Pudiera aventurarnos a inmensos silogismos.
Si fueran esas cumbres eternamente inertes
Las guilas no haran su nido en los abismos
Oh ejemplo de las lavas!
Oh, t, que matas vrgenes y rosas con tus babas
Llorando aquella risa con que rod Satn!
Sigue rompiendo almas, sigue rompiendo prados.

Dios coger una vara de lirios perfumados
Para apagar el fuego del crter del volcn.

1910.


           EN EL CIRCO

Alma bohemia que jams se abate,
gemela de Talin y Prometeo,
antes que suene el grito de combate
por la arena del circo me paseo.

No temas t, oh Amor, porque me veas
despreciando mi vida ante el Coloso;
Una gota de sangre en las ideas
es Jess en el Glgota glorioso!

Y yo no temo al Csar! Por mis venas
corre sangre de mrtires malayos...
Quin dijo que con balas o cadenas
puede atajarse el vuelo de los rayos?

Se ha de inclinar su testa coronada
bajo el verbo de gloria que pregono,
que es ms grande mi pluma que su espada!
y hay ms fuerza en mi pecho que en su trono!

Pero no has de temblar, oh dulce amada,
Luz de mis ojos, paraiso mo!
Cuando t veas fulgurar mi espada
en el solemne y loco desafo.

Que as cubra mi frente la victoria
como sobre la arena me desangre,
Si triunfo, para t toda mi gloria!
Si caigo, para t toda mi sangre!


          BIENAVENTURANZA

Yo he abierto mi puerta al mendigo
y le he dado el dinero que tengo.
El pobre es mi padre y mi amigo,
y es pobre el hogar de que vengo.

He dado mi plata, a los ruegos
del viejo que llama a mi puerta
y clava sus ojos, ya ciegos,
en mi alma al amor siempre abierta.

Yo he dado mi plata qu importa!
No lloren por m los abuelos.
La vida es muy triste y muy corta,
y hay algo que premian los cielos.

Y no ha de faltarme a la mesa
el triste mendrugo que he dado;
que un ngel de Dios siempre besa
la mesa del que es desgraciado.

Bendiga mi frente la muerta;
la madre que lloro y bendigo.
Por ella yo he abierto mi puerta,
y he dado mi plata al mendigo.


A NUESTRO SEOR DON QUIJOTE DE LA MANCHA

(PREMIADA EN CONCURSO ORGANIZADO POR LA "CASA DE ESPAA", DE MANILA,
1920).

Seor de los poetas, de los desventurados
De todos los de ensueo de libertad turbados,
De los que han hambre y sed de justicia en la tierra!
Seor de los esclavos, seor de las zagalas,
En cuya frente baten las guilas sus alas,
Y en cuyo pecho Espaa su corazn encierra!

En la vida que es triste, que es llena de amargura,
Y que slo el amor salpica de ventura,
Como a ingrata doncella amante dadivoso,
Qu corazn que suena, que espritu que adora,
No convierte en princesa la humilde labradora
Y no cree que Aldonza es la flor del Toboso?

An seguimos soando castillos las posadas,
Ejrcitos de prncipes altivos las mesnadas,
Jardines encantados los pramos sin dueo,
Y en todos los instantes y en todos los caminos,
Todos vamos cayendo por luchar con molinos,
Y a todos nos destrozan las aspas del ensueo!

Qu sera del mundo sin el halo divino
Que nos cubre lo mismo que el yelmo de Mambrino?
Qu sera la vida sin la dulce poesa
Que ciega nuestros ojos con sus flotantes tules,
Para llenar el alma de lmites azules,
Y partir con un Sancho el pan de cada dia?

Oh, seor, ve que es cosa de gran desesperanza
salir por esos campos empuando la lanza,
A desfacer entuertos en sin igual empresa!
Luchar con la quimera hasta rendir los brazos,
Y azotarse las carnes hasta hacerlas pedazos,
Por romper el encanto que aduerme a una princesa!

Pero todos lo hacemos. Todos siguen de trote
No hay un hijo de Espaa que no sea Quijote,
Y aunque vaya soando, haga el bien por doquiera.
Destrozado y herido le hallarn en la vida,
Pero no habr una herida ms ideal que su herida,
Ni habr estrella ms alta que su noble quimera.

Nada importa el que clama que su esfuerzo es locura,
Que es intil su arrojo, que es fatal su aventura
Don Quijote discute todo eso con su lanza!
Y, en tanto ya ensartando malandrines follones,
Cargado de esperanzas, de ensueos, de visiones,
Por los campos del mundo avanza, avanza, avanza....

A su paso se llenan de flores los caminos,
Se abren todas las ventas, se callan los molinos,
Y aunque por todo oro lleve su sola historia,
Ante su porte triste soberbio, vagabundo,
El sol se para en lo alto de la frente del mundo,
Y como una campana de luz repica a gloria.


TRIPTICO REAL

(PREMIADA EN EL MISMO CERTAMEN QUE LA ANTERIOR)

                 I

            ALFONSO XIII

Cuando cada monarca de la tierra
Sobre un crter de horror su espada afila,
Y muere en flor la pompa de la tierra
Bajo los potros del moderno Atila;

Cuando Europa, violada y destruida,
En ese loco batallar sin nombre,
Siente que escapa su divina vida
En el agonizar de cada hombre;

Slo t, paladn excelso y franco,
Caballero ideal de punta en blanco,
Guardas tu espada de encendida lumbre.

Y abres en cruz tus brazos soberanos,
Para llamar a todos tus hermanos,
Como un Dios en lo alto de una cumbre.

                II

       VICTORIA DE BATTEMBERG

Mujer de fresa y nieve y terciopelo,
Suave como los besos de las brisas,
En cuyos ojos el azul del cielo
Es una flor de luz rota en sonrisas;

Hada dormida en plido y sonoro
Ensueo ideal de amores y sigilos,
Cuyos cabellos de fragante oro
perfumaron a un rey entre sus hilos;

Reina gentil de aroma y maravillas
A quien un pueblo puesto de rodillas
Como a custodia de su f venera.

No de Isabel la sangre esplendorosa
Va en tus venas. Pero eres una rosa
Que lleva Espaa abierta en su bandera!

                III

          BANDERA ESPAOLA

No hubo rincn en el mundo en que no ondearas,
Izada por la gloria de una hazaa;
No hubo ciudad ni yermo en que no hablaras,
Con tu oro y con tu prpura, de Espaa.

Y siempre en lo alto del ideal que enfloras,
Y del amor divino que sustentas,
Te besaron sonriendo las auroras,
Y te escupieron su ira las tormentas.

Pero an flameas bajo el sol intacta,
Y la gloria que aun contigo pacta
Alza hacia ti su corazn desnudo.

Te reserva ms cumbres y ms cielo;
Cumbres de amor y honor para tu vuelo;
Cielos de egregia luz para tu escudo!


          CANTO A ESPAA

El alma del poeta filipino
Se detiene en la aurora del camino
Y llama con sus alas a tu puerta
Es la hora en que el amor abre sus galas
Si has oido los golpes de mis alas,
Seora de mis cnticos, despierta!

Crisol de veinte estados castellanos,
Reina que sostuviste con tus manos
De dos Mundos la esfera estremecida,
Y rasgaste en pedazos tu bandera
Porque la ensea de esos pueblos fuera
Girn de tu alma, soplo de tu vida!

Vieja y noble leona castellana!
Tuya ser la norma del maana,
Como es hoy, por la gloria de tus hechos.
Te lo rujen unidos los cachorros
Que se amamantaron con los chorros
De las divinas fuentes de tus pechos!

Te lo dice esta fiesta de la Raza,
Rosal de luz que en rosas se te enlaza;
Y de onda a onda, en rebrincar mirfico
Te lo clama vibrando en aureo cntico,
Cristforo Colombo en el Atlntico,
Y Hernn de Magalhaes en el Pacfico.

Tu eres la amada que jams se olvida,
La labradora, de ilusin vestida,
Que hace de eriales, crmenes fecundos,
Y si ante el Cid, Castilla no se ensancha,
En cambio Don Quijote de la Mancha
Tiene por lanza el cetro de los mundos.

Qu te importa que en tierras del Oriente
Coronaran de abrojos la tu frente?
Qu, el que las Amricas en coro
Se desprendieran todas de tus brazos?
"Un anillo de oro hecho pedazos,
Ya no es anillo, pero siempre es oro!"

Y nos queda el amor. Lo que no muere!
Lo que es igual cuando nos besa o hiere!
Rosa inmortal rodeada de espinas!
El santo amor que te empuj quimrica
A vender tu corona por Amrica,
Y a abrirte el corazn por Filipinas.

Alza la frente que abati la pena;
Sacude el huracn de tu melena;
Llene el viento el clangor de tus rugidos...
Despierta, hermosa leona castellana,
Que tus huestes tocando estn a diana,
Con los aceros hacia a t rendidos.

Restallan bajo el sol tus estandartes,
Dice Espaa el amor por todas partes,
Las almas beben cuanto t interpretas,
Y por cumbres, collados y senderos,
Se une al himno triunfal de los guerreros,
La divina cancin de los poetas.

Por igual en las pampas argentinas
Que en nuestras sementeras filipinas,
La espiga de oro que en el sol se baa
Y la flor que perfuma estremecida,
Flor que es el alma, espiga que es la vida,
Son vida y alma tuyas, madre Espaa...

Madre, s, ms que reina, ms que duea,
Madre de Guatemoc cuando te suea,
Y de Kalipulako si te hiere!
Madre que todo lo ama y lo perdona!
Qu labio ruin tu gloria no pregona?
Qu pecho es el traidor que no te quiere?

Oh, Espaa! Porque en tu alma nos enlazas,
Que te troven su amor todas las razas!
Y pues sus grandes gestas altaneras
Cre el mundo al calor de tus leones,
Que te echen flores todas las naciones,
Y que te besen todas las banderas!

El eco de tu mgico renombre
Que de hemisferio en hemisferio vuela,
Es el atril divino de tu Historia....
Llenas estn las tierras de tu nombre!
Llenos estn los mares de tu estela!
Llenos estn los cielos de tu gloria!

Octubre, 1921.




Barbaza (Florencio G.)

Contemporneo. De familia lauta, naci en Manila el 30 de Septiembre
de 1892. Curs estudios en el Instituto de los Jesuitas y Universidad
dominicana de Santo Toms. Aqu, algunos de Medicina. Colabora en
Prensa de Manila e Ilo-Ilo, habiendo dirigido en la capital de las
Bisayas el "Nuevo Heraldo". Sus poetas favoritos son Villaespesa,
Carrere, Marquina, Juan Ramn Jimnez, los hermanos Machado y Nervo.
Pero, sobre todos, Rubn Daro. Ha usado el seudnimo _Floriam_.


        ELOGIO A TUS OJOS

He mirado tus ojos serenos,
me be baado en su luz tardecina,
y he sentido vibrar alma adentro
una voz misteriosa escondida...
Fiel remedo de acordes lejanos,
con arrullo de besos y brisas,
con susurro de mansas corrientes,
con acento de notas distintas,
con la amarga profunda tristeza
que evoca doliente la ctara lrica.

He mirado tus ojos serenos,
me he baado en su luz tardecina,
y he logrado saber tus angustias,
y he logrado leer tus desdichas.
Hay un dardo mortal en tu pecho
y en tu frente una sombra querida,
una tenue tristeza en tu rostro
y en tu boca una vaga sonrisa...
algo raro que es todo un misterio,
que nadie lo acierta y no lo adivina.

No te importe la cruel carcajada
de esa gran muchedumbre que grita.
Ven a mi, pobre enferma del alma,
y en mis hombros amantes reclina.
Yo te doy el calor de mis brazos,
yo te entrego gustoso mi vida,
yo te ofrendo la miel de mis trovas,
yo ser tu cantor, alma ma...
quien arrulle con versos tus sueos
tus sueos marchitos, mimosa chiquilla.

1920.


       FANTASA CREPUSCULAR

En las postreras horas del crepsculo,
cuando respira todo paz y calma,
y la tristeza reina en el ambiente
oloroso a sampagas...;
ese momento hermoso
del sol que se desmaya,
ocultando sus ltimos fulgores
en las cumbres lejanas,
para dar paso a la plateada luna
que en luces se desata;
cuando pra el acento
de las corrientes mansas,
y de las ramas dormidas
descansan sosegadas
las _mayas_[15] que anhelantes slo suean
en la pronta alborada
para lanzar de nuevo por los aires
la voz de su garganta;
cuando parece que la gente toda
el calor del hogar busca en sus casas,
gusta en estas horas de quietud solemne
mi fantasa alada
de remontarse hasta el azul del cielo
a regiones soadas
donde no existen viles opresores,
ni pasiones funestas y malvadas.

[Nota 15: Pjaro diminuto, de dulce pio, abundante en los bosques
del pas.]

Semejante ilusin mi mente crea
cuando en la imperial calma
de la tarde que muere lentamente,
cual la luz de una llama,
yo dejo en libertad mi pensamiento
que forja una aoranza;
sueo estar a tu lado, y es mi anhelo
y son mi dicha y mi alegra tantas
que con amor te llamo como un loco
buscando a la mujer que yo soara
en un rato de ciego desvaro,
que con fervor pensaba,
recordando en el brillo de tus ojos
cual fulgor de alborada...

Mas, nada!, esta ilusin, fugaz, ligera,
slo es vana esperanza
que aumenta mi dolor y mi agona
que me roba la calma,
y arranca de mis ojos melanclicos,
sinceras, fugitivas, muchas lgrimas.

Abril, 1919.


             CATILINARIA

Bien, aqu estoy, de cara al Universo,
Altivo el gesto y el mirar sereno;
Lanzando al viento mi sonoro verso,
De grato incienso y de perfumes pleno.

Desde mi alto sitial, indiferente,
Contemplo al pueblo que ante mi se inclina;
La pobre humanidad triste y doliente
Que por la senda del ideal camina.

Me encuentro solo, sin ningn recelo
A los Zoilos pedantes y ruines.
Yo tengo por bandera el ancho cielo,
Vibra mi voz en todos los confines.

Me inspiran compasin esos traidores
Que vallas van poniendo en mi camino,
Mi numen de centellas y fulgores
Les seala a cada uno su destino.

No me asusta el ladrido de los canes
Que celosos envidian de mi suerte;
Yo, como Cristo, repartiendo panes
Protejo al dbil cuanto insulto al fuerte.

Soy el bardo rebelde que en s encierra
Un corazn ingente y bondadoso;
Y mi verbo es de admonicin y guerra
Que aplasta al necio vil, ruin y coloso.

No me espanta la voz del sordo trueno.
Yo no conozco el miedo ni el fracaso,
Mi alma es un sol de resplandores lleno...
Sobre la ignata muchedumbre paso.

Oh, musa, ven a mi! Dame tu aliento,
Que quiero hablar retando al orbe entero,
Y aunque el dolor me abrume el sentimiento
No he de soltar mi ctara de acero.

Me gusta combatir. Amo la lucha.
Me siento fuerte ante el cruel tirano,
Y al torpe que mi voz no atento escucha,
Castigo impo con nervuda mano.

Qu me importa lidiar?--Si tras la lidia
Me aguarda entre sus brazos la victoria.
Qu me importa que otros con perfidia
Quieran manchar mi nombre envuelto en gloria?

Detesto el odio, la traicin y engao
Y a aquellos quienes me odian los perdono;
Podrn viles hacerme todo dao,
Mas no me harn temblar en mi alto trono.

Por encima del odio y de la inquina,
Todos pregonan mi carcter noble.
Yo proclamo mi sangre filipina,
Y tengo la altivez del viejo roble.

He heredado mi roja rebelda
De un valiente sultn invicto moro.
Es mi sola heredad, y a fe ma,
Yo la guardo como nico tesoro...

1920.


        TRISTEZAS

Alma presa de dolencia,
Nunca encontrars clemencia
Si no te acudes a m:
Yo tu tristeza sent,
Alma presa de dolencia.

Rosa de melancola,
Toda pasin y dulzura,
Quien te dar su alegra?
Yo por tu bien te dara,
Todo mi amor y ternura,
Rosa de melancola.

Todo es mentira en el mundo.
El desengao encontraste,
Tu que mi afn despertaste,
Con tu desprecio profundo.
Todo en la vida es contraste,
Todo es mentira en el mundo!

Olvidemos lo pasado,
Ven de mis ansias en pos...
Ya que el amor ha tronchado
La existencia de los dos,
Olvidemos lo pasado.

Lejos de todo, olvidados,
Entre mil plantas y flores
Construyamos nuestro hogar;
Y por siempre enamorados,
Cantemos nuestros amores,
Ciegos a cualquier pesar,
Lejos de todo, olvidados....




Barroso-Arrieta (Jos Mara)

Manileo aunque de abolengo espaol. Abogado por la Universidad de
Manila. En esta ciudad, muy joven, comenz a actuar de periodista en
"El Comercio" y otros diarios espaoles. Alrededor del cambio de
dominacin vino a Espaa, fijando su residencia en Barcelona, donde
ejerce con lucimiento su carrera hace ms de veinte aos.


          CONSUMMATUM EST...!

Qu dulcemente en el eterno sueo
que en flor seg una vida sin agravios...!
La plida escarlata de tus labios
que el roco del alma humedeca,
los santos clavos del sagrado Leo
tenuamente tea.

Contemplando tu faz agonizante,
contemplando impotente que arrastraba
mis venturas la Muerte en su fiereza,
"En tus manos, Seor,
encomiendo mi espritu...!", clamaba
trmula de estupor
mi voz desesperante.

Dulcsima rendiste la cabeza
consumando espantoso sacrificio;
a la gloria ascendiste con presteza
para empuar de la virtud la palma,
dejndome en el alma
mortal tortura, aterrador suplicio...

Tus despojos despus enriquecieron
prvidas flores que en cercano da
en nforas tus manos dispusieron,
las mismas que en tus ltimos delirios
impetrabas la amable compaa.

Y verbenas y anmonas y lrios,
llenos de excelsitud y de poesa,
rociados con mi llanto
fueron contigo, Emula!, al Camposanto...


         ESPIRITUALIDAD

Me prestas la sonrisa encantadora
que el pecho desgarrado necesita
para aplacar los ayes que vomita
del terrible dolor que le devora.

De nuestro amor el nsia arrobadora
que fluya eternamente Dios permita,
feliz en tu alma en la Mansin bendita,
triste en m en esta Tierra engaadora!

Por eso le suplico reverente
que no falte jams luz en la mente
para que en ti se fije el pensamiento;

en el habla, calor para ensalzarte;
y fuego abrasador, encendimiento
vivo en el corazn, para adorarte.


     EL EUCALIPTO DEL PANTEN

       Mirtcea esplendorosa...!
Quin pudiera en tu mdula inyectar
       la esencia misteriosa
       del alma tormentosa
que no ha podido el llanto debelar!

       Tu estrenua arboladura
gallarda y rgida se yergue al pie
       de sacra sepultura
       que guarda la armadura
de la verdad de mi amorosa fe.

       Tu fronda balancea
temerosa, y las hojas ven lucir
       cuando el da febea,
       la lquida presea
que ha de absorber la tierra al efundir.

       El ptalo minsculo
ufana ostenta tu plateada flor,
       y al brote de su srculo
       ms vivo en el crepsculo
en declinando el sol dominador.

       Exhala tnue esencia,
que es plegaria que envuelve, al descender
       hasta la Omnipotencia,
       lamento y asistencia,
primera lgrima, efusin postrer.

       Eucalipto arrogante
que erguido impvido junto al panten
       despliegas fascinante
       tu fronda murmurante
y embalsama tu nvea floracin;

       cipo fnebre; estela
que Natura levanta a la virtud;
       superno centinela
       que siempre, siempre vela
de mi amada la frgida quietud;

       mirtcea esplendorosa...!
Quin pudiera en tus fibras inyectar
       la esencia misteriosa
       del alma congojosa
que no ha podido el llanto debelar!




Bautista (Vicente)

Comtemporneo. Frisaba con los 17 aos cuando public en Manila (1911)
su coleccin de poesas _Luznicas_. Es natural de la Pampanga.


                     MAYO

Ha llegado a mi casa sobre el ala de un rayo
y ha llenado de rosas mi pobre habitacin,
y yo le he preguntado quin era, y era Mayo,
Mayo con su perfume de flor y corazn.

Abrironse mis brazos a su urea caravana
y se llen mi mesa de vaga devocin;
fu un desfile de rosas y aves por mi ventana,
abierta a la olorosa y dulce procesin.

Y al fin, emocionado, habl:--Mayo, qu quieres?
(El me miraba como miran esas mujeres
que estn enamoradas o enfermas de soar).

Mayo qu quieres?--dije de nuevo. Y l entonces,
son todas sus risas, sus besos y sus bronces,
para rugirme como pudiera un tigre:--Amar...!


             REQUIESCAT...

Que descansen en paz los que cayeron
porque el volcn les hizo lo que fueron:
barro, barro no ms,
Que descansen en paz!

Un requiescat a todos los temblores,
y a todos los dolores,
de los nios, ancianos y mujeres,
que mat ese maldito, ese loco criminal
que en el mapa se llama el volcn de Taal.

Dios puso el fuego en los volcanes como galas,
para que su humo trmulo, a modo de un favor,
le incensase;
como puso dos alas en el ave y cien alas
en la flor
para que le perfumase.

Y de esto que proclamo
oh, pueblo! no te asombres;
conos de cumbres, horror de los infiernos,
los volcanes, los reyes, los gobiernos,
son para la vida universal que yo amo
y no para matar razas y hombres.

Para el desastre hay que oponer el alma;
a la indigencia abrir nuestro tesoro,
y ahora que alumbra, en calma,
el sol, los restos de aquel toro de oro
que adoraba el taaleo como Israel el becerro
en los vastos desiertos, lloremos por los muertos,
por el hombre, el guila y el perro.

Tambin llor el volcn. Y fu su llanto
de lgrimas de oro, de besos de quebranto,
y de terror,
despus que vi a sus vrgenes completamente yertas,
despus que vi a sus islas completamente muertas,
Y sobre todo, muerto para l, todo el amor.

Mirad. No tiene fuego;
su cumbre est violada, su entraa carcomida,
perdi el Coloso vida,
de tanta vida en flor, como extirpara luego,
y loco de vergenza y de arrepentimiento,
va hundindose, va hundindose,
la mismo que un perfume deshecho por el viento;
reunindose;
plegndose como una multitud plegrase en un templo,
o como van los pjaros enfermos a su nido,
para gemir:--Oh, Csares, miraos en mi ejemplo!
para gritar:--Oh fuertes, yo muero arrepentido...!




Bernab (Manuel)

Naci en Paraaque (hoy provincia de Rizal), el 17 de Febrero de 1890.
Estudi en el Ateneo municipal de los Jesuitas y luego en la
Universidad de Santo Toms. A los nueve aos haca versos castellanos.
A los 14 los compona en latn. Ha obtenido premios en certmenes. Sin
desdear lo moderno, venera a los clsicos espaoles. Es maravilloso
declamador. Ahora acta como redactor muy distinguido de "La
Vanguardia" y profesor de la Universidad de Filipinas.


           LO IMPOSIBLE
           (EN UN ALBUM)

En la flor de tus labios adivino
algo ideal que tu hermosura viste,
mientras, soando en ellos, bebo el vino
de un ensueo de gloria que no existe.

Lo imposible es un ala que nos roza
creando en el dolor fuertes enojos.
Ay! No poder volver hasta mi choza,
llevando la presea de tus ojos!

Le dira a mi madre:--Madre ma,
pon tu albo traje, algrate sin tasa;
ya tenemos los dos, de noche y da,
Un milagro de Dios en nuestra casa!


           SOLDADO-POETA

Dios ha puesto en el arco de tus cejas
la excelsitud de un arco-iris santo,
igual que pongo un borbotn de canto
en una lira de cadencias viejas.

En el hondo negror de tus guedejas
la Noche obscura distendi su manto,
esa deidad que sorprendi mi llanto
ms de una vez en tus doradas rejas.

Ven, y no tardes ms. Dios ha querido
que fueras la paloma que convida
a las ternezas msticas del nido,

y yo, un fuerte soldado apolonida,
que, recogiendo mi pendn cado,
con la espada y laud, te d la vida.

Julio, 1919.


               CANTA, POETA!

(A SALVADOR RUEDA, DURANTE SU ESTANCIA EN MANILA)
                 (FRAGMENTO)

Embajador de madre Hispania: alzo la copa
a lo alto del Ensueo por la salud de Europa,
la Europa uncida al yugo del hado militar
bautizada con sangre por aire, tierra y mar,
la Europa que h rencores de hermanos entre hermanos
pero jams de bardos indios y castellanos,
porque es la onda que corre por la arteria del verso
pilago de armonas que baa el Universo.

La Espaa de hoy es sorda a irrumpir de metralla
ahita de laureles en cesreas batallas,
no quiere ya ser cuna del Cid y de Pelayo,
de la Armada Invencible, los Tercios, Dos de Mayo,
la que hizo de los pueblos haz de suelo espaol
en que no se pona la hiprbola del sol;
ramo de oliva porta en sus divinas manos,
que no quieren teirse en sangre de cristianos,
consiguiendo el arrullo de la fabla rimada
lo que soara en vano tiranizar la espada.

T, que al partr de Cuba, inclinada la frente,
cojiste tierra, "para besarla eternamente",
lee en el libro abierto de mi Naturaleza,
donde es panal la vida y otro Dios la belleza,
donde, como en un prtico de bienaventuranza,
encontrars a cada aurora una esperanza,
y en la mujer, la flor, el nido y los alcores,
oirs la sinfona de todos los amores;
el cielo, siempre azul, sin mcula ni dao,
que da eternal cobijo al propio y al extrao;
los rboles ciclopeos que alzan la copa al cielo
y hunden, por defenderse, la raigambre en el suelo,
de corteza tan amplia, que unida la cintura
de tres gigantes de descomunal figura;
el Apo y el Maquiling, el Taal y el Mayn[16]
de fraguas encendidas como un gran corazn,
incensario de fuego hiriente en el altar
de la patria, como un eterno luminar,
como idea que salta del crisol de tu mente,
como el anhelo indgena de ser independiente...

[Nota 16: Volcanes filipinos.]

Y as, mientras la Europa rie feroz contienda,
y Espaa es madre que no olvida a su hija ausente,
tambin como guerrero de acero no humillado
que alegra la vejez mirando en el pasado...

Ese es el pueblo tuyo, que canta diplomacias
del rey Alfonso XIII, flor de las democracias;
que con la uncin del reino te entreg el estandarte
tutelar y simblico de la Paz y del Arte,
para que tu voz fuera en mi indiano solar
el reparto y renuevo de un amor secular,
(el rbol que la entraa de nuestro bosque cra
en cada retoar acrece su ufana);
para que tu voz fuera el aviso y proclama
de que el idioma hispano no muere, pues se le ama,
y Espaa es madre que no olvida a su hija ausente
a quien di sangre e idioma en un rincn de Oriente;
y de que es ley que el vnculo espiritual subsista
por cima del destino, del tiempo y la conquista.

Heraldo de grandezas de la matrona ibrica,
que pulsaste la ctara en la espaola Amrica,
y envuelto entre los pliegues de su argentino manto
volcaste toda el nfora de tu lirismo santo,
la flor que aroma, clave que trina, el ro en calma,
como en el laberinto de sus dudas el alma,
te brindar su encanto la paz de los caales,
desatar tu rima bajo espesos mangales,
te pondrs en el cuello un collar de sampagas,
la flor amada de las vrgenes dalagas...
  Vers, al fin, un breve Edn en el planeta
que no pudo jams soar ningn poeta.
Canta, poeta, canta. Pienso y no es desvaro,
que ha de inmortalizar tu canto al pueblo mo.

Septiembre, 1915.


                BLASON

Al ver los oros tenues de tu encaje,
tu lino de eucarstica blancura,
quiero curar mi hidalga desventura
encarcelado en la prisin de un traje.

Tal que mis potros es mi amor salvaje;
pero, en mi sed de clsica aventura,
yo deshojo una flor a la hermosura
y la rindo perpetuo vasallaje.

Ya se que afirmas que no sabes cmo
el ciego impulso de mis potros domo;
pero perdona si a mi vez te arguyo.

Que este mi amor es impetuosa fiera
que slo una mujer domar pudiera
con un mirar celeste como el tuyo.


           MI ADIOS A ILOILO

Antes de abandonarte, ciudad maravillosa,
que ungiste de alegras mi peregrinacin,
quiero dejar prendida en tu escudo una rosa,
que yo he santificado ante el altar de Otn.

La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa
lgrima que yo vierto, queda mi corazn;
y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa,
vivirn por los siglos dentro de mi cancin.

Ms alto que el _kanuyos_ cernindose en los montes
mi alma tender el vuelo a extraos horizontes,
cantando de los pueblos el himno redentor;

Pero, as bramen vientos y se refosquen cielos,
hacia estas islas sacras retornar sus vuelos,
como el ave que vuelve a su nidal de amor!

Abril, 1920.


                CASTIDAD

Mujer, te acuerdas? Con la sien cada,
en tu palor marmreo de azucena,
t desleas, como un alma buena,
todo el rosal de una ilusin perdida.

Aquella tarde fu. No s si herida
en la raz de tu virtud serena,
mi audacia fcil aadi otra pena
al calvario de penas de tu vida.

Llorabas y reas. De tu boca,
rojo nidal de sierpes del deseo,
fluan en suspiros mil encantos...

--Qu loco eres!--dijiste. Y yo, qu loca!--
Pero en medio de tanto devaneo,
--lo recuerdas an?--fuimos dos santos.

Julio, 1920.


          ESPAA EN FILIPINAS

                  I

La dulce Hija, postrndose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de lgrimas empaa:--
Dios ha dispuesto el trmino del plazo
y ya es la hora de romper el lazo
que nos uni tres siglos, Madre Espaa!

                  II

Madre, s, madre! Sobre mi haz tendido
va fermentando el anhelar dormido
y, el germen abonado se agiganta,
la gratitud es flor del alma ma,
y no muere la clsica hidalgua
donde se irgue tu cruz, tres reces santa.

                 III

Puede venir el guila altanera
y hundir el corvo pico en la bandera
de gualda y oro, que nos da alegra;
podrn poner a mi garganta un nudo,
que cuando el labio se retuerza mudo,
ir a gritar el alma: Madre ma!

                  IV

Dichoso instante aquel que vi a las olas
dialogar con las naves espaolas,
llevando a Limasawa a Magallanes!
De entonces a hoy, portentos mil se han visto,
y es que el poder de Espaa arraiga en Cristo,
manso y sin hiel, multiplicando panes.

                  V

Soberbio es tu ideal, como tu gloria,
largos siglos ataste a la victoria
al carro de tu funesta monarqua.
Cmo no amar tu gesta no igualada,
si en las fronteras que humill tu espada,
el gran disco del sol no se pona?

                  VI

Mas, no es la espada omnipotente slo
la que al brillar del uno al otro polo,
obr cien maravillas en el llano;
es la esencia vital de las Espaas,
que al invadir palacios y cabaas,
prest eficacia al ideal cristiano.

                 VII

Quin empu con varonil denuedo,
en los tiempos de Lope y de Quevedo,
"el cetro de oro y el blasn divino";
quin sembr de f en la individual conciencia
decoro en la mujer, que es otra herencia,
luz en las mentes y oro en el camino.

                 VIII

La que duerme arrullada por el cntico
de las ingentes olas del Atlntico;
la que empuj a Coln hasta la entraa
del mundo nuevo, que copi su hechura;
la que llev a las pueblos f y cultura
y uras de libertad... Esa es Espaa.

                  IX

Espaa, la invencible soadora,
que monta rocinantes a deshora,
los toros lidia, viste la mantilla,
ama la jota y al _danzn_ se entrega,
mas cuyo acero no es una hoz que siega,
sino arado que pone la semilla;

                  X

La patria de la vid y la verbena,
que fa a la guitarra su honda pena,
dominadora de la Argel moruna,
la que las tierras incas civiliza,
hidalgo pueblo, de otros cien nodriza,
nica madre que meci mi cuna.

                  XI

Los claustros de tus Cuevas y tus Prados
noche y da mirronse atestados
de hijos nativos del saber amantes:
hiciste hroes y armaste caballeros,
y aun late en el cantar de mis troveros
la dulcsima lengua de Cervantes.

                 XII

Oh rica fabla espiritual! Simula
cordaje de una ctara que ondula,
--es blanda arcilla y msica ese idioma--,
claro choque de perlas y corales,
remedo de los coros celestiales
que de Dios mismo su raigambre toma.

                 XIII

Si lloro, se unifica con mi llanto,
impregna hasta el _kundiman_[17] cuando canto,
y es en la liza imprecacin y alerta.
Podrn hurtarme mis veneros de oro,
pero al perder tan singular tesoro,
es que habr sido traicionado y muerta.

[Nota 17: Canto popular filipino.]

                  XIV

Rizal, Mabini, del Rosario y Luna,
hijos mos y tuyos son. Cada una
lleva en la frente un evangelio escrito.
Si yo les d mi maternal entraa,
no empresa ma fu, sino de Espaa,
fundir el alma en su troquel bendito.

                  XV

La Cruz de Arrechedera y Urdaneta
est en mis cielos, tabla es que sujeta,
cuando zozobra, al bien; porque a despecho
de las ms encontradas ambiciones,
tu religin, tu f, tus tradiciones,
han abrigo recndito en mi pecho.

                  XVI

En el curso del tiempo, desenvuelto,
t, Espaa, volvers,--Qu amor no ha vuelto?--
Presa en la red del propio bien perdido:

sers un ave, enferma de aoranza,
que va a volar cuando la noche avanza,
en direccin al solitario nido...

                 XVII

Si estn ahitos de llorar tus ojos,
y en otros das te causara enojos,
la era de paz y de perdn se inicie.
Oh, qu mejor que tras la despedida,
seamos como el agua, en dos partida,
que se torna a juntar en la planicie!

                XVIII

...Mientras la vista atnita vislumbra
la luz de redencin en la penumbra,
e hijos del alma aprstanse a las lides;
v, Madre! Y digan valles y colinas:
Gloria a la Madre Espaa en Filipinas!...
Loor eterno a t! T, no me olvides.




Canon (Fernando)

Veterano poeta cuyo plectro ha golpeado la lira bajo las dos
soberanas. Naci en Bin (Laguna), en 1860, Fu condiscpulo y
_alter ego_ de Rizal en el Ateneo municipal, y juntos se graduaron de
bachiller en 1877. Haca versos a los catorce aos. Curs la carrera
de ingeniero industrial, y para perfeccionar sus estudios viaj por
Europa, Aos residi en Barcelona. Son sus pasiones, adems de la
matemtica, el ajedrez y la msica. Fu general de ingenieros con el
ejrcito revolucionario. Sus poetas dilectos son Campoamor y
Villaespesa. Mora en Manila actualmente, siendo profesor de guitarra
del Conservatorio.


           FLOR IDEAL

El roco de nubes blanquecinas
Eterniza la _flor de las colinas_,
Esa flor que en su cliz peregrino
Encierra el sculo del amor divino,
Llevado all por las sublimes notas
Del eterno cantar de los patriotas.
Blanca flor de montaas
Que en el azul empreo se mece,
Cuando surgen patriticas hazaas
Se multiplica y por doquier florece;
Pero diz que se oculta y desparece,
O se demuda roja,
Cuando patria postrada se sonroja,
Y vagan por las nubes sus races
Lloradas por las musas infelices.
En tanto llega el da
En que, unido el valor a la hidalgua,
Surje en la excelsa cumbre
La clida ambrosa
Que, a la ignicin de misteriosa lumbre,
La planta vitaliza
Y el amor de las musas fecundiza.

Sus hojas transparentes,
que guarnecen flexibles enramadas,
Irradian luces mil, resplandecientes
En medio de penumbras, azuladas,
Y esparcen, difundidos en su brillo,
Los campestres olores del tomillo
Refrescados por niveas sampaguitas,
Burlonas de las cuitas.

Del filipino cfiro amoroso,
Que atrae candencioso
Mil ntimas fruiciones infinitas...
Vrtigo voluptuoso
De sonrisas, caricias y murmullo
Que vibran de una flor en el capullo.

El tronco de esa planta legendaria
Viste el tul que en la selva solitaria
La quietud simboliza
Y el fro del olvido cristaliza.
Mas, en lo alto, los vientos con sus marchas
Pasan para engarzar vivas escarchas
En derredor del cristalino encaje
Que en excelso ropaje
El tronco viste... signo de grandezas!
Bajo una blanca trama de finezas.
Misterioso tamiz de las virtudes
Que alcanzan a divinas altitudes,
y parece una esplndida bandera
Que cubre un mstil de genial quimera.
Veste reticular a cuyas mallas
Llega el eco triunfal de las batallas,
Velo quizs de nupcias redentoras
Que a la patria querida
Viene anunciando bendecidas horas
De una raza indomable redimida.

Y lo que ms asombra!...
Sus raices nunca, yacen en la sombra.
Se adaptan en granticas fisuras,
Desafiando el rigor de las alturas.
Forman telas de mimbre,
De finsima, urdimbre,
Sobre clido erial o entre los hielos...
Slidas, al amparo de los cielos,
Y a la vista del sol y las estrellas,
Bajo el fludo vital de las centellas.
Y, hasta en sus pequeeces,
No puede la soberbia planta humana
Hollar con altiveces
La raiz soberana,
Que en la cspide siempre se coloca
De acantilada roca,
Por cortantes aristas defendida...
Y es necesario despreciar la vida
Para llegar al pie de la meseta
Donde marca la flor dificil meta...
Pinculo oriental de lo sublime
Al que el astro solar su beso imprime.

Genio inmortal que velas noche y da
Por la ventura de la patria ma:
Cuando hallars la _flor de los colinas_
En las altas montaas filipinas?


         "RIZAL ARTISTA"

En sus juegos de nio,
Al descender ufano
Del tronco envejecido de un manzano,
Miraba con cario
El fruto ms hermoso,
Que a m me regalaba generoso,
Y muy srio deca:

"Es pequea, redonda,
Y parece una cara de mueca
Sonrosada y moronda...
Y yo, en vez de comerla, le pondra
Ojitos".--Y, apesar de alguna mueca,
Converta aquel fruto
En busto de cupido diminuto.

Lector; si cres invencin galana
La escultura pueril de la manzana,
Admite estos detalles,
Y prueba por t mismo,
(Siempre que iguales elementos halles
Para el escultural idealismo),
Hacer de aquella fruta
Una mueca fresca y diminuta.

Manzana filipina,
Sonrosada, aromosa, pequeina,
Y para dar una cabal idea,
De la infantil presea,
Te dir los coloquios que en la infancia
Sostuve con Rizal, en una estancia.

Parece que lo veo:
Con un carbn muy negro y puntiagudo
Le puso cejas y ojos... lo que pudo.
--Sin narices? le dije, oh que feo...!
--"Estate quieto, espera,
ya le pondremos la nariz de cera,
Una nariz pequea, filipina,
Nariz de la modestia, simple y fina."

--Pero dime, y la boca?
--"Eso aqu, muy pequea, se coloca
Sobre este hueco, hoyuelo de bellezas!
Expresin de inocentes gentilezas.
Con dos ms, forman una maravilla
En cualquier sitio de infantil mejilla".
--Queda sin cabellera?
--S. Slo una gorrita
Con una blanca y grande _sampaguita_[18].
Un pmpano escotado por pechera,
Y en el cuello... as... o como se quiera
Por corbata _ilang-ilang_ o _champacas_[19]
O las verdes hojuelas de albahacas;
Por faldillas las rojas _gumamelas_[20]
Y dos partidos mondos cacahuetes
Por pis, con dos corolas por chinelas,
Ocultas por ribetes
Formados en minsculos estambres,
Y verdosos pistilos,
Que ensartan dos alambres
O metlicos hilos,
A simular el oropel y encantos
Que dan la majestad a regios mantos.

[Nota 18: Aromosas flores del Archipilago.]

[Nota 19: Flor roja, silvestre, parecida a nuestra amapola.]

[Nota 20: Hibiscos (Tagalog).]

"Es nio filipino!",--me deca,--
"Le visto con suprema gallarda."

Pasaron sin quebrantos
Esos das de juegos infantiles;
Vinieron los Abriles,
Con todos sus encantos
Haciendo palpitar los corazones.
Y Rizal ya tallaba
Machetes y caones,
Y siempre preparaba,--
Manera singular de sus hazaas!--
Contra el can el triunfo de las caas.
Y esto es verdad, mi buen lector mundano,
Porque l, con catapultas de caizo,
Con frecuencia deshizo
El rico armn de mi can prusiano.
Del arte militar, el horizonte
Que ve un Napolen o un Jenofonte...!

Mas tarde, siempre vencedor en tierra,
Piensa en barcos de guerra filipinos...
Y ya cansado un da
De la dificultad que siempre encierra
El triunfo en mar brava,
Busc en lo sobrehumano los destinos...!
Se puso con empeo
A esculpir en un leo
El fro simbolismo de algn santo...
Y el arte mstico feliz naca
Con religioso encanto
Al modelar su culta idolatra.

Ya es preciso cruzar los anchos mares.
Los genios tutelares
Nos sealan el triunfo muy lejano.
Allende el Ocano
Veremos a Rizal en Barcelona
Sobre una mesa del "Caf Pelayo"
Mirarnos de soslayo,
y con, medida artstica segura
y sonrisa burlona,
En el mrmol hermoso, muy pulido,
Una caricatura
Haciendo, pronto, igual y de corrido.
y all nos sealaba,
Con rayas y con puntos
Cada uno y todos juntos,
Y caracterizaba
Nuestras tendencias siempre juveniles
En el loco correr de los Abriles.

Do quiera, hasta en los das de algaradas
Era Rizal artista en las veladas.
Siempre sus poesas
Eran una escultura,
O luciente pintura,
De sublimes, vibrantes melodas
Que por los mares y hasta por los aires
Transportaba, en patriticos donaires,
Su artstico altar de estro divino,
Del suelo filipino
Amor de sus amores,
Bcaro inmenso de orientales flores.

Recuerdo que una tarde del Otoo,
En la Villa del oso y del madroo,
En casa de Paterno,
De filipinas glorias
Recolector eterno
Y pensador de idlicas historias,
Se hallaban literatos,
Ministros, periodistas,
Msicos y pintores,
Y todos los artistas,
En raros pugilatos,
A conquistar aplausos o bellezas
Exhibiendo primores
En cultas gentilezas...
Rizal, con tino singular y austero,
Me seal en un rico musiquero
La coleccin de msicas tagalas,
Dicinidome sincero:
"Mi corazn palpita
Cuando a la luz de filipinas galas
La msica infinita
De un canto lastimero
Despierta el alma ma
Al _kundiman_ de suave meloda..."
Y me habl de la inslita guitarra
Y me dijo galante:
"Yo siempre pintara al estudiante
Con libro, con lad y cimitarra".
Y mientras la alegra fermentaba
En aquellos esplndidos salones,
De los ricos plafones
Donde el genio ideal seleccionaba
Filipinas pinturas,
Y salacots y bolos...
Mil bellas esculturas
Y hasta los chirimbolos
De igorrotes y aetas
Y mandobles y cotas
De ignorados atletas
En regiones remotas,
Y juventud all rivalizaba...
Y entre msica y flores se libaba,
En copa de abundancias,
Amistad y elegancias.
Rizal siente volar en el ambiente
Las cadencias aladas
Que all llegaban desde Extremo Oriente
Por aires filipinos transportadas...
Melanclica msica sonriente,
por el artstico ideal rimadas!

Y siguiendo el relato
De aquellas expansiones
Que enaltecen patriticas reuniones,
Donde el ameno trato
De jvenes diplmatas noveles
Para la Patria conquist laureles;
He de nombrar la femenil belleza,
Ornada de modestas galanuras
De filipina alteza,
Con sus alegres castas timideces,
Conjunto de hermosuras
Mezcladas con ingenuas altiveces.

Que prepar en su casa la velada,
Do emulacin despierta en dulce calma
A filipina juventud mimada
En amores artsticos del alma;
La admirable Consuelo Ortiga y Rey,
Que am en Madrid la filipina grey.
All Rizal "Me piden versos[21]" dijo
En su patritico amor siempre prolijo...
Y aquella nia, sin igual hermosa,
Divis en lontananza alguna cosa
Que faltaba en aquel rico concierto,
En donde gracias, msicas y flores
Esparcan fulgores,
Pues Rizal se senta _en un desierto_
Recordando a su Patria encadenada.
La hurfana gentil cerr sus ojos,
Y hasta arrug su frente iluminada
Por mil destellos rojos,
Al pensar en su madre idolatrada...
As Rizal llen de pensamientos
Aquella hora de luz y arrobamientos!...

[Nota 21: Cpiase esta composicin entre las del Dr. Rizal.]

Es arte el de decir hondas tristezas,
Revestidas de fuego y de bellezas.
  De Luna e Hidalgo es el cantor sublime.
Del "Spoliarium" a mujer llorosa,
Y de "Las Vrgenes" a voz que gime
En cristiana actitud de f radiosa,
Cuando pinta con vvida hermosura
La expresin de simblica pintura
En un brindis genial "A los pintores"
Que a la patria llenaron de esplendores.
All comienza el prlogo infinito
De su pasin creciente
Y patriotismo ardiente,
En el _Noli me tngere_ descrito,
Con al arte de hacer a los patriotas
En las batallas de candentes notas.

Clarividente y singular atleta
Ya era Rizal el escultor profeta.
En Leitmeritz he visto un esqueleto
Que me llen de asombro,
Y cual un amuleto
Me conmovi por su expresin macabra:
Sobre cualquier escombro
Puesta de pi, famlica osamenta
Cubierta por sayal que apenas se abra.
En el cuello un rosario.
Y mujer macilenta,
Forcejeando en nsias ya mortales,
Contra el lbrico abrazo del falsario
En sus horribles crpulas letales...
Con sus rbitas huecas
De carcomido stiro en lujuria
Que arranca, atroz, horripilantes muecas
En la tragedia de bestial injuria.

As lanza Rizal su primer reto
Al amor monacal en esqueleto...
Y ya a Dmaso Ponce le vengaba
Y a su historia infeliz se anticipaba.
  Borremos esa escena
Do el arte lucha en la mortal gangrena.

Otra rica escultura,
En "La ciencia que triunfa en la muerte"
Me ense Blumentritt con galanura,
Por venturosa suerte
O de aquellos labios
La incomparable explicacin de sabios.
Un joven decidido y vigoroso
En lo alto, con indmita energa,
Cual bandera que ondea
En terrible porfa,
Ya blande victorioso
Antorcha que flamea
Para destruir el germen venenoso...

Bajo los pies, la calavera chata
En que ignorancia o muerte se retrata.

Esas dos creaciones
O esculturas que admiran las naciones,
A Blumentritt le fueron regaladas
Por el mismo Rizal, cuando, talladas,
Busc el depositario
Que comprenda y explique
Al pueblo filipino
Aquel plan legendario
Que opondr eterno dique
A la ruda invasin de un adversario
En el duro camino
Para alcanzar la justa independencia...
Expresin soberana de arte y ciencia!

Blumentritt, en sus flgidos salones
De filipino ambiente,
Do laten filipinos corazones,
Sincero y elocuente
En aquel sitio mismo
Qu parece el dosel del patriotismo!
Donde Rizal y l, solos conversaron...
Y de su patria con amor trataron
Me dijo conmovido:
"Ah... esas dos hermosas obras de arte
A solas, sern parte
A preparar santuario indefinido
Para un altar futuro
Cuando el gnero humano,
En su criterio puro,
Y amor cosmopolita
Del mundo, soberano,
Viva doquier con libertad bendita,
Y transforme del todo el fanatismo
En virtud, ciencias, artes y civismo".

S. De un templo en las gradas
Fund Rizal sus obras celebradas,
!Texto o arquitectura
De un amor infinito, legendario,
Que revela en artstica hermosura
Su noble corazn humanitario.

Y, por Rizal os juro,
Al entregar el ltimo retazo
De este papel en que sus artes trazo,
Que es preciso que "Euterpe" siempre viva
En el amor ms puro
De aquella iniciativa.
Y _creciente_ este crculo del arte,
Con severa constancia
Y oriental arrogancia,
Levante inmaculado el estandarte
Do brillarn los astros de la gloria
Del libro artstico de nuestra historia.




Casuso Alcuaz (Jess)

Hijo de Manuel Casuso. Naci en Manila en 1898. Muri en el Japon el 19
de Julio de 1918. Escribi, cuando cursaba el bachillerato, las
composiciones que se copian.


                      LAS CAAS

Cada caa es una flauta que solloza inconsolable
Si Cfiro agita blando sus penachos de esmeralda,
Y en el tedio de las siestas, si cruzamos los senderos,
Nos convidan a la sombra de sus plaideras ramas.

Son sus voces cual las dulces de princesas medievales
En el fondo de castillos imponentes encerradas,
Que inspiraron a los bardos melenudos de Provenza
Los ms dulces madrigales arrancadas de sus arpas.

En la calma apetecible de los pueblos escondidos,
Como duendes protectores en las sendas se levantan,
Declamando sus estrofas de lirismo incomprensible,
A la vez que por sus hojas ruedan tmidas las lgrimas.

Viajero, que con anhelos de poder llorar a solas
Te encaminas de las selvas a las partes resguardadas,
Llora, llora con el ritmo de las caas majestuosas
Bajo plios florecidos de vegetacin malaya.

Cuntas veces he cruzado los caminos empolvados
Con el sol que descendi como un manto a mis espaldas,
Y he buscado la frescura de sus ramas temblorosas,
Cual osis en desierto la sedienta caravana.

Y me han dicho sus tristezas, sus pesares, sus dolores;
Me han abierto los arcanos musicales de sus almas;
Me han narrado complacientes los sucesos culminantes
Y apopeyas de los das venturosos de la patria.

--"Dnde estn aquellos fuertes y valientes Solimanes
Que cruzaron otros tiempos estas selvas solitarias
A la guerra? Todo duerme bajo el polvo de la muerte
Y la voz del tiempo rudo va segando nuestra raza".

--"En los pechos y en los brazos falta ya el viril denuedo
Y en la frente el entusiasmo y en las bocas la palabra:
Y la patria llora, llora, de sufrir el cautiverio,
Y no hay hombres, no hay soldados, no hay valientes no hay espadas..."

--"Cuan mejores, ay! los das en que frricos guerreros
Nuestros troncos con el bolo para fin marcial cortaban.
Fuimos lanzas, fuimos saetas, que llevbamos la muerte
A las filas del contrario, con apstrofes de rabia."

"Hoy dormidas, slo tienen nuestros troncos musicales
Armonas, que el ambiente saturando van de gracia,
Y amedrentan a los nios, a los tmidos y pberes,
Que imagnanse que oyen los gemidos de las almas."
..................................................
Retirme de la sombra de las caas sollozantes
Y me vine pensativo, ya muy tarde, hacia mi casa;
Y en el bosque prosegua dolorida sus lamentos
Una orquesta fabulosa de un millar de verdes flautas!


                 A ESPAA
                (FRAGMENTO)

All, detrs del mar, descansa Espaa
con aire augusto de titn, rendida;
que al peso tanto de su mucha hazaa,
sobre sus lauros se cay dormida...

All la patria de Guzmn el Bueno,
de un Cid que reta y en palestras mata;
y su tizona, remedando el trueno,
a los muslines en pavor desata...

All la noble Espaa, madre nuestra,
aqu su noble hija del Oriente,
que a los extraos y a los propios muestra
que de ella supo levantar la frente...

All lo grande y lo sublime impera;
en Hispania hall el arte sus altares;
aqu esta Perla, que felice fuera
un pedazo de Espaa en estos mares...

Mas hoy, cortados los benditos lazos,
t ests muy lejos de nosotros, madre,
y aqu tendemos hacia ti los brazos
porque no hay suerte que sin ti nos cuadre...

T diste al mundo tus caducas leyes,
con cien coronas se ci tu frente;
hollaste cetros, destronaste reyes,
y ebria de gloria se durmi tu gente...

Si tanta gloria sin igual tuviste
y lauros cien tu seorial cabeza,
deja que diga que si al fin caste,
fu tu cada tu mayor grandeza.

Mas, hemos de insultarte cuando vemos
plegar tus alas que taparon soles?
Oh, nunca, nunca, que mejor seremos
hermanos filipinos y espaoles...!


                 ALMAS

Cuando inclinan las flores sus corolas
   sobre los tallos,
   meditan sus pesares
   y vierten llanto.
A las flores he odo muchas veces
   gimiendo por lo bajo...
Tal vez entre sus ptalos el alma
   hay de un enamorado?
Tal vez las mismas flores aun lozanas
   reciban desengaos,
y tengan de amarguras y dolores
   repletos los nectarios?
Yo no s, yo no s qu es lo que tienen,
   pero ello es el caso
que cuando agita el aire sus corolas
   suspiran por lo bajo...
Las flores son las almas de mujeres
que en la tierra su crimen no purgaron,
mujeres que murieron olvidadas
   despus que tanto amaron,
   y ahora vagan sus almas
de unas flores a otras emigrando,
y en el crisol ardiente de sus penas
purifican las huellas del pasado...
No arranquemos jams con mano brusca
    una flor de su tallo:
las flores tienen alma; las he odo
gimiendo muchas veces por lo bajo...!

......................................

 Sal al campo cantando una maana,
    y vi sobre su alfombra
una siembra de gotas cristalinas,
    de polcromas gotas.
Quin haba llorado aquella noche?
    Fueron, quiz, las sombras?
    Fueron, quiz, los astros?
Fuera, quiz, la luna soadora...?
    No s, no s quin fuera,
pero lgrimas eran tales gotas;
    lgrimas transparentes
y de luces radiantes como auroras...!
    Dicen que tienen alma las estrellas;
    mas, por qu lloran?
Yo conozco esas lgrimas y juro
    que son de penas hondas...
A veces, cuando el cielo est sereno
    y la noche reposa,
levanto al firmamento la mirada
    y plidas las veo y ojerosas...!
    Hay penas all arriba?
Y si penas no hay, por qu sollozan?
    Las estrellas son almas
que vivieron errantes y azarosas,
    informando unos cuerpos
de materia podrida y hedionda...!

Marzo, 1916.




Dayot (Rosario)

Contempornea. Alumna de tercer ao en el Centro Escolar de seoritas
(_High School_) de Manila.


               A ESPAA

(OFRENDA.--DA ESPAOL, 25 JULIO 1922)

Con lealtad y gratitud sincera,
Unida a t por irrompible lazo,
el alma filipina, en tu regazo,
Pone un beso de amor en tu bandera.

Perdnala si evoca plaidera
De tu recuerdo el indeleble trazo;
Oh! cun dulce calor el de tu abrazo
Para el que sufre en angustiosa espera!

Mas... escucha sus votos inmarchitos:
Ni del tiempo los cursos infinitos,
Ni el nuevo rumbo de tutela extraa.

Extinguirn en tierra filipina
La fe en tu amor, la fabla cervantina
Ni este grito supremo: Viva Espaa!




Fernndez Lumba (Enrique)

Naci en Manila en Abril de 1899. En San Juan de Letrn y en la
Universidad de Santo Toms, centros de enseanza regidos por los
frailes dominicos, se hizo bachiller y abogado. Fu redactor de "El
Comercio", diario manileo en espaol. Lo es ahora del diario catlico
"La Defensa".


                LA MUJER

Es del artista inspiracin fecunda;
flor divina en el huerto de la vida;
del bardo en el laud nota escogida
que de armonas la existencia inunda.

Angel hermoso que a la tierra inmunda
cay del cielo con el ala herida;
blanca luz de la gloria desprendida,
que del vivir la lobreguez profunda

disipa con la magia de su encanto.
Es talismn de poderoso hechizo
que al bro de su amor no hay quien resista,

ni pecho que no ablande con su llanto.
Es Eva que nos quita el paraso,
y es Mara que el cielo nos conquista!

1919.


                MIENTRAS DICEN...

Madre Espaa,
por tu gloria,
por el brillo de tu historia,
por tu hazaa de tres siglos en la tierra de mi amor,
por la sangre que vertiste en las Amricas,
por tus luchas tan homricas,
por la gloria de tu ensea bicolor,
hoy levanto
la ideal copa de mi canto,
mientras dicen mis hermanos, los poetas,
en estrofas peregrinas:
viva espaa en Filipinas!
viva Espaa y su memoria...!
y proclaman las trompetas
de la gloria
tu mirfica victoria.

Yo quisiera que mi verso condensara
el sentir de veinte pueblos hermanados
por tu idioma de armona tan preclara;
veinte pueblos troquelados
en el fuego de tu alma generosa;
veinte pueblos herederos de tu historia y tu nobleza.
Yo los miro en este da como ptalos de rosa
colocada en el altar de tu grandeza;
como cuerdas de una lira colosal
que, pulsada por el genio de la historia,
suena un cntico real
de sublimes resonancias,
que venciendo las distancias
publicando va tu gloria
por los lindes del planeta...

Madre Espaa: por tu honor,
por tu idioma, por Legazpi y Urdaneta,
por la gloria de tu ensea bicolor,
por la cruz que nos legaste, yo levanto
la ideal copa de mi canto,
mientras cantan mis hermanos, los poetas,
en estrofas peregrinas:
viva Espaa en Filipinas!
Y proclaman las trompetas
de la gloria
lo inmortal de tu victoria...

Julio, 1920.


           A PLARIDEL[22]

Luchaste all en la vieja monarqua
con voluntad exenta de egosmo,
sirvindote de escudo el patriotismo
y nuestra santa libertad por gua.

Vertiste gota a gota tu energa
en la lucha mental del periodismo,
al pueblo predicando el heroismo
y encendindole en sacra rebelda.

Y es justo que hoy, en los nativos lares,
ensalce el vate en lricos cantares
tu nombre pregonado por doquiera;

y es justo que la patria agradecida,
por quien supistes inmolar la vida,
guarde en su seno tu mansin postrera...!

Noviembre, 1920.

[Nota 22: Seudnimo que us en el peridico "La Solidaridad", por
l fundado, el escritor filipino Marcelo H. del Pilar. "La
Solidaridad" se public en Barcelona.]


                   A MAGALLANES

(EN EL CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE FILIPINAS)

En vano tu recuerdo y tu nombre esclarecidos
indignas almas viles intentan olvidar;
los signos de tu gloria quedaron esculpidos
en pginas eternas del libro universal.

Jams el hombre aleve podr borrar la estela
que tus sencillas naves dejaron en el mar;
el genio de la historia por tu recuerdo vela
y tu glorioso nombre los siglos guardarn.

La noche del olvido no puede con sus brumas
de tu memoria egregia las luces apagar;
constante el mar azota las peas, y en espumas
tan slo se convierte su furia pertinaz.

No en vano con tus naves cargadas de nobleza,
del todo lo sublime que Iberia pudo dar,
venciste los embates del mar y su fiereza,
trayendo con tu espada la cruz y la verdad.

Tu gloria es como el astro que intenso resplandece;
mirar tal vez no quieran su bello fulgurar,
pero su clara lumbre ni muere ni decrece,
y en los espacios clicos luciendo siempre est.

Mi dbil voz te anuncia que tu gloriosa hazaa
trayendo a Filipinas--a mi adorado lar!--
la lengua de Castilla, la fe de aquella Espaa,
los buenos filipinos jams olvidarn.

En vano la desidia pretender olvidarte,
que el eco de tu nombre resuena sin cesar;
se oye entre las ruinas que sirven de baluarte
a un ayer glorioso que nunca ceder;

lo lleva entre los labios el hijo de esta tierra:
nombrar a Filipinas tu nombre es pronunciar;
si el tiempo borra un da la losa que te encierra,
no temas, pues tu nombre jams se perder.

Despus de cuatro siglos aun tu gloria existe
aun recuerda el pueblo tu hazaa singular,
que el tiempo ni los hombres la sangre que vertiste
borrar no pueden ellos del suelo de Mactn.
.............................................
Oh, insigne Magallanes, bendita tu memoria!
Bendito aquel instante cuando cruzaste el mar,
trayendo a estas regiones un nombre y una historia,
y con la cruz de Cristo la luz de la verdad!

Noviembre, 1921.


          LAS TRES BANDERAS

                  I

Vedla, llena de gloria, ondear pacfica
Sin los arrestos blicos de ayer,
Es la bandera bicolor, magnfica,
Que arrastr un da el triunfo por doquier.

Es la de Espaa, la nacin prolfica
Que a pueblos di la libertad y el ser;
La gualda y roja, a cuya luz mirfica
Pudo Iberia la gloria retener...

Yo te saludo con el alma exttica,
Que siempre fu por tu esplendor fantica
Queriendo verte ondear en el confn.

Rotos los lazos de la unin poltica,
Bendcete mi patria en la hora crtica
como al emblema de un amor sin fin...

                  II

Ved la otra que se ostenta dominante
Llena de juventud y de vigor,
Y porque es ella fuerte va delante
Deslumbrando con su urico fulgor.

Ayer en Francia se mostr gigante
Guiada por el genio vencedor;
Hoy por el mundo llvala triunfante
De la concordia el ngel mediador.

Es la ensea que anuncia libertades
Prometiendo trocar en realidades
De los pueblos las ansias de vivir...

Oh bandera de Amrica potente!
Mi pueblo te saluda reverente
Como al signo de un bello porvenir...

                  III

Y all la siempre amada y bendecida
Que un tiempo se eclips de nuestros cielos;
La que entrevi Rizal en sus desvelos
Y en el supremo instante de su vida.

La ensea que en Malolos vise erguida
Colmando de mi patria los anhelos;
La que a mi pueblo prstale consuelos
En tanto espera verla enaltecida...

Bendita seas, tricolor ensea!
Mirarte libre un da mi alma suea,
Derramando la luz de tus colores;

Y cuando llegue aquel dichoso instante.
Yo te dir con alma delirante
Que t eres el amor de mis amores!

Enero, 1922.


                  QUE MAS DECIR...?

                      A ESPAA

Por cantar tu excelsa gloria los poetas ya agotaron
los acentos de sus liras, los vocablos del lenguaje...
Qu poetas, inspirados por tu historia, no cantaron
la nobleza de tus hechos, la virtud de tu linaje?

Qu oceanos los colores de tu ensea no copiaron?
Qu naciones no sintieron el vigor de tu coraje?
Qu pases tus soldados con su sangre no sellaron
y qu historia habr en el mundo que a tus fastos aventaje?

Qu cultura habr ms alta que la tuya tan cristiana?
Cul ms dulce que tu idioma, que parece una fontana
que hace siglos se desliza sobre un lecho de diamantes?

--Y en el alma filipina, qu recuerdo habr ms dulce?
Qu potencia irresistible que al progreso nos impulse,
Que la fe de Jesucristo, ms la lengua de Cervantes...?

Julio, 1922.




Guerrero (Fernando Mara)

Naci en el barrio playero manilense de la Ermita, ao de 1873. Curs
la segunda enseanza en el Ateneo municipal. Se hizo perito mecnico y
abogado luego. Aunque siempre con aficiones literarias, no comenz a
lucir como poeta hasta el cese de la soberana espaola. A partir de
1898, consagrse al periodismo. Dirigi "El Renacimiento", diario
filipino, nacionalista, escrito en castellano. Us el pseudnimo
_Belisario Rosas_. En 1907 fu elegido diputado. Ultimamente era
secretario del Senado. Es correspondiente de la Real Academia
Espaola.


                A FILIPINAS

Virgen de la Malasia, ramo de flores
que argentan con su espuma los roncos mares:
tuyos son mis suspiros y mis amores,
tuyo el ritmo tembloso de mis cantares.
Ya est tu sien radiante libre de abrojos;
ya, como ayer, no arrastras veste de ilota,
y ya el alba soada brilla en tus ojos,
y tu clmide limpia de manchas flota.

T eres hoy la sirena del mar malayo,
el hada rozagante que endechas quiere
y vive de los astros al nveo rayo,
cantando su amor puro que nunca muere.
Escchame! En las rimas del bardo errante
flamea el sacro fuego del sol de Oriente;
deja que al son del arpa tu nombre cante,
porque beses siquiera su mustia frente.

Sobre un lecho, adormida, de piedras finas,
te arrullan de los bosques las auras suaves;
velan tus sueos de oro castas ondinas,
te murmuran mil trovas parleras aves.

Palpita en tus entraas, arde en tu suelo
la urea y candente lava de los volcanes;
sierpes de escamas gneas hienden tu cielo
cuando ruedan crujiendo los huracanes.

Ondulando en el ter, sobre los campos,
despliega la neblina su blanco tul,
y la apolnea antorcha, con vivos lampos,
arrebola del cielo la veste azul.

En la cspide esbelta de las montaas,
donde el guila altiva trenza su nido,
mecidas por la brisa suean las caas
con la inflexin de un hondo flbil quejido.

A impulsos de la savia de su energa,
agitan las palmeras sus verdes plumas;
mientras all, en la selva fresca y sombra,
van flotando calladas las densas brumas.

Como algeras flores de oro y zafiro
llevadas por el hlito de auras sutiles,
los insectos se esparcen con manso giro
a libar la ambrosa de los pensiles.

Desde la agreste cumbre, suelta, hervorosa,
su penacho de linfas la catarata:
en l dibuja el iris su franja hermosa,
que el lago en sus cristales despus retrata.

Por tu atmsfera vrgen, urna de aromas,
donde sus rseos labios la aurora imprime,
vuelan y se acarician blancas palomas,
suspirando de amores himno sublime.

Y cuando por las tardes el sol desmaya
sobre olas de esmeralda su frente roja,
nias de tez morena van a la playa
a recoger las conchas que el mar arroja.

Son dulces y mimosas como las hadas,
rutilan en su rostro ojos traviesos,
y hay caricias eternas en sus miradas,
y hay un fuego divino que arde en sus besos.

Asidas de la mano, suelto el cabello,
cruzan nuestras praderas siempre inmarchitas,
ostentando en su grcil, flexible cuello,
perfumados collares de  sampaguitas.

Y en la paz de los bosques, en donde vuela
el cfiro de mayo vertiendo olores,
con los ritmos dolientes de una vihuela
mezclan la voz sin mancha de sus amores.

........................................

Patria! Patria bendita, ramo de flores,
que besan con sus ondas los roncos mares!
Ya que fuiste la cuna de mis amores,
Oh! s tambin la tumba de mis pesares.

Noviembre 1898.


             BAJO LAS CAAS

Solemne y honda la mudez del campo;
clido el aire, el trmino azuloso...
Todo vibra de gloria bajo el lampo
de un sol que es siempre, cual Apolo, hermoso.

En el bochorno de la tarde estiva,
suea la flor y duerme hasta la idea.
Slo aparece como mancha viva,
all en lo alto, la llama que caldea.

Silencio y paz... El nico sonido
que el ambiente volcnico desgarra,
lo da, bajo el ramaje florecido,
con su msica agreste, la cigarra.

El espacio es cristal; fulge y ondula
cual la cuerda de un arpa estremecida,
y mientras ms el trmino se azula,
ms bellos son los sueos de la vida.

Soar! Vivir...! Soar bajo las caas
y vivir a su sombra eternamente,
sin sentir esas penas tan extraas
que ensombrecen el alma lentamente.

Soar que el corazn es siempre joven
y que esa juventud es una gloria,
sin cuitas que en el vrtigo nos roben
lo ms caro escondido en la memoria.

Soar as es soar de color rosa;
vivir as es vivir en pleno idilio;
es tener en el alma, en vez de prosa,
una gloga admirable de Virgilio...

Oh, dulces soledades campesinas!
Oh, refugio de amor de los caales...!
Tan slo all las almas filipinas
consiguen olvidar todos sus males.

All se escucha la palabra santa,
la dulce voz de la querida tierra,
esa que llora, y regenera, y canta,
y en s las notas de lo grande encierra.

All todas las almas se expansionan
y se abren al amor los corazones,
y hasta las frentes tristes se coronan
con flores, muy abiertas, de ilusiones.

All, por un milagro, se ensimisma
el alma de la patria con la nuestra,
y all la vemos, bajo el propio prisma,
dentro del corazn como maestra...

Soar! Vivir! Soar all a la sombra,
con la vista clavada en el celaje,
que cuanto se contempla y aun se nombra
es filipino todo en el paisaje...!

Eso es soar triunfando de la pena
y mover con la fe hasta las montaas.
Oh, dejadme soar en mi hada buena
a la sombra piadosa de las caas...!


            FANTASIA CARNAVALESCA

Y cruzaban, y cruzaban sobre el lomo verdinegro
      del antiguo Pasig[23], todas
las esplndidas y grciles, las esplndidas pagodas
como notas fugitivas y triunfantes de un alegro,
fusionando con las odas, con los ecos de las odas
      que exhalaban de sus labios,
      parecidos a sublimes instrumentos
      de invisibles gnomos sabios,
los espritus acuticos y las diosas de los vientos.
      Y cruzaban las pagodas,
y cruzaban las pagodas cual visin de mil colores,
      como regias invitadas a las bodas
de la luz de las estrellas y el aroma de las flores.
      Y eran flores, flores bellas,
      las que mrbidas, y esbeltas, y rientes,
      arrastraban al claror de las estrellas
      y al sollozo de las aguas somnolentes,
      sus disfraces de princesas,
      de princesas refulgentes
      y de histricas marquesas,
con magnficas diademas y con tnicas crujientes.

[Nota 23: Ro caudaloso que nace en la Laguna de Bay y cruza la
capital del Archipilago, donde vierte al mar.]

..................................................
      Ya arribaron todas, todas,
con sus prticos y flmulas y sus globos de escarlata:
      ya arribaron las pagodas...
Las pagodas han tocado la marmrea escalinata
      del palacio del Gran Hombre
      de mortfera sonrisa, y cuyo nombre
lo repiten la corriente de las aguas y los vientos en sus odas
y en los flbiles arpegios de su eterna serenata.
Ya estn quietas las pagodas, ya estn quietas
      cual quelnidos fosfricos
      que han plegado sus aletas,
escindidas en las ramas de los bosques madrepricos.
      Ya las flores van brotando, flores bellas,
      flores mrbidas, rientes,
      que recogen, al claror de las estrellas
      y al murmullo de las ondas balbucientes,
      los cendales de sus ptalos divinos,
      y las nieblas de sus tnicas crujientes
empapadas en la gama de color de los ardientes
      paisajes filipinos.
Los volticos van vertiendo con sus nforas de plata
      raudales diamantinos,
y en la lmina del agua y en la breve escalinata,
la luz blanca va escribiendo mil ensueos peregrinos,
      mil curiosas historietas
de mundanas e inocentes, de galanes y poetas,
      y de flores, y de flores
      que vibraron entre rfagas inquietas
      de los cierzos destructores,
      y murieron en un vrtigo de amores,
      reposando todas, todas,
al igual de las gloriosas, las esplndidas pagodas,
      que se aduermen, que estn quietas
como saurios gigantescos, cual quelnidos fosfricos
      que han plegado sus aletas
desgarradas en las puntas de los bancos madrepricos.
..................................................
Est lleno el gran palacio. En los flgidos salones
      los disfraces van bailando
      y ondulando,
al comps de locos valses y corteses rigodones.
Est lleno el gran palacio. Los voltaicos sinfonizan
un poema de alas blancas y eucarsticos jazmines,
      mientras mugen los trombones,
      mientras miman los violines
      con sus mimos que electrizan,
y rotundos bordonean los pastosos violoncelos
unas msicas de ensueo que la mente narcotizan
      como un opio de los cielos,
      y derraman los oboes
la armona voluptuosa del amor y del idilio
que recuerda bellas pginas del gran Longo y de Virgilio,
bellas pginas soadas en la Hlade y el Lacio,
      tierra azul de las ideas!
      con sus Dafnis y sus Cloes,
con sus Ttiros agrestes y sus lindas Galateas...
      Est lleno el gran palacio!
Y se agitan los disfraces en tumulto pintoresco,
      y fascinan con sus ropas,
con sus ropas policrmicas, con su rostro pierrotesco,
y entre rpidas volutas del furioso torbellino,
burbujea efervescente, hasta el borde de las copas
delicadas y sonoras, la alegra del buen vino.
      Las parejas se entrelazan,
las parejas sudorosas se entrelazan en la fiesta,
como ramas de mil rboles que se funden y se abrazan;
      y a los sones de la orquesta,
que acaricia con sus flautas, sus oboes y violines,
los sedeos zapatitos y los ntidos botines
van trazando nuevas vueltas y espirales,
      nuevas curvas ideales
a la luz de los voltaicos semejantes a jazmines,
      a jazmines de florestas siderales,
      de corolas luminosas, de pistilos colosales,
mientras sobre el lomo ingente del gran Pasig verdinegro,
      las pagodas todas, todas,
      las hierticas pagodas,
se fastidian y bostezan, envidiosas del alegro,
      las fantsticas pagodas.
..................................................
Ya amanece. Ya el sol bello pontifica en el espacio,
en su altar de azul y grana y con su hostia de topacio.
      Ya est mudo el gran palacio!

Diciembre, 1903.


          DOLORA DE PASCUA

Alma de Diciembre, perfume de Pascua,
que impregnas la arcilla de mi corazn,
y en lo fro pones de mi vida un ascua
de alegra ingenua y otra de ilusin...!

Sonajas y parches alzarn en coro
frente a los belenes pastoril cancin,
y sobre el establo, una estrella de oro
marcar la senda de la adoracin.

Son trozos de espejo los azules lagos,
algodn las nubes, lo dems cartn;
cruzarn un puente los tres Reyes Magos
y ordenar Herodes la degollacin...

Ah! s, muy dichosos los que todava
no han roto los velos de la encantacin,
y suean de noche, y tambin de da,
en que son las nubes copos de algodn.

Dichosas las manos de los pequeuelos
que aun aroma el leo de la tradicin,
y dejan zapatos como barquichuelos
en espera de algo, sobre algn balcn...!

Si ellas no tocaran jams una herida
ni tocaran nunca la humana ficcin,
fueran inocentes por toda la vida
y en Beln durmiera toda su ilusin.

Pero se harn grandes, palparn desdenes,
tomarn un cetro: el de la Razn,
y ya no habr el goce de erigir belenes
ni soar en Reyes Magos de cartn...

.......................................

Alma de Diciembre, beso de la Pascua
que aromas la arcilla de mi corazn!
Por qu en nuestras vidas no pones un ascua
de candor eterno y eterna ilusin?


     MAS QUE TODO, MI CRUZ...

Hay un amor oculto en cada cosa
y en cada cosa una sutil tristeza,
lo mismo en una rosa
--vaso que Abril llen de su belleza--
que en la fina y voluble mariposa
de lrica hermosura,
que, al posarse temblando en tu cabeza,
surmonta su locura a tu locura.

Cuando despunta un sueo
y florece en la vida una quimera,
el fondo de las cosas es risueo
porque es azul como una primavera.
Pero si un sueo muere
y la quimera amable nos olvida,
cada cosa es un dardo que nos hiere,
y lloran no s qu miserere
las cosas de la vida.

Todava eres joven,
pero yo voy hacindome ya viejo,
y antes que tu primor los aos roben
y te diga el espejo
la verdad de un encanto destrudo,
permite que te enve este consejo
del corazn, un poco entristecido:

Busca el amor oculto en cada cosa,
qudate con el alma de la rosa,
con su aroma y color;
y de las alas de la mariposa
toma el vuelo sutil, la gracia leve,
y hallars en la vida, que es tan breve,
una divina suavidad de amor.
Busca en la quieta fuente
la armona del agua que hace santa
la enorme soledad;
busca en la ondulacin de la corriente,
que a veces llora y otras veces canta,
el hondo arcano de la libertad.
No interrogues al astro
perdido en el zafir,
por tu senda o tu rastro,
o lo que ha de venir.
Pregunta por su luz, tan dulce y pura,
pregunta por su inmensa trayectoria,
y si es verdad que en la celeste altura
existe o no la gloria.
Busca, en fin, un amor en cada cosa
y cada amor te ofrecer su rosa.

Yo, mientras tanto, buscar en las cosas
una lgrima oculta, una tristeza.
Es justo. En mis jardines ya no hay rosas
sino espinas: las lleva mi cabeza!
He cambiado las llaves del cario
por las llaves del cofre del dolor,
y voy, o como un viejo o como un nio,
muerto para las glorias del amor.
Quede en tus manos, pues, la mariposa,
quede en tus manos la divina rosa,
el agua mansa y la celeste luz,
y djame en limosna la tristeza,
las espinas que cien mi cabeza,
y, ms que todo, mi sangrienta cruz.


              LA BANDERA

Corre el torrente alborotado y ciego,
y el Derecho parece una quimera;
pero aun hay fe, y all donde yo llego
ha de llegar conmigo mi bandera.

Es bandera muy santa. Me la dieron
hombres ya muertos de mi propia raza.
Ellos la amaron mucho y defendieron
cuando tron el insulto o la amenaza.

Y hoy la defiendo yo. No sea el torrente
la fuerza superior que la derribe.
Esa bandera es algo omnipotente
que flota y obsesiona, y siempre vive.

Vivir...! Si algn da de mis manos
un golpe del azar la desprendiera,
en pos de m vendran mis hermanos
a tremolar de nuevo esa bandera.

Fija en la brecha est. Ese es su puesto;
all la encontrarn otras edades;
all irn a besar su hierro enhiesto
rayos de gloria o fieras tempestades.

All la mirarn, siempre clavada,
flameando al sol, las esperanzas mas;
vieja quizs, pero jams hollada,
jams vendida por el bravo _Elas_...[24]

[Nota 24: Interesante personaje de _Noli me tangere_.]

Y Elas es mi hermano. Su firmeza
arde en todas las almas filipinas,
ya la cian de flores o de espinas,
y satura de fe nuestra cabeza.

Y qu brazo mejor que el brazo hermano
para sostn de la bandera santa?
Ese la salvara del pantano,
como la salva ahora y la levanta.

Alcmosla...! Que llegue hasta los cielos,
que ondee y que restalle muy arriba,
que cubra con su gloria nuestros duelos
y que mantenga la esperanza viva!

Y aunque ciego el raudal se precipite
y parezca el Derecho una quimera,
nadie, mientras la fe no se marchite,
podr decir que ha muerto esa bandera...

Junio, 1905.


            MARCHA FUNEBRE DE CHOPIN

Pausas, grandes pausas, notas largas,
estertores musicales, lloriqueos de almas rotas,
          fusin de cosas amargas,
          y entre el lloro de las notas
lamentables y solemnes, melanclicas y graves,
          un olor a flores mustias,
          un vuelo de negras aves
cantando en el aire glido la cancin de las angustias.
Pausas, grandes pausas. (Va el cortejo,
          con sus sombros crespones,
por la calle silenciosa, de los cirios al reflejo,
farfullando rezos tristes. Los relinchantes bridones
          estremecen sus gualdrapas
          y sacuden sus airones
negros como las coronas, las estolas y las capas...)
Pausas, grandes pausas. Amarguras,
humedades en los ojos, en el pecho una honda herida...
          Oh, flor de las sepulturas!
          oh, tristeza de la vida!
..................................................
De repente un gran quejido, de repente un gran lamento.
          una armona inefable,
un suspiro sofocado bajo las alas del viento...
          algo que queda imborrable...!
          El muerto va en la carroza,
anegada hasta los bordes de muchas rosas muy plidas...
Detrs, la pobre familia que padece y que solloza,
caras de pena que cubren temblonas manos esculidas!
          El quejido pasa y muere
          en languidez dolorosa,
y a lo lejos va llorando sus llantos el _Miserere_,
          triste cancin de la fosa!
          ...Y luego una meloda,
una msica de ensueo y de afliccin resignada,
          como el hielo, blanca y fra,
          como el beso, delicada...
(El cuerpo es el del amado... Adis! Blanquea un pauelo
          sobre el negror de unos ojos
que suben desde el cadver hasta la gloria del cielo
          lleno de matices rojos...)
Crepsculo. Entra el cortejo en la ciudad de los muertos.
Pausas, grandes pausas, notas largas,
armonas lamentosas, soledad de los desiertos,
          inmensas cosas amargas...!

Oh, Chopn! Oh, gran maestro!
(Ya estn cayendo las hojas, ya est cayendo la escarcha).
Haz que suenen en el aire melanclico y siniestro,
cerca a m, las armonas funerales de tu _Marcha_...

Octubre, 1905.


    ANTIFONARIO

ORACIN DE TODA HORA

Santa Reina del amor:
t sabes que noche y da
te rezo la letana
y la salve del dolor.
T sabes que es el deleite
de mi alma sentimental
llenar de fragante aceite
tu lmpara de cristal,
y con mano temblorosa
mi luz votiva encender,
y enflorar con una rosa
tus leves pies de mujer.
Seora: por la belleza
de toda melancola;
por la vesperal tristeza
de mi ruta; por la fra
cerrazn de mis maanas;
por las rosas que en Abril
mueren solas y tempranas;
por toda brisa sutil
que bes flores amargas;
por toda negra visin
y por las horas tan largas!
en que espera el corazn;
por los escollos adversos
donde se estrella mi esquife;
por mis lgrimas y versos
y por el mismo arrecife,
librtame del delito
de hablarte a veces en prosa;
librtame, y pues contrito
estoy de mi culpa odiosa,
gurdame en tu corazn
y en tu memoria tambin,
y dame tu bendicin
por siempre jams. Amn.


         ORACIN MATINAL

Nuestra Seora de la maana:
        t, que desles
sobre las nieblas tu suave grana;
t, que te enjoyas de mil rubes;
        t, soberana,
        que te sonres
como una dulce Fata Morgana,
pon en mi lengua sabor de mieles
y una sonrisa bajo mis labios.
No me des nunca laureles sabios...
Odio lo amargo: gloria, laureles.
Guame al prado de tu optimismo,
donde el buen Emerson, todo sonrisa,
        dijo su misa,
que era la misa de su pietismo...
Santa maana, reina ideal,
vaso de lirios en eclosin,
arca de gemas y de cristal,
por t suspira mi corazn!
        Reina inmortal,
manda a mi pluma tu tentacin,
toda la excelsa luz de tu edn;
libra mis sueos de todo mal,
y haz que a tu diestra me siente. Amn.


              ORACIN DEL MEDIODA

Padre y seor. T, Mitra, el del ojo sanguneo,
gran arquero celeste
que lo penetras todo con tu dardo lumneo;
t, el de la roja veste
con orlas y con flecos de eternas igniciones;
t, Helios, y t, Osiris,
por quien vive el imperio de las constelaciones
y se hace en las alturas el milagro del iris;
t, bello emperador,
envanos tus dones,
tus prpuras de gloria y tu vital calor.
Derrite en tus brasas todos los corazones,
para que al fin, seor,
salgan del fro rtico de su inercia y desdn,
y en su nuevo ecuador
reciban el espritu del arte nuevo. Amn.


               ORACIN VESPERAL

Madona crepuscular
que de nostalgias te vistes,
cuando, tristes,
caen las rosas del otro lado del mar;
Madona, t que, si pasas
sobre el camino del hombre,
dejas en toda frente prendidas las tenues gasas
de unas "saudades" sin nombre;
Madona! Madona ma!
la de los ojos cargados de resplandores violeta,
fuente de melancola
del poeta;
tiende tus plidas manos
al que en tus velos de reina clara un dardo de irona,
porque no entiende tu culto ni sabe de tus arcanos,
santa ma!
Dale a besar tus anillos
en que Vspero escintila,
tus collares, tus zarcillos,
tu boca roja y tranquila...
Y cuando tu seduccin
divina y crepuscular
conquiste para tu rito algn nuevo corazn
que sepa quimerizar,
extiende sobre el nefito tus manos en bendicin,
          oh Madona!,
y alrededor de su sien
pon las perlas de nostalgia que tiemblan en tu corona,
por toda tu vida. Amn.


              ORACIN DE LA ALTA NOCHE

Noche...! Sulamita,
tan hermosa y tan negra cual mis propios pesares,
como aquella que muere de langor, y palpita
entre los nardos del _Cantar de los cantares_;
emperatriz augusta del silencio y la sombra,
noche meditabunda,
salve, mil veces salve! Por mi voz que te nombra,
por mi vida errabunda,
por mi senda cubierta de propsitos muertos
y de muertas venturas;
por la luz que no encuentran mis jardines desiertos,
por todas mis tristuras;
unge mi pecho en un claror de luna,
en un beso de brisas; dame el bien
de todos tus misterios, noche bruna,
y no me prives de tu luna. Amn.

1908.


            HORA CALIDA

Oh calor de la siesta filipina,
calor de corazn, calor de fragua,
en que hierve en la copa cristalina,
con temblores estuosos, hasta el agua!

Una suave molicie que alucina
irrumpe en nuestra carne, y la cabeza,
como agobiada de sopor, se inclina
florecida de rosas de pereza.

Hay como una decadencia en las pupilas
hmedas de pasin; y mientras fiera
la luz solar sobre las cosas arde,

beben las almas graves y tranquilas
el vino del ensueo y la quimera
en el clido vaso de la tarde.

Octubre, 1908.


          LA ISLA HERMANA

          Isla de los tesoros,
Mindanao, isla fuerte de cristianos y moros,
grande bajo el aliento del polfono mar;
isla de bravas gestas y pugnas legendarias,
que tiene por reductos las selvas milenarias
y por vivac inmenso el campo secular.

          Isla maravillosa,
sultana bella y grcil a quien vemos ansiosa
poner oro y corales sobre el nativo altar,
y buscar en la arena de sus sonoras playas,
como sus dos hermanas, cual Luzn y Bisayas,
la perla de un ensueo que no quiere llegar...

          La gran Naturaleza
te di la magia augusta de su inmortal belleza,
su savia formidable, su sol canicular;
por eso son enormes tus bosques y tus ros,
y hacen temblar ejrcitos tus indomables bros,
y el Apo a las estrellas no cesa de retar.

          Eres como tus lagos,
para la flor propicios, para el pirata aciagos,
picos en la guerra, lricos en la paz;
y eres, cuando el peligro tus lares amenaza,
la cspide en que erige sus tiendas una raza
para gritar:--"Atilas! mi gloria no es fugaz.

          "Yo soy como el granito;
mi sed de vivir sube hasta el infinito
como las flechas giles de mi aljaba ancestral.
Yo, aunque me cia ajorcas, zarcillos y turbante,
tengo en las venas mas la sangre palpitante,
la misma que en el ara oblacion Rizal."

          Loor a tu boca altiva,
Mindanao, isla de oro, Clquida rediviva,
a donde van los Argos de un moderno Jasn!
Tu increpacin histrica tiene inmanente vida;
es la consigna tnica de que jams se olvida
ni el hombre de Bisayas, ni el hijo de Luzn.

          Un vnculo ms fuerte
que el puo de los Csares y que la misma muerte
hace de las tres islas un solo corazn;
que tendr, en la ventura, una sonrisa nica,
y, en las adversas horas, sabr rasgar su tnica
con un definitivo y unnime tirn.

          No son tus noches bellas
las mismas que las nuestras? No es luz de tus estrellas
la que reciben juntas Bisayas y Luzn?
No es aroma indgena del _ilang-ilang_ regio
el que a leer nos mueve un solo florilegio
y a sentir, alma adentro, una sola emocin?

          No morirs...! No temas
que extraas manos roben tus collares de gemas
y maten de un hachazo tu rbol tradicional:
los que guardan su libro de gestas legendarias
y tienen por reductos las selvas milenarias,
clarinearn maana una marcha triunfal...

          Clquida filipina,
Mindanao, isla hermana, isla bella y divina
en cuyo honor dispara sus retumbos el mar:
para quien sea osado a herir tus esperanzas,
s como nuestra pia, cornate de lanzas
y quede en ellas muerto el pulpo secular.

Agosto, 1908.


               ILANG-ILANG

_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos,
donde aroman aurinegras mariposas
sus dos alas de colores vespertinos
cual flabeles para reinas voluptuosas;

_ilang-ilang_ de ramaje desmayado
--varillaje de verdosos parasoles--
t eres fuerte por el beso que han dejado
en tu copa melodiosa muchos soles.

Son tus flores glaucos astros pensativos
y eres todo, cuando ondulas, incensario
ante el ara de los dioses primitivos
en el templo de algn bosque milenario.

Tu perfume, como un alma grande y sola,
ha pasado del terruo las fronteras;
y el prestigio que embellece tu corola
no lo olvidan las beldades extranjeras.

De sus ureos tocadores los cristales
--ostensorios de tu lrica fragancia--
reverdecen en los lechos virginales
un delirio que hall vida en la constancia...

_Ilang-ilang_, rbol patrio, suave y bello:
a tu sombra dicen cuentos y carios
nuestras musas de negrsimo cabello
y alma ingenua como el alma de los nios.

Si tus hojas, bajo el ala de la brisa,
dan al aire de la noche madrigales,
no hay un labio que no enflore una sonrisa
ni una fuente que no azule sus cristales.

_Ilang-ilang_ que arrojaste tus corolas
en mis sendas a la luz del plenilunio:
cuntas almas que estn tristes y estn solas
han cubierto con tus flores su infortunio!

Y han credo que era un beso muy cercano
el suspiro de tus flores estelares,
y han gritado: "Ya, ya viene el beso hermano
a la herida que han abierto los pesares!"

Por t, todo: por la gloria de tu esencia,
por tus hojas que alcatifan nuestra ruta,
por tu sombra, donde es buena la existencia
y pensamos que no es todo fuerza bruta.

Danos siempre con tu olor de primavera
un anhelo de ser libres como el viento,
que sacude tu fragante cabellera
y emborracha nuestra vida con su aliento.

_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos
a que el alma de mis cnticos se abraza;
s t el rbol de verdores matutinos
que perfume las tristezas de mi raza.

Septiembre, 1909.


       EL DOLOR DE LAS CUARTILLAS VRGENES

Qued sin nada en la mesa la inmaculada cuartilla,
y yo me d en pensar hondo pidiendo una maravilla
a la luz chisporroteante de una candela amarilla
de pena... Qued sin nada la inmaculada cuartilla.

Yo quise llenar el pliego, casto por sus resplandores,
de mis locuras de nio, de mis risas y dolores,
del aroma inolvidado de no s qu santas flores,
y as convertir el pliego en libro de mis amores.

Era la noche de luna. Fuera decan los vientos
el suspiro milenario de sus plcidos lamentos.
En mi frente haba un loco florecer de pensamientos
y de tristezas nocturnas... Fuera lloraban los vientos!

Mis pobres quimeras iban rotas en el torbellino;
mis pies no tenan rumbo, ni mi espritu destino;
pero all lejos un nio, un nio ciego y divino,
me disparaba una flecha y me enseaba el camino.

Tom la pluma. En mi mano hubo temblores febriles,
miedo de no encarnar nunca en las palabras sutiles
la voz de mi vida; el miedo de un _beb_ de cuatro abriles
a las brujas y los duendes de los cuentos infantiles.

Qu escribir? Qu pensamientos consignar en aquel trozo
de papel? Mis ilusiones? La hora triste o la del gozo?
Mir dentro de mi vida y mi vida era un destrozo;
mir fuera, y desde fuera lleg a m un hondo sollozo.

Solt el clamo. Mi vida no me daba la respuesta;
no haba una flor en toda la inmensidad de la cuesta;
mi fatiga siempre grande, la carga siempre molesta,
y en el aire ni el susurro de la ms leve respuesta.

Qu escribir...? La tinta obscura del tintero era tristeza;
tristeza el silencio augusto de la gran Naturaleza,
y en medio de este dualismo de dolor y de aspereza,
se mora lo ms triste de lo triste: mi cabeza.

Qued sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada.
Hund en las manos mi frente ardorosa y quebrantada;
ped al pbilo amarillo la lumbre de una mirada,
y en el fondo de mi vida no hubo nada, nada... nada.

Oh vaco de las almas...! Oh negras horas tediosas
en que no hay para las manos que tiemblan divinas rosas,
ni para los ojos tristes un vuelo de mariposas
novias del sol...! Oh infinita pesadumbre de las cosas!

Dejadme esta noche solo retroceder a mi cuna,
ver que la besa y la envuelve un suave rayo de luna;
no me arranquis de los ojos una lgrima importuna...
Dejadme solo esta noche, que la noche est de luna!

Alc mi frente. La vida no me daba su respuesta.
No haba una flor en toda la inmensidad de la cuesta;
mi fatiga siempre grande, mi carga siempre molesta,
y los labios de mi musa no me daban la respuesta...

Y mientras yo meditaba sobre la virgen cuartilla,
penetr por mi ventana un ave de pesadilla;
yo ped que me cantara un canto de maravilla,
y el ave mat la luz de la candela amarilla.

Qued sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada.
Hund en las manos mi frente ardorosa y quebrantada;
busqu en mi cofre ms ntimo alguna perla encantada,
y en el cofre de mi vida no hall nada, nada... nada...!

Septiembre, 1910.


A HISPANIA

Te hablo en tu lengua; mis versos
te dirn que hay un amor
que en la hecatombe pretrita
su raigambre conserv
en lo ms hondo y arcano
de mi pecho. Es como flor
que han respetado celliscas
y avalanchas de pasin,
flor abierta suavemente
en cumbres llenas de sol,
a donde sube el espritu
de sus quimeras en pos,
para rezarte:--"Oh, Hispania!
oh dulce idioma espaol,
el del Arcipreste de Hita,
el de Lope y Caldern,
de Juan de Mena y Cervantes,
de Pereda y de Galds!
Oh dulce lengua, que irradias
tu latina irisacin
y encierras la amplia eufona
de toda una selva en flor,
pues eres susurro de agua,
gorjeo de ave, cancin
de brisa leve en las hojas
en maanitas de sol...!"
En esta lengua oh Hispania!
balbuciente formul
mi alma en los das nios
sus caprichos, su candor;
y en las horas juveniles,
cuando hicieron irrupcin
en mi vida las primeras
exaltaciones de amor,
tambin fu tu idioma egregio
el que sirvi a mi ilusin
y la di plumas divinas
de mgico tornasol,
para llegar hasta el fondo
de un lejano corazn
y decirle:--"Ven conmigo
y dame un beso de amor".
Muri este amor. En mi pecho,
muerta la hoguera, rest
un puado de cenizas
de la pasada ilusin;
y al verme tan olvidado
de la mujer que me am,
para luego envenenarme
con una negra traicin,
cuando quise maldecirla
con mi pluma y con mi voz,
llorando de pena y rabia,
la maldije en espaol...!
Y en tu idioma, que es un iris
por su fulgencia y color,
voy dando a todos los vientos
trozos de mi corazn,
mis lricos fantaseos,
mis optimismos, mi horror
por lo prosaico y mis gritos
de protesta y rebelin
contra todas las limazas,
contra el buho y el halcn,
contra la sierpe asquerosa
que quiere alzarse hasta el sol,
contra "chaturas estticas"
que nos roban la emocin,
contra Verres coloniales
y su dolar corruptor[25],
y contra todos los hombres
que hacen tan fiera irrisin
del derecho de mi pueblo
a ser su nico seor...
Oh noble Hispania! Este da
es para ti mi cancin,
cancin que viene de lejos
como eco de antiguo amor,
temblorosa, palpitante
y olorosa a tradicin,
para abrir sus alas cndidas
bajo el oro de aquel sol
que nos metiste en el alma
con el fuego de tu voz,
y a cuya lumbre, montando
clavileos de ilusin,
mi raza ador la gloria
del bello idioma espaol,
que parlan aun los Quijotes
de esta malaya regin,
donde quieren nuevos Sanchos
que parlemos en sajn.
Pero yo te hablo en tu lengua,
oh Hispania! porque es su sn
como msica de fuente,
como arrullo encantador,
y como beso de vrgenes
en primaveras de amor.

1913.

[Nota 25: Alusin explcita al nuevo dominador, o sea la repblica
de los Estados Unidos.]


     NO CIERRES TU PUERTA

Un labio lejano me ha dicho
que tienes cerrada tu puerta...
Si es cierto, reforma el capricho:
tu puerta ha de estar siempre abierta!

Abierta a las aves del cielo,
abierta al rumor de las brisas,
al goce, al dolor, al consuelo
y al triste que pida sonrisas.

Abierta a los claros de luna,
al suave perfume de mayo,
al lloro del nio en la cuna
y al viejo que tiembla en desmayo.

No cierres tu puerta. No sabes
que cruzan el largo camino
mil sombras, mil vidas, mil aves
que ignoran su obscuro destino?

Tu mano, que abri las entraas
del suelo y hall un gran tesoro,
arroje las llaves extraas
que cierran tus puertas al lloro.

Preparen tus manos la mesa,
el plato de arroz y hasta el vino.
La sombra en la luz hace presa
y es largo y tortuoso el camino!

Que sea, en la vida, tu techo
la fuente que lave los males,
que cierre las llagas del pecho
que borre las penas mortales.

Si quieres que nazcan al paso
de tu alma las rosas celestes,
acoge el dolor del ocaso
y zurce las mseras vestes.

Bien sabes que es noble y es santo
alzar al que cae en la va.
No dudes ni niegues. El llanto
secado es raudal de alegra.

Si pones tu mano en la mano
del pobre, Dios besa la tuya.
No cierres tu puerta, oh mi hermano!
no sea que de ella Dios huya.

Ten siempre dispuesta tu casa
y est a todo husped abierta,
que acaso la sombra que pasa
es sombra de tu madre muerta.

No cierres tu puerta. No sabes
que cruzan el largo camino
mil sombras, mil vidas, mil aves
que apenas si saben cul es su destino?


        EL JARDN REDIVIVO

  PARA EL "JARDN DE EPICURO"[26]

[Nota 26: As era nombrado un cenculo literario de Manila. Y para
festejar la cena con que fu inaugurada su segunda etapa, escribi los
versos el poeta.]

Nuestros das sin sol, de retiro y mudez,
en que el alma sufri de congoja o espln,
han pasado a ser ya cosa muerta, y, al fin,
nuevos besos de luz nos encienden la tez
y florece otra vez el antiguo jardn.

Oh delicia! oh amor del humilde pensil
donde el alma sinti la pasin de soar
y, en el giro fugaz de las auras, gustar
el olor celestial de las rosas de Abril
y el dulzor juvenil de un anhelo de amar!

Est abierto el jardn. Venid todos a l
los que ansiis suspirar besuqueando una flor,
los que, en vez de llorar, tengis hambre de amor
al sonrs, al fulgor, al olor, a la miel
de una bella emocin. El jardn est en flor!

Entrad todos, entrad. El antiguo jardn
slo os pide otra vez, por su nueva eclosin,
que tengis para l una eterna cancin,
una voz de querer, un espritu afn
y una sed de habitar con la Reina Ilusin.

El vivir es el _hoy_; nadie sabe el _despus_:
a qu tristes vivir, a qu solos vagar
sin un lazo de unin que nos pueda estrechar
y, aunque herida la sien y maltrechos los pis,
nos d amor de vivir, de soar y cantar?

Est abierto el jardn... Cmo invita su olor
a subir al azul y olvidar el fangal,
lo que tiene de vil nuestra arcilla mortal,
lo que pone en la miel de la vida un sabor
parecido al cruel de las "flores del mal".

Corazn, emocin, ala leve y sutil,
tenlos siempre, oh varn, y t siempre, oh mujer,
y ambos siempre tendris, con las rosas de Abril,
entre risas de sol, un rincn de pensil
en que a solas oir el volar de un querer.

Este mar del vivir es muy fiero; este mar
tiene a veces un sn de alarido de horror,
y quien oiga esa voz y no sepa ensoar,
ante la ola sabr cun amargo es llorar
por el alma sin luz y la vida sin flor.

Luz y flor las veris en el nuevo jardn
cuya fronda es de paz, cuyo ambiente es cordial;
unas veces dir su quimera un violn
y otras veces de amor, Chaminade y Chopn,
en el clave dirn la sonata inmortal.

Vibrar su cristal una voz de mujer
como un ay! de pasin o un suspiro de Abril,
y el poeta alzar, fresca, gaya y gentil,
su cancin al amor, a la vida, al placer,
y entre todos harn un edn del pensil.

Oh delicia! oh amor del tranquilo jardn
donde el alma sinti la pasin de soar
y, en el vuelo fugaz de la brisa, escuchar
la quejumbre sutil de un celeste violn
o el latido inicial de un anhelo de amar!

Entrad todos, entrad. El antiguo jardn
slo os pide esta vez, por su nueva eclosin,
que tengis para l una bella cancin,
una voz de querer, un espritu afn
y una sed de morir por la Reina Ilusin.

Julio, 1913.


           LAS DOS HOCES

                 I

Parece la fragua el ojo cerrado
        de un muerto titn,
y el yunque parece un pico en silencio
        de un ave anormal.
En un negro rincn duerme el mazo
que otros das batiera el metal...
Cmo duele esta paz de la fragua!
        Cmo duele esta paz!

"Hola, herrero! qu tienes? qu inercias
han ganado tus msculos hoy?
Tus brazos semejan dos ramas tronchadas,
dos angustias largas de una abdicacin.
        Levntate, herrero!
Haz que de la fragua resucite un sol.
Enarbola el mazo y as, junto al yunque,
entre rojos hlos sers como un dios."
........................................
Ha soplado el fuelle sobre los carbones,
ya la roja llama crepitando est;
sobre el recio trax del despierto herrero,
hay como una bella prpura imperial.
        El mazo es tu cetro;
oh herrero! comienza de nuevo a reinar,
y en tus brazos aprendan los flojos
        a batir y forjar.

                 II

"--Toma este oro--le digo al becerro--
y forja una hoz".
"--Yo no soy orfebre--me dice--
que herrero yo soy".
"--Forjars la segur; los orfebres
no pondran en mi oro un vigor.
Ellos saben de ajorcas y anillos;
de segures, no.
Yo no quiero mi oro para hacer joyeles
que tengan el brillo de una tentacin;
yo no quiero mi oro para que me muerda
la interior serpiente que mordi a Shylock.
        Resulvete, herrero;
mientras en la altura nos sonre el sol,
coge el oro mo con tus manos rudas
        y forja una hoz."
.........................................
Cmo irradia la luz hecha de oro
        y tiembla el metal,
con su luz de ideal novilunio
        rielando en el mar!
En mis manos pone no s qu virtudes
y en mi pecho enciende nueva claridad,
y en su empuadura siento que palpita
el misterio fuerte de una inmensidad.



                  III

"--He aqu el hierro--le digo al herrero--
y forja otra hoz".
"--Ya me duelen--contesta--los brazos
y dbil estoy".
"--Forjars la segur. No recuerdas
que el hierro es tu honor;
que del hierro has vivido y el hierro
di a tu fragua inmortal tradicin?
        Herrero: a toda hora
es el hierro quien manda: es el dios!
Si te cruzas de brazos, si doblas
el cuello al sopor,
en tu abulia torpe ya no escuchars
la solemne voz
del hierro, tu amigo... Escchame, herrero,
y forja otra hoz."
.......................................
La segunda segur, la de hierro,
fabricada est.
Es como la ceja borrascosa y dura
de un fiero titn.
En mis manos tiene un brillo de relmpago
y en mi pecho enciende redentor afn,
y en su empuadura, cuando ya la cojo,
siento el loco empuje de una tempestad.

                 IV

Ya estn en mis manos las dos sacras hoces
que el herrero annimo para m forj:
la de hierro duro, que es mi fortaleza,
y la de oro fino, que es mi ensoacin.
La segur ms grcil, para cuando quiera
cercenar un lauro o una flor de amor,
para el santo murdago de la vida ntima
y para el ensueo de mi corazn;
y la ms robusta, para las podridas
ramas que del rbol la ignominia son;
para las races de la mala yerba
que la gloria roban de la mies en flor,
y para los cuellos del halcn y el lobo
        y el spid traidor.

Mayo, 1914.


                  VIAJE FANTASTICO

Va el corcel de mis versos...! Da a los aires sus crines
de metforas nuevas y de smbolos bellos;
sus relinchos rimbomban como fieros clarines
y sus cascos galopan despidiendo destellos.

El corcel de mis versos es rebelde a los frenos
porque sabe que ahogan como en flor su carrera;
y en su fuga brillante por los cielos serenos,
no es Pegaso con alas, sino roja bandera...

Va el corcel de mis versos! En sus lomos cabalgo,
y enristrando el acero de mi acrtica pluma,
con su hierro alanceo, como el clsico Hidalgo,
los fantasmas y duendes de la clsica bruma.

Mi corcel es el libre morador de los campos
donde se alzan en triunfo los ensueos del arte,
donde vierten de lleno sus magnficos lampos
las pupilas de Erato y el escudo de Marte.

Corre, corre a lo lejos, oh corcel de mis versos!
y en los aires restallen tus indmitas crines,
que all hay flores ms regias y celajes ms tersos,
y a tus nuevos escapes ms abiertos confines...

Va el corcel de mis versos! Y azotando sus ancas
con la tralla flamgera de mi audaz fantasa,
llego, al fin, a unas tierras ideales y blancas;
llego, y beso entre auroras a la musa del da...

Abril, 1921.


                  EL "KUNDIMAN"

Tagalo _Kundiman_, _Kundiman_ de versos de amores
que en los plenilunios prefieres tu vuelo tender:
tus suaves estrofas que lloran ocultos dolores
dicen la nativa tristeza del atardecer.

Tienes el aroma de nuestras edmicas flores
y el ritmo y el mimo de un beso ideal de mujer,
y resumes toda la queja de los soadores
de mi pobre raza, sujeta a un extrao poder.

Fuiste la delicia de nuestros difuntos abuelos;
dasnos, en el tiempo presente, un dulzor de consuelos,
que son para el alma cual riego en muriente jardn;

y sers maana de toda una raza la gloria
cuando, con tu msica, su toque marcial de victoria
d a los cuatro vientos un libre y sonoro clarn...


      COPA BOHEMIA

Hla ah: fino el cristal,
tembloroso, musical.
Hla ah: fino el cristal.

An exhala un viejo olor
el cristal: guard una flor
que an exhala un suave olor...

Di la flor una griseta
y dej su alma el poeta
en la flor de la griseta.

Una noche dolorosa
rob la envidia la rosa
en la noche dolorosa...

Y di fama a su bohemia
el pobre. Sangre y blasfemia
dieron gloria a su bohemia!

Volvi al "bar", pidi ms vino,
y, negro ya su camino,
en el "bar" bebi ms vino.

Dijo sus ltimos versos,
y, entre sus sueos dispersos,
llor sus ltimos versos.

Postrer copa... Di un suspiro
y se suicid de un tiro
en la sien... Postrer suspiro!

Cay al suelo la pistola
y al cristal di una aureola
el humo de la pistola.

El rod bajo la mesa
con se desgracia inconfesa,
bajo el mrmol de la mesa...

Y desde entonces no existe
quien beba en la copa triste
de bohemio que no existe.

Hla ah: fino el cristal,
sin la flor sentimental
Hla ah: rojo el cristal!...


           ETERNA HERIDA

Oh pobre corazn!
oh entraa ma, sitibunda y loca,
que tiemblas a la ms breve ilusin
puesta en la miel de una divina boca!

Oh vscera escondida
que sin cesar renuevas en tu fondo
tu amor ardiente y hondo,
sin ver que quedas para siempre herida...!

Oh triste corazn! por qu vas ciego
tropezando en las sombras del camino,
cuando tu propio sino
te grita:--"An no! Tu ruego
no lleg a su destino
y tu tiempo de amar no es hoy, es luego"?

Pero t, entraa ma,
vas amando a deshora, y sueas... sueas
que esas bocas risueas
tienen piedad de tu melancola.

Y creen tus quimeras,
y ves en lontanazas ilusorias
no s que nuevas glorias,
no s qu flor de nuevas primaveras.

Y tu sed de gozar te lleva lejos,
centuplica las plumas de tus alas
y hasta te olvidas de las cosas malas
cual si te alucinasen mil espejos.

Oh pobre corazn! Icaro triste
y triste Prometeo!
si subes a la altura el sol te embiste
y, amarrado a la roca del deseo,
ni dicha ni quietud para ti existe.

Y esto lo sabes bien, oh entraa ma!
y sabes del sendero que es muy largo
oh entraa! y, sin embargo,
vas cruzando el sendero en tu porfa.

Ya ests llena de sangre, ya tus fibras
se han desgarrado en su latir convulso
y sin embargo aun vibras!
y sin embargo aun tienes nuevo impulso!

Oh vaso de dolor! oh pecho mo
que sabes convertir tu muerte en vida!
si has de seguir amando sin hasto
quin habr de curar tu eterna herida?

Mayo, 1921.




Gurrea (Adelina)

Naci en la Carlota (Negros occidental), hija de los espaoles don
Carlos y doa Ramona Monasterio, ella hermana del notable autor don
Ricardo. Recibi esmerada educacin, primero en colegio espaol de
monjas y luego, durante once aos, en otro ingls. Curs el
bachillerato, sobresaliendo en el estudio de la Preceptiva y la
Literatura britnicas. A pesar de ello ha escrito sus versos en
castellano, nunca en la lengua de Shakespeare. Sali al mundo de las
letras por la "puerta grande", al obtener el primer premio en un
concurso de cuentos para plumas femeninas (1915). Cuatro aos despus
mereci igual galardn en certamen organizado por la "Casa de Espaa",
de Manila, Dirigi la Seccin femenina de "La Vanguardia", de la misma
ciudad. Hace poco ms de un ao mora en la Pennsula.


                  EL NIDO

(PRIMER PREMIO EN EL CONCURSO LITERARIO ORGANIZADO POR LA "CASA DE
ESPASA", MANILA, 1919)

                      I

Ha lanzado la paloma su quejido lastimero.
En el beso de la tierra con el cielo, muere el sol...
De la tarde el arrebol
se desmaya entre las sombras de la noche del guerrero.
El silencio de las horas enlutadas
ha rasgado los clarines del heraldo de la muerte;
hay espectros en las sombras y hay terror en las miradas
y vomitan los caones el derecho del ms fuerte.
Y ha volado la paloma de plumaje alabastrino
ahuyentada por la mano poderosa del destino.

                     II

De su nido de ideales
slo queda el esqueleto, Seculares ambiciones!
Aquel nido que cubierto de olorosas ilusiones
orgulloso se meca de la historia en los anales.
Ms su tnica de nieve
ha rasgado el negro aullido de los vientos,
y debajo de los santos, ideales sentimientos,
son los odios un grabado, la ambicin es un relieve.
Aquel nido, que era un beso
en el vivir de los hermanos corazones,
es escarnio de la f que se deben las naciones;
y por eso
ha volado la paloma de plumaje alabastrino,
ahuyentada por la mano poderosa del destino.

                     III

Oh, la mstica paloma de las plidas canciones!
A travs de nausebundas humaredas,
por encima de campias que atraviesan las veredas,
entre el ronco estremecer de los caones,
entre el trueno de las turbas que fatdicas vocean
por encima de sepulcros y de alfombras funerarias,
suspirando sus plegarias,
va esfumndose su vuelo,
y se aleja con sus alas de los mundos que pelean
y se acerca con sus ansias a las cpulas del cielo.
Ave errante y fugitiva, ave hecha de azahares,
Dnde buscas el encanto y el amor de tu doctrina?
Dnde estn las resonancias de tu pltica divina
y la piedra de holocausto que reclaman tus altares?
Dnde vas?
Si hoy el hombre irreverente
ya no quiere que te poses en su frente
palomita de la paz...
"Voy buscando" dijo ella, "algn nido hecho de amores
donde vivan mis creencias, donde mueran mis dolores".
..................................................
Taen lentas, compungidas, las campanas de la Francia,
y vigilan solitarios
en sus nveos sudarios
los mil picos (que se burlan de la altura y la distancia)
de los rudos Pirineos.
El blancor de su cabeza
da un aliento en su tristeza
a la reina del olivo y a sus lricos deseos.
Pero sigue su camino,
porque en ellos aun se escucha
el estruendo de la lucha,
y aun la empuja aquella mano poderosa del destino.
  Ya ha pasado por encima de la tpica montaa
de los msticos del norte,
y ha llegado hasta la corte,
y en el suelo de la Espaa
se ha posado la paloma de plumaje alabastrino
subyugada por un alma que es ms fuerte que el destino.

                      IV

En el fondo dulce y clido
de un humano corazn
ha hecho nido la paloma, mientras reza una oracin
por la viuda sin amores, y los hijos del invlido.
Santo nido hecho de flores y fragancias maternales
de caricias, de ternuras
y sedientas calenturas
Por el bien de los mortales!
Corazn que guarda dentro
el calor de las canciones
que palpitan en los tristes corazones,
que es altar, estuche, y centro
de noblezas olvidadas y de hidalgas compasiones!
Ruiseor enamorado
de los cnticos del arte!
Corazn! Santo estandarte
de lo honrado,
donde vive la divina poesa
de la ttrica tragedia del vivir.
Vaso hondo del sentir!
Corazn que es una mezcla de tristeza y de alegra!
Que es color, canto, fragancia,
clamor, risa, luz, suspiro,
movimiento, danza, giro,
simpata y aoranza.
Don Quijote que enloquece
acariciando una ilusin.
Corazn, fiel corazn.
del gran Rey Alfonso Trece!
..................................................
Y ha vivido la paloma de plumaje alabastrino
en el fondo de ese pecho que es ms fuerte que el destino.

                    V

Ha cesado la matanza,
han callado los caones,
y la voz de las naciones
la reclama una vez ms con promesas de bonanza.
La paloma no se mueve. Con suspiro tenue y quedo
tiembla an de sus ansias al comps.
La paloma de la paz
todava tiene miedo.
..................................................
En, la boca del monarca juguetea una sonrisa;
en el hueco de su mano an descansa
la paloma blanca y mansa
que ha quedado para siempre convertida en su divisa.
Qu derecho hay en la tierra que le quite el blanco emblema,
redivivo con su aliento,
escudado con su honra, en el trgico momemto
en que quisieron arrancarle esa gloria de su lema?
En las luchas de la corte, en lia inquietud de la cabaa,
ha sabido defenderla con su pecho y con su ley,
ha sabido defenderla vuestro rey,
por la unin de sus hermanos y la gloria de su Espaa.


             A MIS PRIMOS
        EN EL DA DE SUS BODAS

                   I

La Vida?........
Es un drama, de ms o menos actos,
que puede ser comedia, aunque asi sindolo
no han de faltarle lgrimas;
o puede ser tragedia, aunque asi sindolo
no han de faltarle risas.
En ambos casos
Ni deja de ser drama
ni deja de ser vida.

                  II

Nace el nio.
Y su primer saludo
es un llanto inconsciente;
ni siente lo que llora
ni llora lo que siente.
Pero en los huecos que egosta deja
el reir y llorar de su niez,
deposita la mano del destino
la plvora dormida,
y la oculta alegra
que explote en la tragedia
y en la comedia ria.
El drama ya ha empezado y sin sentirlo
un acto ha terminado.

                  III

Y suben el teln del segundo acto.
La adolescencia loca,
con sus brios de frvida osada,
se levanta gigante
en medio de la lucha
desafiando al mundo con los aos
que tiene por delante.
Se propone vencer, porque confa
en ese amor sin fin
que engendra un ideal,
y en el firme y seguro pedestal
de una amistad sin cerco ni confn.
Ante sus ojos el mundo que so
se desvanece pronto,
y en su lugar, irguindose asesino,
otro mundo de prosas y mentiras
acaba de matar
del pecho joven el ltimo ideal
....................................
Ya vemos asomar los dedos lvidos
de la cruel tragedia,
que por entre la puerta sin cerrojos
del corazn humano
intenta introducir toda la mano.
Y la vemos entrar,
muy abiertos los ojos,
la faz idiotizada,
pensando cun intil
ser toda defensa meditada.
Oh maldecida mano
que llaman experiencia!
Qu caro cuesta el aprender tu ciencia!
...................................
Y con estas palabras el teln
vuelve lento a caer,
sin que el pblico sepa
lo que entre bastidores puede haber.

                    IV

Ya est el hroe otra vez sobre la escena
con su porte viril, pero... y su fuerza?
Su fuerza no es la loca rebelda
del que quiere vivir;
es la resignacin, es la alegra
del vencido en la lucha,
que no le importa nada su derrota
porque trae la paz, aunque en sus garras
lleve su voluntad deshecha y rota.
Y se entrega en los brazos del amor
para gozar en paz
la dicha gue promete,
y se arrima al hogar que da calor,
mientras el huracn fuera arremete
contra el loco que quiere, ensangrentado,
batirse moribundo,
y con la boca cubierta ya de espuma
hacer un gesto de desprecio al mundo.
A vosotros os hablo, ahora arribais
al puerto de la paz.
Sois prisioneros de la gran batalla
donde la sociedad
al dbil avasalla,
y en la crcel sombra del deber
vais a reir,
vais a llorar,
y vais a recordar
el fragor de la lucha del ayer.
Yo soy siempre cruel con el cobarde,
ms no hace caso por Dios! de los poetas:
somos locos enfermos de la vida
y es que para curar
nuestro pensar suicida
la sociedad no encuentra una receta.
......................................
Tenis derecho a vuestra dicha de hoy;
pues que es la libertad
a cambio de amor.
Reid la carcajada
de la felicidad,
soltad vuestras campanas,
que repiquen a gloria,
que suenen alegra,
que lleguen sus taidos
a esta mansin dichosa,
que besen vuestras almas
con sus sueos de rosa.
Yo quiero panderetas,
yo quiero cascabeles,
quiero trinos de pjaros
y ruido de caireles,
yo quiero la alegra
de los das de sol,
quiero la chillera
de la niez dichosa,
y en medio del concierto
de este bullicio humano
una salva de aplausos
por mis primos hermanos.

                V

Ya slo falta un acto,
Y ese os toca a vosotros concluir.
Estais sobre la escena...
Acabad vuestro drama
con el arte grandioso del vivir.
Pero tened en cuenta
que si os sale tragedia
no han de faltarle risas;
ni han de faltarle lgrimas
si os resulta comedia.


  EL FANTASMA DE MARA CLARA[27]

[Nota 27: Heroina de _Noli me tangere_.]

El eplogo triste de tu vida
se prolonga cubriendo con su gloria
el silencio expresivo de la historia.
Fingindote dormida,
cual sonmbula audaz, en la alta noche,
caminas abordando los abismos,
y eres el albo escudo,
protector de sagrados misticismos,
y eres dorado broche
del rosario oloroso de sampagas,
emblema de virtudes femeninas,
que adoran las _dalagas_ [28]
nuestras dulces mujeres filipinas.

[Nota 28: Muchacha, doncella.]

All en la negra noche,
rasgada por relmpagos inquietos
y llorada por negros nubarrones,
hiciste de tus lgrimas derroche,
para llorar tus retos
en un ay! de deshechas ilusiones.
Muerta, ms no vencida,
tu alma extenuada y fra
comprendi la grandeza del dolor;
del dolor que afront con heroismo,
para hacer de la vida
una trgica negra poesa;
para hacer del amor
un sublime grandioso fanatismo.

Creyronte fantasma, y s lo eras;
de pi, sobre un tejado
batido por la lluvia huracanada,
no eras masa de carne que gema,
eras la encarnacin de algo soado,
un aliento que vive de quimeras,
el ltimo estertor de una agona,
aquella sombra tierna y desgraciada
que con su cuerpo proyect Rizal
sobre el sol de una creencia,
salvando su existencia
con las luces esplndidas
de su genio inmortal.

No te acuerdas ya ms, Mara Clara?
La noche saturada de negrores.
Sobre la ingente ara
de la naturaleza embravecida
sacrificaste todos tus amores,
diste toda tu vida.
La noche se prolonga y hay quien llora.
Entre muros que llaman Democracia
la mujer filipina
siente el zarpazo de un progreso falso,
y se busca tu fuerza de aquella hora,
tu alma llena de gracia,
para huir de un cadalso
lento y espiritual, mas no por eso
menos tirano que el que mata al preso.
Tu eres chispa nacida
del cerebro de un mrtir de la Idea,
en el choque aquel seco del amor
(a la patria adorada)
contra alguna injusticia maldecida.
No muri tu esplendor,
y en la noche del hoy an eres tea
que camina en la nada
del misterio del alma femenina,
un fantasma esparcido
en su psicologa tenue y fina,
aroma desprendido
del dolor de un poeta,
que te dej al morir,
para que en la carrera
empuases muy alto su bandera
y llegases por l hasta la meta
antes de sucumbir.

Por eso en la presente obscuridad
escuchamos el ritmo de tus pasos,
porque en aquella noche de orfandad
dilataste tu espritu
hasta romper los lazos
del abrazo fugaz de lo mortal.
Y por eso,
fantasma azul del alma femenina
que soara Rizal,
prolongacin del beso
de su obsesin divina,
vibrante poesa
que el poeta cantara,
eres, clara Mara,
Nuestra Mara Clara!


                 DEL PRADO AMIGO

Hay un silencio triste, de consuelo, en el prado.
Una esquila se queja en los brazos del viento
como un poeta triste, eternamente atado
al buey de la materia, sin luz ni sentimiento.

Las voces pueblerinas de unos chicos se alejan
entre el grueso ramaje con que se adorna al ro.
De su inercia unas rocas parecen que se quejan
y la yerba se seca al beso del esto.

Otra vez el silencio. Ahora es un gorjeo
que sobre mi cabeza suea un verso de amor...
Vuelve a chillar la prosa: mugriento y sin aseo
el tren silba ya el grito carnal de un estertor.

Unas nubes muy blancas se agarran al azul.
rboles verdinegros vigilan el espacio.
Los murmullos del ro me rozan como un tul
que acaricia las trenzas de una novia. Despacio
marcha el sol. Al azar abro el libro, un retrato
me sonre... Es tu risa!... En mi triste mirar
se esfuma la campia. Todo esto es slo un rato.
Despus son unas ganas muy grandes de llorar!..

Los Molinos, Agosto 1921.


  NO ESTS TRISTE

No ests triste...
A travs del espacio,
tan henchido de arcanos
y apariencias de calma,
enlacemos, despacio,
el alma de las manos
y las manos del alma.

No ests triste...
Voy a inclinar mi frente,
para que en ella escribas
tu pregunta en un beso.
Un silencio doliente
responder con vivas
ternuras hechas verso.

No ests triste...
Yo callo porque quiero
que t, en la sinfona
del silencio sagrado,
percibiendo el lijero
temblor del alma ma,
me sientas a tu lado.

No ests triste...
que t nunca ests sola!
ha bajado una estrella
y ha llegado a tu lecho.
Conoces su aureola?
mi amor hecho centella
se refugia en tu pecho.

No ests triste...
Que tambin ha bajado
un rayo de luna.
Yo estoy siempre contigo!
mi tristeza a tu lado
es siempre, siempre! una
caricia de un amigo.

No, no; nunca ests triste...
A travs del espacio,
que guarda los arcanos
de nuestro amor sin calma,
enlacemos, despacio,
el alma de las manos
y las manos del alma.

Cercedilla, Septiembre 1922.




Hernndez Gavira (Jos)

Naci en Ilo-Ilo el 20 de Octubre de 1893. Bachiller en 1912 y abogado
en 1916, par en militar, siendo ahora teniente del tercer regimiento
de infantera de la divisin filipina al servicio de Norte Amrica. En
Ilo-Ilo dirigi "El Adalid". Fu luego redactor del "The Philippines
National Weekly". Ha publicado en Manila, 1921, un volumen de versos:
_De mi jardn sinfnico_.


         NO ES MI MUSA...

No es mi musa la slfide aturdida
que corre tras azules mariposas,
ni tampoco es Ofelia dolorida
que pasa desbordando tuberosas.

Es Astart mi musa preferida,
la que inspira pasiones clamorosas.
Es voluptuosa y es gentil panida
la diosa de mis vidas primorosas.

Es mnada que re, canta y llora
con locura de pjaro divino,
de ritmos y de vida sembradora.

Baco la ofrenda cntaros de vino,
e implora Pan, cabe sus pies de Flora,
loco de amor celeste y peregrino.

1921.


     PARA TI

Para t son todas
mis ternezas clidas,
y mis rosas plidas,
y mis reales odas.

Para t mi aliento
y tambin mis rezos,
la miel de mis besos
y mi pensamiento.

Para t mis cantos
que humedecen llantos
de acerbo dolor.
Para t la esencia
de esta mi existencia
que atrista el amor.

1921.


              LA ESPERANZA

Ncar de luna que en los cielos, riela,
oriflama brillante sobre el mar,
nieve en la cima que el calor deshiela,
pebetero encendido ante el altar,
presto a los caminantes mi consuelo,
acompaando a F y a Caridad;
las tres llevamos por camino el cielo,
formando una gloriosa trinidad.

Soy la princesa del ropaje verde
que renueva en el hombre la confianza,
cuando el naufragio del vivir le pierde;
le hago entrever la mstica bonanza,
mientras la sierpe del dolor le muerde;
soy la ltima en morir: soy la Esperanza.

1921.


    EN LA HORA DEL CREPSCULO

Se oye un lamento de agoreras aves
bajo el palio del cielo tropical,
y se aspira un olor de brisas suaves
que estremece el silencio sepulcral.

Sobre el lejano mar las negras naves
sombras son en la calma vesperal;
en la fronda un rumor de notas graves,
que desle un lirforo oriental.

Es la hora del crepsculo. Silente
gime el aura rindiendo vasallaje
a Febo que desciende al Occidente.

Eternamente flgida y doliente,
es la tarde del trpico salvaje
que muere lenta, lenta, lentamente...


        CUANDO YO MUERA...

Cuando yo muera llevad mis restos
all a la cumbre de una montaa
que sea digna de mis arrestos
de indio poeta, nieto de Espaa.

Egregia lira mi tumba exorne,
para que preste vida a mis huesos,
y all una virgen y Pan bicorne
derramen ritmos, flores y besos.

Grabad entonces sobre mi fosa
con letras de oro esta inscripcin:
"Yace aqu un bardo que a toda cosa
grande o hermosa dio el corazn".




Irureta Goyena (Tirso de)

Espaol su abolengo. Hijo de don Ramn, teniente coronel de Ingenieros
de nuestro ejrcito, ya difunto, y hermano de un actual comandante de
caballera. Perdi Tirso la nacionalidad de la progenie para ejercer
en Manila la abogaca. Fu nombrado C. de la Espaola y le sorprendi
la muerte (1918) cuando trataba de organizar una Academia,
corresponsal de la citada, en la capital del Archipilago.


       RECUERDOS

           I

Cae la inmensa cascada
en numerosos raudales
cual los niveos cendales
de una vrgen desposada.
Y aquella masa agitada
de cortinas espumosas
que se pierden rumorosas
en el fondo del abismo,
semejan el eco mismo
de una conciencia irritada.

           II

El ambiente, saturado
de mil lquidos vapores,
llena de frescos olores
aquel lugar retirado.
Y as el tajo fabricado
por trreas convulsiones,
irisado por millones
de rayos de un sol que baa,
figura enorme champaa
que chispea desbordado.

           III

Junto a los trozos de roca
cubiertos por verde hiedra,
formando dique de piedra
al agua que se desboca,
se oye un rumor que entrechoca
con multitud de sonidos;
notas de risas, gemidos,
sollozos e imprecaciones
y acentuadas inflexiones
de besos de boca a boca.

            IV

Ante el murmullo constante
de rpidos surtidores,
que descienden bullidores
en un caer incesante,
hace sentir palpitante
mi corazn sus latidos,
y cien recuerdos queridos.
Cual procesin ilusoria,
desfilan por mi memoria
con marchar avasallante.

            V

Siente el alma, dolorida
por fiebre que la consume,
sutil y vago perfume,
que al descanso la convida;
y al quedar adormecida
por el agua saltadora,
que susurra arrulladora,
dejos de ardientes caricias,
suea con locas delicias
de las que alegran la vida.

            VI

Hay en el agua una nota
de tonos arrulladores,
cual si pregonase amores
el lquido que borbota;
y por la atmsfera flota
una humedad impalpable,
cuyo vaho imponderable
exhala en sus blandos giros
los sofocados suspiros
de la cavidad ignota.

           VII

Bajo el azulado velo
del sereno firmamento
en aquel feliz momento
de olvido y de loco anhelo,
quisiera emprender el vuelo
hacia recuerdos hermosos,
que brillan esplendorosos
en medio de mis dolores
y ofrecen consoladores
las dulzuras de mi cielo.

          VIII

Las matas y los abrojos
se agitan al roce leve
de la brisa blanda y breve
que acaricia sin sonrojos;
y entre los verdes despojos
del fondo de la llanura,
creo entrever la figura
de alguna imagen querida
que me mira enternecida
con sus adorados ojos.

           IX

Mas, al despertar ligero
de las dichas de mi sueo,
y abandonar el beleo
de aquel cuadro lisonjero;
slo escucho el lastimero
movimiento de las aguas
y el ruido de las piraguas
que surcan ro cercano,
perdindose por el llano
a impulsos de hbil remero.

            X

Dije mal; no se ha perdido
la impresin de mi memoria.
Y en la accidentada historia
de lo poco que he vivido,
evocar enternecido
los gentiles surtidores
que, blandos y arrulladores
cual la brisa del desierto,
me hacan soar despierto
con mi recuerdo querido.


               TRIPTICO

              DIVINA VOZ

Es tu voz cuando cantas dulce fuente,
arroyo fresco que en la selva umbra
el himno de cristal de su corriente
va entonando en suave meloda.

Escuchndote, el alma se extasa,
brilla luz de ideales en mi mente
y calma de tus notas la harmona
la fiebre abrasadora de mi frente.

Ahora que triste, enfermo y abrumado
por desengaos, descansar quisiera
en un rincn obscuro y olvidado.

Oyendo el eco de tu voz de diosa,
en el pecho sombro la quimera
deja caer sus ptalos de rosa.


            JUNTO AL ALTAR

La lucidez de mi amoroso anhelo
entrev tu lmpida mirada,
que a travs de las sombras de tu velo
me hiere el corazn como una espada.

Marchando, silenciosa y recatada,
hacia el altar, con religioso celo,
pareces una virgen arrancada
de las alturas del divino cielo.

La nieve de tu frente se ilumina
cuando el ungido tu presencia acierta
y a darte el cuerpo de Jess se inclina;

Mi adormecido corazn despierta,
y en tus hermosos ojos adivina
los mismos ojos de mi madre muerta.


            ARDIENTE AMOR

No pudieron la ausencia ni el olvido,
ni el hielo de tu cruel indiferencia
arrancar para siempre esta dolencia
del fondo de mi pecho dolorido.

La pasin que me tiene enloquecido
me consume con honda persistencia,
y resurge con sbita violencia
ante el prodigio de tu sr querido.

Cual hadas misteriosas de un ensueo,
son la nieve y la rosa de tu encanto
que aumentan la porfa de mi empeo;

Oh amor inexplicable, bajo el manto
de las blancas cenizas de mi sueo
entona el himno de su ardiente canto!


               HERMANOS ESPAOLES

(SONETO IMPROVISADO EN EL ACTO DE LA INAUGURACIN DE LA "CASA DE
ESPAA")

Hermanos espaoles: un bardo de mi raza
ha cantado las glorias de vuestro hablar divino,
que es el sublime nexo que a todos nos enlaza
y hace un sbdito hispano de todo filipino.

Por eso, aunque designios fatales del destino
rompieron la cadena de amor que nos una.
caballeros andantes por el mismo camino
marcharn juntas siempre vuestra patria y la ma.

Y as como en tres siglos de perenne memoria
vivieron bajo Hispania las filipinas greyes,
y escribimos unidos los fastos de la historia;

Aun las leyes de Espaa se llaman nuestras leyes,
vuestra alma es la nuestra y es nuestra vuestra gloria,
Y es Miguel de Cervantes el rey de nuestros reyes.




Jacinto (Emilio)

Revolucionario ardiente en el movimiento secesionista de Filipinas.
Organiz el _Katipunan_. Con Andrs Bonifacio di el grito de
independencia en Balintauac, Agosto de 1896. Generalsimo del ejrcito
del Norte, combatiendo contra los espaoles, fu herido y hecho prisionero
(1898), muriendo al ao siguiente. Sus conterrneos veneran su
memoria. Escribi poesas, principalmente en su lengua verncula y
pocas en castellano. La inserta recuerda _Ultimo adis_, de Rizal.


                     A LA PATRIA

Salve, oh patria, que adoro, amor de mis amores,
que Natura de tantos tesoros prodig;
vergel do son ms suaves y gentiles las flores,
donde el alba se asoma con ms bellos colores,
donde el poeta contempla delicias que so!

Salve, oh reina de encantos, Filipinas querida,
resplandeciente Venus, tierra amada y sin par:
regin de luz, colores, poesa, fragancias, vida,
regin de ricos frutos y de armonas, mecida
por la brisa y los dulces murmullos de la mar!

Preciossima y blanca perla del mar de Oriente,
edn esplendoroso de refulgente sol:
yo te saludo ansioso, y adoracin ardiente
te rinde el alma ma, que es su deseo vehemente
verte sin amarguras, sin el yugo espaol.

En medio de tus galas, gimes entre cadenas;
la libertad lo es todo y ests sin libertad;
para aliviar, oh patria, tu padecer, tus penas,
gustoso diera toda la sangre de mis venas,
durmiera como duermen tantos la eternidad.

El justo inalienable derecho que te asiste
palabra vana es slo, sarcasmo, burla cruel;
la justicia es quimera para tu suerte triste;
esclava, y sin embargo ser reina mereciste;
goces das al verdugo que en cambio te d hiel.

Y de qu sirve ay, patria! triste, desventurada,
que sea lmpido y puro tu cielo de zafir,
que tu luna se ostente con luz ms argentada,
de que sirve, si en tanto lloras esclavizada,
si cuatro siglos hace que llevas de sufrir?

De que sirve que cubran tus campos tantas flores,
que en tus selvas se oiga al pjaro trinar,
si el aire que trasporta sus cantos, sus olores,
en alas tambin lleva quejidos y clamores
que el alma sobrecogen y al hombre hacen pensar?

De qu sirve que, perla de virginal pureza,
luzcas en tu blancura la riqueza oriental,
si toda tu hermosura, si toda tu belleza,
en mortferos hierros de sin igual dureza
engastan los tiranos, gozndose en tu mal?

De qu sirve que asombre tu exuberante suelo,
produciendo sabrosos frutos y frutos mil,
si al fin cuanto cobija tu esplendoroso cielo
el hispano declara que es suyo y sin recelo
su _derecho_ proclama con insolencia vil?

Mas el silencio acaba y la senil paciencia,
que la hora ya ha sonada de combatir por ti.
Para aplastar sin miedo, de frente, sin clemencia,
la sierpe que envenena tu msera existencia,
arrastrando la muerte, nos tienes, patria, aqu.

La madre idolatrada, la esposa que adoramos,
el hijo que es pedazo de nuestro corazn,
por defender tu causa todo lo abandonamos:
esperanzas y amores, la dicha que anhelamos,
todos nuestros ensueos, toda nuestra ilusin.

Surgen de todas partes los hroes por encanto,
en sacro amor ardiendo, radiantes de virtud;
hasta morir no cejan, y espiran. Entre tanto
que fervientes pronuncian, patria, tu nombre santo;
su ltimo aliento exhalan desendote salud.

Y as, cual las estrellas del cielo numerosas,
por t se sacrifican mil vidas sin dolor:
y al oir de los combates las cargas horrorosas
rogando porque vuelvan tus huestes victoriosas
oran nios, mujeres y ancianos con fervor.

Con saa que horroriza, indecibles torturas,--
porque tanto te amaron y desearon tu bien,--
cuantos mrtires sufren; ms en sus almas puras
te bendicen en medio de angustias y amarguras
y, si les dan la muerte, bendicente tambin.

No importa que sucumban a cientos, a millones,
tus hijos en lucha tremenda y desigual
y su preciosa sangre se vierta y forme mares:
no importa, si defienden a t y a sus hogares,
si por luchar perecen, su destino fatal.

No importa que suframos destierros y prisiones,
tormentos infernales con salvaje furor;
ante el altar sagrado que en nuestras corazones
juntos te hemos alzado, sin mancha de pasiones,
juramentos te hicieron el alma y el honor.

Si al terminar la lucha con laureles de gloria
nuestra obra y sacrificios corona el triunfo al fin,
las edades futuras harn de t memoria;
y reina de esplendores, sin manchas ya ni escoria,
te admirarn los pueblos del mundo en el confn.

Ya en tu cielo brillando el claro y nuevo da,
respirando venturas, amor y libertad,
de los que cado hubieren en la noche sombra
no te olvides, que aun bajo la humilde tumba fra
se sentirn felices por tu felicidad.

Pero si la victoria favorece al hispano
y adversa te es la suerte en la actual ocasin,
no importa: seguiremos llamndonos "hermano",
que habr libertadores mientras haya tirano,
la f vivir mientras palpite el corazn.

Y la labor penosa en la calma aparente
que al huracn precede y volver a bramar,
con la tarea siguiendo ms firme, ms prudente,
provocar otra lucha aun ms tenaz y ardiente
hasta que consigamos tus lgrimas secar.

Oh patria idolatrada, cuanto ms afligida
y angustiada te vemos te amamos ms y ms:
no pierdas la esperanza; de la profunda herida
siempre brotar sangre, mientras tengamos vida,
nunca te olvidaremos: jams, jams, jams!

Octubre, 1897.




Jess y Vergara (Anselmo de)

Naci y muri en Manila, Abril 1869 y Mayo 1901, respectivamente, curs
el bachillerato en escuelas privadas, y en centros oficiales de
enseanza dibujo y rudimentos de escultura. Se consagr luego a este
arte en el taller de su padre, don Romualdo Teodoro, imaginero de nota.
En sus vagares cultiv la poesa amatoria y la patritica, siempre en
castellano. Colabor en "El Comercio", "El Resumen" y "El Bello Sexo",
y fu uno de los fundadores de "La Moda Filipina", peridicos todos de
Manila.


       A UNA ROSA

V, tierna y fragante rosa,
llena de encanto nacida,
el aroma que en t anida
a ofrecerla bondadosa.

Cual amante mariposa,
de nieve y carmn teida,
besa su boca encendida
y en su cabellera posa.

Y dla que en tu pensil,
en bullicioso tropel,
hures te han reclamado
y beldades ms de mil,
y que a todas ellas, cruel,
con esquivez te he negado.


      LA INFANCIA

Sueo fugaz de la vida,
campo esmaltado de flores,
aura empapada de olores,
carrera llana y florida...:
tal es la infancia querida.

La vida le es placentera,
al ignorar que le espera,
en su camino escabroso,
con el semblante lloroso,
la triste vejez austera.


     LA SAMPAGUITA

Diminuta y nevada,
en los pensiles de mi patria amada,
entre mil raras flores peregrinas,
brota la sampaguita perfumada,
cuyo tmido broche,
joya digna de ser de las ondinas,
brese al tierno aliento de la noche.

Nocturno adorno bello
que a las encantadoras filipinas
regala Dios para prenderse al cuello.


         EL HOMBRE

Con ardiente ambicin desmesurada,
anhela ciego el hombre, sin reposo,
blasones adquirir, nombre famoso,
y subyugar la ciencia ilimitada.

Escudriar la bveda estrellada,
registrar el Ocano proceloso,
por llegar, arrogante y majestuoso,
de la gloria a la cspide escarpada.

Tal es su ceguedad y su locura:
llevado por mezquinas ambiciones,
lauros y gloria sin cesar procura.

Vive anhelando vanas ilusiones,
sin recordar que en una tumba obscura
se perdern sus glorias y blasones!




Jess y Vergara (Vicente de)

Contemporneo. Hermano de Anselmo.


           LO IMPOSIBLE

T y yo somos dos almas de misterio.
Eres t la poesa de la vida,
materia que germina en el imperio
lumnico del astro apolonida.

Yo soy el vate de inmortal salterio;
alma sublime a la emocin nacida,
que vuela de hemisferio en hemisferio
siempre a los rayos de tu luz asida.

No confundas tu sueo con mi sueo,
que somos dos materias bien distintas
apesar de esta magna afinidad...

Eres la Inspiracin, mas soy el dueo
del ritmo y de las gamas inextintas,
y ma es la sublime eternidad!


        DESPUS DE TODO...

Sobre la cresta del altivo monte,
guila herida por audaz, detengo
mi vuelo para ver el horizonte
ensangrentado y triste de que vengo.

Abajo yacen muertos pavorosos;
los cuervos que han posado a mi partida,
llenarn sus estmagos ansiosos
bebiendo sangre en cada fresca herida.

As es la humanidad; para el herido
la paz, la indiferencia y el olvido,
slo en el llano y en la cumbre solo.

Para el muerto la uncin de los gusanos,
reparticin, de carnes entre hermanos:
comedia eterna, repugnante dolo!

Mayo, 1920.




Lam (Rosario)

Poetisa contempornea, casada con norteamericano, pero espaolsima de
sentimientos.


             ASPIRACION

           A ALEJO VALDS

De tu lira, poeta, yo dira
que los pechos embriaga con su canto
cuando llora las penas, el quebranto,
del hijo por la madre en agona.

El que lea tus versos pensara
eres bardo sutil, semidivino.
Virgilio del Parnaso filipino,
y filtro del dolor tu poesa.

Yo te auguro corona de laureles
con tu "Electa", panal de ricas mieles,
nfora evocadora de tus cuitas.

Y aspiro, como premio a tus dolores,
ofrenden a tu musa bellas flores
de cadenas de amor y sampaguitas.

Octubre, 1915.




Laygo (Enrique K.)

Abogado y poeta contemporneo.


           SIEMPRE IGUAL!

Siempre lo mismo, siempre igual. Mi vida,
cansada est de sus antiguos vuelos,
y estpida persigue la medida
carrera de dos rieles paralelos.

Siempre igual!... Hay la misma establecida
mudz indescifrable de los cielos;
la misma torpe humanidad vencida
besando la cadena de sus duelos.

Oh! Quin, teniendo fuerzas lapidarias,
pudiese ese banal mundo de parias
sostener como un Atlas en sus hombros;

y sacudirlo, en un supremo esfuerzo,
a ver si as revive el Universo;
o se sepulta al fin en sus escombros!


                  "TIRONG"

Caballeresco tipo que de otros tiempos queda,
forma nota discorde con el siglo presente.
Bien merece el prestigio de casacas de seda,
con una espada al cinto y un chambergo en la frente.

As podra abrir camino a cintarazos
al paso de su potro que corre como el viento
mientras, acongojada, desmyase en sus brazos
una dama arrancada al dolor de un convento.

Y en el seno tranquilo de la noche sombra,
con el ojo avizor, su fuga seguira
hasta que el nuevo sol derramase su brillo.

A tiempo que a travs de floridos jardines
resonasen triunfantes clangores de clarines
desde los alminares de su feudal castillo...




Lazcano (Edilberto)

Presbtero. Colabora en "El Debate", de Manila. Ha comenzado a
versificar, para el pblico, hace poco; pero ya tan formado
literariamente, que merece un lugar en este PARNASO.


               DIPTICO

                  I

             LA CAMPANA

Oh Espaa, de sin par ejecutoria,
que a tu cabeza unciste el Universo:
del sol de tu poder radiante y terso
hoy slo queda plida memoria!

Ms, ya hundida la torre de tu historia
bajo las olas de un olvido adverso,
an repica sonora como el verso
la campana gloriosa de tal gloria.

En el templo ideal del alma humana
es tu lenguaje esa inmortal campana;
y es de su voz el eco soberano

la virtud de cien pueblos diferentes,
para avanzar, seguros y valientes,
por la ancha va del progreso humano...

                  II

           RAMO DESGAJADO

No lamentes, Espaa, tu cada,
si te hiri con su hachazo el elemento;
tambin lograste que impregnase el viento
la rica esencia que exhal tu herida.

Y del rbol herido de tu vida
un ramo en flor se desgaj violento;
que fu rodando a la merced del viento
hasta hundirse en la mar embravecida.

Pero, al cogerlo Dewey de la playa,
vio que era un gajo de la mar malaya
florecido de perlas peregrinas.

El que se desgaj de tu existencia,
llevndose tu amor, tu f, tu esencia,
el ramo en flor: mi patria, Filipinas!

Julio, 1922.


            FASCINACIN

He soado contigo... No lo dudas?
Mejor; as comprenders al fin
que hay besos ms horribles que el de Judas,
cerebros locos y almas de Can.

He soado contigo... Han sido mudas
horas de ensueo,--horas de jardn,--
con los ojos abiertos a las rudas
olas de olor que me brind un jazmn.

He soado contigo... Mira; aun arde
mi corazn en su postrer alarde.
Mrame bien oh amor! mrame bien.

Y aunque en la vida sea todo falso,
hazme con tus abrazos un cadalso,
pero ven a matarme de amor... Ven!

1911.




Magno (Leoncio G.)

Naci en Manila el 13 de Enero de 1895; Una acuitada adolescencia le
impidi acabar en el Ateneo municipal el bachillerato. Ejerci el
oficio de tornero mecnico. A los 16 aos versificaba. Consagrado
ahora al periodismo, es redactor del diario filipino "La Vanguardia".
Adora a Rubn y Villaespesa.


            TROVA DOLOROSA

        Romntica _dalaga_
        que lloras, dolorida,
con tu alma de azucena, sin luz, desfallecida,
en medio de la senda de la desolacin.
        Del astro de tu angustia
        suprema a los reflejos,
bardo de ensoaciones, vengo a t, de muy lejos,
con la lira enlutada y triste el corazn.

        Aqu me tienes, virgen
        de sublimes amores.
Ante el ara sombra de tus hondos dolores,
donde fulgura el cirio de la Fatalidad,
        permite que lamente
        tus penas y tormentos,
yo que, cual t, he sentido tambin mis sufrimientos,
sin ver siquiera un prado de la Felicidad.

        Qu suerte tan infausta
        te dio la Providencia!
la esperanza nacida en tu pura conciencia,
de la implacable parca, cay bajo el rigor,
        y el ser idolatrado
        de tu sueo divino,
se fu por el sendero que le traz el Destino
y te has quedado sola con tu infinito amor!

        Ah! Si pudiera mi alma,
        _dalaga_ de mi tierra,
mitigar los pesares que tu espritu encierra,
te enseara un prado de encanto singular,
        y en medio de tus ansias,
        bellsima criatura,
te hara ver poticos jardines de ventura,
do eternamente puedas tu cuitas olvidar.

        Mas, enjuga el llanto
        oh virgen desolada!
eleva hacia el Altsimo tu lnguida mirada,
tu mirada piadosa oh pdica mujer!
        y piensa que el amado,
        tu gloria, tu consuelo,
aquel que te adoraba no ha muerto, est en el cielo,
y all en el cielo suea, feliz con tu querer!

        Qu ms hacer podras,
        con entera eficacia,
sino saber, heroica, triunfar en la desgracia,
y dar un santo blsamo de paz a tu orfandad?
        La vida es as: mezcla
        de gozo y agona...
A la ttrica noche, sucede el claro da,
y al da placentero, la triste obscuridad...

        Alma buena y romntica,
        corazn dolorido,
levanta, pues, tu espritu sin luz, desfallecido,
en medio de la senda de la desolacin...
        Del astro, de tu angustia
        suprema a los reflejos,
bardo de ensoaciones, vine a t, de muy lejos,
para darte las rosas de la consolacin.

        Hlas aqu, pletricas
        de esencia consagrada...
Yo las pongo a tus plantas con mi lira enlutada,
en el augusto nombre del rey universal...
        No pierdas la esperanza!
        La muerte, en s, no es muerte...
Es slo una vereda que nos conduce al fuerte
imperio donde irradia el Sol de lo inmortal...!

1920.


      A LA JUVENTUD FILIPINA

Juventud, flor divina de mi tierra,
el horizonte se abre a tu camino...
Mira las cumbres... Tu progreso encierra
el ideal del pueblo filipino.

Es verdad que jams falta en la ruta
de a existencia, un negro precipicio...
Pero qu importa? Tu alma no se inmuta
y est dispuesta siempre al sacrificio.

Animosa prosigue tu jornada...
Bajo el beso del hada de la Historia,
tu naciste con alma destinada
a ser conquistadora de la gloria!

Con un amor ardiente e infinito,
enarbola la ensea de la ciencia...
En las hojas del libro all est escrito
el poema inmortal: la independencia!

Juventud estudiosa del Oriente,
las libertades nacen en la guerra,
pero t, de la paz bajo el ambiente,
con tu saber libertars mi tierra.

Que no haya ni un pequeo desaliento,
a la luz de tu espritu sublime...
Con la labor constante y el talento,
as una raza toda se redime.

Maana, cuando llegues, afanosa,
con tus frescos laureles, a las cumbres,
te abrazar una patria venturosa,
ante una aurora de gloriosas lumbres...

Te rendirn la vida y el misterio,
del porvenir los prados ideales,
y las musas, en todo el hemisferio,
te cantarn con trovas inmortales.

Juventud, esperanza de mi tierra,
es grandioso y sublime tu destino...
Sigue avanzando... Tu progreso encierra
la redencin del pueblo filipino!...

1920.


             FLORES OLVIDADAS

La virgen desposada lleva floridos ramos,
radiante de ternura y de felicidad.
Se arrodilla ante el ara. Y, con dulces reclamos,
ofreciendo a Dios flores, jura fidelidad...

Las flores son las bellas mensajeras del alma
que saben de las glorias que dora la ilusin.
Hay pjaros sin nido, hay momentos sin calma,
ms, sin flores no tiene palabra el corazn!

Pobres flores que bajo un obscuro destino
he encontrado olvidadas en medio del camino...
Por vuestras gracias vibra mi lira con amor!

Vuestro hermoso capullo una misin encierra:
la aurora por vosotras ilumina la tierra...
La tierra, por vosotras, no olvida a su Creador!


                AMOR DE MADRE

Bajo un sol de misterio,
en un pobre ataud,
cuatro hombres me llevaron a un negro cementerio,
poblado de violetas en mstica quietud.

Estaba triste el cielo
tres rosas del amor,
de vigoroso luto, con hondo desconsuelo
lloraban por la muerte del joven trovador.

Era una la adorable,
enferma de ilusin,
a quien bajo un ramaje de dicha, inolvidable,
una tarde yo diera todo mi corazn.

Era otra la afligida
musa de mi querer,
que en las horas sombras e inciertas de la vida
consolaba mi espritu con su alma de mujer.

La tercera era aquella
que me ense a sufrir,
aquella madre ma, pura como una estrella,
conturbada pensando siempre en mi porvenir.

Y que leccin encierra
aquel sueo opresor!
Ante una sepultura pusironme en la tierra,
abrieron mi ataud y despus... oh dolor!

En el horrendo estado
de la disgregacin
mi carne, barro siempre, haba entrado,
ahuyentando el encanto de la humana ficcin.

La musa idolatrada
de mi ardiente querer,
y aquella novia enferma de ilusin, tan amada,
gimieron mucho, pero resistindose a ver...

Y en un sublime exceso
de su amor inmortal,
mi madre fu la nica mujer que un sacro beso
deposit en las ruinas de mi carne mortal.

1921.




Marfori (Isidro)

De la Laguna, como Rizal y Cnon. Naci el 15 de Mayo de 1890. Interno
con jesutas y dominicos, se gradu de perito mercantil. En talante de
poeta, tuvo una primera juventud inquieta y romntica, aunque al fin
le sujetaron las realidades de la vida. Ha impreso en Manila dos
colecciones de poesas: _Aromas de ensueo_ (1914) y _Cadencias_
(1917). Villaespesa es su poeta preferido: luego Daro, Nez de Arce,
Chocano y Vargas Vila.


         A SALVADOR RUEDA

CON MOTIVO DE SU VIAJE A FILIPINAS

Artfice inmortal de la Poesa,
incomparable y mgico rimero
que tienes en las venas fuego ibero
y en el pecho panales de ambrosa.

Alma de luz, de sol y de armona,
que en medio de este siglo de odio fiero,
descuellas indicando un derrotero
a la soberbia humanidad del da;

bardo de paz y de combate rudo,
que la bandera azul tan alto agitas,
divino soador, yo te saludo!

Mi musa a ti, con temblorosa mano,
te ofrenda un haz de frescas sampaguitas
oh embajador del intelecto hispano!

1915.


A UNA ESTRELLA

Dulzuras destella
tu luz de topacio,
luminosa estrella
del celeste espacio.

Y viendo que de ella
yo nunca me sacio,
me sonres bella,
desde tu palacio.

Tus fulgores dame,
que amante los guardo
en mi nima opresa,

y deja que te ame
nostlgico el bardo,
divina princesa!

1917.


       LAS NOCHES DE CITA

Todas las noches, a la sombra amena
de un frondoso macizo floreciente,
yo acuda con paso diligente
y con el alma de ilusiones llena.

Vea a poco su cuerpo de azucena
avanzar indeciso, lentamente,
mientras un ansia de pasin ardiente
daba a mi pecho hervores de colmena.

Juntos los dos en dulces embelesos,
volviamos al cuento de los besos,
sin pensar que es voluble la fortuna.

Y slo nuestro ardor se interrumpa
cuando ya en el azul se deslea
la dorada sonrisa de la luna.

1917.


              EL PASIG

En una vega ubrrima y tranquila,
bajo el quemante ardor de un sol de esto,
sonoro y riente se desliza el ro
desde el lago de Bay hasta Manila.

Brue la faz de su caudal bravo
brillante luz que todo refocila,
y se entorna ofuscada la pupila
al contemplar tan fulgido atavo.

Al saludo jovial de la caada
y del _sipao_ que trina en la enramada,
su romntica y triste serenata,

van pasando sus linfas transparentes
bajo el arco de hierro de los puentes
como una eterna procesin de plata.


      A LA GLORIA

En la aurora de mi vida,
an sin dolores aciagos,
te he visto, de azul vestida,
flotando en mis sueos vagos.

Despertaron mi dormida
pasin tus dulces halagos,
tornaste en arpa mi vida
y fu cisne de tus lagos.

Y ahora qu en ellos me agito,
con una sed de infinito
y la visin de mi cruz

porque le niegas oh gloria!
a mi breve trayectoria
tu eterna estela de luz?

1917.


                     AL VOLCAN APO

Guarda silencio el coloso, silencio largo y profundo.
Ni siquiera se estremece su ardiente seno iracundo
al paso del fiero _baguio_[29] que desvasta en un segundo,
azotando en su locura la enorme esfera del mundo.

Velado por blancas nubes yace en un fro mutismo;
ningn rumor de amenaza se escapa de su hondo abismo
Est en vsperas y acaso se reconcentra en s mismo
y prepara en sus entraas un horrendo cataclismo?

Preguntdselo a las tribus que moran en sus laderas
y os dirn que el Apo duerme con sus ansiedades fieras
que las lavas de sus hornos slo se desbordarn
el ao en que ellos olviden, en su propio menoscabo,
la tradicin milenaria de dar a feudo un esclavo
arrojndole a las fauces insaciables del volcn.

1917.

[Nota 29: Cicln.]


EN LA MUERTE DE TIRSO DE IRURETA-GOYENA

Junto al negro ataud de tus despojos
oh prcer de linaje apolonida!
mi frente inclino, humilde y abatida,
y un responso de amor rezo de hinojos,

al pensar en tus picos arrojos,
en los laureles de tu edad florida,
siento la honda amargura de la vida
y se llenan de lgrimas mis ojos...

No te alzas ya para domar la rabia,
de la impiedad y el credo disoluto...
ya no escuchamos tu ingeniosa labia.

Has cado, llenndonos de luto,
como un rbol pletrico de savia
al grave peso de su mismo fruto!

Octubre, 1918.


         POR AMOR A ESPAA

(SEGUNDO PREMIO EN EL CONCURSO DE LA "CASA DE ESPAA", 1919)

         TRIPTICO HEROICO

                I

Desafiando del sino los desmanes,
un grupo de espaola valenta
arribaba a las nsulas un da
al mando de Fernn de Magallanes.

En la cruz de sus recios gavilanes
las catlicas luces nos traa,
en sus fuertes aceros la hidalgua,
en sus pechos, olmpicos afanes.

Estoicos, en el ciclo de sus penas
conquistaron sus glorias de soldado,
y al sellar con la sangre de sus venas

su epopeya brillante y espartana,
nos dejaron el dplice legado
de su habla hermosa y de su fe cristiana.

                II

Arbol coloso de verdor florido
que h tres centurias crece y exubera,
es en mi patria la cultura ibera
que la escuadra inmortal nos ha trado.

Nativos ruiseores hacen nido
en sus frondas de eterna primavera,
y aunque enfurece la ventisca fiera,
en la arada social seguir erguido.

En vano ilusos de intelecto oscuro,
que miran su grandeza con inquina,
clavan las hachas en su tronco duro.

Por virtud de sus mismas cicatrices
no hay un trozo de tierra filipina
que no abarquen sus cvicas races!

                III

La gratitud es una flor que brota
de la pureza del sentir humano,
y no hay sarcasmo ni atrevida mano
que la marchite en msera picota.

--Oh falange del yelmo y de la cota!
Para pagar tu esfuerzo soberano,
lidiar quisiera por el fuero hispano
en una tierra annima y remota.

Que el talismn sagrado del ensueo,
oculto en mi armadura de guerrero,
har un gigante de mi ser pequeo.

Y en una gran batalla yo quisiera
hacer del brazo un mstil altanero
para elevar al cielo tu bandera!


        TRES SONETOS DE AMOR

                 I

Paseaba su gracia de sultana
al mrice reflejo del Poniente,
cuando en la luz de su mirada ardiente
vi el paraiso de la vida humana.

En pos de s march la caravana
--cual una estela inmensa y esplendente--
de todos los ensueos de mi frente
y todos mis anhelos del maana.

Y fu la estrella que fulgi en mis cimas,
la lrica cadencia de mis rimas,
el encanto perenne de mis horas.

Mi astro altivo tejila una guirnalda,
la hizo un trono y pidi para su espalda
el bermelln de todas las auroras.

                  II

A distancia la am, porque quera
vaciar en un romntico latido
la excelsitud del ideal florido,
su esencia de suprema poesa.

En silencio la am porque tema
que mi orgullo tenaz fuese vencido,
que se mofara de mi pecho herido
y slo fuera mi ilusin de un da!

...Pero el disimular intil era,
pues no se oculta una pasin sincera
con grvidas cadenas o cerrojos.
Y al fin la dijo mi ntimo secreto,
tras la prisin de un antifaz discreto,
la pena delatora de mis ojos.

                  III

Como va al sol la inquieta mariposa
para besarle en su febril intento,
constante iba mi inquieto pensamiento
tras la esquiva figura de mi hermosa.

El tierno hechizo de su faz radiosa
me sonrea en mi amargo aislamiento,
aoranza celeste que al momento
remozaba mi vida tumultuosa.

Callar ms tiempo me oprima el pecho!
y dejando el amor su encierro estrecho,
entr en el alma de la amada ma.

Mas vi en el templo su candor inerte
y en su ara triste, al soplo de la muerte,
un resplandor que en sombras se extingua!

Enero, 1920.




Nedruda (Esteban)

Consagrado al periodismo, es ahora redactor de "El Debate". Antes lo
fu de "La Vanguardia".


                ANHELOS

Quiero los cantares que miman al alma,
las tiernas endechas que saben a miel,
los trinos del ave de la noche en calma
y el aroma suave que esparce el vergel.

Quiero las caricias de la fresca aurora
sentir en la frente al amanecer,
y en los labios rojos de la diosa Flora
libar tiernos besos que embriaguen mi ser.

Quiero de la brisa el blando murmurio
en campos y valles plcido escuchar,
y de la sibila el feliz augurio
de glorias y triunfos de mi patrio lar.

Quiero luz, colores, vida, miel, aroma,
pues tengo en mi pecho una eterna sed
que mi alma atormenta cual una carcoma
y de las tristezas me pone a merced.

Y quiero en mi rostro sentir de los vientos
sculos ardientes que sepan de amor,
y en mi mente loca tejer pensamientos
tan bellos que halaguen mi alma, mi alma en flor.

Porque necesito decirme a m mismo
que el dolor no existe, que es pura ilusin,
que slo germina el laudable altrusmo
de todos los hombres en el corazn.

Que todo es ameno, que todo es de rosa,
que es palabra vana la fatalidad,
que ninguna pena mi pecho destroza
y que no es amarga la realidad.

Porque hay que engaarse si el alma queremos
que no se deshaga en girones mil,
y siempre pensemos y siempre forjemos
que nunca se mueren las rosas de Abril.

Ya que nuestro mundo lleno est de abrojos,
vilezas y engaos que causan horror,
un cristal de rosa pondr ante mis ojos
porque todo sea de hermoso color.

Por eso yo adoro del sol los fulgores,
y busco en los ritmos el grato solaz,
y alfombro mi senda con versos y flores
para hacer ms dulce la vida fugaz.


                 MEDITACION

Segado por el viento de un huracn furioso
desciende al fro suelo el cliz de una flor:
tal de los desengaos al sopolo venenoso
fugaz se desvanece un sueo encantador.

El ro solitario, cruzando las malezas,
en su spero camino tropieza sin cesar,
y en vez de alegres odas murmura sus tristezas:
tal navegan los hombres de la vida en el mar.

Un da contemplaba en viejo campanario
la ligera veleta de su eterno girar,
y pens que es veleta el hombre en su calvario
que gira sin descanso en constante penar.

Y, si acaso, hay momentos de calma lisonjera
que de gozo inocente nos hacen sonreir,
son momentos fugaces que con la primavera
dejan triste recuerdo en el pecho, al partir.

Cuando en noches serenas despierta el alma ma
tras un sueo de rosa,--dulce sueo de amor--,
que en suave desvaro recre mi fantasa
por mundos ignorados y jardines en flor;

Cuando en alas del rpido y misterioso viento,
de la argentada luna a la trmula luz,
a las altas regiones vuela mi pensamiento
olvidando un instante de las penas la cruz;

Yo siento que en mis labios se enjoya la sonrisa
y la calma perdida vuelve el alma a sentir,
y yo bendigo todo: roco, flores, brisa;
y entonces me parece que es hermoso el vivir.

Oh, cun grata es la vida cuando slo ilusiones
llenan de nuestra mente el invisible azul!
cun bello es todo el mundo si nuestros corazones
de amor se sienten presos en el rosado tul!

Mas ay! cuando se cae la venda de los ojos,
el bello panorama trnase en funeral...
los que gratos nos fueron, hoy nos causan enojos!
lo que fu nuestra dicha, es ahora nuestro mal!

Entonces es en vano que alcemos las miradas
hacia el lmpido cielo do dicen que est Dios;
no tendrn ningn eco nuestras tristes baladas
y de los sueos idos se perdern en pos...!

Porqu ha de ser la vida cadena de amarguras?
porqu todos nosotros hemos de padecer?
Dime, oh rey de los astros que radiante fulguras!
porqu gime lloroso el infante al nacer?




Nolasco (Luis F.)

Contemporneo. Posee el ttulo de abogado.


          FLOR DE DOLOR

Tus lgrimas enjuga, amada ma,
y escucha los gemidos del amante
que te alza una rosa lacerante
en cada estrofa de su poesa.

No llores virgen ma! si el destino
de negras gasas recubri tu suerte;
no llores, que mi amor hasta la muerte
luchando seguir por tu camino.

Bien comprendo la cruel melancola
que en tu alma dolorida se atesora,
las penas que tu sufres cada da,
y las nostalgias que tu pecho llora.

Mas no llores; la vida es as, amada,
toda lucha y dolor, pena y tormento;
la vida es viva accin del sufrimiento
y es imagen de amor, despedazada.

Yo adoro tu beldad y tu pureza
como adoro a los ngeles del cielo;
slo por adorarte me desvelo
en medio del dolor y la tristeza.

Yo te entrego la flor de mis amores,
mi lauro eterno, mi triunfante palma;
te entrego as mi corazn y mi alma
pero nunca la cruz de mis dolores.

Seca tus negros y divinos ojos,
alza tu frente de oriental violeta,
mi amor tu senda limpiar de abrojos...
Ya eres salva, mujer...! Te ama un poeta!




Palma y Velzquez (Jos)

Naci en el arrabal de Tondo, de Manila, en 1876, falleciendo el 12 de
Febrero de 1903. Fu ardiente revolucionario, como sus hermanos Manuel
y Rafael. Curs el bachillerato con los jesuitas. Escribi sus
primeras poesas a los 17 aos. Perteneci, con sus hermanos, Cecilio
Apostol, los Guerrero (Fernando y Manuel), Veyra, Zulueta y otros al
cenculo literario aposentado en la morada de Epifanio de los Santos
Cristbal, el filipino erudito, C. de nuestras Academias de la Lengua
y de la Historia. En 1912, los hermanos de Jos Palma editaron un
tomito de las poesas del poeta muerto, bajo el ttulo de
_Melanclicas_, con prlogo de Cecilio Apostol.


                MI REGALO

Sabes cul es...? Escchame un momento!
con voz muy queda lo dir a tu odo,
que no lo pueda oir el mismo viento
que, al refrescar tu frente con su aliento,
palpita de placer estremecido.

Es muy pobre, muy pobre... casi nada,
es ms bien la fineza de un mendigo:
una joya sin brillo, desgastada,
que, por cobrar su luz en tu mirada,
te la ofrece el afecto de un amigo.

Aqu lo tienes, toma!... te lo entrego:
es este corazn ya moribundo,
que se agita entre ocanos de fuego,
y que latiendo temeroso y ciego,
te vi y te am con un amor profundo...

Es este corazn de fibras rotas,
anmico y enfermo, siempre triste...
donde circulan de la hiel las gotas
y vibran melanclicas las notas
de un mal tenaz que en maltratar insiste.

Es este corazn, que va sangrando
con la herida brutal de su delirio,
mi pobre corazn, agonizando,
mientras va sollozando... sollozando...
al rudo golpear de su martirio.

Este martirio he siempre comprimido
por inquieto temor a tu repulsa,
hondo martirio que, a mi ser asido,
parece cual mi vida confundido
y siempre al lloro y al sufrir me impulsa.

Cuntas veces sent su horrible clavo
golpearme con spera sevicia,
y sent a su furor cmo temblaba
el cielo de las dichas que soaba,
como un mundo de luz que se desquicia!

Cuntas veces tambin alz en mi pecho,
la indmita borrasca de la angustia,
y por las noches le encontr en acecho
para robar mi sueo, sobre el lecho
en que gema por mi vida mustia!

Ay, no es verdad que brote la alborada
tras la noche catica y severa!...
Donde la pena labra su morada,
all estar cual vbora enroscada,
siempre ms pertinaz, siempre ms fiera.

En vano, muchas veces, temerario,
intent refrenar con valla ruda
el cauce de mis penas tumultuario:
no he logrado desviarme del calvario
donde sucumbo sin piedad ni ayuda.

Ya han hollado mis pies muchas espinas,
y aunque avanzo llorando en mi camino,
slo encuentro doquier sombras y ruinas,
tristes, como las tintas vespertinas,
y obscuras, cual la voz de mi destino.

Qu me resta sufrir?... En mi amargura,
Dnde tender la vista lacrimosa
sin que encuentre mi propia desventura?
oh!... Como descansar de esta tortura
el alma que no vive ni reposa?

Slo t, slo t, virgen del cielo,
puedes reverdecer mi vida muerta;
t regalarme puedes el consuelo,
y puedes alegrar mi triste duelo
y restaar mi herida siempre abierta.

Oh! en t est mi esperanza; no la mates;
djame acariciar mis ilusiones,
y no me arranques ay! no me arrebates
la dicha que me anima en los combates
y rompe de mi mal los eslabones.

Es tan triste sufrir!... Es tan sombro
batallar con el propio sentimiento,
que, si no escuchas el acento mo,
tal vez con la punzada del esto
no me dure la vida ni un momento.

Oh! escchame... Aqu estoy! Solo, perdido
en mitad de mi obscuro derrotero...
Y aunque procuro, loco, dolorido,
desterrar mi pesar con el olvido,
ya no puedo luchar... Amame o muero!


EN LA ULTIMA PAGINA DEL "NOLI ME TANGERE"

Eres el grito del derecho herido,
la encarnacin de las candentes lgrimas
que en la noche sin luz de su pasado,
de mi pas los ojos escaldaban.

Yo te le cien veces. Noble amigo,
hall siempre flotando en cada pgina,
un pao para el llanto del esclavo,
para el tirano vengadora tralla.

Cmo senta, al recortar tus hojas,
lstima por mi patria esclavizada!
Cul lloraba contigo en mis insomnios,
y ansiaba, como t, la luz del alba!

Ms un da... sonaron los fusiles,
ahog los suspiros la metralla,
y fulminando muertes, al derecho
pronto abrironle paso las espadas.

Y tembl la opresin. Himno de muerte
pareca el rugido de sus armas,
y en su mismo estertor... ay! frente a ella
irguise su conciencia: cun manchada!

Entonces, al clangor estrepitoso
que producan, al herir, las balas,
vea al pueblo defender sin miedo
la idea que tus prrafos inflama.

Veale surgir grande, potente,
dispuesto a perecer en la demanda,
a recabar con sangre de sus venas
su libertad y su honra conculcadas.

Y fu obra tuya, tuya solamente;
que, sin t, an no viera nuestra patria
roto el dogal que le estrujaba el cuello
y en sus cielos brillando la alborada.

Ah!--Mucho hiciste. Verbo del opreso,
anatema al poder, tus hojas santas,
al irradiar en los cerebros muertos,
de la opresin libraron una raza.

.....................................

Te cierro ya. En la noche de su sueo,
paz al patriota que escribi tus pginas!
dile que sus hermanos no le olvidan,
que en cada pecho se le erige un ara.

Octubre, 1898.


            DE MI JARDIN

Me pides sampaguitas... No te envo,
porque, al ir a cortarlas de la rama,
sent temblar mis manos y mi pecho
prensado por la lstima.

No quiero que padezcan esas flores,
como padece, lejos de t, mi alma,
no quiero que al contacto de mis manos
perezcan marchitadas.

Qu caigan ellas solas! Yo, que siento
ms que nunca mortferas nostalgias,
no quiero que por m tengan las flores
nostalgia de las ramas.

Es crueldad separarlas de sus tallos
antes que lo haga el soplo de las uras
quin sabe si en las horas ms de vida
que se irn al troncharlas,

ellas esparcirn en el ambiente
la esencia ms sabrosa y delicada
que formada con mieles de roco
en sus corolas guardan!

Deja que vivan. A nosotros mismos,
a pesar de seguir nuestra jornada,
marchando sobre espinas y entre sombras
la vida nos es grata.

Nada tememos ms sino la muerte...
Y si tuvieran esas flores alma?
Quin sabe si sintieran asimismo
temor de verse lacias!

No; djalas vivir. Que vivan siempre
en su palacio de hojas y de ramas;
que las encuentre all la mariposa,
su eterna enamorada;

que saluden los ocres de la tarde,
que explendan con las prpuras del alba,
que beban del roco de las noches
y halaguen las miradas.

Las pobres sampaguitas se resienten
cuando alguien de su tallo las separa;
al hallarse en el pecho o en las trenzas,
sufren; se tornan plidas.

Y cuando estn as qu hombre puede
contener de los ojos una lgrima?
Quin no se acuerda de los tristes seres
que mueren de nostalgia?

1900.


             EN LA HAMACA

Qu se perdi en el seno del vaco?
que inquieren sus miradas?
mira, acaso, a las aves que se esconden
del calor en las ramas?

Por la escala de luz de un rayo de oro
retorna quizs su alma
al paraso reluciente y bello,
su prstina morada?

La siesta asfixia. El son de los caales
preludia a la tagala
esa cancin de miel que ha desprendido
la ilusin del pentgrama.

Los insectos rebullen en las hojas
sobre el tapiz de grama,
y se duermen rendidos a los hlitos
de un ambiente de lavas.

El sopor se difunde, derramado
por estivales uras,
y en el lejano trmino simulan
dorarse las montaas.

Hay vida y poesa en esas horas
en que el calor abrasa;
pera la vrgen tiene en el espacio
inmvil la mirada.

Hija gentil de una regin de fuego,
acaso vuela su alma
por el pas de rosas del idilio
cuyo perfume embriaga.

Tal vez suea en las dulces sampaguitas
cogidas de las ramas,
para ser el collar lleno de aromas
en la linda garganta.

La alegre sonatina de los besos
que da el viento a las palmas,
tal vez rima a sus oidos el _kundiman_
trovado en noche plcida.

Mas quin sabe...! Deshcese la tromba
en aquellas montaas
y alguien atrae all el corazn virgen
de la virgen tagala.

En el album rosado de la vida
tambin hay negras pginas,
donde se ocultan los ensueos msticos
bajo un velo de lgrimas.

Y mientras suea en cuerpos que se caen,
se hieren, se desgarran,
en un campo sembrado de cadveres
y de sangrientas charcas,

vibra la llama estuosa de la siesta,
pasa la brisa clida,
y murmura en sus notas el prefacio
de algn idilio convertido en drama.

1900.


            RIZAL EN CAPILLA

En la pequea estancia, la luz plida
alumbra al reo; fuera,
la dormida ciudad con su pesado
silencio de necrpolis desierta...
Quedan horas no ms... Ya es el instante
en que todo refluye a la conciencia;
en que, a travs de todos los recuerdos,
y todos los amores y quimeras,
el alma quiere mucho ms la vida,
porque la muerte ms y ms se acerca...
Hora sombra en que sud con sangre
el mismo Cristo en la sagrada huerta...!

Quedan horas no ms para el martirio.
El alma que ya acecha,
es el alma que quiere nubes rojas,
pero rojas con sangre de las venas.
Cada minuto ya la va acercando,
fatal inevitable... El reo espera,
vibrante el corazn, opresa el alma,
pero tranquilo el rostro y la conciencia.
All quedan "sus padres; sus hermanos,
en el perdido hogar"; ms all deja
"a la dulce extranjera, su alegra",
y sobre todo amor, su "amada" tierra.

Oh, la tierra de todos sus encantos,
la idolatrada tierra,
"dolor de sus dolores" de patriota
y sueos de sus sueos de poeta!
Rpidos, en tropel, slo a su nombre,
como nubes compactas de tormenta,
luchas, melancolas, desalientos,
acuden, se avalanzan, se atropellan
y llenan el espritu del reo,
resanando ecos de perdidas pocas
con la dulce quimera de una patria
que resurge triunfante de la cinaga.

Era la patria que llen su vida.
Como santa promesa,
all, en la proscripcin, brill animando
su corazn de bronce a la pelea.
Lo recordaba: desolado, loco,
la vi llorar, se estremeci a sus quejas,
y sintise morir con sus angustias,
y sintise ahogarse con sus penas...
Nadie estaba en redor; nadie...! tan slo
unas sombras muy lgubres, muy densas,
unas sombras que todo lo envolvan,
porque la podre horrible no se viera.

Y fu entonces. Cual vvido relmpago
horad las tinieblas
el rayo de su noble pensamiento,
despertando a las masas. Tron recia
su voz de apstol, y el enjambre mudo
de ilotas escuch:--"La patria es esta!"
Slo entonces cayeron de rodillas!
slo entonces supieron conocerla...!
Corri en la multitud hervor de fuego,
elctrica explosin de vida nueva,
un ansia de elevar aquella patria
al bello Sina de las grandezas.

Y estall fragorosa la borrasca...
Hoy, desde aquella celda,
parece percibir rumor de lucha
encarnizada, pertinaz, violenta.
Son los cruzados de Simoun que acuden
y se lanzan pujantes a la arena,
son los nobles ilusos que pretenden
ascender hasta el triunfo de su idea
con el vuelo del guila gloriosa,
sin otras alas que su f sin mengua...!
No caern como Icaro!--est escrito--:
Los que van con la patria siempre llegan!

El llegaba tambin. La noche hua,
y con palidez ttrica
la luz temblaba sus fulgores ltimos
envueltos en la agnica tristeza.
Oye el reo anhelante... Ya es el alba!
Son los soldados que a llevarle llegan!
Es la hora tenebrosa de la muerte...!
La muerte misma que fatal se acerca!
Todo se pierde en el horrible caos
del cerebro estallante, y slo encuentra
--luz nica!---la patria por quin muere,
triunfadora, sublime, resurrexa.




Paterno (Pedro A.)

Aunque flojo poeta, es uno de los precursores entre los filipinos.
Naci en Manila, de familia acomodada, el 27 de Febrero de 1858. En el
Ateneo de la Compaa se gradu de bachiller el 71. Vino a Espaa
luego, haciendo aqu larga estada y doctorndose en Derecho y Cnones
en la Universidad salmantina. Convivi en Madrid con polticos
influyentes, literatos y todo linaje de artistas. Tuvo una mesa
hospitalaria. En el Ateneo, ley el crtico y acadmico Caete versos
de Paterno. Escribi novelas y sobre historia y folklore filipinos.
Contribuy a organizar la Exposicin filipina de Madrid (1888).
Intervino en la paz de Biacnabat. Muri, gran cruz de Isabel la
Catlica, en 1911.


      SAMPAGUITAS

A los mortales ofrece
el sacrosanto madero
nueva escala de Jacob
para remontarse al cielo:
"con su frente abre la gloria
con su pie cierra el infierno,
y sus brazos amorosos
abrazan al mundo entero".
...........................
Al rebramar la tormenta,
por la playa me paseo,
y en ver las agitaciones
del vasto mar, me embeleso.
En su inmensidad descubro,
de mi amor el viejo espejo.
Cuntas olas luchan fuera!
Cuntas perlas duermen dentro!
..............................
Subiendo una alta montaa
vi a la Fama encantadora.
  --Para ser grande--le dije--
qu debo hacer, bella diosa?
  --No sigas ningn ejemplo,
si quieres hallar la gloria:
s Platn o s Alejandro,
que hallaron sendas ignotas.
  No en copia servil te arrojes
por la senda que otro explora:
con la pluma de tus hechos
escribe una nueva historia.

Madrid, 1880.


               LA CRUZ

                  I

Naci Alejandro; su potente lanza,
al ronco grito de incesante guerra,
cubri de luto y ruinas y matanza
cuanto entre el _Ister_ y entre el _Sindh_ se encierra.
Muri Alejandro; y a su gran pujanza
estrecha fosa concedi la tierra,
y l y su lanza y su poder temido
se hundieron en la sima del olvido.

                 II

Cruzaron el espacio en raudo vuelo
las guilas que Roma ostent un da;
cuanto cobija el anchuroso cielo
sinti de su poder la tirana.
Hundise Roma; retembl su suelo;
se escuch el estertor de su agona,
y esparcieron sus restos funerales
del Septentrin los recios vendavales.

                 III

Qu se hicieron los nclitos varones
que legaron sus nombres a la historia?
Dnde encontrar los regios panteones
que guardan sus cenizas y memoria?
Dnde est, con harapos y girones,
cual leve resto de su antigua gloria,
la clmide a sus hombros suspendida,
ms en sangre que en prpura teida?

                  IV

Todo despareci; tan slo un trono,
de cien edades sobre el polvo inerte
resiste inmoble al infernal encono,
y a los rudos embates de la suerte.
Crece su gloria al par que su abandono,
ms es que el mundo y que sus furias fuerte,
a sus pies veinte siglos han pasado,
y sigue el rey, y sigue su reinado.

                  V

Sabis dnde se vi por vez primera?
Del sacrosanto Glgota en la cumbre
Queris saber las leyes con que impera?
son de amor, de humildad, de mansedumbre
Por l doce hombres alzan la bandera,
retando a la enemiga muchedumbre.
Sabis que quieren en su ardor profundo?
cambiar la faz del universo mundo.

                  VI

Ellos son. All van, sin ms arreos
que el calzado y bordn del peregrino;
ellos son, all van, arde en deseos
su pecho, hoguera del amor divino;
ellos, los pescadores galileos,
all van, cada cual por su camino;
hombres son de entre el pueblo despreciado
y apstoles de un Dios crucificado.

                 VII

Ante su vista, en el espacio inmenso
que descubre su ardiente fantasa,
ven, entre nubes de aromado incienso,
los dioses que abort la idolatra;
de esclavos viles el rebao denso
sujetos a nefanda tirana,
y entre bosques de picas apiados,
los monarcas del mundo y potentados.

                VIII

Y cien cadalsos ven en el vaco
levantando sus moles altaneras,
y ven el hacha y el ecleo impo,
y los potros, los hierros, las hogueras,
y escuchan de los circos el gento,
mezclando su rugir al de las fieras;
ms al ver los aprestos del combate
su noble corazn con fuego late.

                 IX

Aunque siembren de espinas su camino
y a palmos se disputen el terreno,
cumplirn como bravos su destino,
predicando la ley del Nazareno.
Quin se opondr al espritu divino
de que su corazn se siente lleno?
Y a la Cruz santa que en sus diestras brilla
quin habr que no doble la rodilla?

                 X

La Cruz! Esa es la luz que los encanta
por los tristes desiertos de la tierra.
La Cruz! Esa es el alma sacrosanta;
que les hace invencibles en la guerra.
Cuando, erguida en sus manos, se levanta,
los ms alzados dolos aterra.
Idolos fuertes que a los ciegos doman
tiemblan ante la cruz y se desploman.

                 XI

Con ella cada paso es un prodigio;
tras cada lucha un triunfo; a cada hora
cede el de Tracia al celestial prestigio,
y el de Etiopa con pasin la adora,
y el ateniense sabio, el muelle frigio,
el que de Libia en los desiertos mora,
el que se apoya en prsicos divanes,
y el que enfrena soberbios alazanes.

                XII

Y llevan sus influjos salvadores
a los centros del lujo y monopolio
a las chozas de humildes labradores,
de los romanos Csares al solio;
y hacen brillar sus clicos fulgores
sobre el negro frontn del Capitolio,
enclavando la Cruz con herosmo
en medio el corazn del paganismo.

               XIII

Y triunfarn de los verdugos fieros
de cien persecuciones al estrago,
de las garras de tigres carniceros,
de falaces serpientes al halago;
y aunque derramen, embotando aceros,
para ahogar la verdad, de sangre un lago,
que si la Cruz al lago es arrojada,
sobre el lago de sangre sobrenada.

                XIV

Y vencieron. Y el Lbaro divino,
presagio de una gloria verdadera,
hizo triunfar, al par que a Constantino
la causa santa del que en l muriera.
Y tuvo desde all mejor destino
el que un suplicio vil tan slo fuera,
brillando con fulgores celestiales
en las mismas coronas imperiales.

                XV

Arbol de vida, mstico Madero
donde reina el Seor de los seores,
al pie de cuyas ramas el viajero
mitiga del camino los ardores;
lecho de las esposas del Cordero,
centro de sus pursimos amores:
Oh dulce Cruz donde Jess espira!
Quin no te adora, si una vez te mira?

                XVI

Quin se arroj a tus pies, que no sintiera
la pasin sosegarse que le agita?
Quin no hall en ti la calma verdadera
que anhela el pecho que de amor palpita?
Quin no querr abrazarte, oh Cruz bendita?
Quin morir, si en tu virtud espera,
hacecillo de mirra regalado,
que nos dej en recuerdo nuestro amado?

               XVII

Feliz el alma que la Cruz adora,
siguiendo, amante, de Jess la huella!
Feliz el que la mira cuando llora!
Aparece, entre lgrimas, tan bella!
Feliz quin llega a su postrera hora
de pies y manos enclavado en ella,
y espira donde Dios espirar quiso,
y pasa de la Cruz al Paraso...!




Pelez (Vicente)

El nombre de este bisayo poeta y un fragmento de composicin, nos
salen al encuentro en el folleto de W.E. Retana, "De la evolucin de
la Literatura Castellana en Filipinas.--Los Poetas". Se copia el
fragmento, reminiscencia de Bcquer, como una muestra ms de poesa
espaola pulsada en lira tagala.


            HUERFANA
          (FRAGMENTO)

          Un triste silencio
        reinaba en la estancia.
Un viejo ministo, abierto al breviario,
        al pi de la cama
        murmuraba quedo
        una honda plegaria.

Tendida en el lecho la plida enferma,
        sintiendo cercana
        la hora de la muerte,
        con voz apagada
        a todos sus hijos
        a todos llamaba.

Tortura el silencio de la triste alcoba,
        angustia la calma
        de aquel cuadro negro.
En la iglesia prxima, al dar de las nimas
        el ltimo toque,
        la madre espiraba,
        entre los sollozos
        de mi novia amada.

Con un negro sayo cubrieron su cuerpo
despus con un velo cubrieron su cara:
        de amigos y deudos
        se llen la estancia,
y velaron todos a la pobre muerta.
        Hurfana de mi alma!
--pens en un momento de duda y de duelo--
qu mano piadosa secar tus lgrimas?




Prez Tuells (Lorenzo)

Hijo de espaoles; su padre comandante de nuestro Ejrcito. Dirige en
Manila el hebdomadario ilustrado "Excelsior".


                 INTIMA

            A ISIDRO MARFORI

No importa que la vida traidoramente hiera
nuestras hurfanas almas con su terso pual
mientras haya en el mundo rosas de primavera
y brille en los espacios el sol de un ideal.

Si hay brbaros de bronce que ignoran la preciosa
tarea del poeta que parte su alma en dos,
dejadlos que devoren la paja de su prosa:
no se hicieron para ellos los reinados de Dios.

Yo seguir regando mis dulces pasionarias,
a tiempo que musite las msticas plegarias
que son como incensarios de mi azul religin;

y en las horas de tedio que una a una desfibro
reposar en las hojas de tu mgico libro
donde pone un latido vital tu corazn.

1917.


       EN LA HUELLA LUNAR...

En la huella lunar de sus encajes
puso, al pasar su sombra bizantina,
un perfume de rosa alejandrina
el extasis azul de los celajes.

Languidecer de sedas y plumajes,
en un vuelo de ciega golondrina,
fu su marcha, de muerta y peregrina,
hacia un sueo de msticos paisajes.

Envanecidos sus gloriosos velos,
cay la noche tras su blanca sombra,
con un dolor de exhaustos terciopelos;

Y desde entonces--inconsciente y mudo--
busca mi labio en la enlutada alfombra
el tibio rastro de su pi desnudo...

Octubre, 1921.


                          SALMOS

                   LAS GUILAS BLANCAS

                            I

Son las guilas blancas! Son las guilas blancas y fuertes,
cuyo vuelo se expande bajo el palio divino del cielo,
y en el largo vibrar de sus alas rampantes
se adivinan las notas que componen los himnos de gloria.

Un deshoje de soles heraldiza la aurora que llega
para hacer que germinen las semillas dispersas en un polvo de siglos,
las semillas dispersas con la sangre y la carne de los Conquistadores
que sirvieron de abono a la idea suprema de fundir continentes.

Son las guilas blancas que decoran sus picos con el ramo de oliva,
las librrimas guilas que con un aletazo desafan al trueno,
pero que al presentir el deshielo constante de las nieves del Norte,
abandonan los Andes por el nido que Espaa les conserva caliente
en la cumbre soberbia del natal Pirineo.

                            II

Ha caido Cartago. Ha caido la Roma de los cnsules, Grecia
se anquilosa en la vida de sus piedras heladas.
Toda gloria mundana se sepulta en la sima del Espacio infinito
por la accin corrosiva de las Horas en pos de las Horas.
Pese al Tiempo que roe y a la Envidia que seca,
y a los odios terrenos que al olvido condenan fraternales abrazos,
en el noble plumn de las guilas blancas
hay el sello latino de una estirpe por algo elegida,
que ni es Roma ni es Grecia; ni es Cartago ni es Nnive,
es Iberia... y es Dios!

                           III

Es el tiempo propicio de segar las espigas doradas
que en ya prximos das, formarn las hogazas del mortal sacrificio.
En la urea patena, y formado con trigos de Amrica,
yazga el pan de la Misa sobre el cliz teido con la sangre de Espaa.

Pueblos fuertes, robustos, hincarn las rodillas en tierra,
ante el hondo milagro del amor que las almas auna
en la elptica curva de la breve existencia.
Es el tiempo oportuno de coger y exprimir los racimos
cosechados enmedio del fragor de sociales contiendas,
en el dulce sosiego de la huerta nativa,
al amparo solcito de la madre Esperanza.

Esto anuncian las guilas con su ramo de paz en el pico
y la Muerte--su presa--en las garras.

                           IV

Ntidas clusulas picas: flgidas ondas triunfales,
todo un himno glorioso van trazando las guilas,
a golpes de huracn, al cruzar los espacios suspensos
en un xtasis nico. Viejas trompas se limpian de su herrumbre de
siglos,
viejas arcas se abren, donde el tiempo juntara en revueltas maraas,
con provectos armios las guedejas doradas de infantiles cabezas;
los aceros de guerra, en el ignoto crisol del Amor, hoy se funden
para hacer los arados que abrirn las entraas de la frtil llanura,
y al llover el sudor de las frentes hermanas,
granarn las espigas de los trigos del Mundo
que sern los de Hispania...!

                          V

Salve fraternas repblicas! Pueblos de Amrica, Salve!
porque cerca est el tiempo en que el sol no se ponga en los vastos
dominios
que a travs de milenios an perciben la voz del gentil Romancero
y muelen su grano de ensueos e ideas en los rudos Molinos de
Cervantes.
Porque cerca est el da de borrar horizontes, la Distancia y el
Tiempo,
y el espritu libre de opresores cadenas y ergstulas,
ya podr remontarse en idntico azul bajo todos los cielos,
que sern uno solo para todo el Imperio y los mares,
y los pechos unidos en un grito que escuchen las edades remotas
harn a Don Quijote, Emperador...

                           VI

Y tu, la hija menor, oh, Filipinas!
Vive alerta en el seno de tu actual nodriza,
frmate exhuberante, potente y democrtica,
y si algn da libre te ves de la tutela,
y falta luz a Espaa para alumbrar sus mundos,
puedes brindarle, entonces, el sol de tu bandera...!

1921.


              NEURTICA

Una nostalgia azul de primaveras
teje en el cielo su ilusin de encaje,
y languidece el alma del paisaje
asomada al balcn de sus ojeras.

Los bandos de palomas mensajeras
esponjan blandamente su plumaje
en la tarde, que pliega el varillaje
de un flgido abanico de quimeras.

Su rostro se retrata en los cristales
del lago, donde un cisne hecho de espuma
el cuello enarca ante los pavos reales;

y ella, que sabe del amor de Leda,
mientras alisa la nevada pluma,
hunde los dientes en su chal de seda...

Marzo, 1922.


        EN HORA DE ILUSIONES

Suea la luz crepuscular del cielo
en la difusa paz de sus salones,
y es su mano en los rojos almohadones
una magnolia astral de terciopelo.

Leve se agita en el temblor de un vuelo
la rosa que agoniza en los jarrones.
Es la hora santa de las ilusiones,
que llega y pasa sin rozar el suelo...

En un ambiente a nardos evanglicos
deshojan los llorosos surtidores
su inspiracin de bardos arcanglicos,

bajo la luna que nostalgias llueve,
bordando en sus azules bastidores
el arabesco de su nombre en nieve...

Marzo, 1922.


        RECUERDO ARQUEOLOGICO

En la paz de los viejos parques ducales,
junto al lago que irradia verdes reflejos,
el alma pensativa de los rosales
flota en un azulado temblor de espejos.

El gemido del agua se pierde en una
vaguedad por la senda de las acacias;
y las ruinas adquieren, bajo la luna,
esplendor de remotas aristocracias.

Estas grises esttuas han visto acaso
la pareja, de rosas engalanada,
esfumarse en tpidos fondos de raso;

y lucir como un dardo de amor y celo,
en la noche de estrellas, embalsamada,
el pual veneciano de algn Otelo...

Abril, 1922.


              MEDIEVAL

Atruenan el patio ligeros corceles,
sus locas fanfrrias la trompa sonora
une al argentino ladrar de lebreles
en la cristalina quietud de la aurora.

Los hierros del puente desatan sus nudos,
invade los bosques alegres el coro:
ellos, como herldos de nobles escudos,
ellas, como un vuelo de alondras de oro.

De sbito, un grito mortal se derrama;
se apercibe el ruido de una lucha breve...
Todos enmudecen de espanto ante el drama

del que Benvenuto forjara un esmalte:
la garza, una rubia marquesa de nieve,
ha muerto en las garras de un vil gerifalte...

Abril, 1922.


             PASIONARIA

Con una lenta ondulacin de raso,
despus de largo y febricente asedio,
veo tu sombra deslizarse en medio
de una esfumada claridad de ocaso.

El leve aroma de tu carne acaso
sea el que impregna de tu parque el predio;
como la rosa que al morir de tedio
deja su esencia en el marfil del vaso.

El sol que copia tu mirada ambigua,
sobre tu negra cabellera undosa,
irisa el tul de la vestal antigua.

Y entre los oros de la tarde incierta
vuela al capullo de tus labios rosa
la mariposa de mi alma muerta...


        PIEDRAS PRECIOSAS

Cual tomos de raras pedreras
los pensamientos de la luz circulan
en las templadas brisas que modulan
un desplegar de tnues sederas.

Salta en collar de rotas melodas,
que en musicales palos ondulan,
la risa entre sus dientes que simulan
un xtasis de esclavas perleras.

Un sueo de nevadas morbideces
oculta su dorada cabellera
en un flotar de vagas palideces.

Cuando en mi rostro sus pupilas fija,
en vez de corazn tener quisiera
el infernal rub de su sortija...!




Recto (Claro M.)

Naci en Batangas, 1890. Cual la mayor parte de los vates registrados
en este _Florilegio_, curs el bachillerato en el Ateneo de la
Compaa, donde fomentbase el amor a las letras humanas. A los 19
aos, guiado por Fernando M. Guerrero, comenz a publicar versos,
singularmente en "El Renacimiento". En tres meses compuso los
materiales para su libro _Bajo los cocoteros_, impreso en 1911, cuando
Recto frisaba con los 21 aos. Luego se hizo abogado y le favoreci un
acta de representante o diputado. Bufete y poltica le han apartado
del ejercicio del Arte. Es C. de la Real Academia Espaola.


               EL ALMA DE LA RAZA

Mi sangre tiene un alma que es alma de titanes.
Sangre de Solimanes
corre por sus arterias, que siempre latirn.
Tiene el pecho templado al fragor de la guerra.
Bajo sus pies de atleta se estremece la tierra,
porque enciende sus nervios la flama de un volcn.

Es tricolor su ensea. Tiene el azul del Arte,
la blancura del lirio y la rojez de Marte,
por tres timbres gloriosos de su ilustre blasn.
Sonre, si la hiere la silbante metralla.
Es su soada gloria caer en la batalla,
teniendo por sudario su santo pabelln.

Es suave como el ritmo de las flautas buclicas,
que ensaya dulcemente en notas melanclicas,
entre las verdes caas, la brisa vesperal.
Fuerte, como el _tamarao_[30] de las selvas malayas,
como el caimn enorme que custodia sus playas,
cual las eternas frguas del Apo y del Taal.

[Nota 30: Carabao "cimarrn", originario de la isla, de Mindoro,
imposible de domesticar, y muy fiero.]

Escala cubiertas cumbres, conquista hondos abismos,
jams sucumbe en lucha contra los despotismos
del extrao poder.
Se lanza cantando himnos a la tumba enemiga,
el ideal por gladio y por triple loriga
la gloria de su patria, el honor y el deber.

Es slfide ligera de fantsticos vuelos,
virgen como sus selvas, azul como sus cielos,
cicln en los combates y cfiro en la paz.
Tiene furias de trueno y trinos de canario.
Oveja, ms no teme al len sanguinario;
paloma, ms no huye del guila rapaz.

Sabe pulsar la ctara con melodioso acento,
lgubre como un cisne, triste como un lamento
si se siente morir.
Sabe pulsar la ctara en arpegios bullentes,
como del _champagne_ rubios los topacios hirvientes,
cuando su pecho embriaga la dicha del vivir.

Suspiran sus cantares las campias de flores,
las brisas de la sierra, los alegres rumores
del bosque tropical;
la lluvia que desciende en perlas diminutas,
los oros del crepsculo, las sombras de las grutas
y el pico tumulto del fiero vendaval.

El alma de mi raza tiene ensueos romnticos;
calma sus pesadumbres con amorosos cnticos,
en idlicas noches, bajo un claro fulgor.
Sonre cuando mira la pensativa luna
rielar sobre las ondas de una inquieta laguna,
fingiendo dulce calma, ahogando su dolor.

Sonre cuando escucha, en la blanca maana,
los acordes de un canto que un pjaro desgrana
en las frondas de un bosque virgen de humano pie.
Sonre, aunque padece, cuando triste vislumbra
del muriente crepsculo en la leve penumbra
los recuerdos lejanos de un imperio que fu.

Es ro que serpea bajo caaverales,
copiando en el encanto de sus claros cristales
la azul inmensidad;
pero es tambin oceano que derrumba montaas
cuando, en el seno obscuro de sus vastas entraas,
hieren iras volcnicas su sed de libertad.

El alma filipina es tierna en sus amores,
profunda en sus tormentos, serena en sus dolores,
ardiente en su pasin.
Si le es grata la vida y son sus sueos de oro,
hay en su boca rosa cual pfanos en coro,
de risas argentinas eterna floracin.

Es nfora de encantos, palacio de grandezas,
castillo de herosmos, santuario de bellezas,
refugio de los besos del oloroso Abril.
Con su _bolo_[31] en las lides indmita guerrea
y con su dulce flauta, cual ave que gorjea,
celebra sus amores bajo un tibio pensil.
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Hermanos en la idea: nuestra raza es divina
Es grande y sacrosanta el alma filipina!
Digamos, pues, un himno por su gloria inmortal.
Y t oh Fama! recorre del mundo los confines,
y al son de tus clarines
pregona las grandezas del pueblo de Rizal.

Noviembre, 1909.

[Nota 31: Machete, de ancha hoja, que acompaa al filipino,
singularmente al del campo.]


                 NOCHE DE MANILA

En el azul un triunfo de estrellas parpadea,
en el espacio en calma el ambiente aletea.
El Pasig, arrastrando sus _quiapos_[32] culebrea
y al beso de los aires sonre y burbujea.

La luz de los volticos las esquinas blanquea
Un carro de basuras crujiendo traquetea.
El _yanki_ en el delirio del wisky tambalea,
mientras, pegado a un poste, un _polis_ cabecea.

Mis violetas suspiran en la blanca azotea.
De vez en vez un rayo los cielos besotea.
Todava en los _bares_ el vino espumajea...

El caco en las cocinas husmea y mangonea...
. . . . . . . . . . . . . . . . .

Un gato enarca el lomo junto a una chimenea
y en las cosas de la urbe medita y fantasea...

Septiembre, 1910.

[Nota 32: Plantas acuticas viajeras.]


             ORACIN AL DIOS APOLO

                      I

Padre de la Armona, fuente de gracias lricas,
que en piafantes corceles exploras el azur:
detn el nervioso mpetu de tus fuertes bridones
ante el himno que reza por t la Juventud.
Te amamos, padre Apolo, por tu tirso de rosas,
por tus bellos pegasos, por tu carro de luz,
porque tienes la lira, y la flauta y el pfano,
la siringa, el salterio, el sistro y el laud.

                      II

En estos das trgicos en que el brbaro esquilmo
en esta tierra idlica alza su pabelln,
en que nos hiere el fuerte, porque nacimos dbiles
y tiramos del carro del colonizador;
danos el ritmo olmpico de tu msica sacra
y la dulce armona de tu nueva cancin,
y ante el dolor, esticos, el mundo cruzaremos
del Ideal inclume volando siempre en pos.

                     III

Padre, ms de tres largas centurias transcurrieron
y seguimos libando la hiel del padecer;
huy el len rampante, ensangrentado el lomo,
pero vinieron guilas voraces en tropel[33].
Y nuestro pueblo llora, porque es pesado el yugo
y protestar no puede, porque es dbil su grey,
porque los ancestrales todos ya sucumbieron
sin dejarnos su aliento, sin legarnos su fe.

[Nota 33: Alusiones transparentes. Son: el "len rampante", Espaa,
y las "guilas voraces", Norte-Amrica. A Claro Recto le ha complacido
la sincdoque. Antes, en _El alma de la raza_, la emplea igualmente.]

                     IV

Ya agotaron sus flechas nuestras viejas aljabas
con el len hispano en rudo batallar,
y con aquellas guilas que vindonos inermes,
cruzaron el Pacfico en un vuelo triunfal.
Por eso te pedimos que prestes el acento
de tu lira a estos hijos de indmitos rajhs,
para que, ahogando el grito de nuestras penas ntimas,
ambulemos cantando por no querer matar.

                     V

Excelso padre Apolo: por las musas gloriosas,
por los stiros viejos del bosque secular,
por las suaves ondinas que duermen en los lagos,
por la luna, tu hermana, de soolienta faz;
suelta las rojas bridas de los salvajes potros
que, en furioso galope, sus crines tendern,
y que enciendan sus cascos, al chocar con los soles,
reverberantes rayos de paz y libertad.

                     VI

Aydanos, oh padre, a conquistar la gloria,
que lograr no pudieron el plomo y el fusil;
por smbolo izaremos la bandera del Arte,
tocaremos tu flauta por blico clarn;
y sin armar caones de potentes calibres,
y sin teir de sangre los campos del pas,
lo que jams logrramos en sangrientos combates
juramos alcanzarlo en artstica lid.

                    VII

Nos libertar el Arte de la opresin extraa,
saltarn las cadenas al comps del laud,
poblar los espacios nuestro armnico himno,
nuestra ensea ultrajada flotar en el azul;
el estro del poeta abrir las mazmorras,
la paleta y el ritmo rasgarn el capz,
y luego tu voz nica bajar del Olimpo,
y nos dir a nosotros: "hermanos, _Fiat Lux_."

                   VIII

Puede decirme alguien que el Arte no redime?
Jesucristo fu artista y redimi a Israel;
y aquel inolvidable mesas filipino
era un sublime artista y un redentor tambin.
Con la uncin de su verbo fund aqu su reinado,
el genial superhombre, varn de Nazareth;
y Rizal con su pluma, demoli tiranas
y liber a su pueblo del hispano poder.

                    IX

Para alcanzar la gloria, son una misma cosa
el pincel elegante y el mohoso fusil,
la melena del vate y el casco del guerrero,
el son de los caones y el llanto del violn.
Lo mismo premia el mundo con lauros al artista
que al valiente soldado que sucumbi en la lid;
porque si la lid siembra de mrtires la historia,
el Arte la convierte en florido pensil.

                     X

Mas, si al fin, padre Apolo, exhaustas nuestras fuerzas,
no esplende en las alturas el libertario Sol,
suelta las rojas bridas de tus salvajes potros
y que troten furiosos con pico fragor.

Que salga de su cauce el indmito Agno,[34]
donde quem sus naves ltimas Limahng;
que estremezca el _tamarao_ los llanos y las selvas
y revienten sus crteres el Taal y el Mayn.

Octubre, 1910.

[Nota 34: Ro caudaloso que cruza la provincia de Pangasinn y
vierte en el golfo de Ligayn.]


               LAGUNA DE BOMBON

Canto un himno a tus aguas santas, madre laguna,
donde en las noches blancas, noches de amor y luna,
juguetean las ninfas de cabellera bruna
y de abiertas pupilas, color de aceituna.

T encierras el prestigio de los das egregios,
cuando los ancestrales hacan sortilegios
en nuestras selvas vrgenes, de perfumes y arpegios,
leyendo unos infolios de santos florilegios.

La aurora de los trpicos, como flor cabalstica,
pone en tus ondas tersas coloracin artstica,
mientras mancha el azul una paloma mstica,
que es muy blanca, tan blanca como la hostia eucarstica.

Por tus aguas bogaron en primitivas barcas,
con sus lanzas y bolos los tagalos monarcas,
a lidiar con el hombre de las pupilas zarcas
que invadi hace tres siglos las malayas comarcas.

Oh laguna que encarnas las grandezas de Lipa,
--pueblo de ardientes nias y buen vino de nipa--[35]
cuando cruzo tus aguas mi dolor se disipa
y hasta siento que el pueblo de Rizal se emancipa!

[Nota 35: Palma de que se extrae un aguardiente fuerte.]

Moran en tus entraas la ira de cien volcanes,
moluscos, peces raros, gigantescos caimanes,
y acaso el polvo inerte de bravos Solimanes
que en desiguales luchas cayeron cual titanes.

Cuando lanz el Taal la furia de sus fraguas
brotaron de sus crteres tus impetuosas aguas,
y sobre sus burbujas--tenues borlas de enaguas--
se arrastraron las casas cual dbiles piraguas.

Tus hermosas cascadas, al caer espumantes,
engarzan en el aire millones de diamantes,
y en las noches parecen sus rugidos vibrantes
montonos quejidos de fantasmas errantes.

Madre, madre laguna! Tu nombre es una gloria,
una pgina de oro en la malaya historia,
un destello lumnico que ilustra la memoria,
un poema de amor, un himno de victoria.

Octubre, 1910.


   ELOGIO DEL CASTELLANO

PREMIO DE POESA EN CERTAMEN ABIERTO POR EL CASINO ESPAOL DE MANILA,
ENERO 1917, AL INAUGURARSE LA "CASA DE ESPAA"

"Ya no hay nobles hidalgos
        ni bravos caballeros?
Callaremos ahora
        para llorar despus?"
(RUBEN DARIO, "Los Cisnes")

Arca santa inviolable de la Raza,
Arca santa de prceres bellezas,
que a tu prestigio espiritual vinculas
la gloria de las magnas epopeyas;
Arca egregia y divina,
que en las ingentes luchas ya pretritas
sobreviviste al colonial desastre,
cual sobrevive el alma a la materia;
Arca ebrnea, copn de maravillas,
donde se guarda secular herencia;
Arca de lo inmortal que veneramos
en la vetusta casa solariega;
Arca de oro que ofrece el Libro Santo
y el perfumado pan de la Belleza,
por quin juramos proscribir la casta
de osados malandrines que te afrentan;
la musa tropical, la musa autctona,
de tus clsicos lauros heredera,
torna a pulsar el clavicordio hispano,
clavicordio romntico que suea,
clavicordio que sufre como un alma,
clavicordio polfono que encierra
en sus notas lo grande, clavicordio
donde llora sus cuitas Filomela,
donde estallan los gritos del combate,
donde retumba la cancin de gesta...

Y canta en tu loor, oh lengua hispana,
del pensamiento alada mensajera,
que fulguras, cual lmpida custodia
de la eterna Verdad, en las conciencias,
como el sol en las cspides altivas
donde la tromba y el cicln fermentan,
como el anhelo indgena que fulge
en el blasn astral de mi bandera.

Oh lengua sacrosanta
de Fray Luis y Miguel, Lope de Vega,
del Arcipreste, Caldern y Gngora,
los Argensola, Hurtado y Espronceda;
la lengua que enflor de madrigales
las prstinas edades romancescas,
toda hecha de vorgines y truenos,
toda hecha de suspiros y cadencias,
coro inmenso de tmpanos, concierto
de las panidas flautas en la sierra,
sinfona fantstica que irrumpe
del arpa gigantesca de las selvas.

Es tu ritmo la ronda bulliciosa
de crtalos y locas panderetas,
de guitarras que dicen el elogio
de unos ojos reidores que asaetan;
es la risa que en notas se desata
cual cristalino desgranar de perlas,
el madrigal sonoro que desle
sus estrofas de amor en las verbenas,
y el chocar de las copas musicales
donde hierve la sangre de las cepas.

Es tu acento el susurro que adormece
del aura al retozar en la floresta,
y el blando caramillo que solloza,
bajo el beso lunar en primavera.
Te remeda el gorjeo de la alondra,
la imperativa voz de las trompetas,
el quejido que emerge de la cuna
y el doliente "kundiman" de mi tierra,
el raudo vendaval que avanza indmito
por cima de las altas cordilleras,
y brama en los barrancos y hondonadas
y en las rocas que hendieron las centellas.

Y tuviste en la lira de Quintana
ecos triunfales, resonancias blicas
de estoques y corazas y armaduras
que son el timbre perennal de Iberia;
en los versos broncneos de Chocano,
fragor de sordas cataratas picas,
algazara de pompas coloniales,
rumor de besos y temblor de quenas.
De Sols en la prosa cincelada,
mpetus de corcel, dianas homricas,
estrpito de lanzas y tizonas,
de broqueles y cascos y rodelas.
En Fray Luis de Len fuste cigarra
que endulzaba el reposo de la siesta,
y tonada de amor de la tierruca
en los cuadros agrestes de Pereda;
caballero gentil de la Armona
en el rugiente "Nigara" de Heredia,
batir de alas de ingrvidos querubes
en las trovas ardientes de Teresa.
Y en el arpa divina de Daro,
ruido de encajes y _frufs_ de seda,
msica de cinceles sobre el mrmol
y murmurio de risas y de gemas,
cancin de cisnes sobre el quieto estanque
al paso de las "pberes canforas",
arpegio de violines cortesanos
y vibracin de ctaras helenas.
  Y cerraste la elipse de tu gloria,
con un estruendo de imperial proeza;
en las perennes pginas altsimas
del libro de Cervantes Saavedra.

No en vano fueron por ignotos mares
de Hispania las veloces carabelas,
en comunin ferviente con la Audacia
y los altos designios de la Idea;
no en vano los Corts y los Balboa
desafiaron el hambre y las tormentas,
y sus bridones picos midieron
las pampas infinitas de la Amrica;
no en vano sobre el pico de los Andes,
duea del mundo, flame tu ensea,
tan amplia que cubri dos continentes,
tan gloriosa, tan noble y tan excelsa;
no en vano, por tres siglos, tus ejrcitos
han levantado en mi solar sus tiendas,
y vieron el prodigio de mis lagos
y de mis bellas noches el poema;
no en vano en nuestras almas imprimistes
de tus virtudes la radiosa estela,
y gallardos enjoyan tus rosales
plenos de aroma las nativas sendas:
tu imperio espiritual vive y perdura,
y extiende su simblica cadena
del Pirene a los Andes y al Carballo,
y en un abrazo inmenso los estrecha.
Por los mares Atlntico y Pacfico
tus fuertes galeones an navegan,
y van en ellos, bajo un sol de gloria,
almas grandes que luchan y que anhelan,
andantes caballeros del Ensueo,
guardianes de la f de Dulcinea,
locos sublimes que descubren mundos
y mueren por su reina la Quimera.
An nos ofrecen tus antiguos cdices
la frmula inmortal de la Belleza,
y tus filtros y alquimias prodigiosos
del humano dolor la panacea.
No morirs jams en este suelo
que ilumina tu luz. Quien lo pretenda
ignora que el castillo de mi raza
es de bloques que dieron tus canteras.


                ENVIO

Casa de Espaa, Olimpo de las Artes,
Templo del Porvenir, bendita seas!
Las musas danzarn sobre tu csped
y gustarn la miel de tus colmenas.
S el manantial donde las almas nobles
el agua pura del Ensueo beban,
la torre de mrfil donde se guarde
el tesoro ideal de nuestra lengua.
Hispanos: si algn da la escarnecen,
nuestras aljabas vaciarn sus flechas,
y nos vern, triunfantes o vencidos,
al pi de esta sagrada ciudadela.


                ROSAS DE CARNE

        Oh rosas de lascivia!
Yo s que os extenuais de emociones supremas
cuando en vuestras corolas deposita sus gemmas
el bienhechor roco, entre la noche tibia.
        Fusteis como diademas
en las frentes de Lais, de Salom, de Aspasia,
de las _cocottes_ de Europa y bayaderas de Asia
y de las Margaritas que enfloraron Amrica.

Vuestro perfume intenso de prostituta histrica,
que incita al sacrilegio,
lo anhela todo el mundo, desde el burgus intonso
hasta el artista egregio,
y desde el venerable que reza su responso
y ornamenta sus dedos con aguas de amatista
hasta el viejo eremita que entiende el sortilegio,
conversa con los astros y es brujo y alquimista.

Los secretos de alcoba
los que sabis vosotras: el espasmo que arroba,
el deseo que mata, los contactos sutiles,
las caricias de seda
y el estremecimiento de las carnes febriles.
Habis mirado al cisne, prodigador de halagos,
ensangrentar su pico en los muslos de Leda
sobre la mansedumbre de los dormidos lagos.

Los ojos de Astartea
os contemplaron mucho. Frins y Mesalinas
perfumaron el agua que besaba sus senos
con el aroma vuestro. Mdicis y Popea,
y otras hembras felinas,
os dieron el hechizo de sus labios obscenos.

No ignoris lo que ocurre
en las silentes noches: el cuerpo que se escurre
entre las suavidades de los ropajes blancos,
las manos que se pierden por los turgentes flancos,
el beso que provoca,
los labios que se buscan y los lenguajes francos
que van de boca a boca.

      Y sabis, por fin, rosas,
      que el talismn eterno
      de las damas hermosas
      de anmicos suicidas ha llenado el infierno...

1911.


         LAS DALAGAS FILIPINAS

Dalagas del terruo: el poeta os saluda
coronado de flores, de ensueo y de arrebol
y por los dioses lares y por el mismo Budha
os ofrenda estas rosas, novias todas del sol.

Por las manos que tienen mansedumbre de tules,
por las sampagas niveas del malayo vergel,
por las msticas garzas de los lagos azules
coloco en vuestras frentes esta hoja de laurel.

Adoro vuestros labios, donde el sol de mi tierra
ha dejado sus besos de stiro oriental,
porque son el santuario de bellezas que encierra
el glorioso prestigio del solar de Rizal.

Ojos negros, refugio de hechizos y embelesos,
dolientes, langorosos, plenos de soacin
como noches sin luna; pero con rojos besos
que vierten en el alma perfumes de ilusin.

Manos sutiles como suavidades de lago,
de seda que se aleja en rtmico _fruf_,
como el hogar quimrico de un ensueo muy vago
sobre las aguas mansas del pilago de azur.

Frente color de aurora, donde bellas florecen,
con aromas de cielo, flores de castidad;
mejillas sonrosadas que en su gracia parecen
vrgenes de los lienzos de la pasada edad.

Cabellera flotante, cual selva enmaraada,
que exhala dulcemente aromas de querer;
ensoacin, delirio del alma, enamorada
de las carnes y besos de la amada mujer.

Pis finos, diminutos, de rosceos talones
y senos que se exaltan con ferviente ansiedad;
nforas virginales con vino de ilusiones
que emborracha las almas de voluptuosidad.

Tallo gentil y esbelto, como enhiesta palmera
donde alegres laboran las abejas su miel,
con suave ritmo que los nervios exaspera,
como si fuese espritu de un viejo moscatel.

Todo un conjunto armnico y grato que envidiara
la ardiente castellana y la impasible _miss_,
la princesa que el cielo de Rusia cobijara
y la dama que siente la fiebre de Pars.

Quin dice no ser bella la mujer filipina
que visite esta tierra de Brgos[36] y Rizal;
y ver que es ms mstica, ms dulce y ms divina
la hija de los rajhs, la nia tropical.

1911

[Nota 36: Manuel Brgos, clrigo filipino, promotor de un
movimiento revolucionario en 1872 y fusilado en Cairte.]


                  LUZ DE LUNA

            Sonrime la amada,
la esquiva, la imposesa, la que vi nuestro idilio
            bajo el frescor amable
            de un emparrado lrico;
la que encant mi celda cuando escrib el elogio
            de tus labios divinos
en unos versos tristes que saban a lgrimas;
la que bes tu frente en el blanco camino
de la silente aldea, cuando ibas a jurarme
la eternidad sublime de tu santo cario.
            Sonrime la amada,
y floreci en el alma la ilusin que se ha ido,
y tuve sueos plcidos de corderos que triscan
            camino del aprisco,
de soles que agonizan tras montaas azules,
            de cristalinos ros
        que arrastran hojas secas
sobre sus ondas suaves como bucles de nio.
  Fu en una noche blanca en que las susurrantes
melodas del viento eran largos suspiros;
fu una noche en que mi alma, recostada en tu seno,
admiraba tus formas con mgico delirio;
fu en una hora romntica en que el cielo del trpico
era un arpa encantada, cuyos lejanos cirios
            alumbraban unnimes
tu efigie soberana de mayesttico dolo.

Yo pregunt a la luna por los labios febriles
de aquella dulce impber, santuario del cario,
por sus mgicos ojos, que cuando me miraban
            eran caricias y mimos;
por su boca melosa que en mis largas veladas
se posaba en mi frente a calmar mi martirio.

Me contest la esquiva amada de los vates
que t vives muy lejos, que fu tu amor un mito,
            que en tu corazn tierno
            ha muerto aquel cario
que hizo feliz un da a tu caro poeta
y di a sus locos versos un eternal prestigio.

1915.


          LA CHOZA DE NIPA

Venid a mi alczar, la frgil cabaa
que se esconde tmida bajo un platanar.
Entrad con cuidado: es de nipa y de caa
y puede romperla un brusco ademn.

Soy el cenobita de estas soledades;
me hacen compaa las aves, el sol,
la brisa campestre llena de bondades
y el recuerdo de una difunta ilusin.

Al caer la tarde, por este camino
a quien fresca sombra los rboles dan,
pasa con sus dichas el buen campesino
montado en el lomo de su carabao[37].

[Nota 37: Rumiante, corpulento y vigoroso, utilizado como bestia de
tiro.]

Su cancin montona, dulce, evocadora,
flota en el crepsculo baado de azl,
parece que re, parece que llora,
como una quimera de la juventud.

A veces la noche, como novia loca,
me sorprende triste en el tosco umbral,
pensando en aquella muy amada boca
que me brind un da venturanza y paz.

Cuando es plenilunio, entro en el boscaje,
de ensueos poblada la imaginacin,
y bajo la sombra del tibio follaje
me siento muy nio, ms cerca de Dios.

Es la confidente de mis hondas cuitas
la luna que argenta mi amado jardn,
y me habla de aquellas prestigiosas citas
que tuve con ella en un mes de Abril.

Los recios flabelos de los cocoteros
meciendo mi sueo, cantan sin cesar.
Los "nunus" del bosque me dicen sinceros
que soy muy dichoso en mi soledad.

Huyo del tumulto de la vida urbana,
la fiebre del oro, la fraterna lid;
la ciudad es fosa de la gleba humana,
de los hombres-fieras madriguera vil.

Entrad en mi humilde y frgil cabaa
que se esconde tmida bajo un platanar.
Mi choza de nipa, mi choza de caa
os dar un tesoro: el alma natal.

1915.




Rizal y Alonso (Jos)

Naci en Calamba (provincia de la Laguna), el 19 de Junio de 1861,
hijo de Francisco Rizal y Mercado y de Alejandra Alonso y Quintos,
labradores acomodados. En el Ateneo de los jesuitas se gradu de
bachiller, algo despus de estrenar en el teatrito del colegio su
melodrama "Junto al Pasig". Frisaba entonces con los 14 aos. Viniendo
a Espaa en 1882, a los dos aos gan los ttulos de Doctor en
Medicina y Licenciado en Filosofa y Letras, y se traslad a Francia,
Alemania y Austria para ampliar en aquellas clnicas sus estudios.
Morando en Gante (Blgica), public (ao de 1887) su novela _Noli me
tangere_. Torn a su pas en 1888; pero, hostigado por autoridades y
frailes, se retir al Japn y ms tarde a Inglaterra y Espaa. En esta
etapa public _El Filibusterismo_, segunda parte de _Noli me tangere_.
De nuevo en Filipinas hacia 1892, como peligroso a la soberana, el
capitn general Despujols le deport a la isla de Dapitan. En 1896, al
estallar el movimiento emancipador, Rizal fu desterrado a Espaa;
pero, sin consentirle desembarcar en Barcelona, el mismo buque le
reintegr a la capital del Archipilago. Gobernaba las islas el
general Polavieja. Bajo tales auspicios se form a Rizal un consejo de
Guerra que decret su fusilamiento, realizndose ste en la maana del
30 de Diciembre de 1896.--Fu Jos Rizal el tagalo con ms amplia
cultura entre sus contemporneos. Estudiossimo, austero, con generoso
espritu de sacrificio, de concentradas energas, ofreci el tipo del
revolucionario clsico. Brill como oftalmlogo. Le embarg el Arte,
siendo poeta, msico, pintor y dibujante. Posey, adems de varios
dialectos vernculos, el castellano, latn, francs, italiano, ingls,
holands, alemn, japons y ruso. Tradujo del griego, rabe, hebreo y
snskrito.


MI PRIMERA INSPIRACIN

(HE AQU LA COMPOSICIN PRIMERIZA. SEGN SOLEDAD RIZAL, LA ESCRIBI SU
HERMANO A LOS NUEVE AOS)

Porque exhalan a porfa
del cliz dulces olores
las embalsamadas flores
en este festivo da?

Y porqu, en la selva amena,
se oye dulce meloda,
que asemeja la armona
en la arpada filomena?

Porqu en la mullida grama
las aves, al son del viento,
exhalan meloso acento
y saltan de rama en rama,

y la fuente cristalina,
formando dulce murmullo,
del cfiro al suave arrullo
entre las flores camina?

Es que hoy celebran tu da
oh, mi madre cariosa!
con su perfume la rosa
y el ave con su armona.

Y la fuente rumorosa,
en este da felice,
con su murmullo te dice
que vivas siempre gozosa.

Y, de esa fuente al rumor,
oye la primera nota,
que ahora de mi laud brota
al impulso de mi amor.


   A LA JUVENTUD FILIPINA

(PRIMER PREMIO, UNA PLUMA DE PLATA, EN CERTAMEN DEL "LICEO
ARTSTICO-LITERARIO" DE MANILA, 1879)

Alza tu tersa frente,
juventud filipina, en este da!
Luce resplandeciente
tu rica gallarda,
bella esperanza de la patria ma!

Vuela, genio grandioso,
y les infunde noble pensamiento,
que lance vigoroso,
ms rpido que el viento,
su mente virgen al glorioso asiento.

Baja, con la luz grata
de las artes y ciencias, a la arena,
juventud, y desata
la pesada cadena
que tu genio potico encadena.

Ve que en la ardiente zona
do moraron las sombras, el hispano
esplendente corona,
con pa y sabia mano,
ofrece al hijo de este suelo indiano.

T, que buscando subes,
en alas de tu rica fantasa,
del Olimpo en las nubes
tiernsima Poesa,
ms sabrosa que nctar y ambrosa.

T, de celeste acento,
melodioso rival de filomena,
que en variado concento
en la noche serena
disipas del mortal la amarga pena;

T, que la pena dura
animas al impulso de tu mente,
y la memoria pura
del genio refulgente
eternizas, con genio prepotente;

Y t, que el vario encanto
de Febo, amado del divino Apeles,
y de Natura el manto,
con mgicos pinceles
trasladar al sencillo lienzo sueles;

Corred! que sacra llama
del genio el lauro coronar espera,
esparciendo la Fama
con trompa pregonera
el nombre del mortal por la ancha esfera.

Da, da felice,
Filipinas gentil, para tu suelo!
Al Potente bendice,
que con amante anhelo
la ventura te enva y el consuelo.


    ME PIDEN VERSOS!

            I

Piden que pulse la lira
h tiempo callada y rota:
Si ya no arranco una nota
ni mi musa ya me inspira!
Balbuce fra y delira
si la tortura mi mente;
cuando re, slo miente,
como miente su lamento.
Y es que en mi triste aislamiento
mi alma ni goza ni siente.

            II

Hubo un tiempo... y es verdad!...
--Pero ya aquel tiempo huy,--
en que vate me llam
la indulgencia o la amistad.
Ahora, de aquella edad
el recuerdo apenas resta,
como quedan de una fiesta
los misteriosos sonidos
que retienen los odos
del bullicio de la orquesta.

            III

Soy planta, apenas crecida,
arrancada del Oriente,
donde es perfume el ambiente,
donde es un sueo la vida:
Patria que jams se olvida!
Enseronme a cantar
las aves, con su trinar,
con su rumor, las cascadas;
y en sus playas dilatadas,
los murmullos de la mar.

            IV

Mientras en la infancia ma
pude a tu sol sonrer,
dentro de mi pecho hervir
volcn de fuego senta;
vate fu, porque quera
con mis versos, con mi aliento,
decir al rpido viento:
"Vuela; su fama pregona!
Cntala de zona en zona;
de la tierra al firmamento!"

            V

La dej...! Mis patrios lares,
Arbol deshojado y seco!
ya no repiten el eco
de mis pasados cantares.
Yo cruc los vastos mares
ansiando cambiar de suerte,
y mi locura no advierte
que, en vez del bien que buscaba,
el mar conmigo surcaba
el espectro de la muerte.

            VI

Toda mi hermosa ilusin,
amor, entusiasmo, anhelo,
all quedan bajo el cielo
de tan florida regin.
No pidis al corazn
cantos de amor, que est yerto;
porque en medio del desierto
donde discurro sin calma,
siento que agoniza el alma
y mi nmen est muerto.

Madrid, 1882.


     EL CANTO DE MARA CLARA

Dulces las horas en la propia patria
donde es amigo cuanto alumbra el sol,
vida es la brisa que en sus campos vuela,
grata la muerte y ms tierno amor!

Ardientes besos en los labios juegan,
de una madre en el seno al despertar,
buscan los brazos a ceir el cuello,
y los ojos sonrense al mirar.

Dulce es la muerte por la propia patria
donde es amigo cuanto alumbra el sol;
muerte es la brisa para quien no tiene
una patria, una madre y un amor.


                MI RETIRO

Cabe anchurosa playa de fina y suave arena,
y al pi de una montaa cubierta de verdor,
plant mi choza humilde bajo arboleda amena,
buscando de los bosques en la quietud serena
reposo a mi cerebro, silencio a mi dolor.

Su techo es frgil nipa, su suelo dbil caa,
sus vigas y columnas maderas sin labrar:
nada vale, por cierto, mi rstica cabaa;
ms duerme en el regazo de la eterna montaa,
y la canta y la arrulla, noche y da, el mar.

Un afluente arroyuelo, que de la selva umbra
desciende entre peascos, la baa con amor;
y un chorro le regaba por tosca caera,
que en la callada noche es canto y meloda
y nctar cristalino del da en el calor.

Si el cielo est sereno, mansa corre la fuente,
su ctara invisible taendo sin cesar;
pero vienen las lluvias, e impetuoso torrente
peas y abismos salta, ronco, espumante, hirviente,
y se arroja, rugiendo frentico, hacia el mar.

Del perro los ladridos, de las aves el trino,
del calao la voz ronca slo se oyen all;
no hay hombre vanidoso ni importuno vecino
que se imponga a mi mente, ni estorbe mi camino;
slo tengo las selvas y el mar cerca de m.

El mar, el mar es todo! Su masa soberana
los tomos me trae de mundos que lejos son;
me alienta su sonrisa de lmpida maana,
y cuando por la tarde mi f resulta vana
encuentra en sus tristezas un eco el corazn.

De noche es un arcano...! Su difano elemento
se cubre de millares refulgencias de luz;
la brisa vaga fresca, reluce el firmamento,
las olas en suspiros cuentan al manso viento
historias que se pierden del tiempo en el capz.

Diz que narran del mundo la primera alborada,
del sol el primer beso que su seno encendi,
cuando miles de seres surgieron de la nada,
y el abismo poblaron y la cima encumbrada
y doquiera su beso fecundante estamp.

Ms, cuando en noche obscura los vientos enfurecen
y las inquietas olas cominzanse a agitar,
cruzan el aire gritos que el nimo estremecen
coros, voces que rezan, lamentos que parecen
exhalar los que un tiempo se hundieron en el mar.

Entonces repercuten los montes en la altura,
los rboles se agitan de confn a confn;
aullan los ganados, retumba la espesura,
sus espritus dicen que van a la llanura
llamados por los muertos a fnebre festn.

Silba, silba la noche, confusa, aterradora;
verdes, azules llamas en el mar vnse arder;
mas la calma renace con la prxima aurora,
y pronto una atrevida barquilla pescadora
las fatigadas olas comienza a recorrer.

As pasan los das en mi obscuro retiro,
desterrado del mundo donde un tiempo viv;
de mi rara fortuna la providencia admiro:
guijarro abandonado que al musgo slo aspiro
para ocultar a todos el mundo que hay en m!

Vivo con los recuerdos de los que yo he amado,
y oigo de vez en cuando sus nombres pronunciar:
unos estn ya muertos, otros me han abandonado;
ms qu importa...? Yo vivo pensando en lo pasado
y lo pasado nadie me puede arrebatar.

El es mi fiel amigo que nunca me desdora,
que siempre alienta al alma cuando triste la v;
que en mis noches de insomnio conmigo vela y ora;
conmigo en mi destierro y en mi cabaa mora,
y cuando todos dudan slo l me infunde f.

Yo la tengo, y yo espero que ha de brillar un da
en que venza la idea a la fuerza brutal;
que despus de la lucha y la lenta agona,
otra voz ms sonora y ms felz que la ma
sabr cantar entonces el cntico triunfal.

Veo brillar el cielo tan puro y refulgente
como cuando forjaba mi primera ilusin,
el mismo soplo siento besar mi mustia frente,
el mismo que encenda mi entusiasmo ferviente
y haca hervir la sangre del joven corazn.

Yo respiro la brisa que acaso haya pasado
por los campos y ros de mi pueblo natal;
acaso me devuelva lo que antes le he confiado:
los besos y suspiros de un ser idolatrado,
las dulces confidencias de un amor virginal!

Al ver la misma luna, cual antes argentada,
la antigua melancola siento en m renacer;
despiertan mil recuerdos de amor y f jurada...
Un patio, una azotea, la playa, una enramada,
silencios y suspiros, rubores de placer...

Mariposa sedienta de luz y de colores,
soando en otros cielos y en ms vasto pensil,
dej, joven apenas, mi patria y mis amores,
y errante por doquiera, sin dudas, sin temores,
gast en tierras extraas de mi vida el abril.

Y despus, cuando quise, golondrina cansada,
al nido de mis padres y de mi amor volver,
rugi fiera de pronto violenta turbonada:
vnse rotas mis alas, deshecha la morada,
la f vendida a otros y ruinas por doquier.

Lanzado a una pea de la patria que adoro,
el porvenir destrudo, sin hogar, sin salud,
vens a m de nuevo, sueos de rosa y oro,
de toda mi existencia el nico tesoro,
creencias de una sana, sincera juventud.

Ya no sois como antes, llenas de fuego y vida,
brindando mil coronas a la inmortalidad;
algo serias os hallo; ms vuestra faz querida
si ya no es tan ingenua, si est descolorida,
en cambio lleva el sello de la fidelidad.

Me ofrecis, oh ilusiones! la copa del consuelo,
y mis jvenes aos a despertar vens:
gracias a t, tormenta; gracias, vientos del cielo,
que a buena hora supsteis cortar mi incierto vuelo,
para abatirme al suelo de mi natal pas.

Cabe anchurosa playa de fina y suave arena
y al pi de una montaa cubierta de verdor,
hall en mi patria asilo bajo arboleda amena,
y en sus umbrosos bosques, tranquilidad serena,
reposo a mi cerebro, silencio a mi dolor.

(Durante el destierro en la isla de Dapitan).


       CANTO DEL VIAJERO

Hoja seca que vuela indecisa
y arrebata violento turbin,
as vive en la tierra el viajero,
sin norte, sin alma, sin patria ni amor.

Busca ansioso doquiera la dicha,
y la dicha se aleja fugaz:
Vana sombra que burla su anhelo...!
Por ella el viajero se lanza a la mar!

Impelido por mano invisible
vagar de confn en confn;
los recuerdos le harn compaa
de seres queridos, de un da feliz.

Una tumba quiz en el desierto
hallar, dulce asilo de paz,
de su patria y del mundo olvidado...
Descanse tranquilo, tras tanto penar!

Y le envidian al triste viajero
cuando cruza la tierra veloz...
Ay! no saben que dentro del alma
existe un vaco do falta el amor!

Volver el peregrino a su patria,
y a sus lares tal vez volver,
y hallar por doquier nieve y ruina,
amores perdidos, sepulcros, no ms.

V, viajero, prosigue tu senda,
extranjero en tu propio pas;
deja a otros que canten amores;
los otros que gocen; t vuelve a partir.

V, viajero, no vuelvas el rostro,
que no hay llanto que siga al adis;
v, viajero, y ahoga tus penas;
que el mundo se burla de ajeno dolor.


         A MI...

Ya no se invoca la musa;
pas de moda la lira;
ya ningn poeta la usa...
An la juventud ilusa
en otras cosas se inspira.

Hoy, si a la imaginacin
le exijen que versos d,
no se invoca al Helicn:
slo se pide al _garon_
una taza de caf.

Y, en vez del estro sincero
que al corazn conmova,
se escribe una poesa
con una pluma de acero,
un chiste y una irona.

Musa que en mi edad pasada
me inspiraste cariosa
cantos de amor, ve y reposa.
Hoy necesito una espada,
ros de oro y acre prosa.

Necesito razonar,
meditar y combatir;
algunas veces llorar,
pues quin mucho quiere amar
mucho tiene que sufrir.

Huyeron los das de calma,
das de alegres amores,
en que bastaban las flores
para consolar al alma
de sus penas y dolores.

Van huyendo, poco a poco,
cuantos am, de mi lado;
aqul muerto, ste casado,
porque sella cuanto toco
con la desventura el hado.

Huye tambin, musa! Vete!
Busca otra regin ms pura;
que mi patria te promete
por laureles el grillete
por templo crcel obscura.

Que si es infame e impo
oprimir a la verdad,
No fuera en m desvaro
detenerte al lado mo
privada de libertad?

Y a qu cantar, cuando llama
a serio estudio el Destino,
cuando la tempestad brama,
cuando a sus hijos reclama
ronco el pueblo filipino?

Y a qu cantar, si mi canto
ha de resonar a llanto
que a nadie conmover?
Si del ajeno quebranto
el mundo cansado est?

A qu, cuando entre el gento
que me critica y maltrata,
seca el alma, el labio fro,
no hay un corazn que lata
con los latidos del mo?

Deja dormir en la sima
del olvido cuanto siento.
Bien est all! Que el aliento
no lo mezcle con la rima
que se evapora en el viento.

Como duermen de los mares
los monstruos en el abismo
deja dormir mis pesares,
mis caprichos, mis cantares,
sepultados en m mismo.

Yo bien s que tus favores
slo puedes prodigar
en esa edad de las flores,
de los primeros amores
sin nubes y sin pesar.

Muchos aos han pasado
desde que con beso ardiente
has abrasado mi frente...
Aquel beso se ha enfriado
y hasta lo tengo olvidado.

Mas, antes que partas, d,
d que a tu acento sublime
siempre ha respondido en m
un canto para el que gime
y un reto para el que oprime.

Mas t vendrs inspiracin sagrada,
de nuevo a caldear mi fantasa
cuando mustia la f, rota la espada,
morir no pueda por la patria ma...

T me dars la ctara enlutada
con las cuerdas que vibran la elega,
para endulzar de mi nacin las penas
y el rudo amortiguar de sus cadenas.

Y si el tiempo con el laurel corona
nuestros esfuerzos, y mi patria amada
surge cual reina de la ardiente zona,
blanca perla del fango, redimida,
entonces vuelve y con vigor entona
el himno sacro de la nueva vida,
que nosotros el coro cantaremos
an cuando en el sepulcro descansemos.


    A LAS FLORES DE HEIDELBERG

Id a mi patria, id extranjeras flores
sembradas del viajero en el camino,
y bajo su azul cielo,
que guarda mis amores,
contad del peregrino
la f que alienta por su patrio suelo!

Id y decid...; decid que cuando el alba
vuestro cliz abri por vez primera,
cabe el Neckar helado,
le vsteis silencioso a vuestro lado
pensando en su constante primavera.

Decid que cuando el alba,
que roba vuestro aroma,
cantos de amor jugando os susurraba,
l tambin murmuraba
cantos de amor en su natal idioma;
que cuando el sol la cumbre
del Koenigsthul en la maana dora
y con su tibia lumbre
anima el valle, el bosque y la espesura,
saluda en ese sol, an en su aurora,
al que en su patria en su cenit fulgura.

Y contad aquel da
cuando os coja al borde del sendero,
entre las ruinas del feudal castillo
orilla al Neckar o en la selva umbra.
Contad lo que os deca,
cuando, con gran cuidado,
entre las pginas de un libro usado
vuestras flexibles hojas oprima.

Llevad, llevad oh flores!
amor a mis amores
paz a mi pas y a su fecunda tierra,
f a sus hombres, virtud a sus mujeres,
salud a dulces seres
que el paternal sagrado hogar encierra...

Cuando toquis la playa,
el beso que os imprimo
depositadlo en alas de la brisa,
porque con ella vaya,
y bese cuando adoro, amo y estimo.

Mas ay! llegaris, flores,
conservaris, quizs, vuestros colores;
pero lejos del patrio, heroico suelo,
a quin debeis la vida
perderis los olores;

que aroma es alma, y no abandona el cielo
cuya luz viera en su nacer, ni olvida.

Heidelberg, Abril 1896.


               ULTIMO ADIOS

(ES LA POESA MS HERMOSA Y POPULARIZADA DE JOS RIZAL. LA ESCRIBI EN
LA REAL FUERZA DE SANTIAGO DE MANILA, DONDE SE HALLABA PRISIONERO,
POCAS HORAS ANTES DE SU FUSILAMIENTO.)

Adis, patria adorada, regin del sol querida,
perla del mar de Oriente, nuestro perdido edn!
a darte voy alegre, la triste mustia vida:
si fuera ms brillante, ms fresca, ms florida,
tambin por t la diera, la diera por tu bien.

En campos de batalla, luchando con delirio,
otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar.
El sitio nada importa: ciprs, laurel o lirio,
cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio,
lo mismo es, si lo piden la patria y el hogar.

Yo muero cuando veo que el cielo se colora
y al fin anuncia el da tras lbrego capz:
si granas necesitas para teir tu aurora,
vierte la sangre ma, derrmala en buena hora,
y drela un reflejo de su naciente luz!

Mis sueos cuando apenas nio o adolescente,
mis sueos cuando joven, ya lleno de vigor,
fueron el verte un da, joya del mar de Oriente!
secos los ojos negros, alta la tersa frente,
sin ceo, sin arrugas, sin manchas de rubor.

Ensueo de mi vida, mi ardiente vivo anhelo,
salud! te grita el alma que pronto va a partir.
Salud...! Oh, que es hermoso caer por darte vuelo,
morir por darte vida, morir bajo tu cielo,
y en tu encantada tierra la eternidad dormir.

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un da,
entre la espesa yerba, sencilla humilde flor,
acrcala a tus labios y bsa el alma ma,
y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fra,
de tu ternura el soplo, de tu hlito el calor.

Deja a la luna verme con luz tranquila y suave,
deja que el alba enve su resplandor fugaz,
deja gemir al viento con su murmullo grave;
y si desciende y posa sobre mi cruz un ave,
deja que el ave entone su cntico de paz.

Deja que el sol ardiendo las lluvias evapore,
y al cielo tornen puras con mi clamor en pos;
deja que un ser amigo mi fin temprano llore,
y en las serenas tardes, cuando por m alguien ore,
ora tambin, oh patria! por mi descanso a Dios.

Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
por cuantos padecieron tormentos sin igual,
por nuestras pobres madres que gimen su amargura,
por hurfanos y viudas, por presos en tortura,
y ora por t, que veas tu redencin final.

Y cuando en noche obscura se envuelva el cementerio
y slo, slo muertos queden velando all,
no turbes su reposo, no turbes el misterio:
tal vez acordes oigas de ctara o salterio:
soy yo, querida patria; yo que te canto a t.

Y cuando ya mi tumba, de todos olvidada,
no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
el polvo de tu alfombra que vayan a formar.

Entonces nada importa me pongas en olvido.
Tu atmsfera, tu espacio, tus valles cruzar.
Vibrante y limpia nota ser para tu odo;
Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
constante repitiendo la esencia de mi fe.

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,
querida Filipinas, oye el postrer adis!
Ah te lo dejo todo: mis padres, mis amores;
voy a do no hay esclavos, verdugos ni opresores;
donde la fe no mata, donde el que reina es Dios!

Adis, padres, hermanos, trozos del alma ma,
amigos de la infancia en el perdido hogar!
Dad gracias que descanso del fatigoso da...!
Adis, dulce extranjera, mi amiga, mi alegra!
Adis, queridos seres...! Morir es descansar!




Sacramento (Vicente A.)

Poeta mozo. Colabor en la Seccin femenina de "La Vanguardia" cuando
la diriga Adelina Gurrea.


             ERMITA[38]

Es so la arena de oro de la Ermita
donde mi musa su cancin ensaya,
perla de luz y rosa que palpita
bajo el beso del Sol sobre la playa.

Quizs de mi alma en sus nostalgias haya
--lucero, golondrina o sampaguita,--
el verso alado que a besarte vaya,
o la cancin que en mi ilusin dormita.

Que inspiraste el cantar de mis cantares
y mis estrofas se alzan como altares
en donde, hermosa y nica y aurina,

sobre un temblor de ardientes resplandores
y de incensarios mgicos y flores
tu eres la hostia de mi amor, divina!

1919.

[Nota 38: Lindo y seoril arrabal de Manila, a orillas del mar.]


           YO TE PERDONO

Como Cristo en la bblica leyenda
yo te digo: "mujer, yo te perdono!"
ya que te apartas de la negra senda
donde se alberga el mal y arde el encono.

Ms, si alguno me cuenta tu pasado,
con su lengua traidora cual la hiedra,
le dir: "Si ests limpio de pecado
s tu el que arrojes la primera piedra".

No llores, pues, mitiga tu quebranto,
y enjuga de una vez tu amargo llanto,
porque empaa el fulgor de tu mirada.

No creas que, an que muchos te maldicen,
tambin hay labios que tu amor bendicen
porque saben que ests regenerada....

1919.




Seva (Agustn)

Bisayo, nacido en Molo (Ilo-Ilo). Bachiller por los jesuitas del
Ateneo y abogado por los dominicos de la Universidad de Santo Toms,
de Manila. Escribi versos desde muy joven, casi siempre ofrendados a
la dama con quien luego cas. Hace aos vive en la isla de Negros,
consagrado al ejercicio de su carrera y a los negocios agrcolas, sin
trato con las musas.


         EL GIGANTE DE LOS MARES

      Y, libre como el guila del cielo,
    Podr cruzar los mares, cual me ordenas.
                              ROSELL.

Dame, oh! musa, tu voz, dame tu acento
para cantar al hroe sin segundo,
cuyo nombre feliz susurra el viento
de la apartada Iberia al Nuevo Mundo...
De tu gloria en el pilago infinito
se pierde el alma ma;
y aunque mis alas dbiles agito
por abarcar tu colosal recuerdo,
cuanto ms lo investigo, ms me pierdo.

Figura sin igual, genio glorioso,
_gigante de los mares_, gloria nuestra:
t un diamante engarzaste esplendoroso
en la diadema hispana con tu diestra;
t el valladar del Ponto embravecido
sin temor traspasaste;
y a tu sublime genio enardecido
slo prestaba campo dilatado
un mundo de grandezas ignorado.

Ese mundo es tu gloria y tu corona,
el que con lauros, mil tu sien circunda
el que del polo a la abrasada zona
con tu nombre sin par la tierra inunda.
Cuba, Lucayas, Hiti, Dominica,
Boriqun y Jamaica,
Trinidad, Guadalupe y Martinica
son de tu honor los timbres sacrosantos
y el sublime ideal de nuestros cantos.

Tal puado de perlas en tu mano
a tu patria sin f triste! brindaste,
y despus al monarca lusitano;
y en cambio de tu oferta qu encontraste?
desprecio a tu saber, bajo y mezquino.
Tu corazn tan slo,
tu corazn de temple diamantino
que del genio la voz potente escucha,
supo salir triunfante de la lucha.

Y tras fatigas y hrridos azares,
cruzando montes, traspasando llanos,
salvando la distancia de los mares,
la intrpida nacin de los hispanos
te present su mano salvadora,
y tu frente abatida,
al levantar de Espaa la seera
con una cruz volaste y una espada
a una playa de todos ignorada.

Y fuerte el corazn, firme el semblante,
su tesoro a las olas disputabas,
y a lejanas regiones anhelante
de tu bajel la prora enderezabas,
ignota mar con la ferrada quilla
cortabas sin recelos;
por las olas lamida, hermosa orilla
dibujse despus a tus miradas,
en su verdor lozano extasiadas.

Frtil regin, alhaja desprendida
de las ondas de un mar que no te arredra,
entre rboles gigantes escondida
y entre murallas de granito y piedra.
Mas t, _Cristbal_, por el ancho espacio
lanzando tu mirada,
de ricas esmeraldas y topacio
labrada viste la inmortal aureola,
que la sien del hispano tornasola.

Y en esa tierra, do Favonio y Flora
juntos muestran sus galas y hermosura,
fijaste t la ensea salvadora
que el progreso en los pueblos asegura:
_Dios y mi rey_: idea portentosa,
digno slo del alma generosa,
emblema sacrosanto,
digno solo del alma generosa,
que uniendo con la f su patriotismo
se aventura a cruzar el hondo abismo.

Mas ay! que siempre al genio venerando
guarda el hado fatal triste destino,
y de abrojos punzantes v sembrando
con torva faz el rido camino
Y slo, en un rincn de nuestra Espaa,
el trmino encontraste,
que marcaba el Seor a tanta hazaa.
Escucha, escucha al menos nuestro canto,
porque es del corazn tributo santo.

Gloria a t, gran _Coln_, eterna gloria,
que un nuevo mundo al pilago infinito
arrancaste. Perenne tu memoria
en bronce esculpirse y en granito
Espaa, sobre el carro poderoso,
que al rodar otro tiempo,
dos mundos arrastraba vigoroso,
al atronar el orbe con tu fama
_Gigante de los mares_ te proclama.


                VEN!

        Lo admira todo, pero... no le llena;
      la nostalgia le apena.
            _El Marino Espaol._--P. PI.

Cuan hermoso es el Sol cuando la frente
de entre nubes alzando esplendorosa
baa la tierra con su luz fulgente,
perfume embriagador presta a la rosa,
d murmurios al mar, perlas al ro,
al pjaro cantares de alegra,
los colores del iris al roco,
rumor a la cascada y armona!

Cuando la luz sus hojas abrillanta
refractndose en rayos de colores,
cun hermosa en la flor que se levanta
esparciendo balsmicos olores!

Tranquilo duerme el mar: la tenue brisa
riza apenas su lquida planicie,
y jugando en las ondas indecisa
resbala por la inmensa superficie;
copia a lo lejos el cristal tembloso,
como entre guijas de oro, la luz pura
con que el sidreo coro esplendoroso
brilla en otra regin. Cunta hermosura!

Quin sabe si en las ondas que desata,
resbalando entre juncos y maleza,
fugaz arroyo tmido retrata
de alguna ondina la gentil cabeza!
Quin sabe si, entre flores escondida,
en su cristal colmpiase graciosa
nyade bella que al placer convida
mecindose en las limfas voluptuosa!
Acaso alzando la nevada frente,
lmpida y tersa como manso lago,
la mirada fugaz por la corriente
tiende en redor con incitante halago!

Todo es hermoso, todo! El sol, las flores,
el cristalino mar, la fresca brisa,
de la estrella los vvidos fulgores,
de la nyade bella la sonrisa.

_Todo lo admiro, pero... no me llena_
y, al recordar que ests tan apartada,
triste _nostalgia_ el corazn _me apena_
y fuera de tu amor no quiero nada.

No s por qu mis lgrimas contengo
cercndome tan negra desventura;
dentro del pecho fluctuando tengo
el corazn en olas de amargura.

Vuelve a mi lado, que me causa enojos
cuanto en redor acongojado miro!
vuelve, que slo por mirar tus ojos
desque partiste sin cesar suspiro!

Son tan hermosos, ay! tus ojos bellos,
tan dulce su mirar, paloma ma,
que diera yo para mirarme en ellos
lo que nunca jams otro dara.

Si al menos este afn que me devora
alejarlo del alma consiguiera...!
Ms, ay! que esta ilusin engaadora
hasta en el sueo me persigue fiera.

Yo te veo en el rayo delicado
con que flota la luna en el vaco,
y en las hojas del lirio perfumado
cuando esconde una gota de roco.

Yo escucho de tu voz el blando arrullo
en la brisa que juega con la rosa,
yo percibo tu acento en el murmullo
de cristalina fuente temblorosa.

Yo soy la nube que perdida flota
en la extensin azul, t eres el viento;
yo soy del arpa la dormida nota
que trocar tu mano en dulce acento.

Ven ya, mi dulce amor! Ven, que entre tanto
_lo admiro todo, pero... no me llena!_
Vn a enjugar por fin mi acerbo llanto!
Vn _la nostalgia_ el corazn _me apena!_

1895.


        TUS LGRIMAS

        --Yo soy un sueo, un imposible,
      vano fantasma de niebla y luz;
      soy incorprea, soy intangible;
      no puedo amarte.--Oh, ven, ven t!
                              BECQUER.

Por qu tan lejos, mi bien,
y de t tan apartado,
continuamente suspiros
por t de mi pecho arranco?

No me has dicho una y mil veces
que todo mi esfuerzo es vano,
que no habra entre los dos
ms que el cario de hermanos?

No me dijiste cien veces
que tanto afn y amor tanto
eran quimrico sueo?
que nunca en tus ojos claros

la mirada de los mos
clavara yo enamorado,
porque t solo podas
darme un triste desengao?

Por qu, sin buscar alivio
a mi dolor y a mi llanto,
fijo en t mi pensamiento,
de t no quiero apartarlo?

No hay, acaso, otras mujeres
ni otros amores, acaso,
ni otras beldades que amantes
me reciban en sus brazos?

Acaso en t solamente
Natura ha depositado
la esbeltez y la hermosura
y los mayores encantos?

Eres t, acaso, la sola
en cuyos ojos rasgados
hay miradas que fascinan
cuando miran con agrado?

Acaso, d, vida ma,
otras no habr que, escuchando
mis tiernsimos requiebros
o mis amorosos cnticos,
con sonrisas y miradas
me den de mi amor el pago...?
Muchas habr! quin lo duda?
Habr dos, y tres, y cuatro
que a mis ayes y lamentos
respondan con dulce halago;
pero ninguna, ninguna,
vindome sufrir callando,
llorar como t lloras,
con un lloro tan amargo.
T, en cambio, mi bien, lloraste
y lloraste tanto y tanto,
que nunca ser posible
que yo consiga olvidarlo.
Por eso, luz de mis ojos,
slo a t te adoro y amo;
por eso los ayes mos
a t sola los consagro;
y aunque solamente quieras
darme un triste desengao,
tus lgrimas lo han querido:
yo siempre ser tu esclavo!


          A SALVADOR RUEDA

Mientras ruge el fragor de los caones
y retiembla la tierra con pavura,
y encaramado en la nubosa altura
escudria el avin los batallones;

mientras de Marte blicas canciones
el pecho llenan de feroz bravura,
tornando en lobo al hombre en la espesura
y en rayo el galopar de los bridones,

sobre el lomo rizado de las olas
que hendieron las valientes carabelas
venidas de las playas espaolas,

llegas, del Arte envuelto entre las galas,
tendiendo al aire tus gallardas velas,
como un cisne cantor de blancas alas.

Octubre, 1915.




Teotico (Jos R.)

Natural de la isla de Luzn, tal vez manileo. Curs la segunda
enseanza en el Ateneo de los jesuitas. Dirigi "La Vanguardia". Luego
fu redactor del diario nacionalista "El Ideal", que ya no se publica.


              LA DALAGA DE MI TIERRA
                    (FRAGMENTO)

Es dulce como el arpegio de una ctara pagana;
es suave como el aroma de un jardn cuando florece,
tnue y leve cual la brisa que murmura en la maana
y diciendo sus murmurios nos seduce y enloquece.

Con sus mimos y caricias los pesares adormece
cual la msica hechizante de una flauta virgiliana,
y en sus mgicos encantos de beldad ultramundana,
el consuelo apetecido halla el alma que padece.

En la esencia de su todo--que es esencia de lirismo--
que convergen hacia un foco por la accin de los espejos
envolviendo pudorosa sus encantos tropicales,

cual si fueran de una flama los lumnicos reflejos,
que convergen hacia un foco por la accin de los espejos
convergen los ms hermosos, los ms santos ideales.

Es tmida y es ingnua, sincera en sus sentimientos
y sabe cubrir de rosas celestes nuestros caminos
cuando se apaga, entre el lloro de los ojos macilentos
y gritos de horror, la estrella de nuestros pobres destinos.

Es sencilla, cual la flora de los bosques filipinos
donde aletea el suspiro perfumado de los vientos:
tiene un alma grande y noble y en sus labios purpurinos
van a morir dulcemente nuestros hondos sufrimientos.

Tiene el eco sollozante de las notas del _kundiman_,
tiene el ritmo alado y suave de los vates cuando riman
las estrofas de un poema con palabras de ilusin;

Y sus ojos, que parecen dos sagitarios brillantes,
nos arrojan por el arco de sus prpados soantes
flechas de amor que se clavan, temblando, en el corazn...

Figulina delicada, no es frvola ni es coqueta,
sino hermana cariosa de su ardiente fantasa;
es mstica, cual lo son los ensueos de un poeta
que se agrandan como el vuelo de meldica armona.

Es un ngel del hogar, que sabiamente interpreta
en su modo de pensar la vital filosofa,
y en su modo de sentir el suspiro de Julieta,
el gemido de Desdmona y el delirio de Luca.

Ama su honra ms que el brillo del oro resplandeciente,
porque su honra constituye el tesoro solamente
de su vida tan serena cual la hora matutina;

y si el amor que fu suyo asesina su esperanza,
se revuelve brava y fuerte como en busca de venganza
y sabe morir y muere por la quimera divina...

Es hermosa? S; es hermosa. Al mirar su tez morena,
siento la embriaguez sagrada que produce la ternura,
y en mi deliquio la veo como lnguida sirena
cuando en la paz de los mares tristes canciones murmura.

En ella vive la raza, y su lrica figura
a las hadas rememora, cuando en la noche serena
aparecen con sus clmides rutilantes de hermosura
bajo los besos de amor y paz de la luna llena.

En la magia de su rostro--que es potico y sencillo--
se conserva la dulzura de la Virgen de Murillo,
una bruma de delirio y una sensacin de seda.

Y en su alma suprasensible, de romntica seora,
como en un cofre de encanto ella guarda y atesora,
la pasin de aquella "Elvira", de los versos de Espronceda...


             TRILOGIA IDEOLOGICA

                 PESIMISMO

Vivir es condenarse a eterno sufrimiento,
llorar continuamente sin encontrar consuelo,
buscar con ansia loca el goce de un momento
teniendo el alma llena de amargo desconsuelo.

Rimar todo un poema entero de dolores,
cruzar todo un sendero sembrado de amarguras,
y, entre penas y llantos y amargos sinsabores,
gustar de un trago toda la hiel de las torturas.

Y si el vivir es slo sinnimo de pena,
por qu nos cri el hado y luego nos condena
a una existencia triste, penosa y dolorida?

Es que tal vez el hombre no es digno de otra suerte
Y as es que tiene siempre el dolor y la muerte
por los nicos polos del eje de su vida?

                MATERIALISMO

El hombre es un conjunto de espritu y materia?
Combinacin que pasma! Dualismo que contrasta!
Para explicar la vida con toda su miseria,
el espritu sobra, pues la materia basta.

La vida es el producto de todas las funciones
de la materia sola. El alma es la quimera,
que vive entre las nubes y se harta de ilusiones
hasta que se disuelve en la hora postrimera.

En vano me resisto a toda esta evidencia.
El espritu es nada, la materia es potencia
que sostiene y engendra las funciones vitales.

Al hombre, por lo tanto, le basta la materia
para explicar la vida con toda su miseria,
con todos sus quebrantos y con todos sus males.

                ESCEPTICISMO

Yo fu en un tiempo ido fantico creyente
que slo profesaba catlica doctrina,
teniendo como norma la ley omnipotente,
teniendo como pauta la voluntad divina.

Despus, el golpe rudo de un brusco desengao
mostrme cun amarga es la verdad desnuda,
y uniendo con lo cierto el dolo de un engao
plasm nuevas ideas, y germin la duda.

Entonces dud siempre de todo cuanto existe,
y dudo todava de lo que hasta hoy persiste,
de lo veraz, incluso de lo que palpo y toco.

Y tanto ya he dudado, que a concebir no alcanzo
si en el mar de la vida, con mi bajel avanzo
como un hombre juicioso o como un hombre loco.


                  MEDITACION
                 (FRAGMENTO)

..................................................
Media la noche. Hasta el mundo me parece que dormida.
Columpiado por los brazos de Dios mismo, blandamente,
slo en vela me mantengo. Una amarga y honda cuita
me carcome el alma toda, lentamente... lentamente.
Calma intensa. Nada turba el descanso de la noche
ms que el rpido descenso del inslito aguacero,
el montono chirrido de las ruedas de algun coche
que resbala quietamente sobre el barro del sendero,
el crujir de las persianas azotadas por el viento,
la canturria discordante de los hierros del tejado
(donde cuando el sol los das alegraba, como un cuento,
las parleras avecillas sus nidales han labrado),
y el suspiro que flotando en los aires va cautivo
inspirado por la pena que en secreto me acongoja
el suspiro que se escapa en un vuelo fugitivo
de mis labios, por mi ensueo que en sollozos se deshoja.

La luz tiembla, porque siente el martirio de los vientos,
que irrumpieron desde fuera en la calma de mi estancia,
a encerrarse prisioneros en elsticos fragmentos
y perderse, en un bostezo, vagamente, en la distancia.
Parpadea la luz trmula. Y de sbito se apaga,
entre espasmos convulsivos de un cuerpo que lento muere.
Sigue el viento en mi aposento que de negruras se embriaga,
mascullando monofnico un extrao _Miserere_.




Torres (Ramn J.)

Bisayo. Fundador y codirector, ahora, con Francisco Varona, del diario
"El Debate". Destaca como soberano prosista y escritor poltico. Ha
escrito algo para el teatro.


           ALMA MATER

(CON OCASIN DEL TRICENTENARIO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE MANILA)

            "Si despus de tres siglos y medio el
          escultor no ha podido sacar ms que una
          caricatura, bien torpe debe de ser!...
            O bien, mala la masa de que se sirve..."
                                        RIZAL.

               I

Generacin que naces poseda
de nuevos entusiasmos y virtudes,
y en el contacto de la nueva vida
tus energas vrgenes sacudes;
Viril generacin, t, que te empinas
sobre el nivel de las doradas cuestas,
y abriendo en cruz los redentores brazos,
en un raudal de luces iluminas
el xito de tus pasadas gestas
y el porvenir de los presentes lazos;
depn el ceo, olvida los prejuicios
de los antiguos das en que vives,
oh, t, generacin que te apercibes,
una salmodia fraternal levanta,
para ms generosos sacrificios!
y en medio de esta fatigosa fiebre
un tierno epitalamio, que celebre
la institucin real y pontificia
de esta Universidad tres veces santa,
tres veces secular.

        Alzarlo en coro
vosotros primognitos benditos
de la prognie patria, ilustres sabios,
honor y prez del nacional decoro,
que recibsteis con los mismos ritos
la sal de la sapiencia en vuestros labios,
y en comunin los unos con los otros
brote del seno del filial linaje
el cntico, que en labios de vosotros
sea como un legtimo homenaje
a la madre comn.

        Matrona egregia,
gloria viviente del amor hispano,
que cie al par una corona regia
y una seal del smbolo cristiano;
Madre de razas parias, que di el pecho
a un pobre nio, abandonado y magro,
y le infundi en un soplo de milagro
la vida de los pueblos: el Derecho.

Almas tenaces, respetad siquiera
el noble gozo de esta madre anciana
cuya misin de paz la venidera
posteridad vendr a juzgar maana!

En la tarda anunciacin del verbo,
que gest en sus entraas redentoras,
sinti la madre aquel afn acerbo,
que, sin que ya su corazn taladre,
fu slo las angustias precursoras
de la mujer que pronto iba a ser madre!
y madre fu; y el hijo que naca,
como bautismo recibi en la frente
el sculo de luz del nuevo da,
que ya apuntaba en el extremo Oriente.

Pero la humanidad no slo tiene
la vida material; tiene en el pecho
arraigada la cepa ms perenne
de otra vida; la vida del Derecho.
De ah esa benemrita milicia
de paladines que en tranquila guerra
luchan para afirmar sobre la tierra
el reinado final de la Justicia!

Discpulos de Hipcrates, juristas,
ministros del altar, notables hombres
legaron de la patria las conquistas
de su saber y sus preclaros nombres.

                II

Madre y maestra de las almas, digna
del nombre singular de Benavides[39],
en cuyas nobles y proficuas lides
fu siempre la verdad una consigna,
en nombre de sus cnones severos,
luch con entereza por los fueros
de la verdad.

[Nota 39: Don Fray Miguel de Benavides, primer Obispo de Nueva
Segovia y luego metropolitano de Manila (1540-1605). Fund la
provincia dominicana del Santsimo Rosario de Filipinas y al Colegio
de Santo Toms base de la futura Universidad. Su estatua se levant
frente a sta.]

        Y la verdad, lo mismo
que Dios, que impone su invariable ruta,
tendi al justificado despotismo
de ser verdad, que es una y absoluta!

Verdad sencilla y mltiple: compendio
de las eternas nsias de las gentes:
universal y silencioso incendio,
que baja sobre todas las conciencias
para encender en las insignes frentes
la llama inextinguible de las ciencias!

La llama ardi. Su luz, que fu de aurora,
que se abriese en el cielo de verano,
llen el hogar, como una salvadora
consagracin del pensamiento humano;

Y aparecieron hombres celebrados
de ciencia y de virtud, sobresalientes
en todos los eternos postulados
de la moderna ciencia. Almas creyentes
que se iniciaron en los santos ritos
y con la f que la visin expande,
supieron los arcanos infinitos
de la divinidad tres veces grande!

Oh virtud de la f! La ciencia incrdula
tambin tiene su f, la f potente
del microscopio. Insignes compatriotas
violaron los secretos de la clula
por el milagro insigne de la lente;
e hicieron con los mudos caracteres
de la materia, en concentradas gotas,
la esencia de la vida de los seres.

Otros buscaron en el cuerpo inerte
la causa eterna del dolor humano,
y con el bistur sobre la herida
arrebatar supieron de la muerte,
vibrndolas en triunfo entre la mano,
las palmas victoriosas de la Vida...!

                 III

Pronto anidaron en aquellas almas,
presas bajo inquietas pesadumbres,
anhelos como antojos iniciales;
pronto gimieron las nativas palmas
al soplo que traa de las cumbres
el polen de fecundos ideales.

Pronto la hoz del nuevo pensamiento,
a golpes de cerebro haca mella
en la raz de instituciones rancias;
y pronto sucedi el derrumbamiento
al tajo vengador de la centella,
que incubaron las mismas circunstancias.

En medio de los rudos episodios
del despertar de aquellas multitudes
vieron pasar las familiares glebas,
sobre el torrente de encontrados odios,
la racha formidable de virtudes,
la tempestad de las ideas nuevas.

Y sobre el mar del popular tumulto,
en la corriente de furor insano,
como reliquia de inviolable culto,
flotaba el arca del saber humano.

Fu menester el trasponer la orilla
de aquella charca de corrupto lodo,
aniquilar y abandonarlo todo,
tener las manos limpias de mancilla
y no lavarse nada en la conciencia
sino el tesoro santo de la ciencia.

Tres siglos han pasado. Tres centurias
que desataron las tremendas furias
de condensadas iras en sufragio
del alma popular! Viejos prestigios
cayeron con los ltimos vestigios
despus de aquel providencial naufragio.

Y dijo entonces Dios: "Pondr en la altura
mi arco en seal de la perpetua alianza
entre vosotros". Y brill en los cielos
el signo de los tiempos que inaugura
la era anunciada de la nueva gracia;
arco de triunfo bajo el cual avanza
la humanidad con todos sus anhelos;
el gran iris social: la democracia!
Iris de nuestras pocas triunfales,
nuncio de un bello porvenir, que arranca
de su fecundo seno hecho de amores
la plenitud de todos los ideales,
como se funde en una luz--la blanca--
la hermosa variedad de los colores.

Tres siglos han pasado. Espesa hiedra
veo cubrir el cmulo de escombros
que han apilado los pasados aos;
y veo levantar la enorme piedra
del porvenir los esforzados hombros
llenos de f, de propios y de extraos.

Hacnense a la luz de los crepsculos
y exctelos el nervio de mis versos,
como en un haz de contrados msculos,
esos sumandos de vigor dispersos:
que antes que nuestra fuerza, que hoy se agosta,
en mtuas desconfianzas se consuma,
la patria necesita, a toda costa,
fundar el porvenir sobre la suma
de todos los esfuerzos.

    Escarbemos
la tierra inculta como unidos potros,
y bienvenidos sean los supremos
y francos sacrificios de los otros:
porque en el campo inmenso de la Historia
y en la vasta expansin de sus periodos
hay tiempo y hay lugar para la gloria,
para la gloria, por igual, de todos.

                   IV

Y t, hijo y sucesor de Benavides,
llegado en pleno siglo iconoclasta,
que participas como el viejo Alcides
de la verdad de tu divina casta:
Sigue esparciendo con la ungida diestra
las luminosas gracias de tus cruces,
y en el nico ideal que el pueblo abraza
por obra y gracia de la ciencia vuestra,
se har, al amor de redentoras luces,
la transfiguracin de nuestra raza.

Entonces, de la cspide mas alta
de los grandes ensueos que acaricia
la juventud, que tu labor exalta,
habr de bendecirte... Y si hace falta
la misma humanidad te har justicia.

Diciembre, 1911.




Valds Pica (Alejo)

Naci en Quiapo, barrio de Manila, el 3 de Noviembre de 1890. Sus
padres le trajeron a Espaa en 1897, y en varios institutos de
Barcelona curs el bachillerato. Vuelto a Filipinas a los 18 aos, e
hijo de mdico, estudi medicina tres aos. Es ahora capitn de
constabularios al servicio de los Estados Unidos. Luce como buen
esgrimista y apasionado de la msica. Comenz a versificar (1914) en
la revista "Alma Moderna". Por el poeta en que cree y a quien sigue,
le nombran "el Villaespesa filipino". Ha publicado: en verso, _Electa_
(1915) e _Intimas_ (1919); y en prosa, _Breviario de amor_ y
_Sinceridades_.


       A LA LUZ MORIBUNDA...

A la luz moribunda del recuerdo,
sueo en aquel mi amor, mi amor primero,
y triste soador aventurero
entre las sombras del pesar me pierdo.

Cual la celda de un msero ermitao
queda abierta a los vientos del desierto,
as mi corazn quedse abierto
al soplo huracanado del engao.

Del fondo de mi vida agonizante
se alzaba aquel recuerdo torturante,
en su quietismo silencioso y vago,

cual se alza en las maanas invernales
la bruma de las nieblas invernales
sobre las aguas lmpidas de un lago.

1914.


      LUCIAN EN TU ESPALDA...

Lucan en tu espalda por entero
tus cabellos, de un negro tenebroso,
que tenan el brillo esplendoroso
y cortantes de lminas de acero.

En el saln, hundido en las tinieblas,
haba tonalidades misteriosas,
cual de aguas tranquilas y azulosas
cubiertas por las brumas y las nieblas.

Tu hermosa cabellera me atraa
con la fascinacin negra y sombra
de los ignotos bosques seculares,

y mis labios hunda en tus cabellos,
y, loco de pasin, dejaba en ellos
un enjambre de abejas osculares.

1914.


        A SALVADOR RUEDA

               I

Poeta ruiseor: en las difusas
alegoras tuyas misteriosas,
hay un aletear de mariposas
y la atraccin de estrofas inconclusas.

Exquisito cantor: en las profusas
bellezas exquisitas de tus glosas
--como en un lecho de fragantes rosas--
se extenuan de amor las nueve musas.

Tus versos tienen la atraccin secreta
de un quieto lago bajo un cielo en calma
cuando entonas tu lenta salmoda.

Porque tu estirpe de andaluz poeta
rindi a las musas, que te dieron su alma,
y t diste tu alma a la Poesa.

              II

Del templo del Amor tom la ruta
el poeta. Cant versos adnicos.
Como remate a capiteles jnicos
puso msica y versos por voluta.

Todos tus versos tienen la impoluta
blancura inmaculada del armio,
porque, inocente, cantas como un nio
en tus estrofas la verdad absoluta.

En plena aspiracin de ser sincero
escribiste sincero el cancionero,
y es tu sinceridad tu baluarte.

A la lectura fiel de tus canciones
han sentido las almas emociones
porque es tu alma el alma de tu Arte.


          ARTE DECORATIVO

                  I

Miguel Nieto ha pintado, en un intenso
amor por lo oriental, una cadencia.
En su cuadro la Trtola Valencia
danza, febril, la danza del incienso.

El cielo nocturnal, azul de Oriente,
dosela su figura. Orientales
perfumes la circundan, y sus chales
resbalan de sus hombros lentamente.

Extraa luz, como de mrmol blanco
entrevisto a travs de una esmeralda,
estiliza su rostro de juda.

Y al movimiento, en celo, de su flanco
se entreabren los pliegues de su falda
en una irradiacin de pedrera.

                 II

Rozando las ajorcas y los velos
con caricias de mano femenina,
una pantera arrastra por los suelos
el moteado de su piel felina.

Sus patas, sigilosas, se deslizan
entre las piernas de la bailarina,
y en inquietud sus ojos rivalizan
con las miradas de la danzarina.

La pantera es un smbolo viviente,
como lo son tambin las dos panteras
que pusiera Dulac, clarividente,

bajo los pies de Circe; en un ambiente
de sutiles encantos y quimeras
bajo el nocturno cielo azul de Oriente.

                 III

Dulac y Miguel Nieto han presentido
la vida de este smbolo, y han dado
la tristeza febril de lo vivido
a la quimera de lo que han pintado.

(Mujeres y panteras son afines
en la crueldad de sus inclinaciones...
Gustan de palpitantes corazones
para la esplendidez de sus festines.)

(Por eso, en las tragedias de la vida,
a la caricia femenil v unida
la garra sanguinaria de la fiera;

y estar entre los brazos de la amada,
es cual sentir la carne desgarrada
por la zarpa brutal de una pantera.)

                  IV

La vida femenil de sus pinturas
es tan real, que llega hasta inquietarme,
pues me hace presentir que las figuras
van a salir del lienzo para hablarme.

En el estudio, lleno de tristeza,
la mujer y la fiera son tan bellas,
que parece tangible su belleza
cual si la vida palpitase en ellas.

Y a las primeras horas vespertinas,
cuando solas estn mujer y fiera,
los ojos del felino tienen quedas

y lnguidas miradas femeninas,
y la mujer se mueve entre sus sedas
con felina arrogancia de pantera.


             PASTORAL

                I

Estoy en pleno monte. Recludo
en un camaranchn llamado escuela,
siento sobre mi alma la secuela
de la dolencia del que est aburrido.

En pleno monte. Flota en el ambiente
la gris opacidad de una neblina,
que a los rayos del sol se difumina
y se rasga en girones lentamente.

Derrama el sol su oro por los ampos,
en un derroche de alegras gualdas,
irisando el techar del casero;

y fingen, en el verde de los campos,
diamantes en monturas de esmeraldas
las cristalinas gotas de roco.

                II

Llueve torrencialmente, y el chubasco
es tan prdigo en agua que sepulta
los caminos en lodo. El sol se oculta
tras cortinas de nubes. De un peasco,

dando tumbos, despase un torrente:
entre un choque ruidoso de guijarros
y un murmullo de roce de chinarros
se desliza del ro en la corriente.

Vuelve a lucir el sol. La lluvia es fina
como agujas de plata, en cuyos ojos
tnues hilos de oro el sol enhebra;

pero quiere bordar, en sus antojos,
un capricho en el agua cristalina
y las agujas y los hilos quiebra.

1919.


          EN LA QUIETUD...

En la quietud calma de la hora
el poeta relee sus poemas,
y con sus ojos, que parecen gemas,
los negros signos que escribi devora.

De la lectura de sus versos goza
besando aquellos que le mienten gozo,
y ante los tristes con pesar solloza
poniendo el alma toda en un sollozo.

Una tnue sonrisa se dibuja
en sus plidos labios sensuales
al murmurar sus rimas musicales;

y ante las tristes y sentimentales
su alma soadora se arrebuja
en un manto rosado de ideales.

1919.


                 "SPLEEN"

         (Traduccin de Juan Moreas)

Como un vencedor vido de exterminio y de ensao
en mi frente ha plantado su bandera el hasto.
En prados luminosos va a pacer el rebao
de ilusiones que han hecho en mi alma el vaco.

Un castillo finga perspectiva lejana:
de rubes y oro le forj en mis ensueos;
pero sus muros eran de arcilla... Una maana
se derrumb el dorado castillo de mis sueos.

El corazn, rodo por un pesar muy hondo,
se abandon al miraje de una quimera loca;
beb, para curarme, de su copa sin fondo
y su embriaguez me ha puesto amargor en la boca.

Hundido en las tinieblas, muero calladamente.
Es la vida espejismo de sueos y palabras,
y su embriaguez me ha puesto amargor en la boca,
vomitan el veneno por sus bocas macabras.

1919.


    ORACION

        Filsofo,
        Poeta,
que mirais las cosas
tristes de este mundo,
uno, muy profundo,
con ojos de asceta,
y otro, como rosas;
los dos en mi vida
pussteis un mal:
uno abri una herida,
otro abri un rosal.

Tus rosas, poeta,
perfuman la vida,
la hacen bella y fuerte,
toda juventud!

y t, cruel asceta,
nos muestras la vida
velando a la muerte
junto a un ataud.

T, poeta, sueas
vagas sensaciones,
que pasan risueas
como tus canciones
con las que te adueas
de los corazones.

Me dijiste, asceta,
que es triste la vida,
que amor es llorar,
s que no mentiste
cuando lo dijiste;
mas dime, poeta,
hay algo en la vida
ms dulce que amar?

Yo te odio, asceta,
porque s que sientes
con sinceridad.
Te amo, poeta,
porque s que mientes
la realidad.

        Filsofo,
        Poeta,
que mirais las cosas
tristes de este mundo,
uno, muy profundo,
con ojos de asceta
y otro, como rosas;

los dos en mi vida
pussteis un mal:
uno abri una herida,
otro abri un rosal.

Tu verdad, asceta,
hizo de mi vida
un inmenso crial;
tu llanto, poeta,
hizo de mi herida
brotar un rosal.

1919.


         AUTOCONSOLACION

               I

Sonre, poeta del dolor, sonre;
ya tu ensueo de amores ha triunfado
en una luminosa apoteosis
al pi del tabernculo.

Por los mismos dolores que sufrste,
por lo que has de sufrir seca tu llanto,
y a la plida novia que a t viene,
sedienta de tu amor, abre los brazos.

A tu puerta ha llegado sonriente,
como una virgen rstica, temblando,
a ahuyentar tus tristezas dolorosas
con la caricia de sus dedos blancos.

Cierra al dolor tu corazn, poeta;
para las dichas gurdalo;
ahuyenta los fantasmas de las penas
que hoy slo la alegra ha de ocuparlo.

Deja la puerta de tu estancia abierta
al paso del amor y obra el milagro
de tu resurreccin inesperada
con la consolacin de lo esperado.

Ya la plida novia que esperabas
en busca de tus brazos ha llegado
a enfriar los ardores de tu carne
y a calentar las nieves de tu tlamo.

El juego de sus dedos ha deshecho
el trenzado de sedas del peinado
y la luz moribunda de tu lmpara
al soplo de su aliento se ha apagado.

Sonre, poeta del dolor, sonre;
la hora de los besos ha sonado...

                II

El viejo Cristo de marfil que adorna
las desnudas paredes de tu cuarto,
aqul que obr el milagro de los peces
y de los panes cimos,
que seren el tumulto de los mares
con la caricia de sus pies descalzos,
y en su doctrina de piedad y amores
perdon a Magdalena sus pecados.

Desde su cruz contempla vuestros cuerpos
en un estrecho abrazo entrelazados,
y con tristeza en sus pupilas cndidas
y en sus ojos dos lgrimas temblando
parece que te dice, entre suspiros,
y de dolor sobre su cruz llorando:

--Como yo, t tambin agonizaste
sobre la cruz de tu dolor clavado,
y las zarzas de todos los dolores
tus sienes y tu frente desgarraron:
has sufrido la mofa y el desprecio,
y has sentido en tu rostro el salivazo
del legionario que sali a tu encuentro
cuando llevabas el madero al hombro
camino del Calvario.

T tambin has sentido de la lanza
el golpe en el costado
y has muerto, como yo, cantando amores
y a todos perdonando.

Toda tu vida ha sido un ansia eterna
--moribundo y en cruz puestas las manos--
esperando el amor de los amores
para abarcarlo con tus brazos crdenos.

Ya la plida novia que aguardabas,
en busca de tus besos ha llegado.
Por los tristes dolores que sufrste,
por los que has de sufrir, seca tu llanto,
y a la plida novia que a t viene,
sedienta de tu amor, abre los brazos.

Sonre, poeta del dolor, sonre:
la hora de los besos ha sonado.

1919.


       EL AMOR DE LOS AMORES

La vida es un dolor. Es algo incierto,
lleno da brumas y de ensoaciones
que nos hacen temblar. Sepulcro abierto
para enterrar en l las ilusiones.

Es triste caravana en el desierto.
Nos morimos de sed. Las desazones
son inquietantes, como un cuerpo muerto
destrozado por garras de leones.

De la vida en el spero camino
yo he sido como humilde peregrino
que hizo el amor de su ideal un rito;

atraves el desierto con mis penas,
y he quemado mis pies en sus arenas
en un ansia infinita de infinito.

1919.


     BENDITA SEAS, PECADORA!

               I

Yo fu tambin a t, cuando soaba
mi deseo con curvas morbideces
y mi joven pupila dilataba
la visin de tus blancas desnudeces.

En tu boca he bebido hasta las heces,
el nctar que tu labio me brindaba,
y de amor, en tus brazos, me embriagaba,
en un ansia infinita de embriagueces.

Bendita t, entre todas las mujeres,
porque colmas el ansia de placeres
y el ansia de placer aguijoneas.

Porque tus blancos y afilados dientes
el goce intensifican; porque mientes
un platnico amor, bendita seas!

               II

Yo cre adivinar en tus antojos
acicate a pasiones sexuales;
mas modul tu voz ternuras tales,
que hasta llegu a creer en tus sonrojos.

Cmo fingias crisis pasionales,
de hondo y sentido amor, en tus enojos...!
Si hasta fingieron lgrimas tus ojos,
en sartales de perlas, a raudales...!

Porque haces olvidar, con tus engaos,
que el amor slo brinda desengaos,
y fingiendo el amor, el amor creas;

por hacemos creer, con tus pudores,
en la sinceridad de tus amores,
por hacernos creer, bendita seas!

                III

Cuando estoy solo, sueo en la blancura
de tu piel y en el negro de tu pelo,
y enardecido de pasin, me encelo
por la sensualidad de tu cintura.

Entre las sombras del pesar me pierdo.
Mi deseo recuerda tu hermosura,
y aumento intensamente mi amargura
con el opio sutil de su recuerdo.

Porque finges un frvido entusiasmo
durante la epilepsia de tu espasmo;
porque al hacerte desear, deseas;

porque vibran caricias redentoras
en tus humildes manos pecadoras,
bendita seas, mujer! Bendita seas!

1919.


           ESTABA ESCRITO

Me has herido a traicin. En emboscada
miserable y run me has acechado,
y en pleno corazn me has asestado
sin compasin, amor, tu pualada.

No te guardo rencor. Mi amor sincero
es tan intenso que me llena el pecho.
Me ha herido tu traicin, como un acero...
Yo te perdono el dao que me has hecho.

A qu, guardar rencor, si todo ha sido
tan slo un sueo que alegr mi vida...
un blsamo fugaz sobre una herida...!

A qu, llorar una esperanza muerta,
si todo ha de caer en el olvido,
aunque la herida permanezca abierta!

1920.




Victoriano (Pacfico)

Caviteo. Mdico de nota en Manila. Ejerce el profesorado.


           EN LA BRECHA

El turbin, formidable ya no ruge;
ya amainaron las hrridas ventascas;
y en la manigua trgica y brava
ya no vibra el tronido de las balas...

Ha pasado la noche dolorosa,
nuestra noche fatdica y amarga...
Auras de paz retozan en la tierra
y platean el cielo nuevas albas...

En las yermas campias y en las selvas
con la sangre del pueblo bautizadas,
lanza el toque de diana la corneta
y resucita la moderna Esparta...

Sobre el montn de ruinas y cadveres
que queda del naufragio de la patria;
del sepulcro en que duermen tantos mrtires
emerge, oh juventud! rguete y anda...

Emerge, oh juventud! ya entre el celaje
re la nueva aurora sospirada,
que ayer empurpuraron con su sangre
los genios salvadores de tu raza...

En la cumbre gloriosa del Calvario,
como un astro radiante, an fulge el ara,
no logr el huracn con sus embates
derribar de ella a la deidad preclara...

Baja sin miedo con la frente erguida
a la candente arena, en que se entablan
las luchas de la herica inteligencia,
y ante el bravo adversario avanza, avanza...

Oh, no temas caer ante el coloso
con el pecho horadado con las balas!
Tiene tu alma la fuerza de esos rboles
que, al caer, estremecen las montaas...

Compra tu libertad y tus derechos
con los propios esfuerzos de tu alma,
que la presente edad slo nos lega
una herencia de penas y desgracias...

Triunfars, juventud! con tu herosmo
que no teme el peligro ni las balas...
T eres como el _limbs_[40] de nuestros montes
que al estallar el rayo, vuela y canta!

[Nota 40: (Limbs) Ave de rapia, pequea, de vuelo imperios.]

T eres como esas guilas altivas,
que ms se elevan en las nubes altas
cuando roza sus plumas el relmpago
y estallan en su frente las borrascas.

El choque engendra luz; por eso libras
contiendas con la pluma o con la espada;
brota el rayo del choque de dos nubes
y al golpe del martillo el fuego salta...

Cuando rodeada de banderas rojas
sucumbas en tu propia barricada,
nuestro ideal no morir contigo;
el cuerpo se desploma, nunca el alma!

Venga el golpe hacia ti! Espera firme
y sitate siempre a la vanguardia...
Procura no caer en la refriega
sin coronar la cumbre suspirada.

Si otra vctima exige el holocausto
escala con la cruz la sima scra,
que imitando a Isaac y a Jesucristo
salvars en tu Glgota a la patria.

Te miro triunfadora como Marte
hundir al despotismo con la espada,
galopar sobre un rayo de la aurora,
y ascender hasta el cielo de la Fama;
y, mientras suea el alma con victorias,
predica el evangelio de tu raza
que nos ensea a estrangular tiranos
y a retar al Destino cara a cara...

T vencers! T no eres carne fofa,
carne que se aniquila en las borrascas...
T no llevas encima de la frente
el Inri denigrante de los parias...

Adora ese evangelio que te obliga
a defender tus fueros con la espada,
como te obliga a levantar un trono
el inri denigrante de los parias...

Templa tu alma en el yunque del martirio;
en el martirio se sublima el alma
que batalla en el campo del trabajo
y trabaja en el campo de batalla...

Trabaja!--nuestra poca es de luchas--
y cumple la misin a t confiada,
de edificar sobre el montn de escombros
el majestuosa trono de la patria...!

Que te quepa la gloria inmarcesible
de coronar su frente inmaculada...!

As, al brillar el sol del nuevo da,
y al ondear la ensea soberana,
podrs cantar ante la tumba ignota
de los cados en la noche aciaga:

"--Dormid en paz, oh mrtires annimos,
inolvidables hijos de mi raza!
Yo coron vuestra obra con el xito".
Y despus exclamar ante la patria:

"--Salve a ti, encantadora Filipinas,
yo te saludo, madre idolatrada!
Ya eres feliz, gloriosa y redimida!
Reina sobre la tierra libertada...!"


              ALTIVEZ TAGALA

Lucho, aunque el fardo del pesar me abrume,
y bajo a la palestra sin recelos...
Triunfar al fin! No soy cual ave implume
incapaz de elevarse hasta los cielos...

Me denuesta la envidia... No me importa!
Yo prosigo impasible la jornada,
el vuelo del condor jams se acorta
al silbo del reptil de la hondonada!

No mendigo un aplauso lisonjero,
ni algn laurel para calmar mi angustia.
El aplauso es un ruido pasajero,
y el laurel, verde rama que se mustia.

Para alegrarme en la hrrida cruzada
que libro, redimiendo mi inocencia,
me basta con mirar la cumbre ansiada
y contemplar sin manchas mi conciencia.

Sin armas entr en lid mi adversario,
y afront con valor el rudo embate.
La pluma puede el pgil literario
convertirla en espacia de combate...

Nunca fu estoico!--El gladio yo he blandido,
siendo infante en el trgico espoliario.
La fuerza me arroll, sentme herido,
pero segu a la patria hasta el Calvario.

En pr del bien no rehuy el holocausto,
ni desert del culto al patriotismo.
Yo amo tanto a mi patria--pueblo infausto--
que la erijo en altar mi pecho mismo.

No soy vil...! Yo odio la careta fea
con que oculta su crimen el malvado.
Que me diseque el corazn y vea
si lo tengo corrupto o inmaculado.

Mi alma, que el duelo despreciarlo sabe,
no teme de la stira las balas.
Bajo lluvia de plomo se irgue el ave
porque cree en la fuerza de sus alas!


         A EMILIO JACINTO

Hroe preclaro de la patria ma...
resurge del abismo del olvido...!
Ya te llama el clarn del nuevo da,
pregonando tu nombre esclarecido...

En la epopeya de la patria esclava,
fuste fuerza motriz, luz refulgente,
formidable turbin, tempestad brava,
que hzonos respirar el libre ambiente.

Cuando peda sangre nuestra aurora,
y ayes de muerte hendan el espacio,
armaste con tu idea salvadora
el brazo vengador de Bonifacio...

Cay lluvia de sangre en nuestra tierra,
flame la _sandata_[41] en el boscaje,
y arrojaste a la hoguera de la guerra
el inicuo pendn del coloniaje...

[Nota 41: Especie de _Kries_, o machete de hoja ondulada.]

T enseaste a jurar al insurgente,
las banderas del bien y del decoro,
y a odiar con el encono ms ardiente
la cadena del siervo, aunque de oro.

Nos enseabas a atajar las balas,
y a conseguir el triunfo en las derrotas,
al corazn cobarde diste alas,
llenando las trincheras de patriotas.

Luchando te mat bala asesina,
y, al caer, no lograron los tiranos,
arrancarte la ensea filipina
de las sangrientas y crispadas manos.

Bajo tu direccin, la masa estoica
se redimi con el esfuerzo suyo;
si Bonifacio y su legin heroica
triunfo obtuvieron, fu ese triunfo tuyo!

La grana de tu sangre redentora,
en que la fuerza y el valor se adunan,
cual rub del volcn, ti la aurora
del gran Pentecosts del _Katipunan_.

Si te hiri un proyectil, a tu cada,
ray el alba entre negras tempestades;
cada gota de sangre de tu herida
fu semilla de nuestras libertades!

Con tus lanzas tomaste nuestras villas,
venciste al Csar con su plan de engaos;
hizo tu _talibng_[42] su trono, astillas,
Rompi su cetro de trescientos aos!

[Nota 42: Arma blanca, parecida al machete cubano.]

Nos salv tu estrategia. Cuntas muertes
evitaron por t nuestras legiones!
Dbiles fumos, nos hiciste fuertes,
y combatimos como bravos leones...

Como olvidarte en el camino incierto
si tu ejemplo fulgura en la conciencia?
Si en batalla campal caste muerto
por conquistar la patria independencia?

Surge triunfal! No son tus glorias pocas:
que el pueblo audaz que estrangul tiranos,
te ensalzar con su milln de bocas!
te aplaudir con su milln de manos!

Para alcanzar el pueblo el triunfo suyo,
le hace falta un espritu indomable,
un corazn entero como el tuyo,
y una f, cual la tuya, inquebrantable!

En el libro del mrito no has muerto.
Tu timbre ostenta victoriosa palma.
Quin muere por la patria en campo abierto
tiene un altar de gloria en nuestra alma!


             EXCELSIOR

            A CERVANTES

(PREMIADA CON LA FLOR NATURAL EN LOS JUEGOS FLORALES ESPAOLES DE
MANILA, MAYO, 1905, CONMEMORATIVOS DEL III CENTENARIO DE LA
PUBLICACIN DEL "QUIJOTE").

Pasmo de todos es la obra gigante
que perpeta tu fulgente gloria!
Me parece gran mole de diamante
alzada en monumento a tu memoria!

Goza vida inmortal en las edades
el libro bello que tu fama afianza.
En todas las humanas sociedades
suea Quijote y re Sancho Panza...

En tu pluma de oro educadora
resplandece, con gracia y galanura,
el rico idioma hispano, que atesora
iras, amores, msica y ternura.

Prodigio de tu nclito talento
fu el libro que logr inmortalizarte;
con l alzas a Espaa un monumento
y un monumento a Espaa erige el Arte...

Tu proeza ilumina oh Sol preclaro!
el siglo que tu mrito abrillanta.
Eres genio del mundo, eterno faro;
y encarnacin de Dios es tu obra santa.

Tu stira donosa fu la fusta
con que abatiste el vil positivismo.
Retrata enteramente tu obra augusta
a esa edad de prosico realismo.

Desde tu huesa, que el ciprs corona,
oye la sinfona de mi lira;
es la cancin que a tu memoria entona
el bardo filipino que te admira...

Para esculpir tu nombre giganteo,
para encumbrar tu gloria soberana,
arrancar la lira de Tirteo
y el estro portentoso de Quintana.

Al mundo literario que te aclama
le enalteces oh clsico ironista!
y a Espaa le has legado con tu fama
tu corona de insigne novelista.

Mientras se nutra el pecho de ilusiones,
de esperanzas y f que el alma anhela,
y elaboren amor los corazones,
triunfar el ideal de tu novela.

Vive an Sancho con vida depravada
y el pundonor con su ambicin se junta;
no est la sociedad regenerada,
y la aurora social an no despunta!

Quien no se dignifica en ser Quijote
ante la corrupcin y la innobleza,
para vivir sin denigrante mote
coronado con nimbo de grandeza?

Buen Quijote, salud! No eres vencido;
rguete hasta las nubes arrogante!
Vas como el Nazareno escarnecido,
pero sers despus un dios triunfante!

Tu apostolado, en mritos fecundo,
conquistar la admiracin humana.
Ms que buscar, como Coln, un mundo.
T formars el mundo de maana!

El bien social, tu sueo soberano,
no impera an sobre la tierra ma.
No siempre el Sol amaneci temprano,
pero siempre fulgura el nuevo da!

La crtica social tu libro entraa,
ideal de socilogos profundos.
Cervantes, loor a ti, gloria a Espaa,
la que fu soberana de dos mundos...!

Santa es tu obra y exije sacrificios,
padeciste por ella mil dolores;
salvar a las naciones de sus vicios
es misin de los grandes redentores!

Grande es Moiss, guiando al patrio suelo
al pueblo de Israel que se redime!
Ms grande emerges t, en el noble anhelo
de crear humildad justa y sublime!

No! No esa humanidad tan corrompida
que pisotea la honra y el decoro;
e hipoteca el amor y hasta la vida
por la ruindad, el clculo y el oro!

Loor al que salva al pueblo corrompido
del mal que le esclaviza y le pervierte!
Por rescatar al mundo envilecido
Cristo acept la cruz hasta la muerte.

Los Sanchos se aniquilan con presteza;
muere esa raza msera y raqutica;
Ya expira la maldad con la innobleza
ensartada en el hierro de tu crtica...!
.......................................
Los fervientes apstoles del da
sobrellevan an tu cruz sagrada!
An van cruzando la siniestra va;
an distan de la meta suspirada!

Al llegar al pinculo glorioso,
tras las pendientes trgicas y abruptas,
comulgarn, ante el altar del gozo,
la hostia de amor las almas incorruptas.

Oh la Pascua social! Da de encanto;
la f redimirs, hoy naufragada.
T, s, realizars el sueo santo
de ver la humanidad regenerada!

Llegars! No eres, no, delirio vano.
Trae el cicln, despus, das de calma!
Y ha de emerger, en tiempo no lejano,
la gran patria inmortal con nueva alma...!


           A SALVADOR RUEDA

Heraldo de la raza. En turquesa latina
ha modelado Espaa el alma filipina
con rosas de su carne y oro de su pendn.
Por eso, aunque nos vieres malayos por la cara
y morena la frente que el indio sol tostara
somos siempre espaoles en alma y corazn.

El pacto hispano-indgena de tres siglos de amores
no fu vana quimera de los conquistadores,
con sangre rubricronle Legazpi y Solimn!
Subsistir ese pacto, que alientan ideales
de secular cario y lazos fraternales,
porque lo anhela el pueblo con perdurable afn.

De Espaa es el espritu de mi nacin querida,
es rosa de su carne, pedazo de su vida,
y es de ella el mismo rayo de nuestro ardiente sol.
Corren por nuestra sangre glbulos espaoles
y hasta el sagrado loto nimbado de arreboles
se fecund en las islas con polen espaol.

D a la matrona ibrica, a la gloriosa anciana,
la que empu el gran cetro del mundo, soberana,
que la ama Filipinas con hondo amor filial;
y al cobijarla un tiempo bajo su ensea de oro,
legndole su ciencia y su idioma sonoro,
cumpli ella su sagrada misin providencial.

La cruz del misionero salv el malayo suelo,
y seal la ruta que nos conduce al cielo
sembrando en nuestras almas cien rosas de virtud,
y el hierro de Legazpi defendi nuestras tierras
de las piraguas moras en fratricidas guerras
librando nuestra estirpe de horrible esclavitud.

T traes, sacerdote ungido por la Fama,
el copn milagroso que guarda sacra llama
a este florn de Iberia del oriental vergel.
Comulgue nuestra alma, hincada la rodilla,
ante el altar del Arte, la hostia de Castilla,
jurando amor a Espaa, ser a ella siempre fiel.

Somos floridas ramas del roble milenario:
conserve nuestra raza el poder legendario,
que trasmitile Espaa, de su progenie audaz.
Los lazos que nos unen a ella en la ventura,
de religin, de sangre, de idntica cultura,
son vnculos eternos no se rompen jams!

No morir en mi tierra su lengua encantadora
y tras la niebla plmbea que oculta roja aurora
teida en sangre y lgrimas, en fiera tempestad,
la patria independiente, ciendo hermosa aureola,
en espaol sonoro como bramido de ola
entonar su himno a nuestra libertad.

Octubre, 1915.




Villanueva (Francisco)

Bisayo. Vive consagrado a la poltica. Estamp en Manila (1913), una
coleccin de poesas: _Horas de luz_.


           AWAKE...

Mira: yo sufro, y yo lloro,
pues bien puede suceder
que no llegues a entender
lo mucho que yo te adoro.

Si tu corazn de oro
el Sol de mi amor no advierte,
djame que lo despierte
de su letargo profundo,
para que viva en el mundo
junto al mo hasta la muerte.

1913.


               A MI PATRIA

Hermosa patria ma, amor de mis amores,
Sabes porqu mi acento hoy se dirije a t,
y porqu el ms indigno entre tus trovadores
gozoso te contempla con loco frenes?

Es porque se anonada la ardiente fantasa
ante el recuerdo santo del poema de tu ayer;
es porque sueo verte alta la frente un da,
seora del Oriente, reuniendo por doquier.

Entonces tu alma ensea envolver tu suelo,
tus plcidos hogares con ella se ornarn,
de oro, de azul y grana se teir tu cielo,
y oro y azul y grana tus campos mostrarn.

Tus nclitos donceles, tus vrgenes amadas
celebrarn ansiosos tu pgina inmortal;
y temblarn tus montes, rosales, y cascadas
a los melfluos sones de tu himno nacional.

Desde su trono el mundo levantar su frente
para entonar un himno, un himno en tu loor
Gloria para la patria ya libre e independiente
que luce a cuatro vientos la ensea tricolor!

Un amor acendrado oh patria! por ti siento.
Tuyos son mis laureles; es tuya mi ilusin.
Libre desea verte el claro entendimiento!
Libre desea verte el noble corazn!

1913.




Zacaras (Antonio)

Poeta nuevo. Ha escrito poco. Colabora en "La Defensa", diario
catlico de Manila. Muestra la gentileza de cantar en sus primeros
versos a la patria de la colonizacin.


            ESPAA INMORTAL

               TRIPTICO

                  I

            ESPAA HEROICA

La gloria de los grandes batallones,
que a la tierra asombr con sus grandezas,
resplandece de nuevo en las proezas
africanas de sus nclitos leones;

An respiran los viejos corazones
que arrullaron al mundo en sus ternezas,
y ante quienes bajaron las cabezas
el orgullo de cien Napoleones;

Aquella intrepidez en el combate
an existe y vigorosa late
en el alma inmortal de su soldado;

La patria, vencedora de cien lides,
abre de nuevo el libro del pasado,
donde vagan las sombras de los Cides!

                  II

            ESPAA CATLICA

Esa nacin grandiosa que, a porfa,
conquista mandos con ardor valiente,
tambin ensalza con fervor creyente,
las sublimes grandezas de Mara.

De fervorosa y mstica alegra,
se ilumina su rostro de repente,
y se postra de hinojos, reverente,
cuando pasa la virgen por su vida.

Y es que en esa nacin de maravilla,
la lumbre de la f constante brilla,
y hasta en la sangre de sus venas late;

Por eso entre el fragor de la metralla,
a sus hombres veris en la batalla,
que se persignan antes del combate!

                  III

            ESPAA LITERARIA

Esa Espaa ferviente y valerosa,
que confunde la Cruz con la Bandera,
tambin adora a la inmortal Quimera
que forma su ilusin maravillosa;

Y respira el perfume de la Rosa
de su Poesa, la creacin entera;
la humanidad, esttica venera
las obras de esa patria esplendorosa;

El Rosal de su ilusin florece,
el mundo, con su triunfo, se estremece
y el horizonte de su amor se ensancha;

y vivir su gloria eternamente,
mientras haya ideas en la frente,
mientras viva QUIJOTE DE LA MANCHA.




Zaragoza Cano (Flavio)

Bisayo, de Ilo-Ilo, donde dirige "El Heraldo".


          LA GOTA DE AGUA

Bajando por la impvida eminencia,
desde incgnitas fuentes,
rueda la gota de agua. En la confluencia
donde se unen arroyos y torrentes,
--con su ritmo triunfal de excelsas notas
o de ondas desatadas--
se entremezclan mil gotas con mil gotas
hasta formar ciclpeas cascadas...

Y a la manera
del salto audaz--desde la roca al llano--
con que muestra su esfuerzo la pantera,
salta el ro tambin al oceano
con terco empuje;
mientras en cada gota de agua ruje
la gnesis de ignotas tempestades,
la mar y el ro, en colosal connubio,
fecundan en las vastas soledades
la nube anunciadora del diluvio.

La nube retadora
pronta a caer en lluvias torrenciales,
se alzar de la mar que se evapora,
subiendo a los espacios siderales;
y cuando el viento
azote con su tralla el firmamento,
la densa nube la regin ignota
cubrir de los vastos horizontes,
para bajar de nuevo, gota a gota,
sobre la cumbre de los altos montes.

Gota de agua es el vate:
con su verbo proftico y sombro
pirdese de la vida en el combate,
cual rbol seco que arrastrara el ro;
su idea es torrente
que brota de la cumbre de su frente
y derramando la cascada roja
de sus magnas virtudes,
como el ro, tambin salta y se arroja
al mar de las dormidas multitudes.

En raudo vuelo
cruza de los espritus el cielo,
"donde Dios reina y do la f no mata,"
formando con las nubes de su idea
y sus cerebraciones,
la tempestad social que se desata,
que fecunda y procrea
el rbol-Libertad de las naciones!

Y cuando baje
la idea desprendida del celaje,
volver a fulgurar sobre otras frentes,
para trocarse en frescos manantiales
de futuros torrentes
que llenarn el mar con sus caudales:
correr como inmensa catarata
propulsora de ineptas voluntades,
en cuyo albo remanso se retrata
el vago porvenir de las edades...


            PROEMIAL

    A JOS HERNNDEZ GAVIRA

Joven bardo que encerr poesa
en pagodas de marfil y de plata:
templa el sistro de celeste armona
y tus sficos cantares desata...

Suelta al trote tus gallardos bridones
y que escalen la altitud tus corceles,
al concierto de modernas canciones,
bajo un arco de floridos laureles.

Verters la dulce euritmia del verso
en prestigio de los lares nativos,
cual aroma de grandeza, en el terso
y aureo yelmo de patriotas altivos...

Tu cancin sea de triunfos y amores
ante el alma nacional que te escucha:
blancos ritmos a doncellas y flores,
bravos toques a adalides en lucha...!




POETAS ESPAOLES EN FILIPINAS




Cmara (Felipe A. de la)

Granadino. Comenz a escribir en "Madrid Cmico". Residi en Filipinas
(donde cas), ms de veinte aos, publicando all sus libros _Bajo el
cielo de Manila_ (1908), _Palomicas de mi palomar_ (1915) y _Cadena de
amor_ (1918). Ultimamente resida en su ciudad natal.


            LA SAMPAGUITA

Pendiente sobre un seno que palpita
callada exhalas de tu olor la huella.
No hay otra flor que te aventaje a bella
Por algo te pusieron sampaguita!

Igual que una esperanza de bonita,
eres flor y pareces una estrella;
y no hay mejor adorno de doncella,
ni perfume ms fino necesita.

Bella mujer, que la belleza igualas
del "rosario" que lleno de ufana
luce en sus cuentos tan fragantes galas:

Un rosario de flores bien querra.
Si el que llevas al cuello me regalas
te prometo rezarlo cada da!


       LA MESTIZA ESPAOLA

Cuando llegue la noche del olvido
nadie tendr nocin de lo pasado,
y al encontrarlo todo transformado
alguien creer que nada se ha perdido.

De Urdaneta y Legazpi el apellido
ser, acaso, de todos olvidado,
y de mi patria el nombre venerado
ni evocado ser, ni enaltecido.

Acaso alguien recuerde, como en sueos,
un pasado de encantos ms risueos,
que en su eterna cancin digan las olas;

pero aun cuando en placer se trueque el llanto
No tendrn ya estas islas el encanto
de las dulces mestizas espaolas!

La mestiza espaola...! La que auna
la sangre de dos razas, la admiraba
de Norte a Sur; la ninfa elaborada
por los rayos de plata de la luna;

la mujer amorosa cual ninguna,
del malayo pensil flor delicada,
no volver a lucir, ni la templada
brisa de Oriente arrullar su cuna.

No ms la languidez de su semblante,
ni su busto arrogante,
en sus espejos copiarn los ros;

Ni la vern ciendo su alba frente
de sampagas, al brillo refulgente
de sus ojos obscuros y sombros.

Bella mujer, que en los felices das,
como la flor que aroma los vergeles,
endulzaras la vida con las mieles
de tus eternas y mansas alegras;

Dieron solaz las dulces melodas
de tu garganta a los proscriptos fieles,
y goz la fragancia de claveles
que de tu dulce cuerpo despedas.

Acaso tu recuerdo pronto muera;
pero tu tumba de mi patria amada
seguir cobijando la bandera,

mientras luzca en lugar tranquilo y quieto,
a merced de los vientos desplegada,
la leyenda triunfal de mi soneto.




Craves (Toms)

Montas, de Caburniga, donde naci en 1864. Licenciado en Derecho y
Filosofa y Letras. Residi en Manila muchos aos, ejerciendo la
abogaca. Fu catedrtico de Derecho Penal en la Universidad de Santo
Toms. Ocup altos cargos administrativos. Colabor en los principales
peridicos de Manila, singularmente en el "Diario". Regres de all
hacia 1898. Vive ahora en Alcal de Henares.


     TOTA PULCHRA ES MARIA

"_El Seor me posey desde el principio"_
    (PROV. VIII, 23).

Dadme canoras aves la armona
que en cascada sonora
surge del fondo de la selva umbra,
cuando el naciente da
fresco roco en las campias llora.
Dame, arroyuelo cristalino y manso,
el suave murmurar de tu corriente,
de espuma matizada en el remanso.
Prstame inquieto mar tu voz potente,
vosotras auras el susurro ledo
que vibra en los cristales de la fuente.
La fe su inspiracin hija del cielo;
las cuerdas del laud su meloda,
la cristiana oracin su grato anhelo
y sus cantos la hermosa poesa
que busca a Dios, cuando remonta el vuelo.
Fanales suspendidos en la altura,
alborada magnfica de Mayo
rival eterna de la noche obscura,
prstame de tu luz vvido rayo.
Envuelta en densa bruma
no sabe a donde va la mente inquieta;
dale tu luz al alma del poeta,
tus tintas a su pluma.
Cantar quiero a Mara Inmaculada,
aquel primer momento
en que al surgir de la impalpable nada,
tuvo lugar el sin igual portento.
Del pasado primero el vaho aleve,
no empa un solo instante su pureza
semejante a la nieve
que del Alpe se posa en la cabeza.
Mirad! All en su frente,
la alborada riente
de sus tintas los haces amontona,
cindola esplendente
y sin rival magnfica corona.
Ved!... a sus bellos ojos
asoma el rosicler de la maana
y son sus labios rojos
envidia de la grana.
Las clavellinas que de ingente roca
nacen en la hendidura,
envidian los perfumes de su boca,
y el marfil de sus dientes la blancura.
De su albo cuello en el contorno vago
algo incorpreo, inmaterial se extiende...
Es el cisne del lago!
Es la paloma que el espacio hiende!
Es Mara, la cndida doncella,
orgullo de Sin, la que escogida
fu del Seor para encarnar en ella,
La que de Sol vestida
con sus divinos pies los astros huella.
La matrona valiente
que de la astuta y prfida serpiente
quebrant la cabeza con su planta,
es la Madre de un Dios omnipotente
a quien absorto el Universo canta.
Es Mara, la egida y el amparo
del que en la tierra infortunado llora;
y es en el mar el encendido faro
enmedio de tormenta aterradora.
La que invoca el marino en sus azares,
cuando el azote de huracn violento,
las olas de los mares,
amenazan trepar al firmamento.
Entonces ay! es ella
quien al revuelto mar dice:--Detente!
la que apaga el rumor del oleaje
y hace que el Sol magnfico, esplendente,
rompa del nubarrn el denso encaje.
Es ella, quien a raya
pone al viento y amansa sus rigores;
aliento del que msero desmaya
y quien conduce a la distante playa
las barcas de los pobres pescadores.
Con labio balbuciente y vivo anhelo
"Dios te salve, Mara!"
en la cuna te dice el pequeuelo:
saldate el anciano
que harto ya de luchar con el destino,
apoyo busca en tu segura mano.
Mas que mucho, Seora,
que el hombre de quien eres bienhechora
su gratitud te ofrezca y, sus amores...?
tambin del Sol los mgicos fulgores
te rinden homenaje
y te saluda el mar con sus rumores,
con su aroma las flores,
las aves con su canto en el follaje.
La Creacin entera a ti rendida
himnos en tu loor, creyente, lanza,
que eres, al par que aliento de su vida,
el puerto en lo inmortal de su esperanza.
Dios te salve, Mara!
lirio de Nazaret, blanca azucena,
bendito imn de la esperanza ma!
Escucha la plegaria del poeta
que a cantar se atrevi tu gran Misterio,
que antes cantara el arpa del profeta,
del ngel el salterio...
Mas disculpa, Seora, mi osada
si me atrev a llegar a tu grandeza.
Qu madre no perdona una flaqueza...!
      Perdona, Madre ma!




Casuso (Manuel)

Hijo de espaoles, naci en la Habana el 6 de Marzo de 1874. Fu nio
a Filipinas, cursando el bachillerato en el Instituto de San Juan de
Letrn, de los PP. dominicos, Hizo all sus primeras armas literarias.
Colabor luego en peridicos espaoles del pas. Regres a Espaa al
emanciparse el Archipilago. Es ahora, en Barcelona, Director de la
Crcel de mujeres.


    CONDOR, DAME TUS ALAS...!

Del mundano vivr, cuanto me aterra
compartr la dorada falsedad!
Cmo me ahoga el lodo de la tierra!
Cmo mancha su negra suciedad!

Condor, dame tus alas: necesito
volar cmo tu vuelas, oh cndor!
Tengo sed de beberme el infinito
en un vuelo sin fin, libertador.

Mas ay! a qu volar? El alma impura
cautiva del dolor tiene que ser.
Condor, a que volar hacia la altura,
si al lodo de la tierra he de volver...?


      QUE TERRIBLE DOLOR!

Qu terrible dolor es este mo:
hoy como ayer, maana como hoy!
Como revuelto y caudaloso ro
de mi destino al fin marchando voy.

Calma te pido, padecer constante;
calma te pido, inhspito sufrir:
como el hroe al marchar hacia adelante
quiero cara al peligro sucumbr.

A la muerte no temo: qu es la muerte
sino el almo principio de otra vida...?
Queda fro en la tierra el cuerpo inerte
y vuela el alma que en el cuerpo anida.

Vuela el alma a los cielos y en la altura
es encendida chispa, es un fulgor,
y cuando brilla, desprendida y pura,
va a postrarse a las plantas del Seor.

Y desde entonces queda convertida
en un astro que miran los humanos;
una dorada estrella suspendida
del cristalino espacio en los arcanos.

.........................................

Estrellas rutilantes que contemplo
de azul y luminoso palpitar;
luminaria magnfica de un Templo
sin rito, sin imgenes ni altar!

Luceros de radiar inextinguible!
soles que apenas los humanos ven;
almas, felices almas! es posible
que llegue a ser estrella yo tambin...?

1921.


                   LAGRIMAS

Sabis lo que es el ro al parecer inerme,
cuyas dormidas aguas espejan lozanas?
Es el titn pacfico en cuyo seno duerme
un nunca sospechado tesoro de energas.

Sabis dnde ha nacido la plcida corriente?
Brotaron de las rocas sus gotas de cristal
y cliz son las rocas en el que lentamente
cayendo van las lgrimas de un llanto universal.

La escarcha se desprende cual lgrimas de fro;
lloran de la neblina los impalpables lutos;
son lgrimas del alba las gotas de roco
y los arbustos lloran las mieles de sus frutos.

El mar llora sus perlas; las nubes sus fludos;
llora la tierra gemas de ardiente claridad,
y llora el firmamento luceros desprendidos,
y llora entre sus risas tambin la humanidad.

Benditas sean las lgrimas! Cayendo persistentes
en ro se convierten tras lenta filtracin,
y en ese ro santo, ocltanse latentes
tesoros no apreciados de luz y redencin.

1922.




Escalera (Francisco de la)

Madrileo. Vivi expatriado gran parte de su vida en Amrica y
Filipinas. Aqu fu redactor de "El Comercio" y "El Diario de Manila",
donde publicaba versos a diario bajo el pseudnimo _Peldao_. En
Manila edit (1897) su libro _Poemas relmpagos_. En Madrid estamp
(1898) otro con el ttulo de _Baraja de sonetos_, porque contena
cuarenta. Colabor tambin en la Prensa de la corte, singularmente en
la ilustrada. Falleci en Buenos Aires en 1914.


                AO NUEVO

En la hora sombra de la noche
nace al mundo del vientre del Misterio.
Entre la Edad y el Siglo lo engendraron
en un instante criminal de incesto:
lo crean a traicin; como un delito;
como crea el reptil bajo del cieno.
Y sin embargo es grande. Por alcoba
tiene la inmensidad del firmamento
y ve al nacer, como primer paisaje,
de estrellas de oro empavesado el cielo.
Las horas, con las gamas de los bronces
a gloria tocan. Le saluda Enero
con sculo glacial. La Virgen Alba
le da un beso de luz. Y entona el viento
una marcha real en su homenaje;
un preludio de honor, un himno imenso.
En el Jordn de oro de la aurora
le bautiza el roco, y es su templo,
el Cos con su grandeza apocalptica;
mansin del super-Dios; altar etreo.
--Ya nace un ao ms!--dice Diana
brindando con el Sol, copn ardiendo,
que eleva con su mano triunfadora
desde el Atrio de Oriente; estalla un beso
que lo lanza el Amor... y la Alborada
se envuelve entre sus tnicas de incendio,
mientras el da nimba de colores
el panoramma azul. Sonre Invierno.
La humanidad imbcil con sus vtores
saluda desde el mundo al ao nuevo
y la naturaleza inagotable
le amamanta con savia de su seno.
La Esperanza le mira con angustia;
la Fuerza echa a reir; tiembla el Progreso;
la Paz suspira; la Igualdad en tanto
lanza una maldicin; se oye el lamento
que exhala la Honradez en las bohardillas;
pugna el Trabajo por romper los hierros
de su cadena vil; se ve en el lodo
como un gusano revolcarse al Pueblo
que tiene, harto de yugo y de miseria,
fiebre de dinamita en el cerebro...
y en su carrera de onzas, coronado
con diadema imperial, llevando un cetro
macizo de brillantes y rubes,
como un Csar o un Dios, pasa el Dinero.
.........................................
El Filsofo piensa:--"Es algo? Nada!
Qu es lo que significas, Ao Nuevo,
entre la Eternidad?" No eres ni el tomo
que el aire mece! En el Reloj eterno
vales mil veces menos que un segundo
del horario del hombre. En lo pequeo
no hay algo a lo que puedas compararte;
un "algo" es colosal; aun eres menos!
La Juventud cavila: "Eres el triunfo
de mi placer; apoteosis regio
de la procreacin, en tu holocausto
flotarn nuevos seres de mi cuerpo...
e ir unciendo tus das y tus horas
con cadenas de flores y de besos!"
Dice la Senectud: "Yo te saludo
doblando hacia la tierra mi esqueleto;
eres el peristilo de mi cripta,
eres mi enterrador, eres mi fretro!
Noto que ya fermentan los gusanos
bajo mi vestidura de pellejo;
yo s que has de tejerme con tus noches
una mortaja negra: slo ruego
que me arranques del crneo las ideas;
queman como rescoldo!" Y dice el Tiempo:
"Un ao ms de la Barbarie humana!
sigue la Edad de piedra; un cafre nuevo.
As guerrean los hombres. Los Canes
visten de magistrados y guerreros;
santifican el Maser y la Horca,
hacen del Oceano un Coliseo,
del campo del honor un spoliarium;
matan y juran entre rezo y rezo
y convierten la tierra creadora
en palacios de buhos y de cuervos,
los nicos amigos de las tumbas,
los nicos amantes de los muertos;
esas dos majestades de la noche
que van en recepcin al cementerio...
Todo es convencional y todo rige:
Conciencia, Patria, Aristocracia, Infierno,
Justicia, Fuerza, Jerarquas, Leyes,
Honor, Banderas, Religiones, Cetros,
slo la Inteligencia y el Cario
son los supervivientes de los tiempos;
can ellos dos se escalarn las nubes;
con ellos dos se invadirn los cielos.
El Corazn y el Crneo; dos grandezas
que tutean a Dios; son dos fragmentos
de su divino sr; el mundo en masa
es pobre y vil para guardarlas dentro;
para ellas dos, se necesita espacio:
lo llenan todo; inmensidad en pleno!"
                ...La luz del Primer da
se encuentra en el Cenit; el Ao Nuevo
fecunda ya la tierra; baa el Orbe
una ola vital; incuba Enero,
las venas y las plantas. Contina
la floracin eterna. Canta el viento.
Se oye la carcajada de la Orga,
se sonre el Amor. Palpita un beso,
y entre flores, se yergue la maana
brindando con el sol, copn ardiendo...!



ANTE LA DERROTA DE MONTOJO, EN CAVITE

En la baha entr.--Le "embotellaron!"--
todos a voz en grito prorrumpieron
Los enemigos _yankees_ le siguieron
y con potente escuadra le cercaron.

De nuestras pobres naves se mofaron;
su aciago fin unnimes previeron...
Y pronto todos por seguro dieron
el desastre espaol que presagiaron.

Cmo luchar con tan maldita estrella
y hacer que la bandera se salvara?
Slo hubo un medio: el de morir con ella.

Y antes que el enemigo lo pensara...
...rompi el pobre almirante "la botella..."
y se tir los vidrios a la cara!!

Madrid, Mayo, 1898.




Garca Collado (Jos Mara)

Extremeo--como Espronceda, con quien tuvo cierta afinidad espiritual
--aunque recriado en Madrid. Un trasatlntico le volc, en plena
juventud, sobre Manila. Comenz a versificar. Desde 1887 colabor
asiduamente en el diario "La Oceana Espaola". Public un volumen,
_Leyendas filipinas_. Le inspir la musa ebria de Poe y Verlaine. Fu
desdichadsimo, tormentosa su vida. Le acorralaron las acerbidades.
Conoci la crcel. "Descans",--que paz le fu la muerte--alrededor de
los treinta aos, Abril de 1890. Siete aos despus de muerto, sus
admiradores, y los de Manuel Romero de Aquino, publicaron una
seleccin de composiciones poticas de ambos bajo el ttulo "Homenaje
a dos poetas".--Manila, 1897, con prlogo de Manuel Mara Rincn,
ilustre periodista espaol de las islas.


         A MANILA

Pobre bardo, hoy a tus pies
vengo a ofrecer mis cantares.
Rica perla de dos mares,
si humilde la ofrenda es,
        t ya ves
que, inspirada en tu belleza
y reflejando tu historia,
tiene por timbre de gloria
la sombra de tu grandeza.

Aos ha que mi navo,
despus de tender la lona
y recorrer la ancha zona
de la mar a su albedro,
        cedi po
de mi afn al hondo anhelo.
A tus playas se acerc
y benigno me dej,
Manila, sobre tu suelo.

Aunque de Espaa alejado,
nunca de la patria lejos,
mirando en ti sus reflejos
qued mi afn consolado.
        Sea loado
Dios, que consigui juntar,
pedazos tan divididos,
que siempre han de estar unidos
aunque los separe el mar.

All la remota ola
besa los lindes de Espaa!
Aqu la mar besa y baa
tierra tambin espaola!
        Arrebola
sol de gloria el tierno abrazo
y el alma se alegra al ver
que jams se ha de romper
ese sacrosanto lazo.

La imaginacin inquieta,
al contemplar tal unin,
enciende la inspiracin
en la mente del poeta.
        Noble, reta
al bardo, que acude al duelo
y al herir la egregia lira
copia, a la luz que le inspira,
cantares que oy en el cielo.

Cmo a la noche callada
le place el verte oh Manila!
hermosa, alegre y tranquila
cabe la mar reclinada...!
        Ver la agrada,
cuando sube la marea
la ola que al llegar se ve,
como por besar tu pie
se deshace y forcejea.

No le pareces sultana
de belleza caprichosa:
le pareces, ms hermosa,
antigua virgen cristiana...
        Soberana,
al ver doblar tu cabeza
sobre tu brazo a la noche,
flor eres que cierra el broche
para ocultar su belleza.

Como encierras y avasallas
de tu pasado el blasn!
Bien lo dice el cinturn
que te cien tus murallas!
        Derribarlas
quieren, con feroz piqueta...
Arrancarte el blasn regio!
De tan torpe sacrilegio
protesto como poeta!

Al mirar la majestad
de tu encastillado busto,
se presiente algo de augusto
que ha quedado de otra edad.
        La impiedad
no quitar en sus conjuros
y esfuerzos extraordinarios,
la cruz de tus campanarios,
ni la piedra de tus muros.

Salve, cristiana amazona
que tras de tantos afanes
di el ilustre Magallanes
de mi Espaa a la corona!
        Si blasona
tu pecho de real nobleza,
rica perla de dos mares,
no desdees los cantares
con que ensalzo tu grandeza.

Movido de anhelo santo,
voy rebuscando en tu historia
los anales de tu gloria,
copindolos en mi canto.
        De su encanto,
que ninguna sombra empaa
tendr valor y nobleza,
porque al cantar tu grandeza
tambin canto la de Espaa.

Pobre bardo, hoy a tus pies
vengo a ofrecer mis cantares.
Rica perla de dos mares,
si humilde mi ofrenda es,
        t ya ves
que con profunda emocin,
de tu cario al encanto,
tambin, al par de mi canto,
te ofrezco mi corazn.


        FACILISIMO...!

Es hacer un soneto facil cosa
que, en sabiendo rimar, hace cualquiera;
por ms que ms de uno considera
que es sobrenatural y milagrosa.

De su facilidad dificultosa
es el fondo la gracia verdadera,
Siempre el fondo; la forma es la manera
de dar al fondo una cubierta hermosa.

El que sin fondo y forma hace un soneto,
con que es cosa difcil no se escude,
su ignorancia ocultar queriendo agreste.

No lo frague si busca ser discreto,
porque har, si lo fragua, no lo dude,
un soneto tan malo como ste...!


      AMBICIN CESARISTA

Cruza del Rubicn al otro lado
turba adiestrada de agoreras aves,
y Cras, ambicioso, dice al verlas:
--"Roma es la gloria!"--Y tras la gloria parte.

Qu importa que a su paso rasgue el pecho
de la que fu su generosa madre!
Decs que es un mal hijo... a qu ser bueno,
cuando es tan fcil el hacerse grande?

Muri la libertad. Al solio augusto
el tirano ascendi... Vedle, arrogante,
convertir de la patria el cuerpo hermoso
en insepulto y colosal cadver!

Roma era noble, y como noble, altiva...
Roma fu esclava, y como esclava, infame...
Y el mundo entero dobleg la frente
ante el mal hijo que humill a su madre!

Por eso cuando leo las Historias,
reyes, emperadores y magnates,
se me figuran turba de bandidos
cruel y sanguinaria y miserable!

Hijos felices de la odiosa espada,
la tierra, a su capricho, se reparten...
Diles vida la tierra! Ellos, feroces,
se alimentan del cuerpo de la madre!


    NOCHEBUENA DE 1887
       (FRAGMENTO)

Cede oh Dios! cede en tu ira
y mis desventuras mira
con inmensa compasin.
Derrama en m tu luz pura,
y libra de su amargura
a mi triste corazn.

Si el dolor con su agona
torna pura el alma ma
viva el dolor siempre en m!
Y si es la herida honda y fiera,
ms y ms y ms me hiera,
que quiero la muerte as!

Mas tanto sufrir no puedo!
Algo en m, que me da miedo,
me es imposible arrancar...
  Nufrago soy que, sin bro,
en medio de un mar bravo,
no logr al puerto arribar!

Est el horizonte obscuro...
El corazn inseguro
siento, templando, latir;
y el mnstruo me empuja y roza
y aunque cruel me destroza
me es imposible morir!

Terrible mar de la vida!
Fiera sirte aborrecida,
cuanto apacible falaz,
qu ley aqu nos encierra,
que nos tiene siempre en guerra
sin darnos nunca la paz?

Viene la ola! Sereno
busco una tumba en su seno
donde tranquilo dormir...
En vano, que otra ola avanza
fingindome una esperanza
y obligndome a vivir.

Y, sin este fin que anso,
ser mi destino impo
luchar y siempre luchar?
Existir eternamente
combatiendo frente a frente
con las olas de este mar?

Habr ms horrible infierno?
Deseando un sueo eterno
eternamente existir!
Apidate, Dios bendito,
de este dolor infinito
que tanto me hace sufrir!

Y de mi llanto deshecho
ten piedad: muerte y un lecho
preprame con amor.
Tras de este vivir amargo,
dame un sueo largo, largo...
muy largo y reparador...!




Martnez (Fray Graciano)

Fraile agustino, muchos aos residente en Filipinas, donde estuvo
prisionero cuando la revolucin de 1896, concluda en 1898 con la
emancipacin de las islas. Es asturiano, de Pola de Labiana. Dirige
ahora en Madrid la revista "Espaa y Amrica". Edit en Manila, 1901,
el libro de versos _Flores de un da_, en el cual se han espigado los
insertos a continuacin.


             FILIPINAS

Cantara yo la esplndida techumbre
que tu suelo cobija y hermosea
como un manto tejido de alma lumbre;

ese sol que en tus cimas centellea
y en los torrentes vvidos te inunda
que su carro de luz relampaguea!

Cantara yo tu tierra floribunda,
donde en raudales inexhaustos mana.
Primavera su pltora fecunda;

esa vegetacin rica y lozana
que te baa en color y poesa
como en rayos el sol a la maana!

Cantara yo tu mar, tu mar brava
que, al romper en tus plantas sus cristales
te arrulla con su brbara armona;

Cantara, en fin, tus brisas matinales
tus crepsculos plcidos y hermosos,
tus magnficas noches tropicales...!

Cul entonces mis versos sonorosos
como el limpio cristal de una cascada
fluyesen inspirados y armoniosos!

Como entonces mi musa arrebatada,
hasta donde tu cielo reverbera,
desde all como alondra enamorada,

en divinas estrofas prorrumpiera
cantando de tus dones el tesoro
con ritmos de perenne primavera!

Pero los das son ms bien de lloro,
no de adularte oh pueblo filipino!
a los ecos de cntico sonoro.

Mientras, tal desatado torbellino
surque tu faz, el rayo de la guerra
alfombrando de escombros su camino;

mientras del llano a la escarpada sierra,
el acero traidor rompa tu entraa
y en sangre inunde tu bendita tierra:

mientras no enfrenes esa impa saa
que hoy ceba sus instintos destructores
en tantos hijos de la madre Espaa;

mientras al Dios del Sina no implores
que tienda un velo a tu reciente historia,
nunca esperes ni aplausos ni loores.

Porqu engreirte con la vana gloria
de ver a tu Metrpoli vencida
cindote el laurel de la victoria?

Aqu Espaa cay como el suicida
a quien del goce lbrico el veneno
poco a poco arrancando fu la vida.

No surgi un slo nimo sereno,
que al presentir tu arrollador embate
se lanzase a morir honrado y bueno.

S; bien lo sabes t! No hubo combate
en que el len ibero haya lucido
el blico furor que en su alma late.

Por viles redes de traicin perdido,
en tus manos cay, como el cordero
en los mercados pblicos vendido.

No fu el atleta histrico, el guerrero
que cae en medio de la lid sangrienta
herido al golpe de mortal acero.

Me estremece de horror la vil afrenta!
Espurios hijos para quienes nada
es todo el odio que en el mundo alienta,

traicin hicieron a mi patria amada,
mancillando su honor, que aun esplenda
con vivos resplandores de alborada.

Ah! si pudiese con la sangre ma
borrar ese baldn de tu memoria...
Hasta la ltima gota vertera!

No! No brot en los campos de la gloria
el rbol de tu triste independencia:
naci como un aborto de la historia,

surgi como un hedor de pestilencia,
como el miasma meftico de un lago,
como el mal de una ptrida conciencia.

No espere nunca el lisonjero halago
de inmarchito laurel tu saa impa,
nacida para el luto y el estrago.

Ni suees que la gloria te sonra;
que la revolucin es el castigo
que Dios a un pueblo delincuente enva.

......................................

La fiebre de odios que tu pecho agita
ya es ms que fiebre vrtigo iracundo,
crter que horrores sin cesar vomita.

Porqu, porqu, escandalizando al mundo,
se ensaa hasta en el mismo sacerdote
tu rencor despiadado y furibundo?

No temes, d, que el exterminio brote
del seno impuro de nequicia tanta
y con sus alas de huracn te azote?

......................................

No seas, no, como la dbil hoja
que arranca a su merced el cierzo fro
que en Otoo los rboles despoja.

S cual la _narra_[43] de tu bosque umbro
que, al ascender por el azul sereno,
lanza al baguio valiente desafo.

No desarraigues nunca de tu seno
el rbol santo que hoy tu furia ataca,
ni en tu ser inocules ms veneno.

[Nota 43: Arbol leguminoso, maderable, muy empleado en la
construccin de moblaje.]

....................................

El pjaro que vuela de su nido,
cuando aun el vuelo remontar no sabe,
cae por sus propias alas oprimido.

No sea smil de tu historia el ave.
No, al sacudir tu cuello una coyunda,
otra ms dura y ms senil lo grave.

......................................

Truene a lucir el templo sacrosanto,
vuelve a adorar su redentor emblema
o reinen por doquier luto y espanto
y flagele tu rostro al anatema!




Molina del Pando (Angelina de)

Espaola. Slo cultiv la poesa en Filipinas, colaborando para "El
Mercantil" y otros peridicos de las islas, bajo el seudnimo de
_Casandra_. Aparece muy hermosa en el retrato que tenemos a la vista.
Muri, prematuramente, en 1917. Su madre, doa Angela Perejamo, reuni
los materiales para la coleccin de poesas de Angelina, rotulada
_Siemprevivas_, editada en 1920 por la Casa Maucci, de la cual se han
entresacado las que siguen:


    TUS MANOS

  PARA MI HIJA

Manitas, las dulces
manos de mi nena!
Las manos mimosas,
rosadas, sedeas;
las manos, divinas
como dos camelias,
que al acariciarme
parece que besan.

Manos adoradas,
juguetonas, tiernas,
como satinadas
manos de mueca;
con la delicada
pura transparencia
que tienen las suaves
hojas de gardenia...

Manos adoradas,
como dos inquietas
diminutas brujas
locas y traviesas,
que lo mismo rompen
todo lo que encuentran,
que se unen pidiendo
perdn, cuando pecan...

Que sean las dulces
manos de mi nena,
las que cierren mis ojos
cuando yo me muera!


       EL MARTIRIO DE MI VIDA

        Son largos los das;
      las noches, eternas...
Qu largo es el tiempo, cuando nos ahogan
      en llanto las penas!

        Los celos, como scuas,
      en mi alma penetran.
Son ascuas de fuego que todo lo arrasan,
      que nada respetan!

        Los celos traidores
      son rfagas negras.
Son arma de majo que hiere en la sombra,
      donde no le vean!

        No quiero sentirlos,
      y me hacen su presa;
me dominan, se enroscan en mi alma...
      Soy su prisionera!

        Los celos son malos.
      Ay del que los sienta...!
Yo tengo la senda erizada de celos
      La muerte me acecha!


            TU PORVENIR

Tras los cristales del jardin sombro
pasar he visto tu perfil romano,
hundida en el land, con tu mundano
gesto de burla, de desdn y hasto.

Reina en tu mundo, despreciaste el mo,
y cuanto te ofrec result en vano.
Poseedora del cetro cortesano,
un hogar de virtud te causa fro!

Pasa, pasa, mundana incorregible,
que corres ciega tras el imposible
placer que anhela tu alma pecadora...

Yo he de verte, ms tarde, envejecida,
sollozar el recuerdo de tu vida
sumida en tu vejez desoladora.


          FLOR VALENCIANA

Has nacido en la huerta de Valencia
hueles a naranjal y a limonero,
y en tus ojos, de encanto zalamero,
brilla como una estrella tu inocencia.

Llena la Huerta tu gentil presencia
y encantas con tu gracia al mundo entero,
haciendo resbalar por el pandero
tus dedos, que de nardos son la esencia.

La Huerta con sus flores te engalana,
y hay algo en tu belleza valenciana
que encanta, y estremece, y enamora.

Pareces de un sultn la favorita,
y toda tu persona clama y grita
que corre por tus venas sangre mora.




Pellicena y Camacho (Joaqun)

Hijo de catalanes, naci en Valladolid (1879), y muy nio le llevaron
sus padres a Filipinas, donde ha morado alrededor de treinta aos.
Curs el bachillerato en el Ateneo municipal de Manila. All naci su
aficin al arte literario, componiendo versos desde la adolescencia.
Antes de cumplir los veinte aos, fund y dirigi en Manila "El
soldado espaol", luego "La Unin Ibrica" y ms tarde el diario "El
Noticiero de Manila". Fund despus la revista "Cultura Filipina", y
fu redactor jefe de "El Mercantil". Volviendo a Espaa hace pocos
aos, se estableci en Barcelona, donde dirige ahora "La Veu de
Catalunya".


            ASPIRACIN

En esas horas de inefable calma,
cuando las nubes, al morir, colora
el rojo sol, y estremecida el alma
inquiere, meditando, soadora,
ese tenaz misterio de la vida
que engendra de la duda roedora
la imagen maldecida...
cuntas veces, del mar en la presencia,
y escuchando su msica salvaje,
crea, entre el rumor del oleaje,
los gritos percibir de la conciencia!

Cuando vencido el pensamiento gime
y la razn ya vacilante calla;
con mpetu sublime,
que no s si condena o si redime,
la idea en luces de color estalla.

Con suave arrullo o con feroz empuje,
como la lira acaso del poeta,
el mar, o canta o ruje,
y en su cancin o en su rugido inquieta
finge la mente del absorto vate
recuerdos de un ayer que va pasando,
de su lira en las cuerdas evocando
los "gritos del combate".

Casi olvidado de la humana escoria,
de amor henchido el corazn ardiente
y mintiendo los nimbos de la gloria
en la marchita frente,
del bardo las hermosas ilusiones
inventan, en el mundo, el paraso...
Fantsticas ficciones!
Piadoso Dios, para humillarle, quiso
que el mar, con estridente carcajada,
hiciera resurgir en su memoria
todo el recuerdo de la duda odiada,
trasunto de su historia.

Y despus, con desprecio,
en la augusta agona de la tarde,
se re el hombre de su orgullo necio
que quiso hacer de indiferencia alarde,
pues mientras vive, lucha, y es al cabo,
Csar potente o miserable esclavo,
lidiador en la vida, aun el cobarde.
Siempre el mortal, en su inquietud batalla;
y mrtir o verdugo,
vencido o vencedor, en la lid halla
lauro esplendente o vergonzoso yugo.

Mas no calma el infinito anhelo
de la idea rebelde o redentora;
si se apagan los astros en el cielo,
la luz presiente de la nueva aurora.

Por eso, el alma ma,
para llenar ese vaco horrible,
a otras regiones ascender ansa...
mas ay! ser posible?


             EVOCACIN

Porqu, cuando la noche perezosa
envuelve la ciudad en el misterio,
as me atrae la olvidada fosa,
perdida en un rincn del cementerio?

Porqu voy a rezar sobre esa tumba
donde duerme el pasado, si me deja
hasta el insecto que en los aires zumba
en el alma la cifra de una queja?

Fu ayer cuando muri la pobre Rosa.
Fu ayer cuando muri! la amaba tanto
que busco siempre su olvidada fosa,
perdida en un rincn del camposanto!

Con rudo golpe mi contraria suerte
me hiri, cuando en el cielo me crea;
el dulce idilio interrumpi la muerte...
y nadie comparti la pena ma!

Por su belleza y su bondad vencido,
an vive su recuerdo en mi memoria,
mas mi ventura para siempre ha hudo
desde que el ngel retorn a la gloria.

No lo puedo olvidar; amaneca
y el sol, de luz en lgrimas deshecho,
hasta la alcoba penetrar quera
y besar su cadver en el lecho.

Pas como las nubes del esto!
despus la realidad...! una mortaja...
un cuerpo inerte, inanimado, fro,
que encierran sin piedad en una caja...

Como valor finga, de mis ojos
el llanto contener pude un instante;
para no ver sus mseros despojos
ocult entre mis manos mi semblante.

Alc luego la frente, mas no estaba
su cadver all. Vana porfa!
Ya su cuerpo en la tierra descansaba!
Ya en una tumba su beldad yaca!

No para hacer de mi pasin alarde,
para hallar fuerzas en la lucha acaso,
al templo de la muerte por la tarde
del triste da dirig mi paso.

Llor sobre su abierta sepultura
aquel perdido bien que tanto amara...
Nunca pude pensar que mi ternura
tanto placer en el dolor hallara!

Y desde entonces, de la noche umbrosa,
envuelta la ciudad en el misterio,
as me atrae la olvidada fosa
perdida en un rincn del cementerio.


           (CANCIONERO DE MANILA)

          LAS CALLES DE INTRAMUROS

Cuando paso por las calles de Manila, me parece
que resurgen intramuros los recuerdos del ayer;
en la vaga somnolencia de la tarde que anochece,
evocando voy memorias de heroismo y de poder.

Veo lanzas y arcabuces, veo picas y banderas;
oigo vtores y pasos en ruidosa confusin,
desfilando por mi mente las legiones altaneras
de Legazpi y de Salcedo, Lavezares y Chacn.

A mis ojos con visiones de centurias idas brindo
y me abstraigo de las gentes y costumbres de mi edad,
sorprendiendo a don Alonso cuando, al pi del tamarindo,
de su esposa Catalina castig la liviandad.

Las aceras animadas van poblndose de seres
que en las msticas edades esculpieron su vivir;
a la luz de la leyenda pasan hombres y mujeres,
con sus gozos y sus duelos, su llorar y su reir.

Una dama que en el manto se arrebuja el lindo talle
se ve entrar en una iglesia; y, al oirse la oracin,
un hidalgo que se para en la esquina de una calle
y el chambergo se destoca con cristiana devocin.

Por los claustros vagan sombras pensativas de doctores
que escribieron en las celdas o incensaron el altar;
y del Sol a los postreros moribundos resplandores
a un alfizar asomado se ve a un fraile meditar.

El espacio hienden torres de la iglesia redentora
que la cpula cobija con los brazos de la cruz
y del fondo de los siglos va la chispa inspiradora
encendiendo en las conciencias los destellos de su luz.

Con monjiles atavos, tras las tapias del convento,
se presiente que va pronto Mara Clara a parecer,
evocando soadora, ya dormido el pensamiento,
la azotea do hizo Ibarra sus mejillas florecer.

All enfrente se divisa de la Fuerza de Santiago
el histrico recinto, de almenaje seorial,
que con fnebres tapices enltose el da aciago
que vi arder entre sus muros la capilla de Rizal.

Ah! Que apague la Discordia de su tea fratricida
los impdicos fulgores, el maldito resplandor!
Que la Muerte no separe lo que jntase en la Vida!
Que los hombres no desunan lo que uniera el Creador!

Ni separa ni desune. Su cristiano testamento
fu la sntesis suprema de la unin espiritual
de dos pueblos que son uno, por la F y el Pensamiento;
que son uno en los amores y en el verbo de Rizal.

Y asi fu. Cuando caa de los mstiles gloriosos
la bandera que la cuna de Rizal empaves,
el espritu hermanado de dos pueblos generosos
en la mente libertaria de Rizal nidific.




Pearanda y Escudero (Carlos)

Naci en Sevilla el 7 de Abril de 1849 y muri en Madrid, 19 Noviembre
1908. En su ciudad natal public, muy joven, su primer libro. Luego
varios en Madrid, prologado por Vctor Hugo el rotulado _Cantos del
pueblo_. Por entonces alcanz Pearanda mucha boga en la corte como
poeta. En Filipinas, ejerciendo altos cargos administrativos, residi
durante dos etapas: alrededor de 1887, en que fund "La Opinin",
diario de espritu Iberial, que muri al tornar Pearanda a Espaa; y
de 1891 a 1898, colaborando entonces en varios peridicos manileos, y
con mayor asiduidad en "El Comercio". Al estallar (1896) la
insurreccin, organiz la guerrilla de voluntarios de San Miguel, a
cuyo frente asisti a la toma de Silang (Febrero, 1897), otorgndosele
la placa de la cruz roja del Mrito Militar. En Manila estamp cuatro
libros: _Prosa_, _Ms prosa_, _Poesas selectas_ y _Por la Patria_.
Por su probidad como funcionario y su cultura excepcional, mereci el
respeto de espaoles y de filipinos.


     AL CUMPLIR CUARENTA AOS

Adios, auras de gloria y de poesa
dulces errores y tiranos dueos!
Adios, por siempre, altsimos empeos
luchas sin galardn, noches sin da!

Roto el encanto, la conciencia fra
ve alzarse, hoy burladora, ayer risueos,
tiempos que fueron ya--sueo de sueos--
del porvenir la negacin sombra.

Ver la felicidad y no alcanzarla,
correr tras de la gloria y no obtenerla,
tener un alma libre, esclavizarla...

Vida que no es ni nuestra al poseerla,
no vale el torpe afn de conservarla,
ni el miedo miserable de perderla!


    A UN PALO DEL TELEGRAFO

Ayer monarca de los bosques eras,
dispensador de sombra regalada,
lecho hojoso del aura enamorada,
bulliciosa ciudad de aves parleras.

Hoy, triste, escueto, ni volver esperas
a tu pomposa juventud pasada;
de desnudz imagen desolada,
y esqueleto de muertas primaveras.

Mas no llores tu verde lozana,
ni las ausentes auras voladoras,
ni tu diadema de follaje vano.

Hoy de un gran porvenir marcas la va;
tus auras son palabras vibradoras
y tu corona el pensamiento humano.




Perejamo Morales (Angela)

Espaola, con larga residencia en Filipinas. Madre de la poetisa
Angelina Molina de Pando _(Casandra)_. Vive en Ceb, islas Bisayas.
Junt los materiales para _Siemprevivas_, la obra potica pstuma de
Angelina, publicando al frente de aqulla la siguiente composicin _A
la memoria_ de su hija, de factura muy clsica.


    A LA MEMORIA DE MI HIJA

Ya todo termin; ya te marchaste;
ya no ests a mi lado;
ya se abrieron tus alas y volaste
a la inmensa regin de lo ignorado.

Que triste, Lina ma,
nuestra casa qued! T te has llevado
nuestro afn de vivir, nuestra alegra,
la esperanza de todo lo soado
cuando estabas en nuestra compaa.

Quin decirnos pudiera
hace muy poco tiempo, quin pensara
que tu voz para siempre enmudeciera;
que tu risa por siempre se esfumara,
que tu cuerpo de tierra se cubriera!

Qu horroroso tormento
el que junto a tu lecho hemos pasado
queriendo aminorar tu sufrimiento!

Y ste de hoy, en que tristes, desolados,
sin poderte apartar del pensamiento
nos vernos, sin tu amor, abandonados!

S, como yo confo,
desde el mundo mejor en donde moras,
ves nuestro llanto y este dolor mo,
consulete el saber que a todas horas
al miramos sin t, sentimos fro!

Y qu pena tan fiera
es para mi pensar que no has logrado
ver realizada una ilusin que era
algo hermoso que t habas soado
desde los tiempos de tu edad primera!

Pobre consuelo el mo;
el de juntar de tu fecundo nmen
las frases que leer no puedo en calma
e imprimir con mi orgullo este volmen
en el que van pedazos de tu alma!

Ah, si saber te es dado
lo que pasa en el mundo que perdiste
vers el fuego con que se te ha amado,
pues desde el da horrible en que partiste,
el dolor de los tuyos no ha cesado!

Que tal vaco dejas
en el pecho de cuantos te han querido,
que aunque intiles son todas sus quejas,
aoran siempre el dulce bien perdido,
y ms te adoran cuanto ms te alejas...

Ceb, Octubre 1919.




Romero de Aquino (Manuel)

Andaluz. Sevillano? Hizo estada larga en Manila, donde cas y
engendr prole. Muri Diciembre 1894, y a poco el Ayuntamiento acord
dar su nombre a una calle de la ciudad. Dos aos antes de su bito
public el libro primero--y nico--de su _Romancero filipino_, obra
hermosa y definitiva. La dedic al general Despujols, capitn general
de las islas. Este y Gutirrez de la Vega, director general de
Administracin, y Mecenas de Romero, lograron que el Estado
adquiriera, con destino a las escuelas, buen golpe de ejemplares. Fu
un medio delicado de remediar la penuria del poeta, hombre inadaptado,
incapaz de sujetarse a escritorio u oficina, ni a ninguna suerte de
trabajo vulgar. Escribi con intermitencias. Le falt la espontaneidad
y el vigor de Garca Collado, su mulo; pero le super en sentimiento
y correccin y en cultura literaria.


            PERDONAME...

Perdname, bien mo!
De inmenso amor arrobadores cuentos
nos relataba el ro:
an palpitaban del ardiente esto
en las fugaces auras los alientos.

Con cntiga amorosa,
daba su adis al espirante da
la alondra melodiosa:
bajo inmenso dosel color de rosa
Hspero, rutilante, sonrea.

El astro soberano
al descender tras el roquero monte
que cierra el fertil llano,
trasunto hermoso del Edn cristiano
dibujaba en el mgico horizonte.

Tus ojos, como espejos
reflejaban tambin aquellos rojos
y dorados reflejos:
tu mirabas all, lejos, muy lejos...
y yo te devoraba con mis ojos.

Perdname, bien mo!
Todo invitaba amores, alegra,
demente desvaro:
la tierna alondra, el murmurante ro,
el sol de ocaso, el fugitivo da.

Quin se hubiera cuidado
de humanos males ni mundanos dolos?
T al mo, yo a tu lado,
solos, mi bien! hubiramos estado,
sin nuestro tierno amor, nosotros solos.

"Mi amor a t--deca--
arder como el sol que siempre arde:
ese sol, alma ma,
da en otros horizontes vida al da
que aqu mata en los brazos de la tarde.

Sus alas extendiendo,
la plmea turba al aire ofrece en salva
sonoroso estruendo,
la tarde aqu con pena despidiendo,
all dichosa saludando al alba."

El da, agonizante,
suspiraba quiz por la luz pura
que, al sonreirme amante,
derramaba en mi pecho palpitante
de tu mirada intensa la ternura...

Perdname, bien mo!
Todo, menos tu faz y mi alegra,
tornbase sombro:
call la alondra, adormecise el ro,
baj al abismo el sol, expir el da...

--"Qu dichosos instantes,
viendo el alba nacer en esos otros
horizontes distantes,
las almas gozarn de dos amantes
tan felices tal vez como nosotros.

Ellos ms...! Aqu mata
nuestro bien, la que odiamos, noche impa;
all la aurora grata
que en flgidos torrentes se desata
les ofrece de amor entero un da!"

Tus frases de amor llenas,
desbordaron, rompiendo de mi calma
las frgiles cadenas,
un mar de hirviente lava por mis venas
y otro mar de delirios por mi alma.

Perdname, bien mo...!
Pusieron contra t del alma ma
en el volcn impo,
su amor la alondra, su murmurio el ro,
su ausencia el sol, su negra noche el da.

Cediendo tu fiereza
en mi seno estrech con embeleso
tu celestial cabeza...
Y el ltimo fulgor de tu pureza
parti con el rumor del primer beso...!


     ADIOS, LA NAVE!
       (FRAGMENTO)

Ya se ha borrado la estela
que bordaba aquella nave,
que al impulso de su vela,
sobre los abismos rueda
ruda y gentil como el ave.

Ya en lid con los elementos
en el ancho mar a solas,
no traen hasta mi los vientos
los rumorosos lamentos
de aquellas vencidas olas;

y apenas la vista alcanza
su velmen arrogante,
que se ofrece a semejanza
de blanco espectro gigante,
alzndose en lontananza.

La nave...! Quin sabe cierto
si los que surcando van
de los mares el desierto
llegarn salvos al pueblo?
Quin sabe si volvern?

Quin sabe si el mar aborda
detrs del eco postrero
de la cancin lenta y sorda
que, recostado en la borda,
canta el bravo marinero?

Mi ser tras de ti se lanza;
slo all, en la inmensidad,
el alma a entrever alcanza
de su insegura esperanza
la anhelada realidad.

Del infinito en presencia,
slo la vital esencia
puede sentir explicable
el eterno e insondable
misterio de la existencia.

Volemos, nave querida,
lejos del mundano lodo;
la inmensidad nos convida,
y siento que es dulce todo
lo que aleja de la vida.

Las aguas del mar envuelve
en su seno y sube, sube,
y otra vez se las devuelve
cuando en lluvia se resuelve,
limpias y dulces la nube.

Y es que del mar la amargura
al subir de si destierra,
y el agua es tanto ms pura
cuanto mayor es la altura
que la aparta de la tierra.

La nave, adios! Muere el dia
y plcida noche en calma
su primer beso te enva:
al mundo paz, a mi alma
profunda melancola....


        A MI LIRA

Amaremos a la aurora
que arrulla tierna a los das
en la cuna,
y a la tibia luz que llora,
llena de melancolas,
blanca luna.

A las gotas de roco,
que engalanan con diamantes
a las flores,
y al que alegra el bosque umbro,
gorgear de los amantes
ruiseores.

De las lquidas serpientes,
las de espumosas escamas,
los acentos,
y las selvas y las fuentes
y las hojas y las ramas
y los vientos.

Al celaje caprichoso
que de mil raras visiones
formas toma;
y al arrullo carioso
con que alegra a sus pichones
la paloma.

A la noche, cuyos duelos
en su manto de topacios
lleva escritos;
amaremos a los cielos,
amaremos los espacios
infinitos.

Amars t mis canciones,
yo el encanto que suspira
tu ternura;
t mis versos, yo tus sones,
t a tu dueo, yo a mi lira
qu ventura!

Almas para el bien nacidas
que perdidos sus lamentos
gimen solas,
naves son ay! sumergidas
al embate de los vientos
y las olas.

Lloras mi lira? Ests triste?
No nos suma en sus abismos
la amargura.
Dios nos di el raudal que existe
dentro de nosotros mismos
de ventura.

Lloraremos la alegra,
reiremos indiferentes
los enojos.
Y agotranse algn dia
tus suspiros y las fuentes
de mis ojos.

Yo te dar mis canciones;
t la voz que en mi ser deja
dulce calma;
yo mis versos, t tus sones;
yo un ay! triste, t una queja,
      yo mi alma...!


  ROMANCERO FILIPINO

          XV

Regalo son de los ojos,
hacindolas menos densas
y bordando de la noche
las misteriosas tinieblas:
un luminoso suspiro
de la luna macilenta;
del astro que lejos muere
la despedida postrera!
la luz temblorosa y pura
de mil millares de estrellas
que errantes chispas encienden
sobre las ondas serenas;
huyendo de los esquifes,
murmurndoles sus quejas,
fosforescentes espumas
por irritadas ms bellas;
nieve, pursima nieve,
dormida en las aguas quedas
y que azoran, de los remos,
las sacudidas violentas:
destellos que multiplican
las armas de los cincuenta
que van a Mctan, del Rgulo
a vengar la grave ofensa,
y que en la costa enemiga
marcaran, antes, sus huellas,
de que las nocturnas sombras
avergonzadas por feas,
se escondan viendo del alba
la blanca faz hechicera.
Avanzan como los vientos
las navecillas ligeras,
y presto en Mctan embisten
de la playa las arenas:
Hernando de Magallanes
dict consigna severa
y desembarcan los bravos
de sombras con apariencias;
porque tal es el silencio,
que no se mueve una lengua
ni para alzar sus ruidos
tienen las armas licencia,
y de los mismos esquifes
enmudecen las maderas
y hasta las olas acallan
el rumor de la marea;
que las rdenes de Hernando
no quieren desobediencias...!
Es todo inutil; al punto
se oyen las voces aquellas
agudas, desapacibles,
que repetidas se alejan
lo mismo que las del eco
volando de sierra en sierra,
con las que anuncian los indios,
habiendo ocurrido apenas
la cautelosa llegada
de la falange extranjera;
mostrando con sus aullidos
y con vivir tan alerta,
que nunca abrigaron duda,
antes tuvieron certeza
de que los de Espaa iran
a castigar la insolencia
del altanero cacique;
sin afligirles ms pena
que no poder de los tiempos
quebrantar la ley suprema,
acelerando las horas,
para sus ansias tan lentas!
que han de aguardar impacientes
antes de lavar su afrenta.

Al ver burlado el misterio
con que trataban ausencia
mentirles, juzgan ms prxima
la vengadora refriega,
y al viento dan los aceros,
apoyanlos en las piedras,
y de las lucientes hojas
probando la resistencia,
llegan a poner las puntas,
de las guarniciones cerca;
y al clavarlas en el suelo,
sienten hervir en las venas
de sus abuelos la sangre,
que fu su mejor herencia,
y acariciando la santa
memoria de sus proezas,
murmuran--_desperta ferro!_--
siguiendo la usanza vieja.

Forman un compacto grupo
dispuestos a la pelea:
bostezan los arcabuces
mostrando sus bocas negras;
que ansan vomitar muerte
y les aburre la huelga:
suena el clarn sacudiendo
de su mudez la vergenza,
y a su son acude el dia,
precedido de la incierta
luz del alba, como nuncio
de su prxima presencia.

Ven entonces los guerreros
de enemigos nube inmensa,
llenando apiada masa
toda la tendida cuesta
desde donde acaba el llano
hasta donde el bosque empieza.

La viviente mancha obscura,
las incontables ballestas
las innumerables lanzas
juntas cual lluviosas hebras,
todo obscuro como el bosque
que guarda sus madrigueras,
todo inquieto cual las ramas
que sacude la tormenta,
presntase prolongando
la espesura de la selva.
Qu es aguardar? Magallanes,
al ver que con impaciencia
por la cifra de contrarios
multiplica su fiereza,
dirigindose a su hueste
dice las razones stas:
--"El santo nombre de Cristo,
la noble gracia del Csar,
y la gloria de la patria
y la limpia fama nuestra
los estis viendo ultrajados
por aquella vil caterva,
y de su venganza os hacen
la generosa encomienda.

Los que nacen en Espaa
slo conocen dos sendas:
o morir, para honra propia,
o vencer, para honra de ella.

Cuanto hasta el presente hicimos
va jugando en esta empresa;
ved lo que puede costaros
un momento de flaqueza.

La causa que sustentais,
de batallar la experiencia,
el corazn y las armas;
toda la ventaja es vuestra.

Compaeros! nuestras glorias
son de los salvajes presa;
vamos por ella, llevando
rayos de acero en la diestra,
el agravio, en la memoria
y la f, en la Providencia!"--

El grito de "Dios y Patria"
ruje la hueste de Iberia,
y al punto hacia el enemigo
emprende veloz carrera
estremecindose, altiva
y feroz, con la soberbia
de leones irritados
que sacuden las melenas;
los alaridos del indio
turban la regin serena
del aire, y la muchedumbre
de los contrarios, inquieta,
en sinuosas oleadas
agtase, a la manera
con que a los ojos se ofrecen
las ondas altas y lejas,
o las mieses que combaten
los vientos de la pradera.

Forman cerrada techumbre
en el espacio las flechas
despedidas por los indios
con vigorosa destreza,
y de las finas corazas
el temple ponen a prueba,
hasta parecer dudoso
lo eficaz de su defensa;
llegan, hieren y rebotan
sin un instante de tregua
y es pavoroso redoble
el que sin cesar resuena,
imitando el que produce
de granizo nube espesa,
cuando los vidrios azota
con iracunda violencia.

Ruje de los arcabuces
la detonacin siniestra
y ante sus fuegos los indios
de vacilacin dan muestra;
ms, prestos, cual si escuchasen
amenazadora arenga,
con nuevo aliento sacuden
la momentnea tibieza,
y los que detrs combaten
cierran sin temor las brechas
en que rompe el plomo hirviente
las avanzadas hileras,
y no cede de los indios
la pertinaz resistencia,
y van pasando las horas,
y aquella humana barrera
si cien veces viene al suelo
otras cien se alza ms recia.

Sobre el enemigo bando
corre la mesnada ibera,
empendose la lucha
ms fragorosa y sangrienta.

Las incansables espadas
relumbran como centellas,
y dan a sus rudos golpes
robustas lanzas respuesta;
saltando bajo las mazas
las armaduras deshechas,
por el campo estremecido
hacen abundante siembra
de hombreras, petos, celadas,
brazaletes y escarcelas.

Los de Espaa sus aceros
con ambas manos aferran,
y a su filo no resisten
las enemigas rodelas,
y divide el mismo golpe
hasta el pecho las cabezas,
y parece, al descargarle,
que surge de una caverna
el ronco aliento, imitando
esa saa, ese ardor, esa
respiracin del labriego,
ruidosa, cuando maneja
el hacha y gigante tronco
desmenuza en leves leas;
y para espantar las almas
abren tan cumplidas puertas
que al salir, an las ms grandes
se sienten harto pequeas:
todo fuego, todo llamas,
lumbre todo en la contienda;
las rojas chispas que al choque
de los hierros centellean,
los rayos de las pupilas,
el ardor de la ira ciega,
el resuello incandescente,
el mar de sangre que humea...!

Al fin, el tesn desmaya
de su brava resistencia
y las enemigas turbas
guarecense en la floresta,
de mortal pavor transidas,
arrastradas y dispersas,
como al rugir de los vientos
las plidas hojas muertas,
cumplindose la de Hernando
a Ambar brava promesa.

Tras de ellos los espaoles,
con bien escasa prudencia,
prosiguiendo la victoria
van a la espesura negra,
y de los contrarios muertos
dificultando la cuenta
es cruel carnicera
la que fu funcin de guerra,
y es angustioso lamento
lo que fu rugir de fieras.

Apaga la luz del da
de humo negro nube espesa;
rsganla voraces llamas
incendiando la ancha esfera,
que a los deslumbrados ojos
miente tempestad horrenda,
y aquella sangre, que baa
monte y llano por doquiera,
parece la roja lluvia
de aquella nube bermeja.

La morada del cacique
y las vecinas viviendas
de los indios principales,
son slo incendiaria tea
a cuyo contacto el bosque
se inflama en gigante hoguera,
de la victoria de Espaa
solemnizando la fiesta;
pero pronto aquella lumbre,
breves momentos risuea,
lo mismo que de las hojas
hace del placer pavesas,
y es antorcha funeraria
que alumbra con llama ttrica,
la realidad espantosa
de las humanas miserias...!

Seguido de algunos pocos
soldados, con marcha presta
Hernando de Magallanes,
siguiendo angosta vereda,
adelanta sin recelo,
ni cuidar de que la senda
se prolonga entre dos vallas
de impenetrables malezas,
cuando una lanza traidora
salida de entre las breas,
rpida, pujante, aguda
como acerada saeta,
sin que su poder resista
la coraza milanesa,
de peto, espaldar y entraas
desmiente la fortaleza,
y del pecho del caudillo
lanza el alma gigantesca;
veda el color al semblante
la savia de sus arterias
apareciendo en las armas
el carmn que al rostro niega;
cae el acero de sus manos,
alza una mirada inmensa
al cielo, ruge, desmaya,
y, cual coloso de piedra,
cuando a plomo se derrumba
hace trepidar la tierra....

Acdenle los soldados
con estril diligencia;
no salen los espaoles
de la terrible sorpresa
vanas son las esperanzas;
sola su desdicha es cierta;
no le tornan a la vida
juramentos ni querellas...!

Cuando cumple a la Fortuna
mostrarse con l esplndida,
le asalta traidora muerte,
le aguarda salvaje huesa;
pero logra el buen Hernando,
por preciada recompensa,
aqu abajo eterna fama
y all arriba gloria eterna!




Segura y Miralles (Luis)

Alicantino, de Novelda, aunque originario de Valencia. Hace un cuarto
de siglo reside en la provincia de Cogayn, donde se cosecha el ms
exquisito tabaco filipino, a cuyo negocio se consagra. All cas con
una dama del pas. Y all, en sus ocios, pulsa la ctara.


             EL OLVIDO

Por encontrar la fuente del olvido,
errante, por el mundo fu corriendo,
cuando un hombre de rostro venerable,
de hirsuta barba y de mirar severo,
cruzse en mi camino, y apoyando
su flaca mano en mi cansado pecho,
--"dnde vas?, caminante",--preguntme--.

--"Remedio busco a mi dolor acerbo;
beber anso el agua cristalina,
que las penas disipa y los recuerdos."

Lanz el anciano horrible carcajada
y con temblona voz, como un lamento,
--"Tambin yo un da--dijo--cruc el mundo
llagado por terribles sufrimientos....

Pero hall al fin la fuente deseada.
Sigue esa senda--continu el buen viejo--
y al llegar de aquel monte, a lo ms alto,
vers cumplido, oh, joven! tu deseo."

All me encamin, trep a la cumbre,
coronada de aliagas y romeros,
y al tender la mirada en lontananza,
medio oculta entre sauces gigantescos,
erguida, vi una cruz, la cruz bendita
que el hondo sueo vela de los muertos.

1920.


              MI TESORO

Guardo yo aquel mechn de tus cabellos
como el devoto la reliquia santa,
como el srdido avaro su tesoro,
como el proscrito guarda,
en su triste destierro, los recuerdos
dulces y halagadores de la patria.

Y cuando estoy a solas, dueo mo,
doy rienda suelta a mis mortales ansias,
y aquel precioso rizo que tu frente
un da engalanara,
beso mil y mil veces amoroso,
evocando tu imagen adorada.

1921.


          SONETO CLASICO

Antes que el hilo de mi triste vida
corte la Parca inexorable, quiero
decirte, bella Ins, que por ti muero
de lanza de desdn el alma herida.

De mi oculta pasin la no extinguida
llama consume con ardor tan fiero
esta materia vil, que anso y espero
verla pronto en ceniza convertida.

Y cual vuela hacia ti mi pensamiento,
ir hacia ti mi espritu volando,
libre ya de dolor, con ansia loca,

a morir otra vez y mil, libando
el nctar delicioso de tu aliento
en la fresca amapola de tu boca.





Toral y Sagrist (Jos)

De linajuda progenie, naci en Andjar (Jan) en Enero de 1874.
Hurfano muy nio, se traslad a Manila en 1892. All estudi Derecho
y comenz a cultivar las bellas letras. Fu redactor del "Diario de
Manila". Public entonces _La musa y el poeta_ y _Primeras notas_
(verso) y _Tradiciones filipinas_ y _El sitio de Manila_ (prosa).
Volvi a la Pennsula (1898), y concluda su carrera fu opositor a
Notaras, con tan brillante resultado que obtuvo el nmero 2 entre los
cien aspirantes aprobados, mereciendo una de las vacantes en Madrid.
Volvi al Arte, despus de diez aos de apartamiento, con renovados
bros. Durante esta segunda poca, que se inicia (1914) con _Cadena
sin fin_, poesa premiada en los Juegos florales del Escorial, ha
publicado: _Para el descanso_ (verso) 1917, y las novelas _La Cadena_
(1918), _Poemas en prosa_ (1919), _La sombra_ (1920), _Flor de
pecado_, _Un regenerador_ (1921), _Horas sentimentales_ (1922) y _El
ajusticiado_ (1923).


    EN LA RENDICION DE MANILA

Mi dulce musa, que el dolor inspira,
hoy entona cancin de amargo acento
y pulsando las cuerdas de la lira
triste responde al nacional lamento,
lamento por los aires repetido
que es a la vez plegaria y es gemido.
De Espaa en el pendn, siempre glorioso,
miro negros crespones,
fnebres galas de terrible luto;
por eso entono triste mis canciones,
por eso rindo amante mi tributo.
Patria del alma, madre bien amada,
hoy con el alma triste acongojada
contemplo tu infortunio y tus pesares;
tu dolor es mi propia desventura
y te envo un saludo de ternura
desde el confn de los remotos mares.
Patria siempre querida:
hoy que lloras vencida,
tu imagen pura y santa
ms y ms en mi pecho se agiganta.
Y por qu has de llorar? Llora si quieres;
pero no como lloran las mujeres,
lgrimas de dolor, llanto sublime
que al correr de los ojos nos redime;
llora como el len enfurecido
que mezcla a los sollozos el rugido;
llora al romperse el nacional poema,
mientras entonas funerario canto,
poniendo en los raudales de tu llanto
lgrimas de plegaria y de anatema.
..................................
Esa enemiga raza americana
te debe su existencia;
de tu inmenso valor y de tu ciencia
por ella hiciste esplndido derroche,
y apareci en la luz de la maana
de entre las sombras de la obscura noche.
A cumplir tu misin ansiosa vuelas
con atrevida planta.
T lanzaste tus raudas carabelas
bajo la mano santa
de tus sagrados dioses tutelares,
y con ardor fecundo
hiciste que surgiera un nuevo mundo
de la revuelta espuma de los mares.
De la fecunda llama que alimentas
llevaste all tus leyes
e hiciste cultas greyes
de las salvajes tribus turbulentas.
Tambin clavaste all la cruz sublime,
cruz de la redencin, la cruz gloriosa
en que el amor divino reverbera;
la cruz que fortalece y que redime
y que siempre amorosa
del mundo los cadveres espera.
Hoy esa tierra ingrata
los sacrosantos vnculos desata,
y con los ojos en el lucro fijos
logra que torpes hijos
hagan pedazos tu amoroso seno.
Oh, si Coln resucitar pudiera,
de su obra quiz se arrepintiera,
y con dolor profundo
aquel soado y misterioso mundo
en los abismos de la mar hundiera.
...................................
Al dolor inclemente
no te abatas oh Patria! alza la frente.
T no puedes morir, t eres eterna
como el eterno Dios que nos gobierna.
T que distes al libro de la Historia
--pgina eterna de tu eterna gloria--
ejemplos de valor y de constancia,
los hroes de Sagunto y de Numancia;
t que hiciste temblar al mundo entero;
que enarbolaste tu pendn guerrero
en todos los confines de la tierra
y con valor profundo
agrandaste los lmites del mundo;
t que el lbaro santo
de tu f peregrina
clavaste en la Alhambra granadina
y en las sangrientas aguas de Lepanto;
t que alumbraste a la humana historia
con los reflejos de tu inmensa gloria,
no puedes perecer, nacin guerrera.
Si hoy te humilla derrota pasajera
maana te alzars, ms grande y fuerte,
sobre el fantasma de tu infausta suerte.
Cuando quede la tierra aniquilada;
cuando el mundo soberbio, cruel y vano
se sepulte en la nada
y en el profundo arcano;
cuando no reste un hombre,
an vivir la fama de tu nombre.
...................................
Patria, en la paz reposa
y prepara afanosa
el hierro poderoso de tu lanza
y jura firme en la sangrienta fosa
de tus hijos, tomar cruda venganza.
Valor, Espaa; generosa y fuerte,
prefiere noble muerte
a contemplar tu pabelln manchado;
mustrate en tu desgracia ms gigante
que en tus sangrientas guerras te has mostrado.
Si tu triste derrota es vergonzosa
de tu propia vergenza, victoriosa
lzate, erguida en pie. Patria, adelante!


              AGUAFUERTE

Soy de los hombres que el dolor no abate
ni la implacable adversidad humilla;
luz de esperanza en mis pupilas brilla,
hirviente sangre en mis arterias late.

Me enamoran los lances del combate
y abandono a la mar mi fuerte quilla,
buscando, como el nauta de Castilla,
tierra que ante mis ojos se dilate.

Sueo con peligrosas aventuras,
con el Sol de gloria que mi paso alumbre;
desdeo las montonas llanuras

y alzarme quiero a la difcil cumbre,
cual guila que vive en las alturas
sin rendirse a ninguna servidumbre.

1917.


               SUEOS

Sueos de mi niez: sueos floridos,
que el dolorido corazn aora;
sueos de juventud, sueos de aurora,
de clara luz y de ilusin vestidos.

Sueos de gloria, ya desvanecidos,
por qu volvis a m tan a deshora?
Por qu turbis mi calma bienhechora
con el loco vibrar de los sentidos?

Ya declina mi vida su carrera
de dolor, de ilusiones y de engaos;
pero, aun soando, el corazn espera

que a travs de sus mismos desengaos
las flores de una nueva primavera
broten entre la nieve de mis aos.

1919.




FIN




                             Indice

	                                       _Pgs._

Prlogo	                                          7

CECILIO APOSTOL
A Rizal                                          19
A Emilio Jacinto                                 21
Sobre el Plinto                                  24
A Espaa imperialista                            29
Paisaje filipino                                 31
Lneas actuales                                  32

JUAN ATAYDE
Un ao menos                                     36

DALMACIO H. BALAGTS
Lgrimas                                         37
Dulcemente-Homenaje                              38

JESS BALMORI
Gloria!                                         40
La venganza de las flores                        41
El volcn de Taal                                43
En el circo                                      44
Buenaventuranza                                  45
A Don Quijote                                    46
Trptico Real                                    48
Canto a Espaa                                   50

FLORENCIO G. BARBAZA
Elogio a tus ojos                                53
Fantasa crepuscular                             54
Catilinaria                                      56
Tristezas                                        58

JOS MARA BARROSO-ARRIETA
Consummatum est...!                              59
Espiritualidad                                   60
El eucalipto del panten                         61

VICENTE BAUTISTA
Mayo                                             63
Requiescat                                       64

MANUEL BERNAB
Lo imposible                                     66
Soldado poeta.--Canta, poeta!                   67
Blasn.--Mi adis a Iloilo                       70
Castidad                                         71
Espaa en Filipinas                              72

FERNANDO CANON
Flor ideal                                       77
Rizal artista                                    80

JESS CASUSO ALCUAZ
Las caas                                        89
A Espaa                                         91
Almas                                            92

ROSARIO DAYOT
A Espaa, ofrenda                                94

ENRIQUE FERNNDEZ LUMBA
La mujer                                         95
Mientras dicen...                                96
A Plaridel                                       97
A Magallanes                                     98
Las tres banderas                                99
Qu ms decir?                                 101

FERNANDO MARA GUERRERO
A Filipinas                                     103
Bajo las caas                                  106
Fantasa carnavalesca                           108
Dolora de Pascua                                111
Ms que todo mi cruz                            112
La bandera                                      114
Marcha fnebre de Chopn                        115
Antifonario                                     117
Hora clida                                     121
La isla hermana                                 122
Ilang-Ilang                                     124
El dolor de las cuartillas vrgenes             125
A Hispania                                      128
No cierres tu puerta                            131
El jardn redivivo                              133
Las dos hoces                                   136
Viaje fantstico                                138
El "Kundiman"                                   139
Copa bohemia                                    140
Eterna herida                                   141

ADELINA GURREA
El nido                                         143
A mis primos                                    147
El fantasma de Mara Clara                      151
Del prado amigo                                 154
No ests triste                                 155

JOS HERNNDEZ GAVIRA
No es mi musa                                   157
Para ti.--La esperanza                          158
En la hora del crepsculo.--Cuando yo muera     159

TIRSO DE IRURETA GOYENA
Recuerdos                                       161
Trptico                                        165
Hermanos espaoles                              166

EMILIO JACINTO
A la patria                                     168

ANSELMO DE JESS Y VERGARA
A una rosa                                      172
La infancia.--La sampaguita.--El hombre         173

VICENTE DE JESS Y VERGARA
Lo imposible.--Despus de todo                  175

ROSARIO LAM
Aspiracin                                      177

ENRIQUE K. LAYOO
Siempre igual.--Tirong                          178

EDILBERTO LAZCANO
Dptico                                         180
Fascinacin                                     181

LEONCIO G. MAGNO
Trova dolorosa                                  183
La juventud filipina                            185
Flores olvidadas                                186
Amor de madre                                   187

ISIDRO MARFORI
A Salvador Rueda                                189
A una estrella.--Las noches de cita             190
El Pasig                                        191
Al volcn Apo                                   192
A la muerte de Irureta-Goyena                   193
Por amor a Espaa                               194
Tres sonetos de amor                            196

ESTEBAN NEDRUDA
Anhelos                                         198
Meditacin                                      199

LUIS F. NOLASCO
Flor de dolor                                   202

JOS PALMA VZQUEZ
Mi regalo                                       204
En la ltima pgina                             207
De mi jardn                                    208
En la hamaca                                    210
Rizal en capilla                                212

PEDRO A. PATERNO
Sampaguitas                                     215
La cruz                                         216

VICENTE PELEZ
Hurfana                                        222

LORENZO PREZ TUELLS
Intima                                          224
En la huella lunar.--Salmos                     225
Neurtica                                       228
En hora de ilusiones                            229
Recuerdo arqueolgico.--Medieval                230
Pasionaria.--Piedras preciosas                  231

CLARO M. RECTO
El alma de la raza                              233
Noche de Manila                                 236
Oracin al dios Apolo                           237
Laguna de Bombon                                240
Elogio del castellano                           241
Envo.--Rosas de carne                          246
Las dalagas filipinas                           247
Luz de luna                                     249
La choza de nipa                                250

JOS RIZAL Y ALONSO
Mi primera inspiracin                          253
A la juventud filipina                          255
Me piden versos!                               256
El canto de Mara Clara.--Mi retiro             259
Canto del viajero                               263
A m...                                         264
A las flores de Heilderberg                     268
Ultimo adis                                    270

VICENTE A. SACRAMENTO
Ermita                                          273
Yo te perdono                                   274

AGUSTN SEVA
El gigante de los mares                         275
Ven!                                           278
Tus lgrimas                                    280
A Salvador Rueda                                282

JOS R. TEOTICO
La dalaga de mi tierra                          284
Triloga ideolgica                             286
Meditacin                                      288

RAMN J. TORRES
Alma mater                                      290

ALEJO VALDS PICA
A la luz moribunda                              297
Lucan en tu espalda.--A Salvador Rueda         298
Arte decorativo                                 299
Pastoral                                        302
En la quietud.--"Spleen"                        303
Oracin                                         304
Autoconsolacin                                 306
El amor de los amores                           308
Bendita seas, pecadora                          309
Estaba escrito                                  311

PACFICO VICTORIANO
En la brecha                                    312
Altivez tagala                                  315
A Emilio Jacinto                                317
Excelsior                                       319
A Salvador Rueda                                323

FRANCISCO VILLANUEVA
Awake                                           325

ANTONIO ZACARAS
Espaa inmortal                                 327

FLAVIO ZARAGOZA CANO
La gota de agua                                 330
Proemial                                        332


Poetas espaoles en Filipinas

FELIPE A. DE LA CMARA
La sampaguita                                   335
La mestiza espaola                             336

TOMS CRABES
Tota pulchra es Mara                           338

MANUEL CASUSO
Cndor, dame tus alas!                         342
Qu terrible dolor!                            343
Lgrimas                                        344

FRANCISCO DE LA ESCALERA
Ao Nuevo                                       345
Ante la derrota de Montojo, en Cavite           348

JOS MARA GARCA COLLADO
A Manila                                        350
Facilsimo!--Ambicin cesarista                354
Nochebuena de 1887                              355

FRAY GRACIANO MARTNEZ
Filipinas                                       358

ANGELINA DE MOLINA DE PANDO
Tus manos                                       363
El martirio de mi vida                          364
Tu porvenir                                     366
Flor valenciana                                 367

JOAQUN PELLICENA Y CAMACHO
Aspiracin                                      368
Evocacin                                       370
Cancionero de Manila.--Las calles de intramuros 372

CARLOS PEARANDA Y ESCUDERO
Al cumplir cuarenta aos                        374
A un palo del telgrafo                         376

ANGELA PEREJAMO MORALES
A la memoria de mi hija                         377

MANUEL ROMERO DE AQUINO
Perdname                                       380
Adis la nave!                                 384
A mi lira                                       386
Romancero filipino                              389

LUIS SEGURA MIRALLES
El olvido                                       399
Mi tesoro                                       400
Soneto clsico                                  401

JOS TORAL Y SAGRIST
La rendicin de Manila                          402
Aguafuerte                                      405
Sueos                                          406




OBRAS POETICAS


Cantos de Vida y Esperanza, por Rubn Daro.--Un tomo, 3 ptas.

Coleccin de sonetos (350 de los mejores autores de Espaa y de
Amrica), por N. Daz de Escobar.--Un tomo, 3 pesetas.

El libro azul (poesas), por Adalberto A. Esteva.--Un tomo, 3 ptas.
Futilezas, por J. Ferrer Esteller.--Un tomo en tela, 2 pesetas.

Jovillos.--Pomarrosas.--Cantos de rebelda, por Jos de Diego. Tres
tomos, 9 pesetas.

La Casa del Pecado, por F. Villaespesa.--Un tomo, 3 pesetas.

La Araucana, por Alonso de Ercilla.--2 tomos, 4 pesetas.

Mis Mejores Poesas, por F. Villaespesa.--Un tomo, 3 pesetas.

Mi Patria y mi Dama, por J.L. Cordero.--Un tomo, 3 pesetas.

Obras Poticas de Jos Espronceda.--Con ocho lminas, 3 ptas.

Obras Completas de D. Ramn Campoamor.--Cuatro tomos ilustrados. Cada
tomo, 3 pesetas.

Obras de Manuel Acua (poesas).--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Argentino.--Con retratos, un tomo, 4 pesetas.

Parnaso Antillano, por O. Bazil--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Boliviano, por L.F. Blanco Meao.--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Brasileiro, por Alfonso Costa.--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Colombiano.--Un tomo, 4 pesetas.

Parnaso Chileno.--Un tomo ilustrado con 30 retratos, 3 pesetas.

Parnaso Dominicano, por O. Bazil.--Un tomo en rstica, 3 pesetas.

Parnaso Ecuatoriano, por Jos Brissa.--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Espaol Contemporneo, por Jos Brissa.--Un t. 6 ptas.

Parnaso Mexicano, por A. Esteva y J. Pablo Rivas.--2 tomos, 4 ptas.

Parnaso Nicaragense.--Un tomo con retratos, 3 pesetas.

Parnaso Peruano, por V.G. Caldern.--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Portorriqueo.--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Salvadoreo, por Salvador L. Erazo.--Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Venezolano, por G. Gamargo.--Dos tomos, 4 pesetas.

Poesas Escogidas, por Juan de Dios Peza.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas de Antonio Plaza.--Un tomo ilustrado, 3 pesetas.

Pasionarias, por Manuel Flores.--Edicin ilustrada, 3 pesetas.

Poesas Completas de Ricardo Palma.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas Escogidas de Manuel Machado.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas Completas de Salvador Rueda.--Un tomo en 4, de 576 pginas,
con el retrato del autor, 6 pesetas.

Poemas de Enrique Heine.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas de Andrs Bello.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas de Olegario V. Andrade.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas de Jos Asuncin Silva.--Un tomo, 3 pesetas.

Poesas de Jos Joaqun Olmedo.--Un tomo, 3 pesetas.

Rosas de Pasin.--Poesas de Carlos Miranda. Un tomo, 3 pesetas.

Parnaso Cubano, por Adrin del Valle. Un tomo, 3 pesetas.

La Corte de los Phelipes, por A.R. Chaves.--Un t. 3 ptas.

La Poesa en el Mundo, (poetas extranjeros).--Un t. 3 ptas.

Poesas completas de Santos Chocano. Dos tomos, 6 pesetas.

Campanas Pascuales, por F. Villaespesa. Un tomo, 2 pesetas.






End of Project Gutenberg's Parnaso Filipino, by Eduardo Martin de la Camara

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Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
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     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


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Literary Archive Foundation

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works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
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